El Irresistible Encanto de la Insania 4

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 10

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– ¿Quién eres vos?

Luca miraba a la figura rara adelante de él.

– ¿Una vieja amiga, no recuerdas?

Aquella voz era familiar.

– Esta cueva… yo ya he estado aquí…

Él miró alrededor, intentando reconocer al lugar.

– ¿Cómo andan las cosas?

– Pésimas – él respondió, suspirando. Estaba muy cansado.

– Veo que no estás queriendo volver allá afuera. Pero es necesario.

– ¿Ésto es real? ¿O es un sueño?

– ¿Qué no es real, Vehdvar?

Vehdvar… Él conocía aquél nombre.

– Estoy recordando… vos eres…

– Ihlishhhhhh…

Él fijó la mirada y vio a la enorme naja, la piel marrón y las escamas flamantes, con una geometría. La serpiente levantó parte del cuerpo y se llenó los pulmones, inflando el pescuezo. Entonces abrió la boca y mostró las presas afiladas. Él no sintió miedo.

Naja Hannah, Naja-Rey… – él murmuró, recordando antiguas palabras.

– ¡Mira, mira! Solamente la vieja serpiente podría animarlo… – Ella se desplazó hacia la piedra y se enroscó sobre el propio cuerpo para quedarse a su lado.

– Soy un fracaso, Ihlish.

– ¿E Isadora?

– Isadora es una loca.

– Amor y odio… Pasan los siglos y ellos no se sueltan.

– Déjame morir en paz, Ihlish.

– ¿La dama de blanco te ha encantado, eh? Pero antes de irte a sus brazos, mira ésto.

Él se volvió hacia el lago oscuro y notó que el agua ondulaba. De a poco una escena empezó a formarse en la superficie… Desde el alcázar de un navío un hombre observaba el mar. Luca supo inmediatamente su nombre: Enrique. Estaba envejecido, los cabellos enteramente blancos… Luca sintió una emoción rara. Era como volver a ver a alguien muy querido después de un largo tiempo. Asimismo, era bastante más que eso, era una afinidad, una complicidad intensa, ¿cómo explicarlo?

Supo inmediatamente que Enrique ya estaba al fin de la vida y que muchos años habían transcurrido desde su salida de un muelle en Barcelona, una mañana nubosa, hacia el cual nunca más había vuelto. Supo muchas otras cosas sobre su vida: la Compañía de Jesús, el Orden del Guardián, las misiones secretas, el peligro de la Inquisición…  El trabajo como misionero lo había conducido a tierras lejanas y lo había hecho convivir con otras culturas. Grande parte de la vida había pasado en barcos, surcando los mares. Los marineros catalanes lo llamaban llamador de vientos porque él sabía cantar y menear el sombrero para traer los vientos que necesitaban, y era a él que recurrían para bendecir sus barcos con ramitos de romero el día de Sant’Elmo. Él tenía una mirada triste y decían que la causa era un antiguo amor. Cuando le preguntaban sobre eso, él citaba los versos de March, el poeta catalán: Com se farâ que visca sens dolor tenint perdut lo bé que posseya?

Por la noche, el mar de China, la tormenta… Enrique estaba en el navío que se sacudía entre las olas enormes. Al anochecer un marinero había visto en el horizonte la fatídica carabela de los muertos, la nave translúcida que conducía a las almas de los desaparecidos, y eso los había llenado a todos de los peores presagios. Y ahora la tormenta repentina, las olas invadiendo el alcázar, todo siendo arrojado violentamente de un lado a otro. Era necesario abandonar el navío.

La tripulación lazaba los botes al agua, pero el terror y la confusión dificultaban todo. En cierto momento Enrique perdió el equilibrio y se golpeó la cara contra el mástil, abriendo una herida del lado derecho, y luego empezó a sangrar. Atarantado, él bambaleó y perdió el equilibrio. Y cayó en el mar helado. Trató desesperadamente de subir a flote para respirar, pero nada podía contra las grandes olas que lo hacían tragar cada vez más agua. Su cuerpo empezó a congelarse y sus fuerzas lo abandonaban… Cuando el bote estaba bien cerca de salvarlo, él se hundió. Y desapareció.

Luca lloraba, todavía mirando hacia las aguas oscuras del lago. Él sabía que Enrique se había dado por vencido cuando podría haber luchado un poco más por su vida. Y sabía también que en su último pensamiento estaba Catarina, la mujer que él nunca había olvidado y a la cual había abandonado en el muelle de Barcelona.

– ¿Entonces Isadora estaba correcta? – murmuró Luca, tocándose la cicatriz en la cara. – ¿Yo de hecho he sido Enrique?

– Tanto como cualquier otra persona lo fue – respondió la serpiente.

– ¿Cómo así?

– La vida de Enrique, igual que cualquier otra vida, incluso la suya, puede ser accedida por cualquier uno, pues en un nivel más profundo todas las vidas están interconectadas por las experiencias vividas, formando una sola vida, un único yo.

– Entonces no existe…

– Reencarnación. Es una ilusión del ego, que se identifica con la otra vida y entiende eso como recuerdo porque está atado al tiempo lineal, en el cual pasado, presente y futuro ocurren en secuencia.

– ¿Y no ocurren?

– Solamente para el ego. Vos y Enrique se identifican profundamente y sus experiencias se cruzan a través de los siglos porque para el yo superior el tiempo es una red en la cual pasado, presente y futuro se cruzan en todos los puntos.

– Entonces todos los tiempos ocurren…

– Al mismo tiempo. Y todos tus yos son todos los otros. Por eso cualquier vida puede ser influenciada por la vida de cualquier persona de cualquier tiempo.

– Así siendo, el pasado puede ser…

– Cambiado. De la misma forma el presente y el futuro, pues todo está siempre ocurriendo…

– Ahora.

– Pero solamente un recuerdo profundo del yo puede realmente cambiar el tiempo. Porque en verdad el tiempo está adentro…

– Del yo.

La serpiente se movió…

– Todo ocurre en la mente, Vehdvar.

… se desplazó hasta el lago…

– Cámbiate a tí mismo, y todo cambiará.

… y desapareció de nuevo en las aguas oscuras.

*      *     *

Una bella mujer de vestido blanco. Adelante de él, ella lo miraba de una manera que lo invitaba…

– Debe ser una mujer muy bonita para hechizarte así…

Aquella voz… Luca se dio vuelta. Y vio a Isadora.

– ¿Qué haces en mi sueño?

– Este sueño es nuestro.

‒ Entonces es una pesadilla.

‒ He venido a buscarte. Ven.

– Es demasiado tarde, Isadora.

– ¿Por qué?

– Porque me he cansado.

– Vos tienes que intentar, Luca. No puedes darte por vencido.

– Tanto puedo que me he dado por vencido.

– Intenta solamente un poco más, por favor…

Él dio un paso hacia adelante, en dirección a la mujer de blanco. Era su falda lo que necesitaba, su comprensión. Estaba cansado de luchar, contra la vida, contra sí mismo, contra todo. Solamente deseaba extinguirse, no tener que despertar jamás. Solamente eso.

– No la mires, Luca – Isadora pidió. – Mírame a mí.

Pero él estaba decidido.

– ¿Luca, me escuchas?

Él no respondió. Y siguió en frente.

– Entonces yo iré contigo.

Él se dio vuelta hacia ella, sorprendido.

– Vos no harías eso.

– Lo estoy haciendo.

Él sintió la mano de Isadora sosteniendo la suya, firme. Y en ese momento el abismo surgió bien a su lado, un abismo oscuro y profundo susurrándole su nombre. Si saltara hacia la oscuridad, él perdería absolutamente el control sobre su propia vida, sobre todo, y sería apenas un pobre idiota del amor, no lo aceptarían más en el Orden, sería expulsado de la banda, la Inquisición lo quemaría en la hoguera, sería el fin…

La mujer de blanco y el descanso, el nunca más tener que despertar. El abismo oscuro y la entrega del control. Ambos lo llamaban…

– Estamos juntos, Luca… – Isadora susurró.

Y antes que ella dijera cualquier cosa más, él saltó.

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CAPÍTULO 11

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La primera cosa que él vió fue una luz suave y colorida. No sabía adónde ni cuando estaba, pero aquellos colores le trajeron una diáfana alegría, venía de lejos, muy lejos…

En otro momento juzgó notar una presencia femenina, dulce y protectora. Trató de decir algo pero el esfuerzo fue tan grande que se desmayó.

Por fin, abrió los ojos. Luego de un momento de confusión mental, entendió que estaba acostado, la cara hacia arriba, y había una sábana blanca sobre su cuerpo… Estaba acostado en una cama… una habitación de hospital… un tubo de suero conectado a su brazo… Adelante de él la ventana entreabierta dejaba entrar la claridad del día. Y a su lado estaba su madre dormitando en la silla.

– ¿Mamá, qué día es hoy? – él preguntó y doña Gloria casi se cayó de la silla, despertando de un susto.

– ¡¡¡Luca!!!

Ella lo abrazó, emocionada. Luca trataba de recordar lo que podría haber ocurrido con él. Pero nada le venía a la memoria.

– ¿Qué ha pasado?

– Hijo mío, que bueno que vos…

– ¿Dime, madre, qué ha pasado?

– Un accidente, hijo mío – ella respondió, secándose una lágrima. – Pero no pienses en eso ahora.

– ¿Accidente?… – Él no recordaba ningún accidente. – ¿Cuándo?

– Vos has estado en coma a lo largo de un mes.

Él se concentró para recordar cualquier cosa que fuera, pero no consiguió. Insistió en saber sobre el accidente. La madre le explicó: un coche había avanzado la preferencial, choque muy violento, una suerte tremenda que él estuviera vivo.

– ¿Yo estaba solo?

– Hijo mío, vos estás débil, tienes que reposar…

Ella no necesitó responder. Súbitamente él recordó a Bebel, el fin de semana en la playa, su cara, su sonrisa tierna… Las lágrimas resbalaron y él no consiguió decir nada más. Y adormeció sollozando.

*      *     *

Al día siguiente el recuerdo le trajo otras imágenes. Una española de nombre Catarina… un jesuita portugués… viajes en navíos… Todo se confundía entre sueño y realidad, pero eran imágenes que lo emocionaban. Tuvo la corazonada de que, mientras había estado allí en coma, muchas cosas habían ocurrido con él… Y adormeció una vez más.

Cuando despertó de nuevo, se sentía más bien dispuesto. Doña Gloria confirmó la muerte inmediata de Bebel y del bebé en el accidente. Contó que él había sido rescatado con muchas lesiones y que en el hospital contrajo una neumonitis, que lo había dejado por varios días al borde de la muerte, desanimando a todos, incluso a los propios médicos. Pero, de un momento a otro, él se recuperó, sorprendiendo a todos.

– Los chicos de la banda te han traído ese paño ahí de regalo – contó Celina, feliz por tener al hermano de vuelta.

– Yo lo he colgado en la ventana para reducir la claridad – dijo doña Gloria. – Un día vos has abierto los ojos, y al ver el paño te has sonreído. Y te has dormido de nuevo. Fue ese el día en que tuve la certeza de que volverías.

Él miró el paño y lo reconoció. Era una pintura con el nombre Bluz Neón a varios colores y las imágenes de los cinco en silueta, tocando. Echó de menos a los amigos, ¿cómo estarían? Pero otra cosa lo molestaba.

– ¿Alguien tiene noticias de Isadora? – él preguntó, y de repente estremeció: ¿ella aún lo esperaba en aquél muelle?

No, ninguna noticia, doña Gloria no sabía de Isadora. Celina tampoco. Él sintió la tristeza invadiéndole el alma. Isadora… ¿Adónde andaba?

– ¿Vos estás bien, hermano? – Celina le preguntó.

– Estoy. Pero quiero quedarme un poco solo.

– ¿Estás seguro?

– Estoy.

– Está bien. Cualquier cosa, grita.

Celina lo abrazó y salió, junto con la madre, cerrando la puerta del cuarto.

Luca se dio vuelta de costado, acomodando el cuerpo en la cama. Y cerró los ojos. ¿Entonces era verdad? ¿Entonces Isadora tenía razón? ¿Él de hecho había sido Enrique, el brujo portugués, el maestro-amante de Catarina? Que cosa increíble… No solamente había recordado – ¡había revivido todo! De alguna forma, a lo largo de aquellas semanas en coma, su alma viajó hasta el siglo 16 y vivió como Enrique. Y vivió de nuevo todas las emociones, los sentimientos, los miedos, todo…

– Increíble… – él repetía para sí mismo, cada vez más impresionado. Ahora entendía qué significaba aquella historia de recordar otra vida. ¿Y cómo explicarlo, cómo? Era tan real como recordar un hecho ocurrido hacía algunos años. Las ropas, las casas, la manera de hablar el portugués, el castellano, el catalán… ¿Cómo podría sentir y saber todo aquello de forma tan nítida si no hubiese realmente vivido, cómo? ¿Y el contacto con la piel de Catarina, su olor?…

Sí, él había sido Enrique, un portugués que usaba el disfraz de misionero de la Compañía de Jesús para desarrollarse como iniciado de un orden secreto, el Orden del Guardián. Un aventurero de varias identidades y que tejía su vida en los cuidados de la sordina y de la disimulación. Un conspirador religioso y nacionalista ferreño. Un hombre letrado, dedicado a preservar a toda costa el conocimiento de su orden. lo que lo había convertido en enemigo silencioso de la Inquisición Católica. Un hombre dividido entre sus virtudes y defectos, que llevaba la vida arriesgándose y probando los misterios. Y también un hombre que huyó de la confrontación decisiva de su vida: el amor por Catarina. Porque no admitía abdicar de la seguridad que la Compañía representaba.

Y la culpa por haber huido lo acompañó como una llaga hasta el momento final. Y fue ella la que lo hizo optar por la muerte en aquél mar helado, cuando aún le quedaba una última chance de vivir.

¿O habría otra explicación? – Luca pensó mientras le venía el recuerdo diáfano de un sueño en el cual él parecía descubrir que… que había otra manera de comprender aquél fenómeno de recordar otra vida. Sí, parecía haber otra explicación… Tenía algo que ver con la noción del yo, la noción de individualidad, algo así… Él buscó recordar pero no consiguió. Bien, si había otra forma de comprender lo que le estaba ocurriendo a él, quizás descubriría a continuación. Por ahora lo que sabía era que él, de algún modo, había estado en otro tiempo. Y que Isadora también había estado allá.

– Catarina, mi amor… – Luca susurró, mirando hacia la distancia por la ventana del cuarto. – Yo he vuelto.

*      *     *

La última noche en el hospital, una semana después de volver del coma, Luca demoró en dormirse, aún envuelto por los recuerdos de la vida de Enrique. Los sonidos de los carruajes estridentes, el polvo en los ojos, el olor de las cervecerías de Munique, el gusto de la pimienta, del jengibre y de la canela que los navíos traían como novedad de las Indias… Bastaba cerrar los ojos para sentir todo de nuevo, intensamente.

Entonces notó que una idea parecía querer llegar… Una idea se acercaba… Una idea rara, venida de algún lugar de los confines de su mente… Hasta que llegó, como un cometa cruzando los cielos del pensamiento, y su luz pareció alumbrar toda la habitación: él seguía adonde Enrique había parado. ¡Sí, seguía! Y la bajada a la cueva ahora consistía en enfrentarse al miedo de perder el control de la vida. Era ese el próximo reto, que Enrique había rechazado: abandonar el control.

Impresionado con la clareza que terminaba de descubrir, Luca respiró hondo, buscando contener la euforia. Ahora entendía que quizás el taoísmo le había aparecido a través de Isadora justamente para que alcanzara el conocimiento que le había faltado a Enrique. Era como si fuera un plan dibujado para él. ¿Estaría todo ya escrito? ¿Por la propia vida?

Antes del accidente las cosas ya estaban fuera del control y solamente él no se daba cuenta. Los problemas, los pequeños accidentes y las enfermedades frecuentes, los conflictos con la banda, el ambiente feo en el trabajo, la pérdida del coche, la partida de Isadora y, por fin, el embarazo de Bebel. La vida no podría haber sido más explícita. Y, asimismo, él no había entendido el mensaje.

Luego de mucho pensar y subrayar enlaces entre los hechos de su vida y la de Enrique, Luca se durmió sonriendo, con la sensación de estar renaciendo. Y aquella misma noche soñó con Isadora, un sueño fuerte y nítido. Él la encontraba en un lugar al borde del mar, ella estaba aún más bella.

– ¿De dónde vienes, Isadora?

– De cuatro minutos en el futuro.

– No – él la corrigió. – Fueron cuatrocientos años.

– Tenemos que ajustar nuestros relojes, Luca.

*      *     *

El autobús empezó a salir y Luca miró por la ventana. En la plataforma, Junior, Ranieri, Balu y Ninon saludaban con vasos y una botella de whisky, brindando a él. Junior tocaba en la guitarra alguna música de la banda. Él saludó también, un trago de emoción trancado en la garganta.

Se acomodó en el asiento y respiró hondo. La ciudad pasando lentamente a través de la ventana parecía darle adiós en cada una de sus esquinas. Un súbito temor subió por su espalda, un miedo de dejar todo hacia atrás, de seguir un camino que no sabía adónde podía dar. Era como saltar en el abismo…

Abrió la mochila y agarró la concha que Isadora le había dado al margen de la laguna de Uruaú. La había encontrado días antes en un cajón del ropero, ni siquiera la recordaba más. Recostó la concha al oído y el sonido del mar poco a poco lo calmó…

Dos meses antes estaba saliendo del hospital, muchos kilos más delgado, cicatrices por el cuerpo, aún bastante debilitado. En pocos días acordó la salida de la banda y del empleo, entregó el departamento, vendió algunas cosas y pagó la cuenta en el restaurante. Y compró el pasaje. A doña Gloria no le gustó nada la idea. Celina quedó temerosa de que el porrazo en la cabeza hubiese afectado el juicio del hermano. Los compañeros de la banda no podían comprender cómo él abandonaba un sueño estando tan cerca de que se concretara. Pero para él todo estaba claro, bien claro.

En medio de la madrugada despertó recordando a Bebel. Sentía su presencia, su mirada, casi podía ver adelante de sí la cara de niña y la sonrisa franca. Recordó las noches de cariño, su cuerpo acogedor. Recordó su labor con afinco en el bar, sus sueños de retomar la facultad, el dinero que ella le había prestado… y que él no pagó. Recordó su manera sutil de reprochar su conducta autodestructiva. Y recordó que había llegado a desear ser Enrique solamente para librarse de aquél embarazo. ¿Sería él, de alguna forma, culpable de su muerte?

Retiró del bolsillo una foto, recuperada de la cámara de Bebel, que la hermana le había dado. En la foto estaban él y Bebel, abrazados en la terraza de la casa de playa, la puesta del sol al fondo. ¿Qué exacto sentido aquella mujer había tenido en su vida aquellos meses? Si ella no estuviera manejando, habría fallecido él? ¿Sería posible que ella, de alguna manera, se hubiera sacrificado por él? ¿Algún día descubriría respuestas para aquellas preguntas?

Pero Bebel se había marchado. Y él ni siquiera una vez le había dicho cuánto realmente la quería, cuán importante era ella, cuán hermosa era. Vivía tan sumergido en sus problemas, cerrado en su egoísmo y en su insana lucha contra la vida… No había sido digno de ella. Y el día que finalmente aceptó el hijo que tendrían, ella se marchó. Ellos se marcharon. Para siempre.

Emocionado, tomó la lapicera y escribió en un pedazo de papel, poniendo para afuera lo que estaba apresado en su pecho:

Ah, ese gusto raro
Del amor que podría haber sido
Pero no ocurrió
Y se fue para nunca más
El amor que no pudo crecer
Pero siempre juega a ser
Cuando yo miro hacia atrás

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CAPÍTULO 12

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‒ Mi nombre es Luca de Luz Neón y todos los viernes y sábados toco acá en el Papirar. Espero que les haya gustado. Gracias.

Luca agradeció los aplausos, se levantó de la banqueta y apagó el aparato. Guardó la guitarra en el estuche y bajó del pequeño modulado de madera que servía de tablado. Charles se acercó a él.

– ¡Hoy estuviste regio! – lo elogió Charles, abrazándolo. – ¡Fue realmente alucinante!

– Gracias.

– Estoy incluso pensando en elevar tu caché.

– No tengo nada en contra.

– Vos lo mereces, muchachito. Ahora siéntate ahí que está llegando un guiso de pescado como te gusta.

Luca se sentó a la mesa y se desperezó, estirando los brazos y las piernas. El bar estaba lleno, como ocurría todos los fines de semana. En las mesas él podía reconocer moradores de Pipa que siempre iban al bar y algunas caras nuevas, de turistas brasileños y extranjeros. Charles, un ex-hippie con sus sesenta años, era el dueño, y su mujer Solange era su socia en el negocio. A ellos les había gustado su estilo musical y lo habían contratado para ser el músico permanente de la casa.

Luca abrió una botella de agua y tomó, sanando la sed. Nueve meses…, él pensó. Al día siguiente se cumplirían nueve meses desde que había salido del coma. Y siete meses desde que había bajado de nuevo en Tibau del Sur, él, dos mochilas y la guitarra. Un impulso irresistible lo había conducido hasta allá. Sabía, en el fondo de su ser, que era allá que debería empezar otra vez su vida.

Fue raro ver de vuelta al lugar, aquellos árboles, el río, los pájaros cantando al amanecer… Asimismo, se sintió bien, era como estar en casa. Acampó de nuevo en el camping de doña Zezé, que se recordaba perfectamente de él. Pero a la segunda semana ella le propuso salir del camping y mudarse a la posada: cambiaría el alquiler de la habitación por clases de guitarra y computación para sus hijos, ¿qué tal? La habitación era pequeña pero tenía ropero, mesita, ventilador, ventana con cortina y cuarto de baño. Y el desayuno estaba incluido. Luca ni lo pensó dos veces: negocio cerrado.

La mañana del primer día en su nueva habitación, él despertó y fue al baño. Al pasar por el espejo, paró y se miró por un tiempo. Había algo raro en su cara, en su expresión… Se miró con más atención, buscando descubrir qué podría ser. Sí, había realmente algo distinto, algo que él no conseguía identificar. Los días a continuación tuvo la misma impresión. Había algo raro, sí, ¡que cosa! ¿Pero qué sería? Por más que buscara, no encontró. Terminó dándose por vencido.

Había sido doña Zezé, siempre atenta, que le había aconsejado buscar trabajo en Pipa. Él fue, conoció a Charles y Solange y el mismo día volvió empleado. Así de simple. Ahora tenía trabajo fijo, un trabajo placentero, en el cual podía tocar sus músicas predilectas, incluso sus propias músicas. Y, que alivio, ahora no tenía más que preocuparse con alquiler y reuniones de condominio. Ni con el precio del combustible. Y por encima podía bañarse en el mar todos los días.

Siete meses de soledad. Una soledad al principio rellenada por recuerdos insistentes que siempre venían acompañados de dolorosas revelaciones. Una armadura vieja y herrumbrada, era eso lo que él por mucho tiempo había usado, ahora veía muy bien, un armadura hecha de viejas ideas sobre la vida, que lo protegía de ciertos peligros, sí, pero que cada vez más lo impedía de caminar. Y las máscaras, había también las máscaras, ahora cayéndose una tras otra, revelando su auténtico ser, lleno de imperfecciones. Y había los demonios, muchos, saltando hacia afuera del ropero a todo instante, forzándolo a reconocerlos y mirarlos de frente.

¿Cómo podía haber errado tanto? ¿Y cómo había insistido tanto en un camino que lo conducía hacia lejos de sí mismo?

Hubo días en los cuales, desesperado, buscó a alguien para charlar porque les tenía miedo a sus propios pensamientos. Si no fuera la compañía de doña Zezé y las clases de los niños, posiblemente habría tendio una irrupción psicótica. Podría haber terminado en un hospital psiquiátrico. Pero la larga noche había pasado.

– ¡Mira el guiso calentito!

Era Charles, volviendo a la mesa. Traía en la bandeja un plato de barro humeante.

– ¿Sabes que mañana cumplo nueve meses de haber vuelto del coma? – Luca comentó mientras se servía.

– ¿Nueve meses? Entonces mañana vos nacerás, muchachito. ¡Una cerveza para festejar!

*      *     *

El trabajo en el Papirar era de hecho excelente, y a cada fin de semana él conocía a muchas personas y entablaba buenos contactos profesionales. Por cuenta de uno de esos contactos, viajaba una vez por mes hasta Natal, adonde tocaba en una casa de espectáculos. Como el dinero que ganaba era más que suficiente para sus gastos, rápidamente pudo comprarse una guitarra nueva y un parlante importado, cosa que nunca había tenido en los tiempos de la banda.

Llevaba una vida simple y saludable. Ahora tomaba menos, dormía más y se alimentaba mejor. Nadaba todos los días y tenía tiempo para leer muchos libros. Mantenía contacto con la familia y los amigos por Internet, usando la computadora de doña Zezé. En breve se compraría una para él, pero mientras tanto eso no le hacía falta. Y componía bastante, ahora aventurándose en otros ritmos más allá del blues.

No sabía cuanto tiempo seguiría allí en Tibau del Sur, ni sabía hacia adónde iría después. No sabía qué le pasaría, no sabía de nada. Antes del accidente tampoco sabía de nada más, es verdad, pero la diferencia es que ahora no tenía ninguna preocupación en cuanto a eso. Sabía solamente que hacía lo que debería hacer, y esa tranquila certidumbre lo llenaba de la mayor de las libertades.

Sobre las mujeres, el trabajo en el bar le permitió conocer a varias, e incluso se acostó con algunas. Pero al día siguiente ellas siempre volvían para sus ciudades y él seguía solitario.

Solitario, sí, pero en su pensamiento cierta mujer era presencia constante…

– ¿Isadora, adónde andas, desquiciada?… – él se preguntaba todas las mañanas mientras caminaba por la playa. Quizás ya fuera digno de merecerla, como no había sido Enrique en aquella lejana mañana en el muelle de Barcelona. Como no había sido él también, Luca. Quizás fuera finalmente digno de ella. ¿O ya había arrojado a la basura todas las oportunidades?

Un día, hojeando distraído una revista, vio la imagen de una serpiente naja… y de repente recordó. Recordó un sueño raro… Parecía haber ocurrido hacía tanto tiempo… Era un sueño con un clima misterioso, una atmósfera antigua, sagrada… La serpiente le decía cosas sobre la naturaleza del yo, del tiempo, vidas simultáneas…

– ¡Es eso! – exclamó, tomado por una súbita euforia. Era ese el sueño que él deseaba recordar desde su salida del coma. Y, así, durante los días a continuación, el recuerdo de aquél sueño raro ocupó su pensamiento, la serpiente, aquellas ideas confusas sobre la vida y el tiempo… Eran ideas nada ortodoxas, sí, pero eran instigadoras y él sentía que ellas ocultaban cosas profundas y reveladoras. Quizás un día harían más sentido.

*      *     *

Programa de fin de tarde: viajar en el atardecer. Siempre que podía, Luca bajaba la ladera del río para ver la puesta del sol, sintiendo la brisa en la cara y deleitándose con el olor del mar. Y tocaba para los delfines. Bastaba sentarse al margen del río y hacer sonar las primeras notas en la guitarra que luego surgían sus cuerpos grises en la superficie, los hocicos lisos, las faces risueñas. Quedaban bien cerca, atentos, escuchando… De vez en cuando uno u otro saltaba de repente y el cuerpo ágil brillaba bajo los reflejos de la puesta del sol. Luca se reía, feliz: aquellos eran sus modos juguetones de aplaudir su arte y decir que sí, estaban de acuerdo, la libertad es solamente un sinónimo de no tener nada que perder.

Tocar para los delfines le traía la maravillosa sensación de estar conectado con la Naturaleza, una sensación buena de seguridad, seguramente la misma seguridad que debían sentir los bebés en la falda de la madre, pensaba él. Y, asimismo, era la misma Naturaleza, inmensa y misteriosa, que tanto lo había aterrado aquella mañana en la laguna de Uruaú.

Solo, sentando al borde del río, él tocaba las músicas predilectas y recordaba… Recordaba a doña Gloria, que llamaba para preguntar qué estaba comiendo su hijo y cuándo volvería. Recordaba a la banda, los ensayos divertidos, los shows inolvidables. Después de su salida, Junior había asumido como cantante de la Bluz Neón y se había vuelto novio de Sonita. Pero los dos peleaban tanto que eso interfirió negativamente en los trabajos y dividió a la banda. El resultado fue que no grabaron el CD y la banda se terminó. Junior y Sonita se separaron y él ahora intentaba armar una banda de música disco. Y Sonita se había vuelto novia del contrabajista Ranieri.

Luca se reía, divirtiéndose con los recuerdos y los despatarres que sus amigos armaban. El destino había querido que se separara de los amigos, sí, pero él ahora recibía al destino con un abrazo de confianza, y estar vivo era algo asombroso y estimulante. Meses antes se sacudía en medio de los acontecimientos como quien lucha desesperadamente para no ahogarse. Intentaba controlar a la vida como si eso fuera posible, sin saber que bastaba fluir junto con ella, como hacía ahora y como hacían los chicos que hacían de sus cuerpos tablas en el mar de Tibau del Sur, domando a las olas sin competir con ellas.

Ahora miraba hacia atrás y se espantaba de cuán ciego y perdido había andado. Era como si hubiese huido del infierno, un infierno en el cual lo que verdaderamente ardía era su miedo de entregarse a la vida.

*      *     *

Una mañana Luca despertó y, como hacía siempre, fue al baño. A la salida, paró en la palangana para lavarse la cara y, al mirarse al espejo, vio la imagen de su cara. En ese exacto instante entendió finalmente el motivo de la cosa rara que sentía todos los días siempre que se miraba en aquél espejo. Y ser rio mucho. Allí la imagen de su cara era una imagen única, entera, bien distinta de la imagen dividida del espejo partido de su antiguo departamento.

Luca tocó la superficie del espejo como si acariciara su propia cara. Era raro verla así, entera, una, parecía otra persona. De repente sintió cariño por aquella persona que lo observaba en el espejo, un cariño formado de comprensión, compasión, amor y perdón. Sí, era él mismo, evidente, pero al mismo tiempo era otra persona, otro Luca…

Súbitamente, entendió que no estaba del lado de afuera del espejo – él era el del espejo. Él estaba adentro del espejo y miraba al Luca que estaba afuera. Y entonces pudo darse cuenta de que él, el del espejo, siempre había estado allí, que todos los días lo miraba al Luca del lado de afuera y lamentaba que él no lo viera de verdad, y viera solamente a un Luca fragmentado, dividido en varias partes, despedazado en sus propias contradicciones. Él, el del lado interno del espejo, siempre había sido el Luca que vivía aquél tiempo futuro, aquél tiempo de encuentro consigo mismo, y todos los días intentó hacer con que el Luca de afuera despertara del sueño que vivía y se diera cuenta de que podía interrumpir el ciclo de autodestrucción al cual se había entregado. Y, así, todos los días la superficie del espejo era una fina membrana separando a dos realidades: en una de ellas Luca moría, en la otra él, renacido, esperaba por sí propio.

Luca dio por sí y notó que seguía mirándose al espejo, y se reía sin saber exactamente porqué se reía. Se sintió un bobo, mirándose a sí mismo como si nunca se hubiera visto antes. Y cuanto más pensaba sobre el hecho, más bobo se sentía y más graciosa se volvía toda la cosa. Luego estaba riéndose hasta las lágrimas y lo que era risa se convirtió en un llanto de felicidad, una felicidad rara, formada de la súbita convicción de que, sí, era necesario morir para encontrarse.

*      *     *

Un día, charlando con Charles y Solange, Luca descubrió que ellos tenían un I Ching. Inmediatamente recordó que una vez, en la cocina de su departamento de Fortaleza, Isadora había consultado al oráculo para él. Y que había apuntado el resultado en su agenda.

Pidió el libro prestado y buscó el hexagrama Receptivo. Leyó y se asustó.

“En el otoño, cuando cae la primera helada, el poder de la oscuridad y del frío empieza a manifestarse. Luego de los primeros indicios, las señales de la muerte se irán multiplicando gradualmente hasta que llegue el rígido invierno con su hielo. Lo mismo ocurre en la vida. La decadencia surge, al principio sugerida por pequeñas señales, para en seguida crecer hasta la llegada de la disolución final.” 

Se quedó mirando las palabras, sorprendido con la relación que tenían con su vida. ¡Ahora era tan obvio! Oscuridad, frío, rigidez, decadencia… los primeros indicios… las señales de la muerte… No podrían haber palabras más exactas para resumir lo que le había pasado. Y él simplemente no había captado el mensaje. ¿Cómo podía ser tan ciego?

Durante semanas pensó sobre aquél mensaje del I Ching y su relación con las ideas que últimamente tenía sobre el tiempo. ¿Qué habría ocurrido, él se preguntaba, si el hubiera captado aquél mensaje la primera vez que lo leyó? Seguramente habría alterado su futuro y, así, aquél futuro doloroso que él posteriormente vivió no existiría. Pero existió, ocurrió. Entonces, si hubiera captado el mensaje, habría alterado un futuro que ya pasó, o sea, habría alterado lo que ahora era pasado.

– Caramba… Es posible alterar el futuro – concluyó Luca, espantado con el descubrimiento. – Y también el pasado.

*      *     *

Aquella mañana nubosa había pocas gaviotas jugando en el cielo de Tibau del Sur. Bajo el techo de paja de un bar al borde del despeñadero de la playa, Luca respiraba el olor del mar y miraba un barco anclado… Nueve meses. Aquél día cumplía exactamente nueve meses de haber salido del coma.  Luca se rio, recordando la noche anterior en el Papirar, Charles diciéndole que él estaba naciendo…

Fue en ese momento, como un anhelo, que la canción quiso salir. No solamente quería, ella necesitaba salir. Rápidamente, él agarró la guitarra y… la música salió, resbalando por los dedos y por la boca como si ya estuviera pronta en algún lugar adentro de él.

El viento en el cabello
El polvo en la carretera
Trasnochar en esa posada
Mañana temprano seguir
La vida es una carona incierta
Pero siempre me lleva
Adónde yo necesito ir

– Música bonita… ¿Es nueva?

Aquella voz…

– Acaba de salir – él respondió, parando de tocar.

Ella se sentó a su lado, mirando al inmenso mar adelante, el barco anclado… Él se dio vuelta despacio, mirándola de perfil: ella estaba tan hermosa… Más hermosa aún que en sus sueños.

– ¿Ésto es un sueño? – él preguntó.

El olor de su cabello lo hacía sentirse liviano…

– ¿Y qué no es sueño, Luca?

– ¿De adónde vienes?

– De la posada de doña Zezé. Ella dijo que yo te encontraría acá.

Luca se rio. Una gaviota pasó bien cerca.

– Vos estás preciosa.

– Y vos como estás bárbaro, con una cara saludable…

– ¿Cómo ha sido el viaje?

– Fue increíble, quedé un año viajando. Ahora quiero parar un tiempo.

‒ ¿En San Pablo?

‒ O acá…

Ella se sonrió, mirando al mar. Y él se sonrió también.

– Por hablar en eso, ¿ya has encontrado una definición para el Tao?

– Ah… – Ella se rio, recordando una conversación antigua.  – Sí, finalmente la encontré.

– ¿En serio? Entonces dime.

– El Tao es la tal cosa y Tao.

Ellos se rieron, y de repente era como si aún estuvieran charlando aquella tarde lluviosa en el restaurante de doña Zezé.

– ¿Tuve un accidente, te has enterado?

– No. ¿Cuándo?

Él le contó sobre el accidente, el coma y su recuperación. Isadora escuchaba impresionada. Él contó también sobre Bebel.

– Yo he fallado, Isadora… No he sabido cuidarla.

– Vos has hecho lo que pudiste. – Ella lo consoló mientras se secaba las propias lágrimas.

Luca la tomó en sus brazos, y de repente nunca en ningún tiempo se habían separado. De repente no había pasado más que un año desde el último encuentro. De repente la vida retomaba su curso, naturalmente, fluyendo como debería fluir, río que desciende hacia el mar…

– ¿Por qué has vuelto hasta acá, Luca?

Él se sacó del bolsillo una concha.

– Ella me susurró que yo necesitaba completar mi misión.

– ¿Misión?

– Volver a vos.

Ella se sonrió y él completó:

– Como debería haber hecho hace cuatrocientos años.

Ella lo miró sorprendida.

– ¡¿Entonces vos… has recordado?!

– Sí.

– ¡No puedo creerlo! Cuéntame, quiero saber como fue.

– Fue durante el coma. Pero no creo que recordar sea la expresión correcta.

– ¿Por qué?

– Sabes… ando pensando unas cosas sobre el tiempo, la noción del yo… Quizás yo no haya sido Enrique.

– ¿Cómo así?

– Quizás todos hayan sido Enrique. Y quizás aquél tiempo aún esté ocurriendo. Es una alternativa a la teoría de la reencarnación, algo más profundo y mucho más loco.

– Hummm… La multidimensionalidad de la existencia.

– ¡Exactamente!

– Que coincidencia, Luca… Hace unos días leí algo sobre eso y quedé bastante curiosa. Me parece que tenemos millones de cosas para charlar.

– Sí. Pero por ahora quiero solamente que me perdones. ¿Vos me perdonas?

– ¿Por qué?

– Por haber huido.

– Solamente si vos me perdonas por haberte abandonado en un momento tan difícil.

Ellos rieron juntos. Nada de aquello importaba más.

– Vos me has libertado, Isadora. Y yo ni sabía cuan preso estaba.

– Tuve tanto miedo de haberte perdido para siempre, Luca… Pero yo sabía que vos estabas en tu propio tiempo, yo tenía que confiar en la vida.

Los ojos de Isadora… Él notó que la insania seguía allá, bella y encantadora, un abismo color de miel susurrando su nombre. Pero ahora no tenía más miedo.

– Creo que podemos ahora ajustar nuestros relojes, Isadora.

Él la tironeó y la besó. Era como si el gusto de Isadora jamás hubiese abandonado su boca. Y por un instante el tiempo paró, lo suficiente para que el pasado, el presente y el futuro se alinearan al ritmo exacto de los latidos de sus corazones.

Él abrió los ojos. Ella lo miraba a él con una expresión de espanto.

– Isadora… yo ya he vivido eso antes…

Ellos se miraron, la mirada vaga, como si no estuvieran allí. Como si buscaran algo perdido en la memoria del tiempo.

– Yo también, Luca…

– Un déjà-vu

– Pero… ¿nosotros dos al mismo tiempo?

– ¿Eso es posible?

– Nosotros ya hemos vivido… eso antes…

Él la abrazó y así se dejó estar, muy junto a ella, íntegramente abarcado por la sensación de ya haber vivido aquello antes… Cerró los ojos y trató de recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

El mismo punto, sí, pero en otro nivel – él súbitamente entendió. ¡Otro nivel! Porque de hecho no estaba en un círculo, pero en una espiral. Sí, una espiral, en la cual el tiempo está siempre girando y retornando al mismo lugar para ser de nuevo, sí, para ser eternamente de nuevo… pero en otro nivel, de otro modo. ¡De otro modo!

– ¿Qué ha pasado? – ella preguntó.

– No lo sé, un mareo…

– Hace días que estás raro.

Él la tironeó por la mano y empezó a correr.

– Vamos a salir de acá… ¡Rápido!

– Pero…

– Ven. Por aquí.

– ¿Has enloquecido?

– Debería haber enloquecido hace mucho tiempo.

– ¿Y el viaje?

– No iré más.

– ¡¿No?!

– Habla bajo. Es secreto.

Él siguió tironeándola por la mano, corriendo por entre la niebla del muelle.

– Pero… ¿Por qué has desistido de ir?

– Porque mi lugar es junto a tí.

– Pero… nosotros nos encontraríamos en seguida.

– No, no nos encontraríamos.

– ¿Cómo así?

– Yo te explicaré después. Vamos, de prisa.

– ¿Y la Compañía?

– ¡Al rayo que la parta la Compañía!

– ¡Ah, no! – Ella estancó el paso, soltándole la mano. – Explícame de una vez ese cambio de idea.

Él paró más adelante, sin aliento, y volvió. La tomó por los hombros y le dijo bajito:

– Existe una manera más segura de que lleguemos a Brasil. Pero te lo explico después, no quiero que me vean…

– ¡No, Enrique! ¡Solamente salgo de aquí después que me expliques!

Él respiró hondo. Miró hacia los costados, preocupado de que lo vieran allí. Allá atrás, entre la leve y densa niebla que había, el navío seguía anclado en el muelle, meneándose con las olas, los marineros subiendo las velas. Luego darían por su ausencia.

– No lo sé, Catarina… Ocurrió algo en aquél momento… De un momento a otro yo…

Mientras él buscaba las palabras, ella lo miró bien a los ojos y de repente le llegaron recuerdos de un tiempo extraño que nunca hubo, un tiempo de tristeza, de locura y soledad… Un tiempo en el cual la vida daba vueltas en torno de sí misma sin salir del lugar, repitiéndose mil veces como las canciones tristes que las mujeres de su aldea cantaban cuando era niña, canciones sobre una mujer que espera por su amor, un amor bonito que se perdió en el tiempo…

– De repente me vi… no, me acordé de mí… – él seguía tratando de encontrar las palabras. – Yo estaba perdido… nosotros dos separados… No sé explicártelo.

– ¿Estamos juntos ahora? – ella preguntó. – Es solamente eso lo que necesito saber.

– Sí, mi amor… Estamos juntos.

Él la agarró y se besaron. Y aquél beso tuvo un sabor distinto, un sabor irresistible de primera vez. Después se dieron las manos y corrieron hasta desaparecer al fin de la calle. Una nueva vida los esperaba, en una tierra nueva. En un nuevo tiempo.

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 3

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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.Amazon (kindle) english/portuguese/espanol

In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 7

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El Papalegua estaba casi cerrando. Las sillas ya reposaban patas arriba sobre las mesas y los últimos resistentes de la noche pagaban sus cuentas en el cajero. Junior Rível recibió del barman los dos vasos con whisky y puso uno de ellos sobre la barra, bien adelante del amigo. Y le dio una palmada en la espalda.

– Esta es por mi cuenta. Toma ahí, ciudadano.

Luca afirmó el vaso y movió las piedras de hielo por un largo tiempo, la mirada vaga y sin brillo.

– Hace dos semanas que estás con esa cara de entierro. Nunca te he visto así por ninguna mujer.

Luca tomó un trago y puso el vaso de vuelta en la barra. Tenía el semblante cansado y bajoneado.

– ¿Te gusta de verdad la taoísta, no?

– Me gusta.

– ¿Pero vos no decías que ella era loca?

– Y lo es.

– ¿Realmente no tienes cómo hablar con ella?

– Ella está sin móvil. Y ni siquiera accede a Internet.

– ¿E adónde ella está ahora?

– Yo qué sé, en alguna playa por ahí.

– Tal vez haya sido mejor de esa manera, Luca. Piénsalo derecho, esa historia jamás resultaría bien, ustedes viviendo tan lejos uno del otro…

– Yo la llamé, pero ella no quiso venir a vivir conmigo.

– Evidente, ella tiene su vida allá en San Pablo.

– No, no fue por eso.

– ¿Y por qué fue?

Luca tomó un trago más, el líquido ardiente lastimando su garganta, el dolor helado reverberando en el fondo del alma…

– Fue debido a la mierda de un abismo.

– ¿Qué abismo?

– Tampoco lo sé.

– ¿Cómo así no lo sabes?

– No lo sé. Es más, ese es el problema, hermano, no sé de más nada. Me siento como si estuviera solo en una selva oscura, totalmente perdido.

Junior miró al amigo y se rió.

– ¿Ah, es eso? Entonces no te preocupes porque en seguida alguna otra mina te encontrará.

– No quiero a ninguna mina. Quiero a Isadora.

– ¡Pero vos has mandado a la chica que se fuera! No has ido ni siquiera a dejar a la pobre en la estación. Además, acá entre nosotros, eso no fue nada lindo.

– Es lo que te digo. Yo no sé más quien soy. No soy más quien yo pensaba que era. Esa historia con Isadora me volvió un tipo celoso, inseguro. De repente me vi siendo grosero y agresivo, sin conseguir controlarme, mira que mierda.

– Sí, de hecho andas medio enojado últimamente.

– ¿Lo ves? Yo no soy así, hermano, vos me conoces. Quiero decir, siempre me pareció que no fuera así. Pero quizás yo sea, y es solo ahora que me doy cuenta.

– Vos eres un tipo buena onda, siempre has sido.

– No, no soy. Un tipo buena onda no hace lo que yo hice. No tiene con una mujer la conducta que yo tuve, más aún si la quiere. Simplemente ya no sé si creo más en lo que siempre he creído sobre mí. Está todo fuera de lugar, hermano, todo.

Él miró adentro del vaso y por un momento se sintió rodar con los hielos, girando en aquél remolino, girando, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

– Creo que me he perdido de mí.

– Es una etapa, va a pasar. Concéntrate en tu vida que en seguida todo estará bien.

– ¿Mi vida? Yo no sé más lo que es la vida, Junior. ¿Yo siempre lo supe, no? Siempre fui el poeta de la banda, el tipo que explicaba todo por la poesía. Yo tenía todas las respuestas, ¿no? Pues ahora no las tengo más. No sé más de nada.

Luca se volcó el resto de whisky y le pidió al barman que cogiera una botella llena para llevársela a casa. Y que apuntara para sustraer del caché del próximo show.

– No hagas eso, ciudadano. Vos ya estás con dos cachets colgados.

– Uno más no cambia nada.

Luca recibió la botella de whisky del barman y firmó el papel.

– Me voy, hermano – él dijo, apretándole la mano al amigo. – Gracias por la gauchada.

– Mañana hay ensayo. No vayas a faltar otra vez.

– Lo prometo.

– ¿Y no quedes cerca de ventanas, ok?

Luca se rió con la ironía.

– Quédate tranquilo.

‒ Ni de cuchillos, láminas, esas cosas.

‒ Soy demasiado cobarde para matarme. Eso por lo menos sé que soy, un cobarde.

En casa, se acostó en el sillón con la botella de whisky al lado. Llenó un vaso y quedó toqueteando la guitarra, paseando sin rumbo por melodías melancólicas. Y dormitó antes de terminar la primera dosis.

Abre la ventana de la habitación
Allá afuera en el medio de la calle brilla un letrero
El cartel de nuestro amor es rojo
Entonces siente, viaja, vuela en este tono
Ha sido para vos, dulce mío, que yo compuse
Este blues de luz neón

*     *     *

Una semana después Luca supo que Bebel había recibido una tarjeta postal de Isadora. Él imploró para verla y Bebel se la mostró. Luca leyó con voracidad, como si sintiera hambre de aquellas palabras. En la tarjeta Isadora contaba que estaba en Icaraí de Amontada, playa de la costa oeste, a medio camino de Jericoacoara. Decía que el viaje seguía tranquilo y que las playas de aquella parte era aún más lindas. Y que esperaba que ella estuviera bien. Besos, me encantó conocerte, te echo de menos. Y era eso. Nada más que eso.

Luca leyó otra vez y otra más. No había realmente nada sobre él, ninguna mención, absolutamente nada. Era como si él no existiera. Como si nunca hubiera existido.

– ¿Vos querrías que ella estuviera aquí, no? – le preguntó Bebel, notando su sufrimiento.

Él no le respondió. Solamente le devolvió la tarjeta y se fue.

De noche, en casa, se revolcaba en la cama sin conseguir dormirse. Todo lo que quería era reencontrar a Isadora. Necesitaba decirle cuan estúpido había sido y que estaba arrepentido. Y que ardía de nostalgia. Y que ella era la mujer de su vida. Y que no sabía cómo viviría sin ella. Solo necesitaba encontrarla de nuevo, y nada más.

Cuando la madrugada ya seguía alta, él decidió: saldría el sábado por la mañana. Trataría de encontrarla en Icaraí de Amontada, quizás aún estuviese por allá. Nada aseguraba que esa locura resultaría bien, pero si en Uruaú había conseguido encontrarla, ésta vez tendría que conseguir también.

– Un voto de confianza a la vida – se dijo a sí mismo. – Como vos misma dirías, Isadora.

El sábado se despertó antes del amanecer y poco después ya seguía en alta velocidad por la ruta rumbo a la costa oeste, necesitaba llegar lo más rápido posible. En dado momento se dio cuenta de que alto estaba mal, el coche tironeaba hacia un lado… Paró en al margen, bajó y vio la causa: rueda pinchada. Cuando abrió el valijero constató que el repuesto estaba también agujereado. ¡Mierda, que mierda, que mierda!, insultó, mirando sin conformarse hacia las dos ruedas desinfladas.

Trató de mantenerse calmo y optimista. Confiar en la vida. Entonces colocó Led Zeppelin a tocar en el aparato de música del coche y se colocó más adelante, la mirada en el horizonte de la ruta. Y de repente atinó al absurdo de la situación: intentando hacer dedo en una ruta desierta para llegar a la estación de servicio más cercana para arreglar la rueda y entonces seguir viaje hacia una playa… en la cual Isadora quizás ya no estuviera más. Debía ser a eso que llamaban blues.

La rueda pinchada retrasó bastante el viaje y lo hizo llegar a Icaraí de Amontada solamente por la noche. Al tercer intento localizó la posada en la cual onde Isadora había comido algunas veces, pero la gerente le informó que ella no estaba más allá, que había salido cinco días antes hacia Jericoacoara. Luca sintió el desánimo pesarle sobre los hombros. ¿Y ahora? Pensó un poco y le dijo a la gerente que se quedaría, saldría temprano por la mañana.

– Amar es un peligro, doña. Un peligro.

Después de la ducha, comió algo y se acomodó en una hamaca en la terraza de la posada, el cielo estrellado haciéndole recordar Tibau del Sur. El sonido del mar bien cercano lo distendía, pero él se sentía solo y desamparado. Cuando la nostalgia de Isadora se volvió insoportable, se levantó y fue a dar una vuelta por la playa desierta, de la cual volvió solamente cuando las primeras luces del domingo surgían en el cielo.

El domingo de mañana dejó el volkswagen en Jijoca y embarcó en la trasera de la camioneta que durante una hora conduciría a los turistas por el trecho de médanos y lagunas hasta Jericoacoara. Era un paisaje lindo, aún no contaminado por el progreso, pero Luca no lo veía: mientras el vehículo seguía, él se frotaba las manos, ansioso, además de hinchar para que Isadora aún estuviera por allá. Tenía que estar. Diez minutos ya valdrían la pena.

Finalmente en Jericoacoara, salió de posada en posada preguntando por Isadora. La buscó también en los campings. Y nada, ninguna información sobre ella. En las calles y cajellones tenía la sensación de que a cualquier momento ella surgiría adelante de él – pero nunca era ella. Buscó por la playa, en la laguna, en la piedra con un hueco, por los médanos… Nada.

La noche del domingo llegó y Luca no se conformaba. Ni siquiera se había dado una zambullida en el mar. Intentó comer algo, pero tragó sin gusto. Se sentía agotado y derrotado. En ese momento, de repente, se dio el estallido y él notó el papel ridículo que había hecho: Isadora no lo quería más, ella lo había abandonado. Sí, era eso. En realidad, él ya lo sabía, pero había hecho de cuenta que no. Todo su esfuerzo por encontrarla, por mayor que fuera, sería en vano. Probablemente en aquél momento ella ya estaba con otro tipo, contando historias disparatadas de vidas pasadas, dividiendo con él su tienda… Papel ridículo – era el que había hecho él.

Volvió para Fortaleza enteramente consumido por la frustración y por la rabia. Llegó a casa el lunes por la mañana casi sin fuerzas y cargando un resfrío que al día siguiente se volvió una gripe fuerte y lo hizo faltar al trabajo por dos días. Y aún lo hizo echar a perder un show.

Confiar en la vida. Pues sí.

*     *     *

Luca retomó el viejo ritmo, las noches sin fin, los bares llenos de mujeres. Si Isadora no lo quería más, ¿por qué guardarse para ella? ¿Por qué tener esperanzas? Inútil. Inútil como aquél viaje desatinado por las playas en búsqueda de una ilusión.

El mundo de los bares y de los shows tenía un ritmo alucinante, pero era seguro. El empleo de gerente de gráfica era sin gracia y tedioso, pero era seguro. Y llenarse de relaciones superficiales podría incluso amplificar la soledad… pero era mucho más seguro que arriesgarse involucrándose sentimentalmente para al fin tener solamente decepción y sufrimiento.

Era en el bar en el cual Bebel trabajaba como moza que él iba a confesarse. Charlaban y al fin él la dejaba en  casa. Una noche, en su coche, se dieron un beso y en ese momento él recordó… ¡El futuro de Isadora! Interrumpió el beso y mientras Bebel recostaba la cabeza en su pecho él recordó el futuro imaginado por Isadora, en el cual él quedaba con Bebel después que ella se iba. Por una parte, él realmente quería estar con Bebel, ella le hacía mucho bien, pero actuar así sería cumplir lo que la otra había antevisto y eso sonaba como una derrota. Darle la razón a Isadora – no podía hacer eso. Pero por otra parte, ir contra su deseo y evitar a Bebel solamente para no darle la razón a Isadora era… absurdo. Quizás Isadora quisiera exactamente eso, la muy viva. ¿Y ahora? ¿Cómo escaparse de ese dilema?

Pues sí, se quedaría con Bebel, él decidió. Y que Isadora se fuera a la mierda, ella y su futuro.

– ¿Luca, vos siempre has sido tenso así? – Bebel le preguntó una noche, antes de que se durmieran.

– Cada uno juega con las armas que tiene – él respondió secamente, buscando el sueño, buscando no pensar.

Los últimos días él tenía la sensación de que algo quería salir de adentro de él, un bicho peligroso y enjaulado. Recodaba una escena de Aliens, en la cual la criatura irrumpe de adentro del cuerpo del astronauta…

Felizmente había la banda, que ahora tenía empresario, y los shows estaban cada vez más llenos. Había siempre la noche, la próxima música, la dosis a continuación. Y mujeres que lo deseaban a él, y no a una encarnación del pasado.

Y ahora estaba Bebel, que siempre lo recibía con cariño y nostalgia, aún cuando se habían encontrado la noche anterior. Ella no exigía nada, no cobraba nada, solamente lo quería a él. Cada vez más era en brazos de Bebel que él buscaba con desesperación olvidarse quien era.

– ¿Isadora no te ha enviado más tarjetas? – él preguntó un día, tres meses después de aquél día en que había leído la tarjeta. Preguntó simulando desinterés.

– No. ¿A vos tampoco?

– Ella no me escribirá nunca más, Bebel. Y es mejor que así sea.

– ¿Si ella me escribe, debo contarle sobre nosotros dos?

– Conviene que ella sepa.

Bebel lo miró y en su mirada Luca pudo leer la pregunta silenciosa: ¿Vos aún la quieres mucho, no?

No era una pregunta agresiva, al revés. Ella parecía decir, sin una sola palabra y con sus modos dulces, que lo sabía todo y lo comprendía. ¿O no? ¿O él ya se estaba imaginando cosas y colocando palabras en la mirada de ?

Con miedo de que sus ojos respondieran por si solos a la pregunta silenciosa que no quería callar, él rápidamente desvió la mirada. Y por algunos segundos se quedó mirando el techo de la habitación. Cuando volvió, la pregunta no estaba más allá. En su lugar, estaba la mirada nítida de una mujer que lo aceptaba.

– Bésame, Luca.

Y él obedeció, pidiendo en su íntimo que sus labios le hiciesen olvidar por algunos momentos que él no la merecía.

*     *     *

Entonces vinieron los accidentes… Al principio fueron pequeños contratiempos caseros, cosas bobas como resbalar en el baño y quemarse en la cocina. Después los accidentes se fueron poniendo más serios. Un día no notó el agujero en la acera y cayó, lastimándose el hueso del pie. Otra noche fue bastante peor: para ahorrar la entrada de una fiesta, intentó saltar el muro de la casa pero erró el cálculo y metió las manos en los clavos. Resultado del ahorro: dos dedos con las puntas colgadas, hospital, puntos externos e internos. Y un mes sin poder tocar.

– ¿Luca, será que vos no estás tomando demasiado?

– Caramba, Bebel – él reclamó, enojado. – ¿Perorata a esta hora de la noche?

– Estoy preocupada con vos, todos esos accidentes… – ella dijo, acariciándole la cicatriz en su cara.

– Es maldición de bruja. Va a pasar.

Yo solo quería que vos supieras
Que mis noches son tan solitarias
Y mi corazón es tan viejo sin vos
Yo me sirvo una dosis más al fin
Yo miro a la ciudad
Desde la ventana solamente la ciudad sabe de mí..

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CAPÍTULO 8

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Aquél mes la Bluz Neón participó en un festival en Recife y fue alabada en los medios de comunicación. Periódicos y revistas publicaron material sobre los muchachos del blues de Fortaleza, subrayando la calidad técnica, la mezcla de ritmos y la capacidad de interacción con el público. Participaron en un importante programa de televisión y recibieron más invitaciones para presentaciones. La banda estaba cada día más conocida y se volvía más prestigiosa.

Días después el empresario anunció: había conseguido una buena auspicia y prontamente empezarían a grabar el CD, ahora un disco de buena calidad, en un estudio de primera. Aquella misma noche ellos salieron del ensayo, compraron un Jack Daniel’s y fueron todos a festejar en una vieja estación de tren desactivada en el centro de la ciudad. Sentados sobre los rieles, se emborracharon y tocaron los blues predilectos, aullando emocionados a la luna. Ebrios y solemnes, brindaron a todos los que consiguieron recordar y saludaron al futuro promisorio.

Luca, aún así, vivía el dilema de una terrible encrucijada. Las puertas se abrían para la banda pero, por otra parte, su empleo impedía que viajaran más e hicieran más shows. Tres años antes la banda había surgido como una diversión de fin de semana y ahora la cosa empezaba a ponerse demasiado seria. Era hora de tomar una decisión, él sabía. Un futuro vinculado a la música se desvelaba, tendría que estar disponible para viajes y compromisos, tendría que dedicarse aún más. Todos ellos habían soñado con aquello y ahora estaba ocurriendo. Pero dejar el empleo a un lado era un riesgo muy grande. No le gustaba, es verdad, pero era una seguridad, era un dinero asegurado con el cual podía contar todos los meses.

No consiguió decidirse. Postergó la respuesta una vez y después otra y siguió postergando la decisión por la cual el resto de la banda anhelaba. Junior lo estimulaba a apostar sus fichas en la banda, un gran futuro los esperaba, ellos estarían juntos, la banda los necesitaba a los dos. La madre, doña Gloria, le pedía prudencia, que analizara toda la situación con mucha calma. Días y días inmerso en el dilema, la presión de ambos lados, cada lado con otros dos lados para evaluar…

Primero Isadora pidiéndole que soltara sus seguridades para seguir con ella. Y ahora su banda, que exigía que el dejara a un lado la seguridad de su empleo. Dejar a un lado las seguridades para vivir de música… La vida parecía estar jugando a traerle las peores decisiones posibles. Y él no conseguía decidirse. No sabía más lo que realmente quería. No sabía más quien era él en medio de todas sus contradicciones, molestándolo cada vez más. No sabía de nada más.

Entonces una noche, saliendo del bar con Bebel, él no encontró su volkswagen: el coche había sido hurtado. Quedó completamente desesperado, no podía creerlo. Denunció el robo, puso aviso en el periódico, buscó en la chatarrería, pero nada, no obtuvo ninguna noticia. El coche infelizmente no tenía seguro.

Fue un golpe cruel. Tres meses antes casi había perdido los dedos en un accidente bobo. Ahora perdía el coche y no tenía condiciones de comprar otro. Y la necesidad de tomar una decisión en cuanto a su futuro en la banda era una presión constante. Para colmo ahora vivía engripado, lo que lo perjudicaba bastante para cumplir su papel en los shows.

Días después, sorpresa: Isadora llamó por teléfono. Luca atendió y, al escuchar su voz, no supo qué hacer. Pensó en colgar, pero se sentó en el sillón, nervioso.

– Hola, Isadora – él respondió, intentando no demostrar la emoción que sentía. Hacía seis meses que ella lo había abandonado. Seis meses que él luchaba a diario para olvidarla.

Ella dijo que estaba en San Pablo y quería saber cómo estaba él. Él tuvo ganas de contar sobre todas las dificultades que pasaba, pero de repente entendió que ella de alguna forma ya lo sabía.

– Aquí está todo, ah, bajo control– él respondió. – ¿Y vos?

– Luca, solo llamé para decir que estoy de salida. Viajaré otra vez.

– ¿Hacia adónde?

– Aún no he decidido. Pero salgo la semana que viene.

Él sentía que las entrelíneas de aquellas frases le decían algo más.

– Vos… ¿Me estás invitando? – él preguntó. Y de súbito se dio cuenta de que no sabía la respuesta que quería oír.

– Estoy solamente diciendo que viajaré, Luca. Y no sé cuando vuelvo.

Él recordó aquella noche en la fiesta: estamos juntosSintió en el aire la importancia del momento, el clima tenso de decisión. Dejar todo a un lado y seguir con Isadora… En medio al silencio incómodo, él intentó pasar en su mente todos los detalles que involucraban una decisión como aquella, el empleo en la gráfica, el buen momento de la banda, la grabación del CD, Bebel…

– ¿Cómo te revolverás? – preguntó. Pero en seguida adivinó la respuesta.

– ¿Siempre se encuentra la vuelta, no?

Pensó en preguntar si ella había ahorrado suficiente dinero, pero sería apenas otra pregunta idiota. Parecía querer disuadirla debido al heco de que él mismo no tenía el mismo coraje. ¿Por qué no le decía a ella que sí? Recordó la noche en que Sonita surgió en el camerino después del show, ella y sus botas negras. Sentía ahora la misma sensación, todo un futuro dependiendo de lo que eligiese en el próximo segundo, toda su vida dependiendo de su decisión…

– Buena suerte, Isadora.

– Para vos también, Luca.

¿Por qué no le decía que sí?

– ¿Cómo anda Bebel?

Él no esperaba por aquella pregunta. ¿Ella sabía que estaban juntos? ¿O le estaba tirando una carnada?

– ¿Quien?

– Bebel. ¿Ella está bien?

Con aquella pregunta ella quizás quisiera volver oficial, sin decirlo abiertamente, su aprobación a la unión de los dos, mostrar que aceptaba, que no pensaría mal de ellos. Con eso cerraba la puerta y tiraba la llave a la basura. De una buena vez.

– Ella está muy bien.

– Dile que le mandé un beso.

Sentía el corazón agobiado… Quizás estuviera perdiendo en aquél momento, para siempre, a la mujer de su vida. ¿Por qué entonces no reaccionaba? ¿Por qué no abandonaba del todo aquella inercia y decía finalmente que sí, que dejaría a un lado sus seguridades, que se marcharía con ella y vivirían plenamente la gran locura de aquél amor?

– Chau, Luca.

Él cerró los ojos como si en la oscuridad pudiera ver una salida. Pero fue tomado por la angustiosa sensación de estar cayendo, cayendo… Abrió los ojos y se afirmó en el sillón. No podía abandonar todo.

– No puedo…

Él escuchó el ruido del término de la llamada y tragó en seco. Quedó allí, sentado en el sillón, el teléfono al oído, su voz aún haciendo eco como un grito desapareciendo en el abismo.

No puedo… no puedo…

Ella se levantó temprano y se marchó
Fue a buscar un sueño más grande
Dejó un beso de nostalgia
Y esa ciudad a mi alrededor

*      *     *

Era noche de ensayo. Luca se cambió de ropa, se miró en el espejo partido del baño y la imagen reflejada le mostró una cara hinchada, la mirada cansada, ojeras profundas… Tuvo ganas de dar piñazos al espejo. Necesitaba calmarse, andaba cada vez más iracundo. Fue a la cocina, cogió la botella de whisky y vertió una dosis en el vaso. Tomó de un solo trago, agarró la mochila y salió para tomar el autobús hacia el estudio. En el camino pasó en la farmacia para comprar un remedio, hacía días que estaba con un dolor de cabeza insoportable.

Al fin del ensayo Bebel apareció de sorpresa. Estaba un tanto ansiosa y dijo que quería charlar. Él se despidió de los amigos y salió con ella hacia la pequeña plaza al lado. Se sentaron en un banco y fue allá que ella le dio la pésima noticia: estaba embarazada.

– Perdona, Luca… – Ella tartamudeaba, nerviosa. – No sé cómo fue a pasar, yo tuve cuidado, te lo juro…

Él no pudo creer en lo que oía.

– Eso no puede ser verdad, Bebel.

No podía ser. Bebel a la espera de un hijo suyo. No era posible. Ella explicaba: examen positivo, más de dos meses de embarazo…

Él se levantó, tironeó a Bebel por el brazo y la llevó hacia un rincón más alejado. La recostó en un árbol y, con el dedo em riste, dijo que no sabía si el bebé era de hecho suyo y que si fuera, la culpa entonces le cabía a ella que no había tomado precauciones. Que se revolviera, pues él no tenía nada que ver con aquella irresponsabilidad, ya tenía demasiados problemas para solucionar.

Bebel trató de explicar que en aquellos últimos meses él había sido su único hombre, pero en seguida se derrumbó en un llanto intenso y no consiguió decir nada más. Ella intentó abrazarlo pero Luca la rechazó, se dio vuelta y salió. Y fue a tomar el autobús en la otra calle.

En casa, él no consiguió dormirse. La vida ya estaba jugando demasiado duro. De toda parte aparecían agujeros en el barco y él no tenía manos suficientes para taparlos. Hacía un mes que el empresario y los compañeros lo presionaban por una decisión y él simplemente no conseguía decidirse. Su coche había sido hurtado y él, de un instante a otro, se había visto privado del único patrimonio que poseía. No conseguía concentrarse derecho en el trabajo e incluso había sido advertido gravemente por su jefe. La mujer que amaba se había ido y ahora Bebel esperaba a un hijo suyo. Un hijo suyo. Parecía irreal. La vida se había vuelto una pesadilla de la cual no se podía despertar.

Fue a encontrar a Bebel en el bar la noche siguiente. Esperó que ella terminara la función y la llevó a su departamento. Y se disculpó por lo que había hecho, estaba arrepentido. Bebel lo abrazó y lloró en sus brazos.

– ¿Y el embarazo? ¿Vamos a interrumpirlo, no es verdad? – él preguntó.

Ella solamente lloraba, aferrada a su pescuezo.

– ¡Bebel, nosotros no podemos criar a ese niño! – Él se descontrolaba y ella empezaba a llorar. Él respiraba hondo.  – Bebel, escucha, por favor. ¿Fue un accidente, has entendido? Ese niño no es bienvenido.

– ¡Para mí es bienvenido, sí!

Listo, todo perdido, ella quería al niño.

– Bebel, yo no tengo la mínima condición de criar a un bebé ahora. – Él se esforzaba para no atropellar las palabras. Las ganas eran de gritar, de golpear. De matar.

– Yo lo crío sola, no necesitas preocuparte.

Definitivamente era una pesadilla. Y de las peores. El mundo entero desmoronaba adentro y afuera de él y, por más que se convulsionara, no conseguía despertarse. Intentó mantenerse controlado. Presentó argumentos, todos los posibles, los más sensatos. Conseguiría dinero prestado y pagaría el aborto.

– Yo sé que vos no has olvidado a Isadora. Pero no me importa. Quiero tener este hijo.

Luca suspiró, rendido. ¿Qué pensaría Isadora? ¿Interpretaría a aquél niño como la jugada final de su parte, una respuesta a su decisión de irse, su contraofensiva? ¿Ella había visto también a aquél niño en el tal futuro?

Mientras Bebel dormía a su lado, él se rascaba la cicatriz en la cara y rumiaba sobre lo que aún le quedaba hacer. Si realmente existiera reencarnación y él de hecho hubiera sido Enrique… entonces aún debía saber lidiar con magia y solucionaría aquél problema muy pronto. Pero no, aquellas cosas solamente existían en la cabeza desquiciada de locos como Isadora. La realidad era distinta, era cruel e insensible.

Y se durmió deseando con todas sus fuerzas que ocurriera algo, cualquier cosa que lo librara de aquella pesadilla absurda. Cualquier cosa. Antes que enloqueciera del todo.

Cuando Bebel cumplió el tercer mes de embarazo, él consiguió el coche prestado de un amigo y la invitó a que pasaran el fin de semana en una playa. A ella le encantó la idea. En la terraza de la casa de playa, el abrió una botella de ron y sacaron fotos de la puesta del sol. Entonces él intentó una vez más convencerla a hacer el aborto. Y una vez más Bebel no aceptó sus argumentos. Ella lo miró y vio sus ojos rojos, la rabia pronta para explotar… Luca agarró el vaso y lo tiró contra la pared, los fragmentos desparramándose por la terraza.

– ¡Ese bebé es una maldición! – él gritó mientras agarraba la botella y salía.

Más tarde él volvió, la botella casi terminada. Paró bamboleante en frente a la puerta de la habitación. En la penumbra vio a Bebel durmiendo en la cama, bajo las sábanas. Entró pisando despacio. Se arrodilló en el piso, al su lado, y con cuidado tironeó la sábana, descubriendo la barriga. Empuñó el cuchillo, cerró los ojos y respiró hondo.

Minutos después, en la terraza, él miró hacia la luna, llorando, y pidió perdón por ser quien era. Pero la luna no lo disculpó. El cuchillo cayó de sus manos, el sonido metálico haciendo eco en el silencio de la noche, y él se arrodilló en el piso, sin fuerzas. Solamente quería desaparecer, solamente eso, desaparecer para siempre…

¿Luca? ¿Luca? La voz vino de algún lugar… Luca, ¿qué pasó? ¿Qué cuchillo es ese? ¿Vos estás bien? Su voz, una tortura, cuchillo rompiendo el corazón, cortando todo por adentro, dilacerando el alma…

Bebel se sentó a su lado, lo abrazó y lloró con él. Después lo llevó para adentro y lo acostó en la cama.

– Yo soy un fracaso, Bebel… – él murmuró antes de dormirse. – No te merezco.

– Duerme, precioso. Mañana será un nuevo día.

*      *     *

El domingo él se despertó pésimo, una resaca horrible. La última cosa que recordaba era una discusión en la terraza, un vaso roto contra la pared. ¿Qué había ocurrido después? Bebel lo tranquilizó, dijo que estaba todo bien. Él pidió disculpas.

– ¿Vos no eres un fracaso, has entendido? – ella dijo, afirmando su cara entre las manos. – Y seremos muy felices. Nosotros tres.

Él la abrazó y cerró los ojos, buscando no pensar. Los pensamientos, a pesar de eso, tenían vida propia. En la barriga de aquella mujer se movía su hijo, o su hija. La idea de ser padre era algo absurdo, pero ya no tenía fuerzas para luchar contra ella. Estaba exhausto como un guerrero que luchaba hacía días, semanas, meses… y que ahora simplemente ya no sabía más por qué luchaba. ¿Contra quién estaba peleando?

Entonces, súbitamente, descubrió que sabía. De repente, allí abrazado a la barriga de Bebel, se dio cuenta de que, sí, él sabía quien era su enemigo. En realidad siempre había sabido, solamente se había engañado durante todo aquél tiempo fingiendo para sí mismo que luchaba contra mil enemigos que a cada día emergían de las tinieblas para atacarlo. No, su enemigo era uno solo y le tendía su trampa todos los días en el espejo partido de su cuarto de baño.

¿Como ganarle al enemigo si el enemigo era él mismo?, se preguntó en pensamiento. ¿Y cómo derrotar a sí mismo si ya no sabía más quién era? Había llegado al fin, sentía eso.  Había llegado al fin de las posibilidades, no había más hacia adonde seguir. Nada más importaba. Era el fin.

En el momento de volver hacia Fortaleza, Luca estaba somnoliento y a Bebel le pareció peligroso que él manejara el coche. Ella exigió la dirección pero él rechazó. Ella entonces insistió y tomó la llave:

– Confía en mí.

Mientras Bebel prendía el coche, él la miró con cariño y pensó en como todo sería distinto si no existiera Isadora. ¿Qué pasaba con las cosas que no llegaban a pasar?

A la entrada de la ciudad Luca estaba distraído, casi durmiendo, y vio solamente una luz fuerte surgiendo súbitamente al lado. Pero fue todo muy rápido, él solamente vio la luz y sintió un inmenso choque. Después todo oscureció.

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CAPÍTULO 9

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La noche era clave. La tan anhelada iniciación. Enrique sabía que no lo aceptarían el el Orden si no fuera capaz de llegar a la galería y enfrentar al enemigo que lo esperaba traicionero en alguna de aquellas tantas sombras. Entonces agarró firme la espada y avanzó hacia el lago oscuro, con cuidado para no resbalar en las piedras húmedas de la cueva.

La prueba de la iniciación era terriblemente peligrosa. Al superarla, los iniciados mostraban que eran bravos lo suficiente para soportar lo que exigiera la defensa del Orden. Era más que peligrosa, era la prueba suprema que alguien podía soportar: la temida confrontación con el Guardián del Conocimiento. Y de esa confrontación solamente salían vivos y sanos – sí, sanos, pues muchos sobrevivían pero volvían de la cueva irremediablemente locos – los que poseían la fuerza necesaria para vencer al terror más íntimo que habita la oscuridad del espíritu de cada uno.

Enrique escuchó un ruido que venía del lago de aguas oscuras y se detuvo, espada en puño. Quedó inmóvil, a la espera, el sudor escurriendo por la cara, el corazón a punto de reventar de miedo y expectativa. Suspendió la respiración. El enemigo estaba bien cerca.

Entonces presintió lo que podría venir. Y en ese momento el pavor más profundo irrumpió del interior de su alma, como gusanos husmeando la tierra. Las piernas se pusieron débiles y súbitamente él se descubrió incapaz de enfrentar lo que se anunciaba en su pensamiento.

Ella surgió. Y él escuchó su sonido aterrador… La naja anduvo a rastras en un movimiento lento y ondulante, y paró justo adelante de él. Era gigantesca. Ihlish, la Guardiana – él supo su nombre apenas la vio. Su sonido era hipnótico, era su propio nombre, Ihlissssshhhh… Ella levantó el cuerpo, subiendo lentamente, subiendo… Enrique vio la inmensa cabeza flotar bien cerca de su cara y el pescuezo inflarse lateralmente. Y entonces la naja abrió la boca, mostrando las presas letales…

Él cayó arrodillado, sin fuerzas, totalmente paralizado por el terror. De repente se dio cuenta de cuán insignificante era frente a aquél animal. Él creía que era fuerte. Juzgaba conocer a las fuerzas de la vida. Pero veía entonces que no era nada, no era absolutamente nada, nada…

La espada resbaló de sus manos y cayó en el suelo, el sonido metálico reverberando por las paredes de la cueva. La serpiente era su guardián personal del Conocimiento y era a ella que debería vencer para proseguir en el Orden. ¿Pero cómo, si estaba paralizado?

La serpiente torció la cabeza hacia atrás y por un segundo él notó que aún era posible escapar, él podía darse por vencido. Sí, él tenía el derecho a recular, todos lo tenían. Se daría por vencido y volvería sin enfrentar aquella pesadilla.

No hubo más tiempo. La serpiente atacó. Y fue tan rápido que cuando él se dio cuenta, estaba siendo tragado mientras gritaba y sacudía las piernas y se contorcía. Primero la cabeza, después el tronco y entonces las piernas. El contacto con el interior de la serpiente lo llenaba de asco, y mientras buscaba desesperadamente respirar, podía escuchar el sonido de sus huesos siendo aplastados. No podía haber peor pesadilla y, asimismo… era real.

Su cuerpo se desplazó entero hacia adentro de la serpiente y él pudo sentir los movimientos que ella hacía para impulsarlo por adentro de sí. De a poco perdió el control sobre el propio cuerpo. Entonces no pudo más respirar, sus órganos ya no le obedecían. Por fin, suspiró.

Cuando despertó, yacía acostado desnudo sobre la superficie de piedra, al margen del lago. Un silencio profundo inundaba la cueva, pero ahora ella ya no parecía tan oscura misteriosa. Se levantó y notó que su cuerpo estaba entero, sin heridas. ¡Estaba vivo! Un poco cansado, sí, pero vivo.

Entendió que había ganado, que había pasado por la gran prueba. Eso era tan increíble que no parecía real. Pero era real sí, y ahora, allá afuera, un nuevo mundo lo esperaba, un mundo que ya no lo derrotaría pues el tenía… el Conocimiento.

Entonces una palabra le vino a la cabeza: Vehdvar. El nombre sonó de un modo mágico, absolutamente sagrado, como si existiera desde siempre. Era su nombre, siempre había sido Vehdvar y solo ahora se daba cuenta de eso. Y él sabía que solamente los más fuertes eran dignos de llevar junto al suyo el nombre sagrado del Guardián. Por esa razón él era a partir de ahora Ihlish Vehdvar, el nombre que él jamás recordaría cuando afuera de la cueva, pero que era solamente suyo y, además de él, solamente Ihlish sabía y podía pronunciarlo.

Sintiendo la solemnidad del momento, Enrique se colocó prostrado  hacia el lago oscuro al fondo del cual dormía la serpiente y tocó el suelo con la cabeza, lleno de reverencia:

Naja Hannah, Naja-Rey

En ese momento las aguas del lago ondularon. Él se preparó para el retorno de la serpiente, pero lo que vio en la superficie fue la imagen de una… mujer. La imagen era difusa, era apenas una cara femenina, que él no conocía… Pero comprendió inmediatamente. Debería encontrar a aquella mujer, dondequiera que ella estuviese, y volverla su discípula. Esta era su próxima misión.

*      *     *

Aquella mañana la feria de Valencia estaba llena como siempre, los mercaderes locales y de otras ciudades con sus productos y su mirada codiciosa volcada a la posibilidad de volver a casa con el bolso tintineando de monedas. Al lado norte de la feria muchachos se presentaban en el tablado con sus espadas de madera y narraban cómo El Cid cayó en una emboscada y luchó bravamente contra siete moros que querían su cabeza. Y contaban cómo El Cid dividía las conquistas de las batallas con sus vasallos para que enriquecieran junto con él, y de como El Cid engañó a los judíos al pagar el préstamo que había pedido, a fin de formar un ejército en el exilio, con un cofre que él aseguraba estar repleto de oro y plata, pero que, en realidad, no contenía más que arena…

Enrique se rió. El Cid era de hecho héroe de aquella gente y ellos no se cansaban de cantar sus hazañas. Pero preferiría, particularmente, que contaran las hazañas menos discretas de Margarita, hermana de Felipe, que de tan ardiente terminó matando al esposo, el príncipe Juan. O de como Juana se arrancaba los cabellos y enloquecía de tantos celos de Felipe y así se había vuelto Juana, la Loca. Las historietas sobre los bastidores de la Corte eran siempre más interesantes que las tramas guerreras del leyendario Cid…

Al día siguiente volvería a Barcelona, adonde tomaría el navío hacia Goa, en India, junto con otros jesuitas. Había ido a Valencia en misión secreta, para ofrecer su apoyo a los amigos judíos-castellanos que planeaban abandonar España e ir para Grecia, adonde ya estaban muchas familias judías expulsadas del país luego de la rendición de Granada – allá podrían seguir libremente su religión y también mantener las tradiciones de Castilla, tierra de sus ancestros. En España, con miedo de la Santa Inquisición, aún se veían obligados a hacerse pasar por cristianos convertidos, siempre desconfiados de los cristianos, que los veían como traidores emboscados y tarde o temprano terminaban inventando cosas.

Se había despedido de los amigos dejándolos bajo los cuidados de un misionero alemán, acostumbrado a capitanear fugas de judíos. Los mares de España estaban infestados de turcos y todo el cuidado era poco. Ellos saldrían hacia Grecia y allá podrían practicar su religión en paz, Dios os mantenga. Por sus favores, había recibido de regalo un antiguo y precioso texto cabalístico que hacía mucho tiempo buscaba, pero que tendría que ocultar muy bien pues ya existía demasiada desconfianza sobre la relación de jesuitas con judíos. Satisfecho con el éxito del plan, había resuelto entonces relajarse y aprovechar un poco de la feria.

¿Y los españoles? ¡Ah, como andaban bajoneados por la derrota de la Invencible Armada frente a Inglaterra! Ya no ostentaban la misma prepotencia de antes, cuando decían ser los salvadores del catolicismo contra la Reforma protestante. ¿Bien hecho!, él pensaba, sintiéndose vengado. Quizás eso sirviera para enfriar la arrogancia de aquél pueblo que reinaba sobre su querido Portugal y se juzgaba dueño del mundo…

Pero, al fin y al cabo, no debía desear mal a sus vecinos españoles. Tenía muchos amigos por allí y, además, Portugal sabría en el momento oportuno reencontrar el camino de su independencia y su gloria.

En el instante en que se divertía escuchando la historia de como los judíos habían raptado a un niñito y, para representar de forma más realista la Pasión del Señor, la clavaron en una cruz, Enrique presintió una presencia… Una sensación de hormigueo se aposó de su mente. Entonces él la vio, del otro lado de la feria. Era ella.

Él se acercó despacio, mientras la muchacha, alegre y displicente, compraba sedas de las Indias. Era cierto que era ella, la mujer cuya cara, años antes en la cueva, Ihlish le había revelado. La mujer que sería su discípula y lo ayudaría a llevar por el mundo el conocimiento secreto del Orden. Tenía que ser ella.

Él la observó atentamente. La belleza juvenil, los cabellos arreglados en un peinado moderno, los ojos curiosos, los modos altivos y llenos de un falso barniz aristocrático… Enrique se sonrió. Las imágenes que Ihlish le había permitido ver en la cueva no la mostraban tan… tan interesante como era en realidad.

Él se acercó un poco más, y ahora casi podía tocarla. El aroma de su cabello hacía con que se sintiera liviano… Y la piel no era tan clara, ¿tendría sangre mora? Las ropas y los modos eran aristocráticos, sí, pero las manos mostraban que su pasado quizás la hubiera obligado a servicios en el campo. Se dio cuenta de que era casada. Y más: que su mirada se demoraba sobre ciertos muchachos el tiempo exacto para no ser flagrada, es verdad, el mismo tiempo de las otras señoras… pero para él era obvio que ella no andaba muy satisfecha en el lecho de su casamiento.

Ella miraba distraída los juglares cuando tuvo una corazonada y se dio vuelta. Y su mirada fue cogida por la suya. Y por un instante el tiempo estancó, lo suficiente para que el pasado, el presente y el futuro se alinearan al ritmo exacto de los latidos de sus corazones.

*      *     *

Desde lejos y desde arriba él avistó las murallas y las torres: era Munique que surgía bien adelante de él, a Este el río Isar desplazándose en la oscuridad de la noche. Un poco más y ya podía ver el par de fosos que circundaba a la ciudad y las torres gemelas de la iglesia de Nuestra Señora, y después las calles tortuosas con sus bodegas y las cervecerías acogiendo las farras de los ebrios. Y, finalmente, el hogar que buscaba.

La casa tenía dos pisos, ventanas con para-pechos salientes y el techo inclinado. Era, como todas, esgrimida entre las demás. Ella estaba allá, él sabía. Y a medida que se acercaba, podía sentir cada vez más fuerte su presencia, cada vez más…

– Mi Enrique… – ella susurró, dormitando en la cama.

– A la hora marcada, mi Catarina… – él respondió, sacándose el sombrero en un gesto galanteador. Y canturreó: – Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan…

Él dijo que le gustaría mostrarle un lugar. ¿Qué lugar?, ella quiso saber. Un paraíso, él respondió. Y pidió que ella cerrara los ojos. Ella obedeció, y cuando los abrió, vio lo que sus ojos jamás habían visto. Adelante de sí se desparramaba un escenario increíble: un bosque hecho de ríos de aguas aterciopeladas que se desplazaban como una suave melodía por entre árboles azules. Alrededor brillaban lagos cristalinos y cascadas que soltaban espumas-mariposas transparentes. Catarina se sorprendió con las mariposas que revoloteaban junto a ella, todas medio humanas y juguetonas. Cuando tocó a una de ellas, ella reventó como si fuera una burbuja.

– Pensé que fueran vivas… – ella murmuró, sorprendida.

– Y son. – Él se rio. – Están jugando con usted.

Ella se acostó sobre el césped suave y azul y él se acostó sobre ella. Y ella se sintió la mujer más afortunada del mundo por estar con aquél hombre maravilloso que sabía conducirla a los sueños más hermosos y placenteros que podían existir.

*      *     *

Años antes, cuando desembarcó en Goa por primera vez, después de diez meses viajando por el mar, y puso el pie izquierdo en la tierra, como rezaba la tradición de los marineros catalanes, los monzones de Julio soplaban fuerte, amenizando el fuerte calor hindú. Enrique respiró profundamente el aire de aquel lugar raro y tuvo la intuición de que algo muy importante lo había conducido hasta allí, algo que él aún no sabía qué era, y que, al fin y al cabo, entrar en la Compañía había sido de hecho un buen negocio.

La Compañía de Jesús llevaba a sus divulgadores de evangelio por el mundo, ad majorem Dei gloriam, y Goa, en la costa occidental de India, se había vuelto un importante centro de estudios jesuiticos. Con misioneros oriundos de tantos países, no era difícil entrar en contacto y aprender sobre muchas otras cosas más allá de la materia oficial de la Compañía.

Así fue que conoció a aquellos que lo iniciaron en el Orden del Guardián, una hermandad ocultista, formada por hombres y mujeres de variados credos y nacionalidades y que mantenía una red secreta de informaciones desparramada por varios países, que era usada para influenciar decisiones políticas y religiosas. Sus integrantes se valían de estados especiales de consciencia para obtener visiones y controlar los sueños.

El origen del Orden remontaba a antiguas creencias de los campesinos del Norte de Italia, que decían salir en espíritu durante la noche para cazar brujas. Como eso siempre ocurría al principio de las estaciones, cuando los campesinos ayunaban por tres días, se notó que era la ayuna que propiciaba los tales sueños reales, y así la práctica fue adoptada por los integrantes del Orden en sus ritos de meditación. En un avanzado nivel, la meditación conducía a la cueva y allá ocurría la confrontación con el Guardián del Conocimiento, que se manifestaba en formas distintas según los miedos íntimos de cada uno. A los que salían ganadores de la confrontación, el Guardián otorgaba poderes para que pudieran seguir más profundamente en los misterios. El Orden del Guardián de a poco se distribuyó entre iniciados de varias religiones y fue allí en la India, en Goa, que llegó a la Compañía fundada por Ignacio de Loyola y sedujo a varios de sus jesuitas.

Fue en Goa que Enrique tuvo la visión de la funesta batalla de Alcácer-Quibir y vio al poderoso ejército de los aliados de los turcos de Argel. Fue allá que vio a don Sebastián, rey de Portugal, él y su idiota ilusión de ser un predestinado de Dios, marchando glorioso hacia la trágica derrota. Aún intentó intervenir, pues anteveía allí el fracaso que llevaría al fin del sueño del gran imperio portugués, pero fue inútil. Don Sebastián actuaba como un mentecapto y ni en sus sueños paraba a escuchar los consejos de sus compatriotas. Su triste destino estaba delineado.

De hecho, la muerte del rey había dejado vacío al trono portugués y Felipe II de España lo asumió. Desde entonces Portugal seguía subordinado a los españoles, culpa del rey megalomaníaco. Es verdad que don Sebastián tenía partidarios que defendían un imperio portugués en África, bastante más cercano y económico que en las Indias, pero él, Enrique, sabía por sus visiones que África era una lucha inútil. Pero no lo escucharon. Y ahora, que absurdo, surgían chusmeríosde que don Sebastián estaba vivo, milagrosamente vivo, y volvería a cualquier momento para re-ordenar a su ejército y comandar con valentía la vocación lusitana para la gloria… ¿Bobadas!

Estaban entonces al fin del siglo y aún era una ventaja para las élites comerciantes portuguesas la unión con España, de forma que muchos estuvieron de acuerdo con la subordinación al trono español.

– ¡Son unos interesados!… – Él no se conformaba. – ¡Piensan en sí antes de la patria!

El Guardián del Conocimiento era la entidad que esperaba en su cueva oscura a todos los integrantes del Orden. Los derrotados en la confrontación con el Guardián volvían trastornados y eran invariablemente enviados a hospicios. Actuando así, los iniciados juzgaban estar salvando su secreto, pero algunos, de las honduras de su locura y sufrimiento, emergían a veces gritando cosas que para los médicos no tenían sentido – pero que llevaron desconfianza a las autoridades religiosas. Fue por eso que los iniciados, para prevenirse, pasaron a exterminar a todos los que no volvieran de la confrontación con la sanidad intacta.

Asimismo, ejecutar personas significaba siempre un riesgo, principalmente cuando ocupaban posiciones importantes o eran integrantes de la Iglesia. Y, poco a poco, vinieron a flote algunos enlaces secretos de los iniciados europeos con judíos y también con árabes y paganos. La existencia del Orden estaba amenazada. El brazo implacable de la Santa Inquisición acosaba cada vez más.

*      *     *

Ella llegó y entró apresuradamente en el carruaje. Enrique la recibió con un beso demorado.

– Sigue – ordenó al cochero. Después se volvió hacia ella. – Sácate tu ropa, Catarina, y ponte ésto.

Ella obedeció y se cambió el vestido por el manto negro con capucha. El carruaje siguió por la carretera desierta y oscura durante un largo tiempo y después paró. Él avisó al cochero que seguirían el resto del camino a pie y pidió que esperara, antes del amanecer regresarían. La tomó por la mano y le dijo que ella, a partir de entonces, no podría más hablar hasta que todo terminara. Subieron la colina con cuidado y entonces, allá arriba, la playa surgió, envuelta por la vasta oscuridad de la noche sin luna.

– Ellos están de aquél lado. – Él señaló en dirección a una hoguera lejana. – También trajeron a sus discípulas para que sean iniciadas.

Bajaron la colina y caminaron por la arena de la playa. No había viento. Todo lo que se oía era el ruido suave de las olas. Los demás ya estaban alrededor de la hoguera, de pie, once en total. Ella afirmó su mano con más fuerza, temblando de miedo.

– Quédate tranquila – él susurró, intentando calmarla. – No hay nada que temer.

Ellos se acercaron y ella vio que los otros también llevaban puestos mantos oscuros con capuchas que les ocultaban la cara. Todos los saludaron con un leve movimiento de cabeza y luego bajaron los rostros, concentrados.

La copa le fue servida y ella, así como los demás discípulos, tomó tres veces de la poción amarga. Entonces empezaron a ser proferidas las palabras del principio del ritual y, con ellas, el viento sopló y se avivaron las llamas de la hoguera. Las palabras siguieron siendo proferidas en forma de mantra, alimentando al fuego y protegiéndolo del viento que soplaba cada vez más fuerte.

En seguida Enrique notó que el cuerpo de Catarina oscilaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. Vio cuando ella cayó de rodillas y quedó en la arena, en silencio, debruzada y contorciéndose sobre sí misma. De repente ella se levantó y se libró del manto. Y, enteramente desnuda, empezó a bailar, moviendo su cuerpo en movimientos lentos y ondulantes mientras el fuego relucía en sus cabellos y las llamaradas parecían también bailar en la superficie de su cuerpo.

Sorprendidos por la súbita visión del cuerpo desnudo de Catarina, los hombres y las mujeres presentes no hicieron nada más que mirar y admirar. Enrique pensó en interrumpir la danza de su discípula para que el ritual pudiera proseguir normalmente, pero no consiguió moverse, fascinado por lo que veía.

En ese momento el viento aumentó y vino la lluvia. Mientras relámpagos cruzaban la oscuridad de la noche y los truenos reventaban, Catarina abrió los brazos para recibir las primeras gotas, y luego en seguida se dio vuelta y corrió, desapareciendo en la oscuridad.

Después de un tiempo, como ella no volvía, Enrique decidió salir en su búsqueda. Pero la playa ahora era un inmenso negror y él poco conseguía ver. La lluvia se había vuelto tormenta y él caminaba con esfuerzo para no ser arrojado al suelo por la ventolina. Él gritaba su nombre con toda la fuerza, pero con el ruido de las olas, del viento y de los truenos, incluso él poco se escuchaba. En esos instantes le venía la impresión tan nítida, tan exacta, de ya haber vivido aquél momento antes, aquella misma situación, el mismo repentino miedo de perderla… ¿Adónde habría vivido aquello, aquella lluvia, aquella corrida desesperada, en que lejano tiempo y lugar? ¿Cuándo? ¿Adónde?

Finalmente, la encontró. Ella giraba desnuda de brazos abiertos y su cuerpo relucía bajo los fogonazos de los relámpagos. Él la abrazó, aliviado, y besó su boca salada. Y cayeron en la arena.

– Ven. Terminaremos resfriados – él dijo, levantándose. Pero ella lo tironeó de vuelta hacia su cuerpo desnudo.

– Olvídate solo por un momento que puedes enfermarte…

*      *     *

– ¡Mi esposo ha descubierto! – ella exclamó, abrazándolo asustada.

– ¿Cómo?

– ¡No lo sé! ¡Estoy con miedo, Enrique!

– Quédate calma. Esta noche tendré una conversación con él.

De noche, usando los sueños, él confirmó todo y vio que corrían serio peligro. Un esposo traicionado era siempre peligroso. Pero un esposo con tantas influencias, que mantenía relaciones cercanas con el consejo ducal, era invencible. Su permanencia en el colegio jesuita de Munique se revelaba un riesgo enorme, era necesario abandonar la ciudad inmediatamente. Irían para Barcelona, allá ellos podrían esconderse hasta encontrar un sitio seguro.

Pero… había un problema. Para vivir con Catarina, él tendría que abandonar la Compañía. Y la Compañía de Jesús era su disfraz perfecto, su salvo-conducto, su mayor seguridad. Ella le proporcionaba viajes, facilidades, dinero, mujeres… Poder.

Él se sintió apresado a un terrible dilema. Era como estar al borde de un precipicio. Atrás los problemas lo presionaban, y adelante lo esperaba la decisión más difícil de su vida.

*      *     *

El navío se alejó y rumbeó hacia las rocosas de Gibraltar, portal del inmenso mar océano. El muelle de Barcelona fue quedándose atrás, atrás, y la figura de Catarina al fin desapareció en la niebla. Él desembarcaría secretamente en Portugal. accionaría a sus mejores contactos en la Corte y en un mes volvería para reencontrarla. Y entonces huirían finalmente hacia Brasil, la nueva tierra del Sur, adonde podrían vivir en paz. Era el plan perfecto.

Pero él no descendió en Lisboa. Siguió directamente hasta Goa, en India. No volvió para el reencuentro acordado. No podía dejar a un lado la Compañía por una mujer. No podía. Aún si fuera la mujer que amaba.

Sentimientos no cambiaban al mundo. Lo que cambiaba era la acción – él no tenía dudas sobre eso. Y los hechos del mundo necesitaban el Orden para realizarse dentro del camino delineado. La Invencible Armada española había sido derrotada por Inglaterra. Un polonio loco llamado Copérnico había publicado un libro en el cual aseveraba que la Tierra giraba alrededor del Sol y otros lunáticos creían en eso. La Reforma de Lutero triunfaba y la Iglesia intentaba, con Sisto V, colocar un poco de orden a los estados papales. Ingleses y holandeses tomaban el control de la ruta del Oriente, aquellas siete mil millas tan valerosas para Portugal. El mundo lo necesitaba cada vez más a él y a los Iniciados del Orden. Y él tenía que estar preparado para las confrontaciones que vendrían.

– No, Vehdvar, tú has comprobado que no estás – la Guardiana le dijo una noche, en la cueva, cuando el navío ya seguía más allá del Bojador. – Tú has fallado.

– Pero…

– La obsesión por el control es el peligro final para los Iniciados del Orden, la trampa final. Solamente se escapan de ella los que, irónicamente, abdican…

– Del Orden.

Sí, él sabía de algunos integrantes que abandonaron el Orden. Pero siempre había juzgado que la causa fuera el miedo de ser atrapado por la Inquisición. Aún así, él no conseguía entender…

– No puedo abdicar. ¡El mundo nos necesita!

– Estás solamente postergando el momento, Vehdvar. Estás caminando en círculo, girando y girando…

– Sin realmente salir del lugar.

Sí, sin salir del lugar. Eso sentía él.

– ¿Qué necesito hacer?

– Tú lo sabes.

Entregar el control… Él lo sabía. Saltar en el abismo del propio miedo. Lo sabía desde siempre. En ese momento su imagen surgió en la superficie del lago. Catarina…

– No puedo volver a ella ahora. ¿Y mis seguridades?

De repente sintió que ya había vivido aquél momento antes, aquellas palabras, la desesperación, el desamparo… ¿Cuándo?

– No puedo…

Mientras la serpiente desaparecía en las aguas oscuras del lago, él cayó de rodillas y quedó allí, en el suelo, su voz aún haciendo eco como un grito desapareciendo en el abismo.

– No puedo… no puedo…

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 2

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 4

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La señalera se puso verde y Luca aceleró, avanzando el volkswagen por la avenida. Por el retrovisor veía las calles quedándose atrás, ellas y sus esquinas de amores en oferta. El aliento tibio de la noche, la amiga noche seduciéndolo en los neons coloridos… Luca se sonrió, estimulado. La ciudad desnuda, la ausencia de pundonor en el aire, un romance caliente… Era necesario ser feliz, urgente.

La noche te viste de sonrisas
Y tu aliento es la brisa que me conduce
Toda la prisa de las esquinas
Son vidrieras de retina
Promesas de amar
Alquile un placer con vista al mar

Una presentación más en el Papalegua. Ésta vez un viernes, pues el jueves Luca aún estaba bastante afónico. Y ésta vez los compañeros lo prohibieron absolutamente de improvisar con músicas no ensayadas.

Después del show Carlito se dirigió a Luca, en el camerino.

– Llegó a fin de tarde, tómalo – le dijo, entregándole un papel.

Luca abrió el telegrama, curioso.

Estoy en la laguna de Uruaú. Hinchando por un buen show. Isadora.

Él leyó y releyó, y por algunos instantes se sintió desplazar lentamente por un agujero en el tiempo… dos meses antes… Isadora…

– ¿Quién es Isadora? – preguntó Junior, leyendo el telegrama por sobre del hombro del amigo.

– La preciosa de Tibau del Sur.

– ¡Ah, la que te cogiste en una vida pasada! ¡Luca Nalla ahora ataca de esotéricas!

– Ella es loquita pero es maravillosa… – Dijo Luca, recordando la última noche con Isadora.

– Ah, yo conozco esa mirada.

– ¿Qué mirada?

– De enamorado.

– Qué nada, es solo una historia.

– Cuidado, ciudadano. Amar es un peligro.

Luca se volcó la dosis de whisky y anunció:

– Amigos, estoy yendo ahora hacia Uruaú. Nos vemos después.

– Loco, nuestra entrenadora personal está allá en la mesa – avisó Ranieri. – Y ya mandó traer dos litros de Red. ¿Vas a rechazar?

Por la rendija de la puerta del camerino, Luca miró hacia la mesa y vio a Sonita, ella y sus botas negras asesinas… Sonita ahora era como una asesora de la banda para temas de gimnasia y, gracias a sus buenos contactos, todos los de la banda podían hacer ejercicios sin pagar. A ella le parecía que el Ombligo Blues quedaría mucho mejor si todos estuvieran con el tórax delineado.

Por algunos segundos Luca quedó en duda, sintiéndose en una encrucijada. Estaba borracho y cansado, quizás no fuera adecuado tomar la ruta. Pero por otra parte, quería mucho ver otra vez a Isadora. No le gustaban nada aquellas súbitas decisiones.

– Uruaú me llama – él finalmente respondió. – Y guarden una dosis para mí.

Poco después ya seguía por la ruta en su volkswagen, cruzando la madrugada. Entonces la muy viva estaba en la laguna de Uruaú…, él pensó, mientras escuchaba los blues de Celso Blues Boy, otro amor en la larga ruta. Un estremecimiento raro se aposaba de su cuerpo y de su alma, haciéndolo acelerar lo más que podía, quería llegar en seguida, reencontrar a Isadora…

Noventa kilómetros después llegó a Uruaú, costa Este de Ceará. Manejó atento por las pequeñas rutas que rodeaban la laguna, en búsqueda de una tienda azul. Pero había poca luna en el cielo, estaba muy oscuro. No encontró la tienda. Rodó un poco más y nada. Bajoneado, paró el coche cerca del margen, bajó y caminó hasta la laguna. Se mojó los pies en el agua fría, se lavó la cara. Estaba muy cansado. Bueno, no había sido realmente una buena idea. ¿Adónde tenía la cabeza? Que mierda.

Entonces, mirando hacia un rincón en el otro margen, le pareció distinguir… una hoguera. Volvió corriendo al coche, dio la vuelta y salió a toda velocidad por el caminito de arena. Más adelante tomó otro camino y se vio de repente en el medio del monte. Pero siguió. Entonces el paisaje se abrió súbitamente y la laguna surgió de nuevo a su frente, ennegrecida por la noche sin luna. Y al lado, a pocos metros, la hoguera. Y la tienda azul. Y allí estaba Isadora.

Se abrazaron en silencio durante un tiempo largo. Él reconoció la sensación de los cabellos de Isadora rozándole la cara, el contacto de los senos en su pecho, el calor acogedor de su cuerpo… Y entonces se dio cuenta de que había olvidado, simplemente se había olvidado de como era realmente maravilloso estar con ella.

– Que bueno que has venido, Luca.

– ¿Cómo supiste del show?

– Vi en el periódico. Llamé, pedí la dirección y envié el telegrama.

Él se rió, bobamente fascinado. Isadora y su manera de hacer las con que las cosas fueran más simples de lo que parecían ser… De repente vivir era de una simplicidad tan obvia, tan obvia…

– El sueño me arrebata – él dijo, bostezando. – ¿Tenés algo para tomar?

– ¿Por qué no te das una zambullida? El agua está bien tibia!!

– Buena idea.

Luca entró en la tienda para cambiarse de ropa y momentos después, como él no salía de allá adentro, Isadora entró y… lo encontró roncando, desparramado en la colchoneta, un pie calzado y otro descalzo, la boca abierta, babeando. Ella encontró gracia en la escena y, mientras lo arreglaba para dormir mejor, susurró a su oído:

– Enrique…

Sí, confirmó para sí misma, allí estaba su amado, solo podía ser él. Nada que no fuera eso haría sentido. Él era Enrique, sí, y ella finalmente lo había reencontrado. Cuatrocientos años después.

Desde que los sueños vinieron, dos años antes, ella había luchado silenciosamente contra la presión de los dos lados de la realidad, un lado gritando que dejara de locuras, que vidas pasadas ni siquiera podían ser comprobadas de hecho, y el otro lado susurrándole al oído que permitiera que aquel antiguo amor le orientara el camino.

Después del sueño con Luca, había decidido seguir los susurros. Entonces dejó a un lado el empleo en el banco, juntó los ahorros y rumbeó hacia las playas del Noreste. Pero las dudas siempre la acompañaron. ¿Cómo iría a encontrar a alguien en una inmensidad de lugares posibles? ¿Y si todo no fuera más que una torpe y ridícula fantasía? Eran preguntas que dolían en su alma, y que ella expulsaba hacia lejos siempre que surgían. Pensar en eso le daba escalofríos, y en esos momentos una inmensa sombra la involucraba… la sombra de la locura. La locura de Catarina.

Cuando vio a Luca en Tibau del Sur, no tuvo más dudas. Pero, en un primer momento, al darse cuenta de que él no recordaba nada y ni siquiera creía en vidas pasadas, se sintió perdida y frustrada, sin saber qué hacer. Pero ya había ido muy lejos, simplemente no podía darse por vencida así de su gran amor, el amor que cuatrocientos años antes ella había perdido por motivos que nunca entendió. Por eso dio el paso siguiente, el sexo, y aquella noche estupenda en la tienda solo confirmó todo, la combinación perfecta de los cuerpos, la mezcla armoniosa de ternura y violencia, el placer enloquecedor… ¿Cómo el sexo podía ser tan perfecto con un desconocido? Solamente si el desconocido no fuera realmente un desconocido…

Entonces decidió seguir en el viaje por las playas, como si de alguna forma la cercanía del mar pudiera traer de vuelta a su amor perdido. Tal vez Luca solo necesitara algún tiempo más. Tal vez también ella lo necesitara.

Estaba correcta. Un mes entero lejos de Luca sirvió para entenderlo mejor. Y, comprendiendo a Luca, terminó también comprendiendo un poco más al propio Enrique. Ambos eran obsesionados por el mismo deseo: controlar a la vida. Cada uno a su modo, ambos tenían un elevado sentimiento de importancia personal y se consideraban capaces de dominar todos los acontecimientos alrededor. Pero actuando así, se olvidaban de realmente vivir la vida. Entretanto, había una diferencia, ella sabía: al paso que Enrique se había entregado al amor que sentía por Catarina, Luca tenía miedo de amar. En su sueño, él le había pedido que lo ayudara a saltar en el abismo – pero parecía escaparse de él.

Isadora miró al hombre estirado adelante de sí, ebrio y roncando. Fuera lo que fuera el abismo, definitivamente aquella no era la mejor manera de saltar.

*     *     *

Luca abrió un ojo y después el otro, la vieja estrategia para que no le doliera tanto. Hacía calor, ya debía ser bien tarde. Reconoció el interior de la tienda azul de Isadora. Pero ella no estaba a su lado. Sintió una súbita puntada de miedo… El mismo miedo que había sentido en Tibau del Sur cuando buscaba por ella el último día.

Entonces salió de la carpa y la vio sentada al lado, a la sombra de un guayabo, leyendo el I Ching.

– Bienvenido al día, Luca de Luz Neón.

– ¿Qué pasó ayer? – él preguntó, bostezando.

– Te dormiste.

– Me dormí antes o después de que nosotros…

– Muuuucho antes – ella respondió, riéndose.

– Que mierda.

– Mejor así, vos estabas en un estado lastimoso. ¡Y todavía has venido manejando! Si yo supiera, no te habría enviado aquel telegrama.

– ¿Venden lentes de sombra acá por cerca? – él preguntó, protegiéndose los ojos de la claridad insoportable.

– Sin desesperaciones. Yo te presto los míos.

– Isadora, vos sos la mujer ideal.

En el restaurante, él pidió una cerveza para contrarrestar la resaca. E Isadora contó de las playas por las cuales había pasado antes de llegar allí.

– En Canoa Quebrada casi me metieron presa, ¿sabes?

– ¿Por qué?

– Es que en el camping había un vivero de pájaros. Y yo no aguanto ver a un pajarito en cautiverio.

– ¿Qué hiciste?

– Los solté a todos, evidente.

– No lo creo.

– La dueña del camping desconfió de mí y llamó a la policía, pero no podía probar nada.

– Caramba, vos sos de hecho una amenaza al orden establecido.

Incluso para el mío, él casi completó, por poco.

– ¿Y la vida en Fortaleza, cómo anda?

– Todo bajo control.

– ¿Hay show hoy?

– No.

– Me alegro. Entonces puedes quedarte hasta mañana.

– Ahn… No puedo. Hoy de noche tengo una reunión importante.

– Que pena.

– Negocios – él completó. – Sabes cómo es, la banda se está volviendo más profesional.

Él se sonrió, tomando un trago de cerveza. En realidad, lo que había dicho era una media verdad. La banda estaba realmente profesionalizándose, pero la reunión no era con nadie de la banda. Era con una aficionada. Y a solas.

La tarde ya caía cuando ellos salieron del restaurante y fueron a pasear por los márgenes de la laguna, a pisar descalzos en la arena, a sentir la brisa fría del fin de tarde.

– ¿Y aquel billete que has dejado, Isadora? ¿Qué abismo es ese que yo tengo que saltar?

– No sé. Sos vos el que debería saber.

– Claro que no. El sueño fue tuyo.

– Pero el abismo es tuyo – ella respondió, riéndose.

Caminaban abrazados por la arena y las olas venían a lamerles los pies, dejando conchas de recuerdo.

– ¿Vos estás satisfecho con tu vida, Luca?

– Hay cosas que podían mejorar.

– ¿Vos confías en la vida?

Él demoró en responder. Pateó una piedra en la arena.

– No se puede confiar en la vida cien por ciento, Isadora, sabes bien.

– ¿Por qué?

– Porque ella es traicionera. Hay que estar siempre atento para no ser apuñalado por la espalda.

Isadora meneó la cabeza, sin conformarse. ¿Cómo alguien podía vivir con tantas trabas?

– Entrega el control, Luca. Eso es una ilusión.

– Ilusión es creer que la vida se soluciona por sí sola. Es mejor controlar.

– ¡Claro que no! Controlar a la vida termina trabándole.

Ella se soltó de él para coger una concha.

– Confiar en la vida parece locura, yo sé. Pero trata, dale. Yo te ayudo.

Ella sacó la arena de la concha y se la entregó. Él la recostó al oído.

– ¿Estás oyendo? Es el sonido del abismo. Él te va a susurrar el camino si nosotros nos perdemos de nuevo.

– ¿De nuevo? – él preguntó, guardando la concha en el bolsillo.

– Sí, como hace cuatro siglos.

– Isadora, vos sabes que yo no creo en reencarnación – él dijo, tratando de no ser rudo. – Creo en lo real, en lo que yo puedo ver.

– No importa. Vos sos Enrique, mi amor real.

– ¿Pero cómo puedes tener tanta seguridad?

– Yo sé. Apenas sé.

– Todo bien, vamos a suponer que sea yo mismo. ¿Por qué entonces yo no me acuerdo?

– Eso no lo sé.

– Si yo fui Enrique, entonces evolucioné al revés. El tipo era brujo, poderoso…

– Quizás vos estés desperdiciando tu poder tratando de controlar todo. Adonde hay control, la vida no fluye. Ni sobra espacio para el amor, ¿sabías?

– ¿Vos y Enrique se amaban de verdad?

– Mucho.

– ¿Por qué él no volvió a encontrarte? ¿Quiero decir, a Catarina?

– No lo sé, eso no conseguí recordar. Enrique tenía enemigos, creo que terminó siendo atrapado.

– Bien, si yo fui Enrique, entonces yo podría saber qué pasó con él.

– Si realmente llegas a necesitar saber, lo sabrás.

– ¡Eso es confiar demasiado en el destino, Isadora! – Él no se conformaba. – Como si todo ya estuviera escrito.

– Nada está escrito. Tenemos que hacer todo.

– ¿Hacer todo? Eso no contradice tu principio taoísta de no forzar las situaciones?

– De hecho, contradice.

– ¿Y entonces?

– Entonces tenemos que hacer todo, pero sin forzar a las situaciones.

Él suspiró, dándose por vencido del tema. ¿Cómo alguien podía vivir con lógicas tan absurdas?

*     *     *

Luca despertó y se vio adentro de la tienda azul. Pero ésta vez Isadora dormía a su lado. Él había cancelado la reunión nocturna con la aficionada, simplemente no había resistido a Isadora. Se anidó un poco más en ella mientras recordaba la noche anterior, el cuerpo tierno y generoso de Isadora, su forma deliciosa de abrazar, de llamarlo hacia adentro de sí como un orden a la cual no podía desobedecer… Con ella el sexo era siempre intenso. Y tenía algo de misterioso, un qué de sagrado. Y ella era tan hermosa durmiendo… Luca acarició sus cabellos mientras se imaginaba su caballero protector. ¿Y si fueran casados?

Él interrumpió el cariño, asustándose con el propio pensamiento. ¿Casados? No debía estar muy bien de la cabeza. ¿De dónde miércoles había sacado una idea tan desquiciada?

En ese instante, sintiendo el corazón acelerado, él vio prenderse la lucecita roja de alerta. Sí, existía. Y se llamaba amor. Y el amor era algo que no formaba parte de sus planes. Amar era perder el control de sí mismo, él sabía, y eso era todo lo que no necesitaba. Más prudente era mantenerse a una distancia segura.

Pero ella era tan linda, tan especial… Ella era absolutamente diferente de cualquier mujer que hubiese conocido en toda la vida. Y todavía hacía el mejor sexo del mundo. A su lado vivir se volvía más instigador más misterioso… Una pena que vivía tan lejos.

¿Y si por casualidad vivieran en la misma ciudad?, se preguntó, tratando de imaginarse cómo sería. ¿Abdicaría de todas las otras por ella?

Se sentó, molesto con el rumbo de sus pensamientos. Estaba soltero, ¿por casualidad se había olvidado de eso? Estaba soltero y le gustaba su vida así, sin las complicaciones que el amor siempre traía. Y, además de todo, Isadora era demasiado loca. Mejor mantener la cosa como estaba, ella en sus viajes y él en Fortaleza, en la seguridad de su mundo.

Se levantó con cuidado para no despertarla y salió de la tienda. El sol ya subía en el horizonte pero el día estaba nublado. Caminó hasta la casa que alquilaba kayacs y tomó uno. Unas buenas remadas por la laguna le harían bien.

Luca se acomodó adentro del kayac y empujó el suelo con el remo, desplazándose suavemente sobre el agua. No pudo dejar de notar lo insólito de la situación: las seis de la mañana de un domingo y él en un kayac, remando en aquella inmensa laguna, en aquel inmenso silencio, era raro. El amanecer realmente era un mundo desconocido.

El kayac avanzaba laguna adentro mientras la luminosidad del nuevo día se derramaba despacio sobre la laguna. De repente Luca sintió que todo aquel silencio era una manifestación de la laguna y ella era tan grande… tan digna… que permitía que una criatura ruidosa como él afectara la paz de su superficie.

Entonces paró de remar. El kayac prosiguió desplazándose un poco más. Y el silencio se manifestó enteramente, en toda su majestuosidad. Se sintió indigno en aquel ambiente, contaminándolo, y empezó a arrepentirse de estar allí. Él no era tan puro como aquel silencio. No era digno como la laguna.

Fue en ese momento que, súbitamente, comprendió cuan pequeño era frente a todo aquello. Fue un relámpago repentino y lo hizo entender instantáneamente que él no significaba nada, absolutamente nada. Se dio cuenta de que la laguna tenía perfecta consciencia de él, evidente, que era imposible que no supiera de él en su superficie. La laguna estaba allí hacía siglos y nada la ponía ansiosa. Digna y grandiosa, ella permitía que la vida se manifestara en sus honduras y que seres insignificantes como él se desplazaran en sus aguas.

Sintió miedo de morirse. Sí, él moriría allí mismo si la laguna así lo quisiera, no había dudas en cuanto a eso. No podría hacer nada y nadie escucharía sus gritos. Se hundiría y moriría…

Entonces bajó la cabeza y, aislado como nunca estuvo en su vida entera, lloró. Lloró de pavor, enteramente rendido, mientras esperaba el momento en que la laguna finalmente lanzaría de las honduras sus tentáculos y lo arrastraría hacia el fondo. Y todo estaría terminado.

Una eternidad después sintió que el inmenso silencio relajaba su fuerza sobre él. Entonces abrió un ojo, la cara aún escondida entre las manos, después el otro ojo. Todo seguía como antes, la laguna tranquila, el kayac flotando sobre las aguas. Entonces, bien despacio, aún temeroso, tomó el remo y lo metió en el agua. Y la laguna se movió, pareciendo que se iba a despertar.

Empezó a remar, cuidadosamente. Remó y remó hasta alcanzar el margen. Cuando finalmente el fondo del kayac se arrastró por la arena, emitiendo un sonido afónico, él se sintió saliendo de un sueño… Pisó la tierra todavía un poco mareado, el corazón casi en la boca, mientras las olas menudas le daban latigazos en los pies. Era la laguna enviándole un último mensaje: no eres nada, no eres nada…

– Yo lo sé – dijo bajito.

Ya sabía, sí. No necesitaba repetirlo.

*     *     *

‒ Después que nosotros nos conocimos, Isadora, esas cosas raras empezaron a ocurrir. En Tibau del Sur yo casi me muero ahogado. Ahora fue la laguna que me quiso tragar. ¿Qué miércoles está pasando?

Isadora miró a Luca a los ojos y reconoció en ellos el miedo de quien acaba de abrir la puerta del desconocido de sí mismo. La misma puerta que un día sus raros sueños también le abrieron.

– Vaya a saber si es el abismo acercándose.

– Para de hablar en eso, Isadora. No me está gustando, en serio.

– Has sido vos el que preguntó.

– No creo en ese abismo, ya te dije.

– Pero vives hablando de él en tus shows.

– ¿Yo? ¿Vos estás loca?

– Fue la primera música que vos me cantaste, allá en Tibau del Sur, no te recuerdas?

En ese abismo sentí vértigo…  Y la angustia no se deshizo…

– Recuerdo. Pero vamos a cambiar de tema.

Estaba nervioso. Aquellas cosas lo hacían sentir un juguete en manos de lo que no conocía, sin cualquier control sobre la situación. Isadora, de cierta forma, también lo hacía sentirse así. Al mismo tiempo que no resistía a estar con ella, sabía que bastaba su presencia para que de repente le faltara el poder sobre sus propias certidumbres. Y eso era realmente aterrador.

Después del café, fueron hasta la costa y se divirtieron bastante en un paseo en buggy por las playas. Después, en una  tiendita en la rambla, se deleitaron con caipiriñas y calamar frito. Volvieron a la tienda levemente embriagados y dispuestos a darse una siesta, pero en seguida constataron que la noche anterior no había sido suficiente para sanar la nostalgia, y así el atardecer fue escenario para otra vuelta de sexo intenso.

De noche, al lado del volkswagen, mientras se despedían, Luca sintió el corazón apretado. Él volvería para Fortaleza al paso que Isadora seguiría su viaje por las playas de Ceará. En ese momento la posibilidad de nunca más verla penetró como un puñal en su pecho y el dolor se agitó por todo su ser. Tomó rápidamente un papel, escribió su teléfono y dirección y se lo entregó a ella.

– ¿Qué tal pasar el fin de semana en Fortaleza conmigo? Mi cama tiene bastante espacio.

– ¿Luca de Luz Neón me está invitando a probar su mundo?

– Estoy. El viernes vamos a hacer un show bien bueno. Y el sábado va a haber una fiesta imperdible.

– A tus aficionadas no les va a gustar verme con vos.

– Pero a mí sí.

Luca paró por un instante. La lucecita roja de alerta… ¿Qué estaba haciendo? ¡Aquello era casi un pedido de noviazgo! Por algunos momentos sus actos y sus palabras simplemente habían adquirido voluntad propia.

– No sé, Luca… Creo que éste viaje no combina mucho con la ciudad grande.

Sí, quizás sería mejor que ella no fuese, Luca pensó, sin saber lo que realmente deseaba.

Adentro del coche, un poco antes de desaparecer en la curva, él hizo un ademán mirando por el retrovisor y la vio a Isadora saludando también. Y de repente fue como si ella repitiera un gesto muy antiguo, hecho hacía mucho tiempo, un ademán triste que le cortaba el alma. ¿Cuándo se habían despedido así?

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CAPÍTULO 5

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– ¡Camerino con aire acondicionado! – exclamó Ranieri. – ¡Whisky doce años! ¡La banda evolucionó, loco!

– Es que el dueño de ésta casa es mi alumno en la academia – explicó Sonita. – Y tú, Luca, eres el único que no está yendo a hacer gimnasia, ¿sabes?

– El lunes empiezo. Lo prometo.

Estaban todos muy entusiasmados aquel viernes. La casa nocturna Karvalledo estaba repleta y ellos harían la apertura del show principal, de la Basado en Blues. Era el caché más alto de la historia de la banda.

A las once la Bluz Neón subió al tablado y la luz verde bajó sobre Luca, haciéndolo sobresalir al frente de los demás. Él tomó un trago de whisky, dio las buenas noches, dijo cualquier cosa sobre abismos y el show empezó. El repertorio estaba bien ensayado y la banda colocó la platea a bailar bastante. Después del Ombligo Blues, cuando en el tablado casi no cupo todo el grupo de muchachas que había subido de ombligo de afuera, ellos salieron bastante aplaudidos y del camerino escucharon los insistentes pedidos de bis. Entonces volvieron, tomaron sus lugares y empezaron a tocar otra vez.

Luca fue el último en volver. Reapareció vestido con una túnica oscura con capucha, al estilo de los monjes medievales. Caminó lentamente, se situó en el centro del tablado, abrió los brazos en cruz y miró al público, sin distinguir las caras en la muchedumbre. En ese momento las luces de los reflectores relampaguearon sobre sus ojos y él sintió un vértigo liviano, otra vez aquella sensación de resbalar hacia un sueño, la realidad perdiendo fuerza… Un escalofrío le recorrió la espalda y la vista quedó turbia. Mientras el humo de hielo seco involucraba su cuerpo, él se afirmó en el pedestal del micrófono para no caerse y respiró hondo algunas veces hasta que el malestar pasara, mientras la banda seguía la música sin él. Y terminó el show recitando la parte final de la letra:

Son tantas estaciones
Yo oigo campanas en las esquinas
Y les sonrío a las chicas
En sus escotes-perdición
Yo le erro la mano y me pierdo a media luz
Yo soy el tren que me conduce
A mi propia salvación

En el camerino, después del show, la botella de whisky rodaba de mano en mano, todos festejando el buen show. Luca se disculpó por el malestar al fin de la presentación, pero Junior lo calmó, diciendo que nadie se había dado cuenta de nada, que la ventaja de ser un cantante performático como él era que aún morirse en el tablado terminaba pareciendo formar parte del guión.

Entonces la puerta del camerino se abrió y Sonita entró.  Llevaba puesta una minifalda negra de cuero y calzaba sus botas negras. Ella se sonrió hacia Luca y él inmediatamente entendió lo que ella quería, aquella mirada de cazadora del submundo que él conocía tan bien…

– ¿Ésta vez no me vas a cambiar por una laguna, no? – Sonita preguntó, acercándose a él de una forma insinuadora.

Luca recordó a Isadora y se sintió de nuevo en una encrucijada. Aquellas malditas decisiones… Isadora podría muy bien haber aceptado su invitación para pasar el fin de semana con él.

– No – respondió Luca, abrazando a Sonita y besándola.  – Hoy no hay laguna, bebé.

Vieron el show de la atracción principal todos juntos en una mesa, festejando la nueva etapa de la banda y el enorme  éxito que los esperaba. Sonita mandó traer otra botella de whisky y después otra más. Antes del fin del show ella se levantó y tironeó a Luca por el brazo. Él todavía no quería irse, pero ella insistió.

– Sí, vas, Gran Tigre. Vos ya te pasaste de la raya.

– Calma, jefa, vamos a terminar esta botella. ¿Adónde está tu vaso?

– ¿Estás viendo cómo es tu amigo, no, Junior? Toma demasiado y después no aguanta la onda…

– ¿Pero, Sonita, adónde ya se vio irse a casa a las tres de la mañana? Si quieres, puedes irte. Yo me quedaré con mis nobles compañeros de lucha.

– Yo soy tu entrenadora personal, Luca. Tengo que cuidarte.

– Entrenadora personal, y no cuidadora de niños. ¿Has entendido?

Sonita resolvió intentar otra estrategia. Se sentó al lado de Luca y metió la mano abajo de la mesa, acariciándolo entre las piernas. Pero él retiró su mano. En ese instante surgió una muchacha pidiendo para sacarse una foto con él. Luca se levantó, la abrazó y se sacó la foto. Después la chica agradeció dándole un beso en la boca y salió muy contenta. Sonita no se aguantó:

– ¿Ya has pensado qué pasará en el momento que esas aficionadas descubran la verdad, Luca?

– ¿Qué verdad?

– Que al cantor de la Bluz Neón le gusta más el whisky que las mujeres.

Luca la miró serio.

– Ah, Sonia… Es una pena que tu dinero no pueda comprar nivel – él dijo, con mucha calma. Y se sentó de nuevo, volviendo la mirada al show, mientras Junior y Ranieri contenían la risa.

– Ah, entonces querés nivel. ¿Ese sirve?

En un gesto rápido, Sonita estiró el brazo y vació un vaso entero de whisky sobre el pecho de Luca, el líquido ensopando la camisa, piedras de hielo para todos lados.

– ¡Y vos estás despedido! ¡Busca otra banda! – ella completó, levantándose y abriendo camino entre las mesas.

– Mucha calma en ese momento, ciudadano… – dijo, Junior, que todavía no podía creer en lo que había pasado. – Dejen que yo voy atrás de ella, quédense ahí viendo el show.

Luca se sacó una piedra de hielo de adentro de la camisa ensopada de whisky y la llevó a la boca.

– Pensándolo bien… estoy cansado de esa vida de estrella del rock. Creo que me voy a pasar un rato en París.

– Calma, Luca, mañana ella lo va a reconsiderar.

– ¿Adónde está la mina de la foto, alguien la vio?

*     *     *

Cuando Isadora llegó eran las once y la casa nocturna Karvalledo ya estaba repleta, pero ella consiguió un lugar razonable para ver el show que empezaba.

Había aceptado la invitación de Luca para pasar el fin de semana en Fortaleza porque concluyó que, si quisiera conocerlo y entenderlo mejor, necesitaba de alguna forma probar su mundo. Sí, ella sabía que el mundo de Luca era una fiesta sin fin, un mundo caleidoscopico que podía confundirla, sí, pero podía ser una buena oportunidad para ejercitar su intuición de taoísta, su capacidad de armonizarse con los sutiles movimientos de la vida. Y podía también ser una oportunidad excelente de conocerse mejor a ella misma, explorando aquello que aún no sabía de sí, aventurándose por las posibilidades de su ser. Explorar… aventurarse… Esas cosas involucraban riesgos, ella sabía, siempre los involucraban. Pero estaba dispuesta a arriesgarse. Por ella, por Luca, por el amor. ¿Por qué no?

A las once la Bluz Neón subió al tablado de la casa  Karvalledo. Al verlo a Luca, Isadora sintió una emoción rara, se sintió enorgullecida de él. Allá estaba el hombre que amaba, en el centro del tablado, vaso en la mano, probando el micrófono. Bajo el halo de luz verde él tomó un trago, dio las buenas noches a todos y dijo:

– La insania es un abismo irresistible. Y tiene ojos color de miel.

– ¿Qué quiso decir? – preguntó una muchacha al lado, intrigada. Isadora se sonrió y respondió:

– Que él me ama.

El show empezó y ella rápidamente entró en el ritmo del rock y del blues. Las músicas estaban bien ensayadas y la platea parecía bastante entusiasmada. A ella le gustó todo, y le gustó especialmente Luca: él era un poco descoyuntado, pero cantaba bien, tenía buena presencia en escena y sabía enganchar al público.

Fue al fin, cuando la banda volvía para el bis, que ocurrió. Isadora vio cuando Luca, vestido como un monje medieval, se protegió los ojos de las luces y miró hacia la platea como si buscara a alguien en la turba. ¿Sería ella? Después volvió al micrófono, y mientras la banda tocaba él acompañaba la música con suaves movimientos de cabeza… Fue en ese momento. Las cosas empezaron a perder la forma, lentamente, y ella dejó de escuchar la música. Entonces se vio sola, ya no habían personas a su alrededor. En el instante a continuación, el humo del hielo seco se había transformado en niebla y el tablado a su frente era ahora… la cubierta de un navío. Y el navío subía y bajaba, levemente… ondulando bien adelante de sí… ondulando… ondulando…

Era una mañana de niebla en Barcelona y los vientos soplaban favorables. A su frente las velas del navío estaban abiertas y, en seguida abajo, inmóvil en la cubierta, él la miraba. Ella usaba un vestido con una manta por encima y el viento sacudía sus cabellos. Sentía un aprieto en el pecho, la boca seca… La boca que él había besado hacía poco. ¿Por qué necesitaban separarse una vez más? ¿Por qué esperar aún más tiempo? ¿Por qué?

Del navío él saludó, la otra mano afirmando el borde, y su ademán la hizo recordar, súbitamente, que en alguna época, en algún tiempo muy lejano, él había hecho exactamente aquello, la misma mano saludando en despedida, el mismo ademán triste. ¿Cuándo se habían despedido así?

El navío empezó a alejarse y ella tuvo ganas de correr y gritar que él la llevara también, que no la dejara sola. Pero se contuvo, aguantando el ansia en el pecho. Sí, el le había asegurado que todo correría bien y que en seguida volvería para buscarla, sí, y entonces se escaparían a Brasil, para vivir libremente aquel amor que aún tenían que esconder bajo mentiras. Pero ella no se conformaba. ¿Por qué no ahora? ¿Por qué él no dejaba a un lado de una buena vez la Compañía y se quedaba ahora mismo con ella?

Por un segundo avistó la posibilidad de estar perdiéndolo para siempre y una angustia terrible laceró su alma, como un relámpago que rompe el cielo. Una lágrima resbaló hasta su boca. La boca que él había besado hacía algunos minutos…

Él la había hecho probar la magia y la había iniciado en los misterios. Con él viajó por mundos maravillosos a través de los sueños, y él le enseñó a ser fuerte y a enfrentar las dificultades con valentía… Pero ahora todo lo que ella tenía adentro de sí era un enorme y dolorido vacío. Porque la vida simplemente no tenía sentido sin él. Estaría equivocada en amarlo así tan… tan locamente?

El navío se alejó. Su imagen en la cubierta, bella y melancólica entre la niebla, se sostuvo en su mente. ¿Hacia adónde realmente lo llevarían aquellos vientos? ¿Y ella, cuántos mares de incertidumbres aún tendría que cruzar por aquel amor? ¿Cuántos peligros, cuántas despedidas? ¿Cuántas vidas, mi corazón, cuántas vidas?…

Entonces el navío desapareció. Desaparecieron el muelle de piedras en línea y los empleados atareados. Los vientos cesaron, la niebla volvió a ser humo de hielo seco e Isadora dio por sí a tiempo de ver a Luca terminar su performance, en un tablado que aún ondulaba…

Ella estaba pasmada. El último encuentro, la despedida… ¡Finalmente había recordado!

Aún sintiendo el olor del mar, salió rápidamente y siguió hacia el jardín de la casa nocturna. Era una noche fresca y un resto de luna cruzaba el cielo. Mirando a las estrellas, un escalofrío le recorrió el cuerpo y por primera vez el pensamiento tomó la forma exacta en su mente: él se había escapado. No quedaban más dudas. Enrique se había escapado. Ahora estaba todo explicado.

Había ido a Fortaleza para conocer mejor el mundo de Luca y había terminado descubriendo allí, en una casa nocturna, la verdad sobre Enrique. Una verdad obvia, pero que ni ella ni Catarina nunca habían admitido.

*     *     *

Por todos los lados se extendía un desierto como una inmensa sábana ondulada de arena. ¿Hacía cuánto tiempo que él caminaba? ¿Días? ¿Años? Las piernas aflojaban y la vista se ponía turbia, impotente frente a la claridad tiránica. Un sol abrasador le tostaba la piel en carne viva… Y un dolor de cabeza que de un segundo a otro explotaría su cerebro en mil pedazos… Pero lo peor de todo era la sed. Una sed absurda le dilaceraba la garganta sin piedad. Un trago de agua, apenas un trago, un pequeño trago y él se moriría satisfecho y feliz. Y en algún lugar de aquel desierto un teléfono sonando, sonando… En algún lugar, entre aquellos médanos sin fin, un maldito teléfono insistiendo en sonar y sonar…

– Hola…

El cuerpo estirado sobre la sábana de arena, el brazo para afuera de la cama.

– ¡Hola! ¡Hola!

Pero no era el teléfono que sonaba, era el interfónico, allá en la cocina… Tendría que arrastrarse hasta allá, al otro lado del desierto sin fin.

Era el portero, buenos días, don Luca, avisando que había una muchacha que se llamaba Isadora queriendo hablar con él, ¿podía dejarla subir?

Luca pidió un momentito y agarró una botella de agua en la heladera. Una resaca horrorosa le secaba el alma. Miró el reloj: dos de la tarde. Llamó por Sonita. La llamó de nuevo. Pero ella no respondió, ¿se habría ido? Yo abro los ojos, ¿adónde estás vos?… Amaneció y no me di cuenta…

Caminó despacio, con cuidado para que el cerebro no se despedazara. Buscó en el cuarto, en el baño. Ninguna señal de Sonita. Entonces recordó que ella había dormido allí, sí, pero dos noches antes. Que relajo. Estaba perdiendo la noción del tiempo.

Volvió al interfónico y le dijo al portero que todo bien, podía dejar que la muchacha subiera. Luego de hacerlo, recogió un calzoncillo de arriba del televisor y puso una música para tocar, Isadora merecía un ambiente mejorcito. Dejó la puerta del living abierta y fue para el baño bajo el sonido de sus sesos sacudiéndose. En el espejo partido del baño el horrendo monstruo del desierto lo observaba, con los cabellos en revoltijo y los ojos saltados. Prendió la ducha y el agua helada sacudió su cuerpo mientras en el living Blues Etílicos tocaba El Sol También me Levanta.

– ¿Luca de Luz Neón?

– ¡Puedes entrar! – él gritó bajo la ducha.

Isadora entró y cerró la puerta. Puso la mochila sobre el sillón, miró la guitarra en un rincón, un cartel de B. B. King, otro de Janis Joplin, fotos de shows de la Bluz Neón. Fue a la ventana y miró el paisaje del octavo piso, la soledad apretada entre el cemento, los edificios asfixiando los sueños de crecer…

– Hola, Isadora.

– ¡Hola! – Ella recordó que era la segunda vez que lo despertaba. Él estaba con una cara no muy buena, pero le gustaba verlo así, empezando el día. – Espero no estar obstruyendo alguna cosa importante…

– No, no. Yo estoy solo.

– Me parece que quedas bastante bien así, solamente de toalla…

– Que bueno que has aceptado mi invitación. ¿Te quedas hasta cuándo?

‒ Mañana de tarde sigo hacia la playa de Lagunita, ya compré el pasaje.

‒ Pucha, tan poco tiempo… Deberías haber venido ayer.

– En realidad llegué ayer. Dormí en un hotel.

– ¿Hotel? Pero… ¿Y por qué has ido a nuestro show?

– He ido.

– ¿Vos estabas allá? ¿En la Karvalledo?

– Sí.

– Pero…

– Me encantó la banda. Y vos sos bárbaro, me sorprendiste.

– ¿Por qué has ido a hablar conmigo después del show? – él preguntó. Y en seguida se arrepintió, recordándose de Sonita. Ella seguramente la había visto con él.

– Me pareció mejor no.

¿Y ahora? ¿Debería o no preguntar la causa?

– ¿No quieres saber el porqué?

– Creo que ya sé, Isadora.

– ¿De verdad lo sabes?

– Mira, déjame aclarar una cosa. Mi historia con Sonita no es nada serio.

– ¿Quien es Sonita?

– Nuestra entrenadora personal, que estaba conmigo en la mesa. Ella y yo…

– No vi nada. Me fui ni bien terminó el show.

– ¿Ah, sí?…

Él tuvo ganas de meterse la cara en el piso. Que mierda. Había acabado de confesar, espontáneamente, que tenía una historia con la entrenadora personal de la banda.

– ¿Hay agua? – ella preguntó. – Hace calor.

– Hay, claro.

Él fue a la cocina y le trajo un vaso de agua. Se sentaron en el sillón en silencio. Pero que mierda, él pensó, sin conformarse con lo que había hecho. Se sentía culpable. Pero no tenía que sentirse así, pues no había cualquier compromiso entre Isadora y él. Sí, eso era verdad, no tenían compromiso, pero aún así se sentía muy mal. Era como si la hubiera traicionado. Pero no había habido traición, evidente, al fin ella no era su novia. Pero por otra parte…

De repente se dio cuenta de que sus pensamientos estaban al mismo tiempo culpándose y absolviéndose, dividiéndolo al medio. Que mierda. Era ella, Isadora, que lo dejaba neurótico. No, no era ella, evidente, era él, él mismo era el que estaba creando fantasmas en aquella relación. Era él el que se precipitaba y construía trampas para sí mismo.

– Luca, ¿qué sentiste durante aquel último número?

– Yo no recuerdo muy bien esa parte.

– ¿Cómo no? Vos parecías tan concentrado.

– Ya estaba bien loco.

– No fui a hablar contigo después del show porque… pasó una cosa mientras te veía cantando.

Entonces ella le contó. Le contó del muelle, del navío y de Enrique saludando desde el borde, que él se estaba yendo y que ella sentía que lo perdía para siempre. Y mientras hablaba, casi podía sentir las mismas sensaciones de la noche anterior.

– Me acordé de nuevo de aquella vida, Luca.

Él suspiró. De nuevo aquél tema engorroso.

– Y ésta vez no fue sueño. Yo estaba despierta, en el medio de un montón de gente. Y fue a través de vos, de tu energía.

– Es que yo había tomado dos bebidas energéticas…

– Estoy hablando en serio, Luca. Fue una escena muy fuerte, más fuerte que todas las que recordé.

– Ahora vamos a cobrar un caché más caro: ¡vea el show de la Blues Neón. y recuerde sus vidas pasadas!

Él vio sus ojos mojados y se arrepintió de las bromas.

– Yo aún no me había acordado de esa parte de la vida de Catarina. Vos estabas al borde del navío, dándome adiós. El plan era que vos volverías para buscarme. Pero vos no volviste nunca más…

– Eso ya me lo habías contado, Isadora. ¿Cuál es la novedad?

– Después yo salí al jardín y me quedé pensando en Catarina, en cuan fuerte ella tuvo que ser para enfrentarse a toda aquella soledad, la corazonada horrible de que no encontraría más al gran amor de su vida… Yo sentí de nuevo el mismo dolor, Luca, todo de nuevo. Fue solo por unos instantes, pero mientras ocurría era… era para siempre. Y pensar que todo podría haber sido distinto, tanto sufrimiento evitado… Bastaba que nosotros hubiésemos quedado juntos.

– Pero no era posible. Un imprevisto cambió los planes, ¿no fue así? – él preguntó, tratando de ser lo más comprensivo que podía. Y se dio cuenta de lo ridículo de la cosa: hablaba como si todo aquello hubiera realmente ocurrido.

– No hubo ningún imprevisto. Ayer supe eso.

– ¿Qué pasó entonces?

– Vos huiste.

– ¿Yo huí?

– Sí.

– ¿Es más, él huyó?

– Sí.

– Pero… ¿por qué? ¿Él no te amaba? ¿Quiero decir, no amaba a Catarina?

Ella no respondió. Apenas lo miró a él, devolviéndole la pregunta.

– Todo bien, Isadora, Enrique huyó. Aquel farsante. Pero ahora olvida esa historia, eso es pasado.

– ¿Vos me quieres, Luca?

– ¿Yo?

– Sí, vos.

– Claro que te quiero. ¿Pero por qué esa pregunta ahora?

– ¿Mucho o poco?

– Tal vez más de lo que debería.

– ¿Cómo así?

– Es que a veces vos me destrozas las certidumbres.

– Entonces deja a un lado las certidumbres y ven conmigo.

– ¿Para adónde?

– A viajar por ahí.

– ¿Por ahí?

– Sí. Después vuelves.

– Sería bárbaro. Pero no tengo guita para eso.

– Lo que yo tengo da para nosotros dos.

– Está bien, puede ser. Pero solo puedo pedir libre a fin de año.

– No, tiene que ser ahora. Ven.

– ¡Yo no puedo abandonar mis cosas así, Isadora! – él casi gritó. – Perdón. Es que me sacas de quicio.

– ¿Qué cosas vos no puedes abandonar?

– El trabajo, la banda, todo.

– ¿Por qué no?

Luca la miró atentamente. Ella parecía hablar en serio. Pero no, era imposible que estuviera hablando en serio.

– Porque esas cosas son mis seguridades. ¿Entendiste o quieres que haga un dibujo?

– Yo lo abandoné todo hace cuatro siglos. Y lo abandoné otra vez ahora. Por nosotros dos.

– Ahí viene esa charla otra vez… Si no fuera por esos tus sueños desquiciados, nosotros podríamos entendernos muy bien.

– Si no fuese por mis sueños locos, nosotros no nos habríamos reencontrado.

Luca meneó la cabeza, furioso. Era inútil charlar cuando ella hablaba de vidas pasadas. Se levantó del sillón y fue hasta la ventana a respirar un poco, a calmarse. Si hubiese mirado hacia atrás, vería que Isadora lloraba en silencio. Pero él no vio. Ni vio tampoco que después ella se secó la cara y, respirando hondo, confirmó para sí misma, resignada, lo que hasta entonces había evitado aceptar, por creer que no sería necesario tomar la más difícil de las decisiones. Pero él no vio nada de eso.

– ¿Estás con hambre? – Luca preguntó, volviendo de la ventana.

– Sí.

– Entonces vamos a almorzar, son casi las tres. Te voy a llevar a un lugar que me encanta. Y de noche vamos a una fiesta erótica. ¿Qué tal?

– Hummm… Eso parece bueno.

– Bienvenida al fabuloso mundo de Luca ‒ él dijo, haciendo un galanteo con su sombrero imaginario.

El restaurante era el Cuchara de Madera, adonde dejaba cuentas por pagar. Allá trabajaba Pereira, su mozo predilecto, Pereira y su simplicidad y franqueza del interior, su experiencia de vida, y principalmente sus opiniones geniales con relación a todos los temas, en especial sobre las mujeres que Luca llevaba hasta allá. Él sabría decir si aquel romance tenía o no futuro. Pereira, el oráculo.

Poco tiempo después entraban en el restaurante. Eligieron una mesa y Luca presentó al amigo mozo:

– Éste es Pereira, mi viejo consejero. Ésta es Isadora.

– Mucho gusto – dijo el mozo, sirviendo la cerveza.

– Don Pereira, usted cree en vidas pasadas? – preguntó Isadora, para total sorpresa de Luca.

– Mire, muchacha, yo no entiendo de esas cosas. ¿Por qué?

– Porque yo y éste muchacho habíamos vivido juntos hace cuatrocientos años y ahora él me dice con descuido que no se acuerda de mí.

Luca se reía, sin creer que aquello estaba ocurriendo.

– Si usted era tan bonita como es hoy, es un descuido realmente.

– ¿A usted le parece que es un caso perdido?

– Creo que no, señora. Porque hace tiempo que no lo veo mirar así a una mujer, ¿sabe?

– ¿Entonces a usted le parece que puedo tener esperanza?

– ¿De que él se acuerde de usted? Ahí ya me parece difícil. Ese muchacho se olvida de lo que tomó hace media hora.

– ¿Eso es verdad, Luca?

– Solamente me olvido cuando no tengo plata para pagar la cuenta – respondió Luca, riéndose.

Luego de pedir el almuerzo, Isadora salió para ir al baño y Luca aprovechó para preguntar:

– ¿Y entonces?

– Creo que sus días de soltero se acabaron, muchacho.

– Hable en serio, Pereira.

– Por así decir, esa ahí ya lo enganchó.

Luca llenó el vaso de cerveza, tomó y pidió otra. En el aparato de música Lily Alcalay cantaba Mar y Sol. Esa ahí ya lo enganchó… No estaba seguro si aquello era lo que le gustaría haber escuchado. O si era justamente lo que de hecho no deseaba escuchar.

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CAPÍTULO 6

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Después del almuerzo, Luca e Isadora volvieron al departamento. Tenían poco tiempo, pues en seguida tendrían que salir de nuevo, ¿pero cómo resistir a una ducha en pareja? Así, apoyándose en la pared de la casa de baño, ellos se entregaron otra vez a la fuerza del deseo impostergable, mezclado al sonido del agua de la ducha la melodía frenética de los dos cuerpos ardiendo en pasión, agua y fuego en armonía.

No fue suficiente para sanar todas las ganas, es verdad, pero no podían realmente demorarse. Entonces en seguida estaban dejando el departamento. Pasaron por la casa de Junior Rível para buscarlo y rumbearon hacia el Cabaret Society, la fiesta que todos los años ocurría en una gran casa coqueta del centro de la ciudad. El tema de la fiesta era sensualidad y erotismo, y el ambiente recordaba los antiguos cabarets, con luces rojas, cortinas transparentes y músicas al estilo. Las personas se vestían de forma sensual, explorando los fetiches y las fantasías, y subían al tablado para hacer performances teatrales y chistosas.

En el recorrido hacia el lugar, Luca y Junior, que ya conocían la fiesta, comentaban hechos divertidos de las ediciones anteriores. Isadora escuchaba, curiosa y excitada por vivenciar el mundo de Luca. Y luego a la entrada de la fiesta ella quedó bastante impresionada:

– ¡Uau! ¡Las mujeres realmente entran en la onda! – ella comentó con Junior mientras observaba a un grupo de chicas vestidas como prostitutas fatales.

– Esas están bastante comedidas. Hay algunas que vienen solo de camisón.

Luca notó discretamente a una de las mozas que trabajaban en la fiesta, una rubiecita bonita que estaba vestida como colegiala. Y lamentó no estar solitario aquella noche.

– Pucha, estoy sintiéndome una santa con esta ropa – Isadora lamentó, insatisfecha con el conjunto de pollera y camisa que usaba. Y preguntó a la moza, que les entregaba las comandas de pedidos: – ¿Por casualidad no te sobró una ropa de colegiala como esa que estás usando?

– Desafortunadamente no. Pero vos estás hermosa. Necesitas solamente un ajuste en la ropa.

– ¿Adónde?

– Ven, vamos a mejorar ese aspecto.

La moza dio vuelta a Isadora de frente hacia ella y le abrió dos botones de la camisa, dejándole los senos más a la muestra.

– ¡Ahora sí! – La moza se rió, observando el resultado de su intervención, y susurró al oído de Isadora: – Unos pechos así no deben quedar escondidos. Principalmente en el Cabaret Society.

Isadora se rio de la espontaneidad de la muchacha. Sintió simpatía por ella.

– Tienes razón, gracias. ¿Pero y mi comanda, adónde está?

– Ah, sí, faltó la tuya. Ven conmigo a agarrar una – dijo la moza, tironeando a Isadora por la mano y saliendo con ella rumbo a la barra.

Junior aprovechó y lo picaneó a Luca:

– Eh, ciudadano, noticia de última hora: Sonita pidió el despido de la banda.

– Bárbaro.

– Bárbaro nada. Éramos la única banda de blues del planeta con una entrenadora personal.

– Ojalá que ella no aparezca por acá. Sin querer le conté a Isadora sobre nosotros.

– Creo que te está gustando esa muchacha.

– Tienes razón. Estoy jodido, Junior. Apasionadamente jodido.

– Eso resulta un blues.

– Tantas mujeres y yo invento de querer una que vive a tres mil kilómetros de distancia.

– Mejor así que no te satura.

– Sí. Pero yo no iba a aguantar de nostalgia.

– Llámala para vivir acá.

– No resultaría bien, ella es demasiado loca.

– ¿Entonces qué quieres?

Luca pensó un poco.

– No sé.

– Con permiso, Junior Rível – dijo Isadora, llegando de vuelta. – Voy a raptar a tu amigo para bailar ese bolero.

– Y yo me voy a confesar con aquella monja allí. Hoy estoy lleno de pecado.

– Ven – ella dijo, tironeando a Luca por la mano.

En la pista de danza, ellos juntaron los cuerpos y empezaron a bailar, mano con mano, cara con cara.

– Vamos a aprovechar bien esta noche, Luca. Es nuestra despedida.

– Claro que no. Vos puedes venir a Fortaleza cuando quieras.

– Vos sabes que es.

– O yo puedo ir a encontrarte por las playas…

– Ya hablamos sobre eso. No vamos a poner a perder la noche.

– Yo sé, pero… ‒ ¿Pero qué?, él pensó. No había pero, ni tal vez, ni quien sabe. Isadora tenía razón, y él sabía bien que así era. Todo lo que había allí era la certeza de un gran amor sin futuro, y él debía conformarse de una buena vez.

‒ Todo bien, no vamos a echar a perder la noche.

– Hoy yo quiero tu mundo, ¿has escuchado? Con todas sus locuras.

– Vos eres loca realmente.

– Y, no importa lo que pase, nosotros estaremos juntos. ¿De acuerdo?

– De acuerdo ‒ él respondió, riéndose de sus modos autoritarios.

Isadora se sonrió y lo besó, apretándolo fuerte en sus brazos. Después pegó los labios en su oreja para cantar junto con la música: Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan…

Terminado el bolero, Luca fue al baño y a la vuelta simuló un encontronazo con la moza vestida de colegiala.

– Perdón.

– No fue nada – ella dijo, equilibrando los vasos en la bandeja.

– ¿Cómo te llamas?

– Bebel, la colegiala zarpada a su disposición…

– Uau… No me digas eso hoy que yo soy un hombre casado.

– Que pena…

Durante un tiempo ellos se miraron en silencio, sonriéndose, sus cuerpos casi pegados uno al otro, y el movimiento de las personas alrededor parecía un remolino… Luca aún podía escuchar el eco de aquel “que pena” en su mente. Ella seguía sonriéndose… Fue necesario un enorme esfuerzo, pero él consiguió controlarse.

– Bien… Yo soy Luca, un gusto.

– Yo sé. Ya he visto un show de la Bluz Neón. en el Papalegua.

– ¿En serio?

– ¡Me pareció excelente! Vos sos muy bueno, Luca.

– Así me quedo avergonzado.

– Es más, ustedes dos son muy buenos.

– ¿Quién?

– Vos y tu novia. Ella está divina.

– Ah. En realidad… no sé si somos novios.

– Si no son, deberían ser.

Luca se rio. Primero Pereira, ahora Bebel. ¿Estaban todos queriendo casarlo?

– Ahora has quedado realmente avergonzado – ella bromeó, apretando su mejilla. – Perdón.

– Solo te perdono cuando me traigas dos whiskys – él dijo, entregándole la comanda.

– Dos whiskys especiales, para que me perdones un poco más, ¿está bien?

Ella apuntó el pedido y salió, dejándolo a Luca con una cara de bobo, riéndose de la situación. Él se dio vuelta, buscando por Isadora, y la encontró poco más adelante, apreciando los textos eróticos en la pantalla grande.

– Luca, ¿vos ya has visto los poemas que están pasando en la pantalla? ¡Son preciosos!

– Hay uno ahí que es el más precioso de todos.

– ¿Cuál?

– Espera que debe ser el próximo.

Luego de unos instantes el poema siguiente empezó a formarse en la pantalla. El título vino antes: Poemas de saliva. Después la autoría: Luca.

– ¡Uau, es tuyo! ¡Qué bueno!

Isadora miró de vuelta hacia la pantalla. Y leyó: Para Isadora. Y en seguida el poema surgió en la pantalla, verso tras verso:

Resbalo poemas de saliva
En el bosquejo de tu piel
Sílabas mojadas
Rimas sensoriales
El sentido más profundo de mi verso
Habla la lengua de tus gestos
En convulsiones gramaticales

Poemas depravados en tu piel de pecado
Poemas de navaja en tu cuerpo sin perdón
La figura de lenguaje del deseo
Habla la lengua de mi beso
Sin traducción

– No sé qué decir… – ella murmuró emocionada, aún mirando hacia la pantalla.

Él la tomó por las caderas y la besó. Y durante un tiempo sus cuerpos unidos tuvieron como plan de fondo la imagen del poema en la gran pantalla.

– Dos whiskys para la pareja más interesante de la fiesta – Bebel dijo después que los dos terminaron el beso.

– ¡Caramba! – exclamó Luca, mientras cogía los vasos en la bandeja. – ¿Hace tiempo que estás ahí?

– Y quedaría el tiempo que fuera necesario. Fue tan romántico…

– Entonces este brindis es por vos, Bebel, la colegiala más hermosa de la fiesta – dijo Isadora, levantando el vaso y dándose cuenta en seguida de la absoluta sinceridad de su frase. Sí, ella admitía, le había gustado aquella chica desde el principio, incluso más de lo que se imaginaría capaz.

– Gracias – Bebel respondió. – Ahora con permiso que yo tengo que ir al baño.

Mientras la moza se alejaba, Isadora recordó que en su vida nunca antes había deseado sexualmente a una mujer. ¿Sería eso lo que estaba ocurriendo? ¿Y si fuera realmente, qué debería hacer? Bien, Bebel era una mina hermosa, delicada, y parecía también tener gusto por ella. Por ella y por Luca. Y estaban en una fiesta erótica, ¿no era así? Y, además de todo eso, ¿ella no deseaba probar el mundo de Luca, con todas sus… insanias? Entonces… ¿por qué no?

– Voy también – dijo Isadora de repente. Y, para sorpresa de Luca, volcó de un trago el whisky y le entregó el vaso vacío.

Luca se recostó en la barra y observó a las dos siguiendo rumbo al baño. En la pantalla pasaban escenas de otras ediciones de la fiesta y él se entretuvo un poco con las imágenes. Pero en seguida miró el reloj, impaciente, ¿por qué Isadora tardaba tanto? Quince minutos después ella apareció, trayendo dos whiskys más.

– Me están gustando los personajes de tu mundo, ¿sabes? Bebel es un dulce de persona.

– ¿Qué diabluras hacías todo ese tiempo en el baño? – preguntó Luca, agarrando uno de los vasos.

– No fue tanto tiempo.

– Claro que fue.

– ¿Qué hacen dos mujeres maravillosas como Bebel y yo en un baño, Luca?

– Exactamente lo que yo pregunté.

– Picholarío.

– ¿Cómo?

– Pichi, lápiz de labio y chusmerío – ella respondió, riéndose, recordando el beso que se habían dado con Bebel en el baño. Y que habían repetido con más intensidad antes de salir, lo que la forzó a arreglarse de nuevo el lápiz de labios.

Luca se sonrió avergonzado. Isadora empezó a bailar adelante de él, entusiasmada. Él notó sus senos expuestos por la camisa medio abierta.

– Vos te has aplicado al escote…

– ¿Es una fiesta erótica, no?

– ¿Pero hacía falta tanto?

– ¿Vos no estás con celos, o sí?

– Claro que no.

– Menos mal. Porque yo y mis pechos estamos amando la fiesta.

Ella se rio de la broma y tomó un trago de whisky. Él se rio una risa falsa.

– ¿Cuántas ya te tomaste, Isadora?

– Yo estoy bien, Luca. Relájate.

– Solo pregunté porque quiero que aproveches bien la fiesta.

– Menos mal que no es para querer controlarme.

– Yo no quiero controlar a nadie.

– Entonces relájate.

– Estoy relajado.

Ella tomó su mano y la puso sobre su seno.

– Nosotros estamos juntos, mi amor.

Él pudo sentir los latidos acelerados del corazón de Isadora. ¿Mi amor? ¿Fue así que ella lo llamó?

– Dame un abrazo, Luca.

Él la abrazó y así se dejó estar, muy junto a ella, enteramente envuelto por la sensación de ya haber vivido aquello antes… Cerró los ojos y trató de recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

Abrió los ojos asustado, volviendo a sí. Se sentía levemente mareado. Miró alrededor, certificándose de que seguía allí, en el Cabaret Society. Ella aún estaba abrazada a él, en medio de la personas tomando y bailando. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Algunos segundos? ¿Siglos?

– Ven, vamos a bailar.

– Creo que no.

– Ah, Luca, ven.

– Estoy cansado.

– Entonces voy a bailar con Bebel.

– Ella está trabajando, Isadora.

– Un ratito nada más no va a jorobarla.

Mientras ella salía, Luca se preguntó a sí mismo lo que estaba pasando. Se sentía enojado. ¿Por qué? Quizás porque al día siguiente Isadora se iría de nuevo y eso lo dejaba molesto. No, no era exactamente eso, él sabía. Estaba enamorado, esa era la causa real, y no sabía lidiar bien con el hecho. Incluso estaba sintiendo celos. Aquella pasión por Isadora alteraba el orden de su mundo, le traía sensaciones raras y lo dejaba incómodo e inseguro.

Él se rascó la cicatriz de la cara, pensando. Isadora estaba probando su mundo, un mundo hecho de bares, fiestas y neóns coloridos. Ella parecía querer vivir lo que él vivía, la gran fiesta de la embriaguez, la seducción de la lujuria, los sortilegios de la noche. Y hacía eso de una manera tan simple y natural, no parecía esforzarse… ¿Aquello era ser taoísta? Ella era realmente increíble. ¿Cómo no enamorarse?

Dio vuelta el resto de la dosis y puso el vaso sobre la barra. La fiesta estaba bárbara y al otro día Isadora no estaría más con él. Necesitaba de hecho relajarse.

La música hizo una pausa y el productor de la fiesta subió al tablado.

– Buenas noches. Mi nombre es Ricardo Kelmer y soy el dueño de este cabaret. Espero que estén divirtiéndose. Vamos ahora a empezar el concurso de la Musa del Cabaret. Las candidatas pueden subir aquí y bailar. ¡Música para ellas!

Mientras varias mujeres subían al tablado y eran presentadas al público, Luca buscó alrededor por Isadora. Pero no la vio. Entonces, observando a las candidatas, se asustó: allá estaba Isadora entre ellas. Él simplemente no pudo creer. No, tal vez fuera otra chica, muy parecida, la misma ropa…

No, de hecho era ella. Y bailaba sensualmente, contorciéndose en movimientos insinuadores, la expresión lánguida, los senos casi saltando del escote…

Luca tragó en seco. Isadora en el concurso Musa del Cabaret – ¿cuándo se podría imaginar una cosa así? ¿Y cuándo podría imaginarse que ella… bailaría tan bien? A su lado, un grupo de hombres vibraba, silbando y gritando su nombre, y él sintió otra vez los celos llegando, como un bicho al acecho… Que mierda. Necesitaba urgentemente otro whisky.

Al fin de la música, el público votó en las candidatas y  eligió a la ganadora. Isadora, tchan-tchan-tchan-tchaaannn…, quedó en segundo lugar y, como premio, recibió un crédito en una sex shop y un vino importado. Contenta, ella agradeció los aplausos y antes de bajar del tablado, dedicó el premio:

– Al amor de mis vidas.

Un minuto después Luca la encontró en la barra con Bebel.

– Felicitaciones, Musa del Cabaret.

– ¡Luca! – Ella lo abrazó, radiante de alegría. – ¿Has escuchado la dedicatoria?

– Claro, me encantó. Estuviste bárbara.

– Lo que pueden hacer unos whiskys…

– Pero podrías haberme avisado para que me preparara. Aquellos tipos gritando “Isadora! Isadora!”… Fue horrible.

– ¿Ay, que bueno! ¡Mi Luca con celos de mí!

– Voy a superarlo, voy a superarlo…

– Yo no iba a participar en el concurso. Pero Bebel me convenció.

– Fue una injusticia – dijo Bebel. – Ella merecía ganar.

– El crédito de la sex shop te lo regalo, Bebel.

– ¡Caramba, gracias!

– Pero el vino vendrás a tomarlo con nosotros, por favor.

– Con mucho gusto. Pero solo puedo después de la fiesta.

– Podemos ir para el departamento de Luca, es acá cerca. ¿Verdad, Luca?

Él casi se atragantó, con la sorpresa.

– Él aceptó, Bebel. ¡Vamos a festejar!

Después que Bebel se alejó, Isadora tironeó a Luca por las caderas, abrazándolo de una forma provocadora.

– ¿Qué te pareció ella, eh?

– ¿Ella quién?

– Bebel.

– Bien.

– ¿Así de simple?

– Sí. Parece buena gente.

– ¡Ay, Luca, vos sos bárbaro! – ella dijo, riéndose. – ¿Por qué no admites que te gustó la mina?

– ¿Quien? ¿Yo?

– ¿Me dirás que no?

Él miró serio a Isadora. ¿Adónde quería llegar ella?

– Está bien, me gustó. ¿Y qué?

– A mí también.

– ¿Te gustó cómo?

Él sintió su mano palpándole el sexo sobre los pantalones.

– Me gustó como te gustó a vos.

Él escuchó sorprendido y de repente, la situación era todo un tropel suelto, totalmente sin control…

– ¿A vos no te parece que estás exagerando en esa cosa de probar mi mundo?

– ¿Por qué? ¿Te parece que no lo merezco?

– Isadora, ¿por qué no me dices lo que estás planeando, eh?

– No estoy planeando nada.

– ¿Por casualidad estás usando a Bebel para probarme?

– Claro que no.

– ¿Todo eso tiene algo que ver con la historia de Sonita?

– ¿Cómo así?

– ¿Vos no me perdonaste por ayer, no? Ya te dije que Sonita y yo…

– Relájate, Luca – ella lo interrumpió. – Vos estás viendo fantasmas. Solo invité a Bebel para tomar el vino con nosotros. Porque a mí me gustó ella y sé que a vos también te gustó.

Luca no sabía qué conclusión sacar de todo aquello. Quizás no hubiera sido buena idea invitar a Isadora para que conociera su mundo.

– Nosotros estamos juntos, Luca – ella volvió a decir. – ¿Vos aún no has entendido eso?

Él no respondió. Se quedó pensando, mirándola a Isadora bailar a su frente. Sí, claro que había entendido. ¿O no?

*     *     *

– ¿Te gustó el Cabaret, Isadora? – preguntó Bebel mientras Luca metía la llave en el cerrojo y abría la puerta del departamento.

– Me encantó. Si llego a estar acá en el próximo, voy con liguero y todo, verás.

– ¡Y ganarás el primer premio!

Luca fue a la cocina y volvió con los vasos y el vino abierto. Sirvió y brindaron:

– ¡A la Musa del Cabaret!

Mientras Bebel miraba con Isadora los posters y los carteles de los shows, Luca puso Ellis Mário a tocar y el sonido del saxo rellenó suavemente el ambiente.

– ¿Quieres más vino, Bebel?

– Gracias, Isadora, yo no tomo mucho. En realidad me gustaría darme un baño, me estoy sintiendo inmunda. ¿Puedo?

– Claro.

Isadora la llevó a Bebel hasta el baño, dejándole una toalla y previniéndola de que el espejo partido podría dejarla con un aspecto raro. Cerró la puerta y se sentó en la cama al lado de Luca.

– ¿Vos estás bien? – él preguntó.

– Estoy estupenda. Sos vos el que podría relajarse un poco más. Por vos, por mí… – Ella se sonrió y señaló con los ojos el baño. – Y por ella.

– ¿Vos no tienes celos?

– No necesito tenerte celos, Luca.

– ¿Por qué?

Ella caminó hasta la llave y apagó la luz del cuarto, dejándolo suavemente alumbrado por la luz que venía del living. Después se sacó los calzados y se posicionó arrodillada sobre la cama, de frente hacia él.

– Porque la mujer de tu vida soy yo. Hace cuatrocientos años.

– Yo creo en lo que puedo ver y tocar, Isadora, y no en esas fantasías místicas que…

Ella puso el dedo en su boca, impidiéndole de seguir. Después abrió totalmente los botones de la camisa, mostrándole los senos desnudos.

– Pues entonces cree.

Poco después Bebel salió del baño y, desde el desván de la puerta, envuelta en una toalla, se sonrió y paró por un instante para observar. El cuarto estaba en penumbra pero ella pudo ver bien a los dos cuerpos acostados en la cama, las manos y bocas desplazándose por sus superficies. Entonces dejó caer la toalla y, enteramente desnuda, se acercó de la cama. En ese momento Isadora abrió los ojos y, manteniendo la cara de Luca metida entre sus piernas, extendió el brazo hacia afuera de la cama, tocó la mano de Bebel y la tironeó, como Bebel había hecho con ella hacía algunas horas, a la entrada de la fiesta:

– Ven…

*     *     *

– Buenos días, mi amor – dijo Isadora a la puerta de la cocina, recibiendo a Luca cariñosamente con un abrazo y un beso. – ¿Quieres un café calentito? Acabo de hacerlo.

– ¿Y Bebel? – él preguntó, en medio de un bostezo.

– Ya se ha ido. Te dejó un beso.

Él se sentó a la mesa de la cocina y se sirvió. En seguida la llevaría a Isadora a la estación y ella proseguiría su viaje por la costa. Ya sentía la nostalgia arder en su pecho. Ella podría muy bien interrumpir un poco aquel viaje y quedarse con él algunos días más… O algunas semanas…

‒ ¿Ya te he dicho que me encanta verte así, despertando?

‒ Si quieres ver más, ahora sabes adonde vivo.

Él levantó la mirada para certificarse de la reacción de Isadora a lo que dijera, pero ella apenas se sonrió, mientras mojaba el pan en el café. A él le hubiera encantado escuchar algo como “entonces me quedaré”, pero sabía que aquel tema ya estaba terminado.

– ¿No estás de resaca?

‒ Un poquito. Pero en el autobús voy a darme una buena siesta.

Mirándola a Isadora allí adelante de él, tomando café vestida con una camiseta suya, él tuvo la sensación de que la conocía hacía mucho tiempo. Pero en realidad hacía poco más que dos meses. Se habían visto durante tres días en Tibau del Sur, un fin de semana en la laguna de Uruaú y ahora en Fortaleza. Habían hecho el amor solamente cinco veces, de las cuales una con Bebel. Y era eso nada más. Pero parecía ser más, muchísimo más que eso… Y ahora ella se iría de su vida. No había sentido… ¿Será que lo que estaba sintiendo era… amor?

‒ He sacado un I Ching para vos. ¿Quieres saber cómo fue?

Es muy temprano para misterios, él pensó, tomando el café. Pero dijo que sí.

– Salió el Receptivo ‒ ella dijo, yendo hasta el living y volviendo rápidamente con el libro. ‒ Primer línea con tensión.

– ¿Y eso es bueno o malo?

– Sos vos el que debe interpretarlo. ¿Quieres leer?

No. No quería. Pero leyó. Una vez, dos veces… Después devolvió el libro.

– No entendí nada.

– A veces, en un primer momento, el mensaje parece confundido. ¿Voy a apuntarlo en tu agenda, está bien?

Él se sirvió otra taza de café.

– ¿Y entonces, qué te pareció mi mundo?

– Me encantó.

– Qué bien. ¿Y la última parte?

– Fue maravilloso, Luca. Pero te prefiero a vos solo, para que te concentres más en mí…

– Esa cosa de sexo a tres… ahn… Vos ya habías…

– No. Pero no voy a negar que siempre tuve curiosidad.

– Vos parecías tan a gusto…

– ¡Claro, estaba tan bueno!

Estaba realmente, él pensó. Podría haberse relajado un poco más y olvidar lo que lo afligía, sus celos súbitos, sus sentimientos en torbellino, Isadora yéndose al día siguiente… Pero aún así había sido delicioso hacer el sexo con ella y Bebel.

– Apuesto que para vos no fue ninguna novedad…

– Más o menos – él dijo, recordando la noche con la aficionada pelirroja que había conocido en el Papalegua, aquella cosa horrenda de la hermana melliza muerta…

Ella terminó su taza de café, se secó los labios y se preparó para decir lo que diría. No sería fácil, ella sabía. Pero sabía también que era hora de tomar una decisión.

– Te quiero decir algo importante, Luca.

– ¿Qué pasa?

– Ayer, apenas llegamos, Bebel me llevó para buscar una comanda, te acuerdas?

– Me acuerdo.

– En aquel momento yo sentí que ustedes quedarían juntos.

– ¿Cómo?

– Es eso.

– ¿Entonces ahora, además del pasado, vos también ves el futuro?

– En aquel momento no lo entendí bien, fue una sensación rara. Pero después quedó claro.

– No fui solo yo el que estuvo con ella. Nosotros estuvimos. Y fuiste vos la que invitó a Bebel a que venir hasta acá.

– Sí, la invité porque ella me gustó. Y yo estaba realmente dispuesta a probar tu mundo, tus cosas. Pero no estoy hablando de ayer.

– ¿No?

– Estoy hablando de cuando yo me vaya. Ustedes se quedarán juntos.

– No te estoy entendiendo, Isadora.

– Fue lo que sentí. Y aún lo siento.

– ¿Vos estás loca?

– ¿Y quieres saber? Bebel es una chica muy especial, Luca. Ella puede ayudarte.

Luca hacía un tamborileo con los dedos en la mesa. No le estaban gustando nada los rumbos de aquella conversación.

– ¿Por qué quieres que yo me quede con ella?

– Yo no quiero. Pero vos te quedarás, ¿qué se va a hacer?

– ¡Isadora, eso ya es demasiado desquicio! – él gritó, golpeando la mesa.

– No necesitas ponerte nervioso.

– Yo no estoy nervioso.

– Menos mal.

Él respiró, intentando calmarse.

– Yo no me quedaré con Bebel. Me quedaré con vos.

– Pero yo me estoy yendo.

– Entonces no te vayas.

– ¿Cómo así?

– Quédate conmigo. Ven a vivir aquí.

Él escuchó sus propias palabras y se sorprendió. ¿De hecho era eso? ¿Había acabado de pedirle a ella que viviera con él?

– Realmente me gustaría. Pero no puedo.

– ¿Por qué? ¿Qué te apresa a San Pablo?

– Nada.

– ¿Entonces cuál es la causa?

– La causa es que vos necesitas saltar un abismo, ¿recuerdas?

– Ah, no, de nuevo esa historia…

– Resistí mucho en llegar a esa conclusión, Luca, pero ahora está claro para mí. Si me quedo acá en Fortaleza, vos no saltarás. Seguirás en tu mundo seguro, siempre rodeándote de tus seguridades y cada vez más obsesionado por el control de todo. Como Enrique.

– No, ese no es el problema, Isadora. El problema es que tienes la manía de construir mundos que no existen, sueños, abismos… Has construido un pasado loco y me has puesto en él. Y ahora acabas de construir un futuro para mí y para Bebel. ¿No ves cuánto todo eso es una locura absurda?

– Nunca tuve dudas en cuanto a eso.

– ¿Vos no podrías, por lo menos una vez en la vida, portarte como una persona normal?

– No hago ningún hincapié en ser una persona normal – ella respondió mientras se levantaba de la mesa.

Luca cerró los ojos, intentando, en algún lugar de su ser, organizar las ideas en confusión, los sentimientos contradictorios… Pero no existía ese lugar. Se levantó y siguió a Isadora hasta la habitación, exaltado.

– Si yo no quiero quedarme con Bebel, no me quedaré, y así ese futuro que has visto no se dará. ¿Has entendido? No hay nada programado. Solamente el pasado es cierto.

Solamente el pasado es cierto… Ella recordó una vez más la despedida en el muelle.

– En eso tienes toda la razón, Luca. Lo que hicimos un día, o dejamos de hacer, no puede cambiarse.

Él juzgó notar un punta de amargor en aquellas palabras.

– ¿Que has querido decir con eso?

– He querido decir lo que dije.

– Pues entonces vamos a ver. Es tu futuro contra el mío.

– Yo no lo creo… Vos acabas de crear una guerra de futuros.

– ¿Vos no tienes más ganas, no es, Isadora? Ya entendí.

Ella no respondió. Agachada en el piso, se ataba los cordones de los calzados.

– Pero en vez de admitir, vos me vienes a decir que quedaré con Bebel después que te vayas.

De nuevo ella no respondió.

– ¡Muy conveniente, pues ahí seré yo el criminal de la historia! Muy conveniente. Vos eres la loca más viva.

– Llegó la hora, Luca – ella dijo, tranquilamente. – Mi autobús sale a las cuatro.

Él la miró con firmeza y una rabia retenida.

– Puedes irte. La puerta está abierta.

Y se sentó en la cama, tomando una revista cualquiera para leer.

– Luca…

– Yo intenté, Isadora – él dijo, hojeando nervioso la revista.

– Mírame…

– Yo juro que lo intenté.

– Luca, mírame. No necesitamos alejarnos así, por favor.

– Yo intenté. Pero vos… esa tu locura… me está afectando demasiado…

Él soltó la revista y ocultó la cara entre las manos temblorosas, el llanto atragantado en la garganta. El corazón le explotaría en el próximo segundo. El mundo se derrumbaría al instante siguiente.

Ella quiso acercarse, pero él, evitando mirarla, la impidió con un ademán.

– Vete de aquí, Isadora, por favor. Antes que yo enloquezca también.

Ella se sonrió, comprensiva, y agarró la mochila. Sabía perfectamente que habían llegado al fin del camino, que en aquel momento no existían más posibilidades. Allí estaba el hombre de su vida, sí, pero él no tenía la valentía de asumir el amor que sentía por ella y dar el paso siguiente. Ella tenía miedo de estar perdiéndolo para siempre, un miedo horrible, pero no debía insistir más, lo sabía. Abandonarlo ahora era la decisión más difícil de todas, pero sabía, con la más calma de las certidumbres, que necesitaba hacerlo. Cuatrocientos años antes, había confiado en Enrique, y él había fallado. Ahora, sabía que tampoco podría confiar en Luca. Todo lo que le quedaba era entonces confiar en la vida, en la rara e irónica sabiduría de la vida.

– Yo intenté, Isadora, yo intenté… – él seguía diciendo, la cara entre las manos.

Ella caminó en silencio hasta el living, abrió la puerta y salió, envuelta en una tristeza resignada. También había intentado.

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 1

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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.Amazon (kindle) english/portuguese/espanol

In portuguese – blog 

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PRÓLOGO

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Él la abrazó y así se dejó quedar, muy junto a ella, enteramente abarcado por la sensación de haber vivido aquello antes… Cerró los ojos e intentó recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

Abrió los ojos asustado, volviendo a sí. Se sentía un poco mareado. Miró alrededor, asegurándose de que seguía allí, en el muelle de Barcelona, en aquella mañana nublada. Ella aún estaba abrazada a él, en medio a la prisa de los empleados del muelle. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Algunos segundos? ¿Siglos?

– ¿Qué ha pasado? – ella preguntó.

– No lo sé, un mareo…

– Hace días que estás raro.

– Necesito irme ahora.

– ¿Estás seguro de que no puedo ir, de hecho?

– Ya hemos hablamos sobre eso, Catarina.

– Y si…

– Ya te he dicho que volveré. En un mes arreglaré las cosas en Lisboa y volveré. Y entonces iremos juntos para Brasil. ¿No ha sido eso lo que acordamos?

– Estoy con miedo, Enrique… – Ella lo abrazó otra vez, más fuerte.

– Ya están subiendo las velas – él respondió, sintiendo el viento que soplaba. Deshizo el abrazo y salió caminando rumbo al navío, el paso rápido, sin mirar hacia atrás.

Minutos después el navío empezó a alejarse y, desde el borde, él la vio saludando, sola en el muelle, en medio de la niebla. Y de repente fue como si ella repitiera un gesto muy antiguo, realizado hacía mucho tiempo, un ademán triste que le cortaba el alma. ¿Cuándo se habían despedido así?

Necesito un trago, él pensó, sintiendo el alma pesada. Y se dirigió hacia la cabina.

Él no quería pensar en eso, pero sabía: era solamente el principio de un largo y difícil viaje.

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CAPÍTULO 1

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Luca se despertó asustado. Había soñado con un abismo, inmenso y oscuro, bien adelante de sí, un abismo terrificante… Se frotó los ojos y soltó un bostezo largo mientras estiraba las piernas abajo del asiento en frente. Miró por la ventanilla del ómnibus y vio el paisaje pasando, la vegetación cercana, las casitas simples al margen de la ruta, una sierra más adelante… Felizmente no había abismos por allí, pensó él, aliviado.

Un poco más y estaría en Pipa, la famosa playa en la costa sur de Río Grande del Norte. Hacía seis meses, desde cuando había acordado el descanso con la gráfica, que soñaba con aquél viaje. Ahora todo lo que haría por los cuatro días a continuación, hasta el domingo, sería descansar la cabeza y olvidarse de los problemas en Fortaleza. Solo. Sin reloj, sin móvil y sin Internet.

En realidad había llevado el teléfono, sí. Con acceso a Internet. Pero, como él mismo se había prometido, era solamente para verificar si alguna muchacha le había dejado un mensaje urgente, nada más. Y también para ver si un amigo había depositado en su cuenta el dinero que le debía. Ah, y también para acompañar la venta de entradas para el próximo show de la Bluz Neón, su banda, eso era muy importante. Pequeños cuidados, solamente eso, para que la vida no saliera del control.

Por el reflejo de la ventana pudo ver su cara, el cabello revuelto, la expresión somnolienta… Vio la cicatriz en la mejilla derecha, se acordó del accidente, el paseo en balsa, la cara golpeándose fuerte en el mástil, aún era adolescente. Todo porque quería impresionar a una chica. Amar era de hecho un peligro.

Al fin de la tarde, pocos kilómetros antes de Pipa, el ómnibus pasó por una ciudadela y, desde el tope de la ladera, a Luca le gustó lo que vio. A su izquierda, allá abajo, se desparramaba una gran laguna, que más adelante se transformaba en río y corría suave hacia el mar. Además de la laguna, por sobre la copa de los árboles, el sol bajaba despacito, salpicando el agua con reflejos que se mezclaban a las toninas que saltaban.

Encantado con el paisaje, Luca sintió su mirada cautivada por aquella belleza poética, casi musical…

– ¿Qué ciudad es ésta? – le preguntó a la señora del asiento contiguo.

– Tibau del Sur. Es una antigua villa de pescadores.

Luca recordó lo que sus amigos decían sobre Pipa, las  playas hermosas, las posadas, la movida de los bares, gente de todo el mundo. Y así y todo, aquel paisaje…

Se levantó de la poltrona, fue hasta la cabina del conductor y le pidió que parara. Había cambiado de idea. Se quedaría en Tibau del Sur.

Con la mochila a espaldas y la guitarra bajo el brazo, él caminó de vuelta por la ruta y, a la entrada de la ciudad, siguió rumbo al mar, hasta el borde de la ladera, donde había un pequeño bar de estilo rústico. Eligió una mesa bajo el quinchado, pidió una medida de aguardiente y se sentó, deleitándose con la brisa marina y el olor del mar. Había un barco anclado y una bandada de gaviotas jugueteaba en el cielo. La luz del fin de tarde bañaba al paisaje de una atmósfera medio onírica y de sopetón se sintió afuera del tiempo, todo a su alrededor flotando como un pedazo de tierra que se suelta del continente de la realidad…

Fue en ese momento, como un anhelo, que la canción quiso salir. No solo quería, ella necesitaba salir. Rápidamente, el agarró la guitarra y… la música no salió. Intentó varios acordes pero ninguno de ellos consiguió exprimir debidamente al alma de aquel instante. En otro momento tal vez, él pensó, un poco frustrado, dejando a un lado la guitarra. Y se volcó de un trago la bebida.  

*     *     *

Ya era de noche cuando Luca llegó al camping, un pequeño espacio arbolado cercano al río que la dueña del terreno, doña Zezé, una señora desquitada, alquilaba a campistas. Al lado estaban su casa, una pequeña posada y el restaurante, todo muy simple. Como no estaban en alta estación y tampoco era feriado, la posada estaba vacía y en el camping había solamente una carpa azul y ninguna más.

– Abajo de aquel mango es un lugar bueno para que te quedes, hace mucha sombra – le sugirió doña Zezé. – ¿Pero  antes no quieres comer algo? Te ves muy flaco.

– Yo vendré después, gracias.

En pocos minutos Luca armó la carpa y se cambió de ropa. Pocos pasos hacia el norte y estaría al borde de la ladera, el río a algunos metros allá abajo esperándolo para una zambullida. Mejor imposible. Pero la zambullida quedaría para el día siguiente, estaba muy cansado.

En el restaurante comió un sándwich con una gaseosa, charló un poco más con doña Zezé y conoció a sus dos hijos adolescentes, que vivían con ella y la ayudaban a administrar el negocio. Después volvió a la carpa y se acostó. Pero el  sueño no llegó rápidamente como él quería. La simplicidad y la belleza de aquel lugar, en vez de calmarlo, de repente le trajeron muchos pensamientos…

¿Por qué la vida no era más fácil de ser vivida?, él se indagó. En vez de eso, era necesario estar siempre atento para que la vida no escapara al control, siempre al acecho para que la mano traicionera del destino no se metiera en sus oportunidades de ser feliz. ¿Por qué?

Un continuado y angustioso esfuerzo de establecerse y ahorrar dinero – era a eso que se había resumido su vida. Cuando tenía dieciocho años y cursaba la facultad de Administración, se imaginaba que en seguida estaría en una situación tranquila, sen apremios económicos. Pero el futuro resultó distinto. Después de emplearse en una gráfica, abandonó la facultad y pasó a dedicarse más a la guitarra, un antiguo placer de la adolescencia. Tenía ahora veintiocho años y todo seguía difícil y trabado.

Dos años antes aún vivía con la madre, doña Gloria, y la hermana Celina, que era novia del baterista de su banda. El padre había fallecido cuando ellos eran bien chicos y la madre no se había casado otra vez. Ahora el empleo de gerente en la gráfica le aseguraba el alquiler de la kitchenette, en la cual vivía solo. Media docena de conciertos por mes lo ayudaban a mantener a duras penas el viejo volkswagen, a comprar comida, pagar las cuentas, tomar unos whiskys y listo, solamente eso. Los gastos eran medidos y contados y recontados en los más menudos detalles, un aprieto permanente. Doña Gloria ya se había dado por vencida en cuanto a aconsejar al hijo que intentara carrera pública y que se casara. Ser gerente de gráfica, decía él, era la máxima concesión que podía hacer. Y en cuanto al casamiento…

– No me cabe, mamá. El amor descontrola mucho a la vida de uno.

Se sentía muy cansado. La sensación era de que, a pesar de todos los esfuerzos de los últimos años, seguía andando en círculos, girando sobre el mismo punto, siempre girando, siempre…

Miró a la guitarra recostada al lado. Por lo menos había la música. Y la banda. Dos años antes había conocido a Junior Rível, que lo invitó a cantar en la banda que estaba armando. Inseguro, dudó en aceptar.

– No tienes en qué pensar, ciudadano – insistió Junior. – Mucho show, mucho whisky. ¡Y mucha mujer!

Argumento irresistible.

– Aceptado – respondió Luca, apretándole la mano al nuevo amigo. – Fiesta es lo que nos queda en esta vida.

– Opa. Eso puede resultar un blues.

Nacía así la amistad entre Luca y Junior Rível. Y nacía también la Bluz Neón. Fiesta es lo que nos queda – era el lema de la banda. Blues, rock e irreverencia en la noche de Fortaleza. Los caches eran parcos y muchas veces se presentaban gratis, pero el placer de tocar lo compensaba todo. Y para Luca, la Bluz Neón era el refugio perfecto, dónde podía esconderse de la claridad traicionera de los días. De noche él estaba salvado, todo bajo perfecto control. La noche sí, era segura, con sus bares, whiskys y amores bajo control.  Era como un sueño lindo. El único defecto era que al otro día él siempre tenía que despertarse.

Tus ojos se prenden en los neons
Es el frisson de bar en bar
Es necesario ser feliz, es urgente
Un romance caliente
Antes que el día nos recuerde
Que el sueño no resiste a la luz solar

*     *     *

Al día siguiente Luca se levantó tarde, sintiéndose todavía muy cansado. Había demorado bastante en adormecerse, envuelto en sus mil pensamientos. ¿Será que ni siquiera allí, en aquel paraíso, conseguiría relajarse de verdad?

Hacía una mañana de sol claro en Tibau del Sur. Luca se puso los lentes de sombra, salió de la carpa y fue hasta el restaurante de la posada a desayunar. Más tarde, después de un demorado baño en el río, él volvió al camping. Se sentía más bien dispuesto. ¿Cuál había sido la última vez en que se había sumergido en un río? Ni se acordaba. Pero necesitaba hacer aquello más veces.

Después de cambiarse de ropa, rumbeó hacia el restaurante para almorzar. Fue en ese momento que ella surgió.

– Hola…

Él se dio vuelta y vio a una muchacha. Era linda y parecía tener la misma edad que él. Usaba short jeans, camiseta y sandalias.

– Hola – él respondió, simpático.

– Soy tu vecina de carpa. Isadora.

– Un gusto. Luca.

– Luca… – ella repitió, probando el nombre en su boca. – Luca…

Ella se rió, manteniendo la mirada en él. Estás tan diferente…, pensó, notando su cuerpo flaco, el cabello despeinado, la cicatriz en la mejilla…

– ¿Estás solo?

– Ahora no estoy más.

– ¡Qué bueno! ¿Ya has almorzado?

– No. ¿Mi vecina me daría el gusto? – Él jugó a hacer un galanteo, como si se sacara un sombrero de la cabeza.

– Hummm… ¿Cómo rechazar?

En el restaurante, él sugirió un guisado de pescado y ella aceptó. Luca se dio cuenta de que ella tenía hermosos ojos color de miel. Notó también que ella lo miraba de manera rara y se sintió molesto. La cerveza llegó y él sugirió un brindis:

– A los encuentros.

– Encuentros, no – ella corrigió. – Reencuentros.

¿Reencuentros? Él no entendió, pero lo dejó así. Y tomó. Ella quiso saber de dónde él era y él respondió que vivía en Fortaleza.

– Fortaleza… Un día la conoceré. ¿Y vos, qué haces?

– Trabajo en una gráfica, pero mi tema es la música. Tengo una banda, la Bluz Neón.

– ¿Qué tocan ustedes?

– Blues, rock y lo que venga fútbol club.

– Debe estar bien bueno. Yo soy de San Pablo. ¿Conoces?

– No. Pero vos no tienes mucho acento.

– Es que he vivido en varios lugares cuando era chica. Tomé gusto por el viaje. ¿Me siento ciudadana del mundo, sabes?

– ¿No tienes miedo de viajar sola?

– Claro que no.

– Si necesitas, hay un cyber a la entrada de la ciudad.

– Ah, no, nada de computadora en este viaje. No traje ni siquiera el móvil.

– ¿En serio? ¿Por qué?

– Digamos que yo… necesito conectarme más conmigo misma.

– Entiendo – él respondió, sin estar seguro si realmente entendía. ¿Cómo alguien podía viajar sin llevar el teléfono móvil? – ¿Y que haces vos en San Pablo?

– Trabajaba en un banco. Pero pedí el despido para poder hacer este viaje. Hace un mes que viajo por la costa nordestina.

Bonita e interesante, Luca pensó, mientras tomaba un trago largo de cerveza. ¿Pero por qué lo miraba de aquella manera rara?

– ¿Te puedo preguntar algo, Isadora?

– Claro.

– ¿Por qué me miras así?

– Ahn… es que vos… vos me recuerdas a alguien.

– ¿Quién?

Ella giró el vaso entre los dedos, nerviosa.

– ¿Y vos, no tienes la impresión de que también me conoces?

– ¿Por qué? ¿Nosotros nos conocemos?

Ella se sonrió y otra vez no respondió. A Luca le pareció mejor no insistir, tal vez él la hiciera recordar a alguien que ella no quería recordar, sí, tal vez fuera eso.

– Nuestro guisado de pescado ha llegado – él avisó, indicando al chico que se acercaba con la bandeja.

Se sirvieron y comieron. Luca pidió otra cerveza, entusiasmado. Segundo día y un almuerzo con una hermosura de aquél nivel… Nada mal. Cervecita, carpas vecinas… Nada mal realmente.

– ¿Vos por casualidad ya has vivido en España, Luca?

– No. ¿Por qué?

– ¿Estás seguro?

– Claro. ¿Pero por qué? ¿Vos has vivido allá?

Y de nuevo ella no respondió. En vez de eso, se sonrió desconcertada y miró hacia afuera del restaurante. Él seguía intrigado. Ella lo confundía con el otro, debía ser eso. Pero que ella estaba era un encanto, eso sabía.

– ¿Y de aquí hacia adónde vas vos, Isadora?

– Por ahí. Sin planes.

– ¿Sin planes? Caramba, vos debes ser una persona bastante optimista.

– Pero claro. Al fin todo siempre resulta bien.

– Admiro esa tu confianza en la vida.

– ¿Y por qué yo tendría que desconfiar de ella?

– Por el simple hecho de que si no planificas y tomas precauciones, las cosas salen del control. ¿No te parece?

Ella se rió como si él hubiera contado un buen chiste y respondió:

– ¿Vos sabes cuándo empezamos a tener control sobre las cosas?

– No. Pero es el tipo de cosa que me gustaría muchísimo saber.

– Es cuando abdicamos de tener control sobre ellas.

Luca pensó un poco, tratando de comprender. Pero se dio por vencido.

– No entendí.

– Bueno… ¿Si no hay un intento de controlar, cómo las cosas van a salir del control?

– Ah… – Luca se rió, creyendo que era una broma. Pero en seguida se dio cuenta de que no era.

– ¿Hablas en serio?

– Claro que sí.

Lógica perfecta…, él pensó. Pero demasiado absurda para tomársela en serio. ¿Tus cosas, por ejemplo, de qué manera se arreglarían por sí mismas? El trabajo, la banda, el alquiler del departamento, el mantenimiento del coche… ¿Y los rollos amorosos? ¿Cómo todo eso se resolvería por sí mismo? No, definitivamente no era posible. La vida era un gran tropel y se necesitaba domarla todo el tiempo. Lo que Isadora proponía no era más que un simple romanticismo. Asimismo tenía que admitir que, viniendo de ella, aquellos absurdos en cierta medida tenían algún encanto…

Después del almuerzo tomaron un ómnibus y siguieron hacia Pipa, donde pasearon, conocieron las posadas y las pequeñas heladerías en la placilla. Isadora contó de las playas que conoció en aquellos días, cuanto se sentía en casa en todos los lugares y como se acercaba más de sí misma así, suelta por el mundo.

– ¿Y vos, Luca? ¿Te gusta viajar también?

– Me gusta. Pero no así como a vos.

– ¿Tienes miedo de perderte?

– Creo que me gusta más la seguridad de mi ciudad. Allá yo sé moverme bien.

– Entendí. ¿Y esa cicatriz ahí?

– Recuerdito de un paseo en balsa. Hicimos un blues para ella. ¿Quieres escucharlo?

Ella respondió que sí y él cantó:

Amar es un peligro
Solo yo sé lo que pasé
En ese abismo me dio vértigo
Y la angustia no se deshizo
No quiero el dolor de un bis más
Después solo queda la cicatriz
Solo no me pidas, baby
No me pidas que te ame

– ¿Has tenido un desencanto amoroso muy fuerte? – ella quiso saber.

– Tuve. Pero ya hace tiempo.

– Aún esos sufrimientos tienen su aspecto positivo.

– Evidente que lo tienen. Después de eso quedé vacunado.

– ¿Cómo así? ¿No quieres más amar otra vez?

– Prefiero no arriesgarme. Amar es un peligro.

– ¡Verdad! – Ella se rió. – El mejor peligro del mundo.

Luca se rió también. Pero no estaba de acuerdo, está claro.

*     *     *

Llegando al camping, de vuelta a Tibau del Sur, Luca le preguntó a Isadora si le gustaría tomar algo, él tenía un vino en la carpa, la noche estaba agradable…

– Necesito decirte algo, Luca.

– ¿Qué?

– Yo he soñado con vos.

– ¿Conmigo? ¿Cuándo?

– Hace seis meses.

– Pero nosotros ni siquiera nos conocíamos…

– Eras tú.

– ¿En serio? ¿Era yo mismo, así como me ves ahora?

– No, tu imagen no era muy nítida. Pero eras vos.

– No entiendo. ¿Cómo puede ser una cosa así?

– Misterios de la vida. ¿Y vos?

– ¿Yo, qué?

– ¿Nunca has soñado conmigo?

Me encantaría decirte que sí, hermosa… – él casi respondió.

– No.

Isadora se sonrió avergonzada, desengañada.

– En el sueño que yo tuve, vos me pedías que nos encontráramos en esta playa.

– ¿Estás realmente hablando en serio?

– Sí. Yo me acordé de todo cuando me desperté, solamente no sabía cual era la playa. Pero sabía que quedaba en esta zona. Y que había un río. Entonces, la semana pasada, cuando llegué a Tibau del Sur, sentí que sería acá que te encontraría.

¿Qué significaba aquello?, pensó Luca, rascándose la cicatriz en la mejilla, cada vez más intrigado. ¿Sería un piropo? Si fuera, entonces era bastante original.

– Me has dicho una cosa más en el sueño.

– ¿Qué?

– Que necesitaba ayudarte.

– ¿Ayudarme a qué?

– A saltar en el abismo.

– ¡¿Qué abismo?!

– No lo sé. Fuiste vos el que me lo dijo. Entonces acá estoy.

– Te juro que no sé de ningún abismo – él respondió. Y de repente se acordó… recordó vagamente un sueño… Había soñado con un abismo aquellos días. Sí, un abismo… oscuro… amenazador…

Coincidencia, él pensó, librándose del recuerdo incómodo. Solamente coincidencia.

– ¿Realmente no sabes? – ella preguntó de nuevo.

– Y aunque supiera, quiero distancia de abismos. No me gustan.

Él se quemaba las neuronas, buscando entender todo aquello… Ella debía estar jorobando, debía ser eso, una joda. O entonces era desquiciada. ¿Sería loca?

– Si vos realmente has venido de tan lejos debido a un sueño… ¿Entonces qué pasaría si yo no apareciera?

– Bueno… De hecho yo no quise pensar mucho en eso.

– Creo que deberías haber pensado.

– Y vos deberías haberte acordado de mí.

Él notó algún enojo en el tono de la frase. Isadora miraba hacia el cielo estrellado y retorcía las manos, impaciente.

– Disculpa, Luca, no quise ser grosera – ella dijo, dándose vuelta hacia él. – Es que yo… estoy confundida. Yo creía que vos… que vos también te acordarías.

– Fue solo un sueño, una coincidencia.

– No es puede haber sido solo eso – ella respondió, casi interrumpiéndolo. Y prosiguió susurrando, más para sí misma que para él: – No puede ser.

Luca se sentía medio perdido, sin saber qué deducir de todo aquello. ¿Cómo alguien podía soñar con una persona que no conoce y salir por ahí en búsqueda de ella, sin cualquier garantía de encontrarla? Eso era tan absurdo, tan inconcebible… Ella no podía estar hablando en serio. Pero tampoco parecía estar jugando. Había una sola explicación: era loca. Y con locos no se podía argumentar.

– ¿Escucha, por qué nosotros no nos olvidamos de ese tema y tomamos un vino? Te gusta…

– ¿Vos crees en vidas pasadas, Luca? – ella lo interrumpió.

– ¿Vidas pasadas? ¿Por qué?

– ¿Crees o no?

Él pensó rápido. No creía, evidente, imposible creer en esas bobadas. ¿Pero y si el éxito de la noche estuviera en manos de una buena respuesta?

– Depende.

– ¿De qué?

– Depende del día.

– Está bien. ¿Y cómo será tu día mañana?

– Mañana… Creo que es un buen día para creérselo todo.

– Bárbaro. Porque tengo una historia bien loca para contarte.

– ¿Por qué no me la cuentas hoy?

– Porque… – Ella pensó un poco. – Porque soy yo la que no está en un buen día para creer en todo.

Mientras él buscaba algo para decir, ella abrió la carpa y entró.

– Buenas noches, Luca.

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CAPÍTULO 2

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Desde el restaurant, mientras desayunaba, Luca observaba el camping al lado. La carpa azul estaba allá, en el mismo lugar, a algunos metros de la suya. Pero Isadora no estaba. Muchacha interesante…, pensó él. Interesante pero desafortunadamente loca. Aquellas ideas de llevarse la vida sin planes… ¿Entonces ella estaba allí porque había soñado con un tipo que no conocía y que debía encontrarlo en una playa en el Noreste? ¿Y el tipo era él? ¿Y aquella historia de saltar en el abismo? No. Era mucha locura.

Después del desayuno Luca tomó el sendero, rumbeando hacia el este, en dirección al mar. Cuando llegó a la ladera, el sol ya iba alto en el cielo, la pelota de fuego sobre el horizonte imponiéndose lentamente día adentro. Mientras admiraba el paisaje, él no pudo evitar compararse a él: la Naturaleza no hacía ninguna fuerza para ser lo que era, al paso que su vida era lo opuesto…

De repente los gritos de unos niños lo despertaron de sus devaneos. Ellos se divertían en el mar, surfeando en las olas con sus propios cuerpos. Luca quedó mirándolos, admirado de sus habilidades, los cuerpos vueltos tablas, desplazándose firmes en el agua. Se levantó y bajó la ladera, dispuesto a también divertirse con el mar. Cuando llegó, notó que las olas eran más grandes de lo que se imaginaba, pero aún así entró, eligiendo quedarse un poco alejado de los niños para no estorbarlos.

En la primer ola que se elevó adelante de él, le faltó valentía y él se zambulló para huir, casi siendo arrastrado por el reflujo. Se dio por vencido también en la segunda, con miedo. En la tercera, lo mismo. Empezó a considerarse ridículo.

Cuando la ola siguiente surgió, juró a sí mismo que no se daría por vencido y esperó su llegada. Ella vino y, cuando llegó, él se dejó levantar. La ola ganó más fuerza y de repente rompió. Al instante siguiente él se vio suelto en el aire y la inmensa masa de agua cayendo por encima de él. Luca perdió totalmente el control sobre el propio cuerpo y, sumergido, pasó a girar y girar, como un muñeco descoyuntado. En dado momento se golpeó la cabeza en la arena y quedó tan aturdido que ni siquiera sabía para que lado estaba el cielo.

De repente, cuando ya estaba agotado y respirando agua, todo se quedó silencioso y sin dolor. Parecía que no estaba más en el agua. Parecía estar fuera del tiempo. Entonces ella surgió exactamente adelante de él… una mujer de vestido blanco… Era linda, y lo miraba silenciosa y comprensiva. Supo instantáneamente que la conocía desde hacía mucho tiempo antes, tanto tiempo que sería inútil tratar de recordar. Ella le extendió la mano y él comprendió que si la aceptara, todo el sufrimiento se disiparía como una pesadilla de la cual uno se despierta. Todo lo que necesitaba era afirmar su mano, solamente eso…

Entonces sintió que lo agarraban por los cabellos. Se dio cuenta de que lo tironeaban hacia la superficie. Por un segundo pensó en protestar, en pedir para quedarse allí abajo, pero no tuvo fuerzas. Los niños lo llevaron hasta la arena, donde vomitó y de a poco mejoró. Ellos explicaron que él no debería zambullirse solo, que aquellas olas eran muy peligrosas. Luca les agradeció y se quedó allí, sentado en la arena, mientras los niños volvieron al mar y siguieron desafiando con naturalidad a las olas enormes. ¿Cómo conseguían controlarlas?

Cuando llegó al camping fue que realmente se dio cuenta de que casi había muerto, que mierda. Estaba vivo por un pelo. Entró en la carpa y se sentó, asustado, aún envuelto por las sensaciones. Se acordó de la alucinación, la mujer de blanco – ¿por qué ella le caía tan familiar? Y recordó también que, por un rápido instante, tuvo en sus manos la decisión de lo que pasaría, que podría intentar el último esfuerzo para salvarse o podría aceptar a la muerte.

No tuvo tiempo de decidirse. Pero… ¿y si realmente hubiera tenido la oportunidad de optar? ¿Seguiría luchando, debatiéndose y sufriendo hasta el último instante o se dejaría llevar, tranquilamente, para lejos del sufrimiento, junto con la mujer de blanco?

Se levantó, tratando de alejar la incomodidad que sentía. No le gustaban aquellas cosas, la muerte, el más allá… Mejor no contarle a nadie y olvidarse del tema. Entonces armó la reposera y agarró la guitarra. Un poco de música para ahuyentar al más allá.

*     *     *

Una luna menguante subía en el cielo de Tibau del Sur junto con las primeras estrellas. En frente a la carpa azul, una pequeña hoguera crepitaba, manteniendo alejado al frío de la noche. Sobre un mantel, Isadora arreglaba un plato con queso.

– Hace siglos que no hago un picnic – dijo Luca, llegando con el vino.

– Aprovecha que estás parado y guarda este libro, por favor.

– I Ching, el libro de las mutaciones… – él dijo, tomando el libro de sus manos y poniéndolo adentro de la carpa. – Ya he oído hablar.

– Es el oráculo del Taoísmo – ella respondió. – Funciona como un instrumento para que uno pueda investigar con la psicología, para captar los movimientos internos y armonizarlos con los del mundo.

– Muy místico para mi gusto.

– Uno se concentra en una indagación, mueve las varillas o las monedas, apunta los resultados y al fin lee el mensaje. Pero el objetivo de todo taoísta es un día no necesitar más un oráculo para conseguir captar los movimientos.

– Y para el que no cree, como yo, ¿funciona?

– Siempre funciona. Pero quizás vos no captes la esencia del mensaje.

Luca abrió el vino y lo sirvió.

– ¿A qué brindaremos? – él preguntó.

– A los movimientos que nos trajeron hasta esta hoguera.

– Bien.

Tocaron los vasos y tomaron. Él notó como ella estaba linda bajo la luz oscilante de la hoguera.

– ¿Y la historia que has dicho que me contarías?

Ella lo miró seria. En sus ojos Luca pudo ver el reflejo inquieto del fuego, la danza colorida de las llamaradas… En ese momento tuvo una sensación rara, un principio de vértigo. Se sintió tironeado hacia adentro de otro estado de ser, más liviano, más lejano…

– Hace dos años empecé a tener un sueño recurrente – ella empezó. – Era siempre el mismo lugar, en España, un pueblito chico… Parecía fin de la Edad Media, siglo dieciséis, por ahí. En el sueño había un niño jugando, pero yo nunca veía sus ojos. Ese sueño se repitió a lo largo de meses. Hice hipnosis con una terapeuta y las imágenes vinieron más fuertes. Ahí pude ver los ojos de la niña. Y me vi en ellos. Y me di cuenta de que aquella niña era yo.

– Mira que interesante – comentó Luca, tratando de no trasparecer su incredulidad con relación a aquellos temas.

– Vi varios hechos de la vida de esa niña pasando frente a mí, como en una película. No solo vi, yo viví. O mejor, reviví, sintiendo las sensaciones de la niña. No me acordé de todo, pero recordé muchas cosas de esa vida.

– ¿Cómo era la niña?

– Ella se llamaba Catarina. Era una adolescente pobre cuando se casó con un alemán y fue a vivir con él en Alemania. Él era un hombre rico y ella aprendió a ser una dama. Ella tenía todo para tener una vida tranquila y  cómoda, pero un día conoció a un misionero portugués y se enamoró perdidamente… Enrique era su nombre. Era jesuita y conocía a personas importantes, viajaba por muchos países, sabía otros idiomas. Y era medio brujo.

– ¿Cómo así?

– Pertenecía a un orden secreto, esas cosas. Usaba los sueños para saber lo que pasaba en la Corte, las tramas políticas de la Iglesia, entraba en el sueño de los demás… Él visitaba a Catarina en los sueños y juntos vivían experiencias en otros planes de la realidad, una cosa bien loca. Un día ella se escapó con Enrique. Pero algo resultó mal en la fuga y él desapareció.

– ¿Se murió?

– No sé. Porque en realidad Catarina nunca supo. Pero es una curiosidad que yo tengo. Es probable que haya sido preso o algo por el estilo. Catarina buscó por él durante años, de ciudad en ciudad, pero no lo encontró. Ni en los sueños él apareció más.

– Debe haber conseguido a otra.

– No. Él la amaba muchísimo.

– Esa cosa de amar demasiado nunca termina bien. ¿Pero y después?

– Ella… Bueno, ella enloqueció.

– ¿Se enloqueció? ¿De verdad?

Isadora demoró en responder. Luca notó que ella estaba emocionada.

– Sí, se volvió loca, de verdad. La falta de Enrique la consumió hasta el fin de la vida. Y ella falleció así, buscándolo.

Durante algún tiempo nadie dijo nada, y el silencio que se formó era como una sombra entre ellos. Luca tuvo ganas de preguntarle qué interés ella tenía en contarle aquella historia, pero sentía que no debía hacerlo, que era mejor quedarse quieto. En vez de eso, preguntó:

– ¿Vos realmente has recordado todo eso?

– Es más que recordar, Luca. Yo lo he vivido de nuevo.

– ¿Y vos crees has sido de hecho esa Catarina?

– Yo no creo. Yo he sido.

 Isadora miró hacia la hoguera. Cogió algunas piedritas y las arrojó a las llamas.

– ¿Y vos, Luca? ¿Esa historia no te dice nada?

– No creo en reencarnación.

– ¿Y el brujo portugués?

– ¿Qué pasa con él?

Ella siguió tirando piedritas a la hoguera. Luca abrió la boca para repetir la pregunta cuando se le ocurrió otra idea.

– Esperá. ¿Vos no estás creyendo que yo soy ese Enrique, no?

Ella no respondió.

– ¿En aquel sueño tuyo, yo he dicho eso, que fui Enrique?

– No. Pero yo lo reconocí a Enrique en vos. – Ella dio vuelta la cara, mirándolo tranquilamente a los ojos.

Luca se rió, avergonzado.

– Fue después de ese sueño que decidí abandonarlo todo. Y me vine en búsqueda de vos.

Él simplemente no sabía qué decir.

– Solo sé que hay algo que está equivocado… – ella dijo, esforzándose por sonreír. – Tendrías que acordarte también.

Él respiró hondo, tratando de organizar las ideas. ¿Entonces aquella mujer había abandonado todo para encontrar a alguien de otro tiempo, de otra vida, que ella ahora buscaba en ésta vida, viajando por las playas del Noreste? ¿Y ella creía que él era ese tal alguien? Finalmente estaba explicada la conducta rara della, las insinuaciones… Pero aquello era una locura, una completa locura. Y era como una niebla que lo abarcaba…

– Isadora, tengo una sugerencia – él dijo de repente. Necesitaba alejarse de aquel tema – ¿Vamos a escuchar música? Yo traje la guitarra.

Ella hizo un ademán asintiendo con la cabeza. Él se levantó, avisó que antes iría hasta el baño y salió, rumbeando hacia el restaurante. Cuando volvió, Isadora no estaba más allá. Él miró hacia la carpa azul cerrada y suspiró, desanimado.

*     *     *

Luca abrió un ojo, después el otro y finalmente los dos juntos. Todavía estaba oscuro y hacía un poco de frío. Se acomodó bajo la sábana, recordando la noche anterior, las locuras de Isadora, su tal vida en España, Catarina, el brujo portugués… La insania tenía ojos color de miel.

De sopetón, escuchó su nombre. La voz de Isadora. Se levantó y, envuelto en la sábana, abrió la carpa. Ahora ya era de día y llovía finito.

– Servicio de despertador para el señor Luca de Luz Neón. Mediodía.

Isadora se sonreía adelante de él. Estaba aún más bella…

– ¿Mediodía? Caramba, dormí demasiado.

– Ven.

– ¿Para adónde?

– A pasear.

– ¿Con esa lluvia ahí?

– Claro. ¿Hace cuánto tiempo que vos no juegas en la lluvia?

Él se frotó los ojos, pensando en la capacidad que ella tenía de decir ciertas cosas como si fueran las más simples y lógicas del mundo.

Minutos después seguían caminando lado a lado por la pequeña ruta de arena. La lluvia caía liviana, formando charcos y desparramando por el aire una frescura relajante. En poco tiempo estaban empapados.

– Si yo llego engripado a la gráfica va a ser una cagada.

– Olvídate solo por un momento de que te puedes enfermar.

– Y yo no he comido nada aún. Me parece mejor…

Pero ella ya salía corriendo adelante de él. Luca apuró el paso, descoyuntado, el agua resbalando por la cara. Isadora ya había desaparecido en la curva. Él empezó a correr y una chancleta se le atascó en el charco de barro.

– ¡Isadora, espérame!

Entonces, de repente, él se acordó de un día… hacía mucho tiempo… una noche… Y paró de correr, tomado por la inquietante sensación de ya haber vivido aquel momento antes, en algún tiempo lejano, ¿cuándo? Un déjà vu. Isadora desapareciendo en la lluvia, desapareciendo… las gotas en los ojos, un trueno haciendo eco… él allí estancado, jadeando, ella desapareciendo, él gritando su nombre… ¿Dónde había vivido aquella misma escena, y cuándo, en qué imposible tiempo?

Siguió allí, parado bajo la lluvia, absorbido por la misteriosa sensación. Pero fue por poco tiempo, pues en seguida lo dominó un angustioso presentimiento de que si no corriera, aquella mujer desaparecería de su vida una vez más.

¿Una vez más?

*     *     *

Aún caía un resto de lluvia cuando la noche bajó en Tibau del Sur. En el restaurante de la posada, Luca e Isadora tomaban un caldo de pescado, él saboreando cada pedazo de aquel delicioso momento: el gusto del caldo, la lluvia, la musiquita en la radio… Luca sentía la cabeza flotando liviana y los pensamientos vagando sin criterios. Por primera vez en aquel viaje se sentía verdaderamente relajado. Los problemas que lo esperaban en Fortaleza ahora pertenecían a una realidad lejana, y la realidad en la cual estaba en aquel momento era hecha de cosas tan simples…

Él miró a Isadora a su frente, entretenida en su plato, y se admiró de como ella combinaba con el momento, la lluvia que caía allá afuera, la simplicidad del lugar… Isadora parecía vivir en otro nivel de penetración de las cosas, que él no alcanzaba. Ella percibía la esencia de las cosas con naturalidad, mientras él necesitaba muchísimo esfuerzo para… ser simple.

¿Qué hora era? Quizás algo entre seis y siete, él calculó mentalmente. U ocho y nueve. Podría preguntar, pero no, no quería saber del tiempo, el tiempo ya no importaba, estar con Isadora era como estar fuera de él.

Ella lo había arrancado de su sueño y lo había llevado a conocer las delicias de una tarde lluviosa, un viejo placer olvidado de infancia. Corrieron por la ruta, tomaron aguardiente y miraron la lluvia bajo techos de paja. Se rieron de chistes viejos y comieron choclo asado. Y ahora estaban allí, tomando caldo de pescado. Un día perfecto. Como todos los días deberían ser.

– Disculpa por ayer, Luca. No quería que te quedaras molesto con aquella historia que te conté.

– ¿Vos realmente has soñado conmigo? – él preguntó, dividido entre la curiosidad y el temor de retomar aquellos temas.

– ¿Podemos hablar de otra cosa?

– Claro que sí.

Él se sintió aliviado. De hecho era mejor no hablar de aquello. Había algo allí que lo molestaba bastante, algo que él no sabía precisar.

– Entonces hablame sobre el Taoísmo, he quedado curioso. ¿Es una religión antigua, no?

– Tiene unos cinco mil años. Está el lado religioso, pero prefiero el filosófico.

– ¿Y cómo es?

– No te lo contaré.

– ¿Por qué?

– Te reirás.

– Te prometo que no me reiré.

– Ah, pensándolo bien, es para reírse mismo.

– No me reiré, te lo juro.

– Filosóficamente hablando, el Taoísmo es un modo intuitivo de entender a la realidad. Un modo que el sujeto occidental, con toda su lógica científica, no consigue entender. Genera un nudo en el pensamiento.

– ¿Cómo sería un modo intuitivo de entender a la realidad?

– Captar los movimientos naturales de la vida para actuar en armonía con ellos. Es eso lo que el Taoísmo enseña.

– ¿Entonces un taoísta es alguien vinculado a la Naturaleza?

– Es alguien conectado con el Tao, o sea, con él mismo y con la Naturaleza, con las verdades simples y naturales. El Tao es la unicidad de todo lo que existe, de lo que vincula a todas las cosas y también enlaza el yo al todo. Si vos te armonizas con el Tao, queda más simple vivir. Aún viviendo en el ritmo loco de la ciudad grande, es posible mantenerse vinculado con la mente de la Naturaleza.

– ¿Mente de la Naturaleza? ¿Vos has fumado algo?

– No – ella respondió, riéndose. – Déjame ver si consigo explicarte. La Naturaleza es la vida, y la vida tiene sus movimientos, sus estaciones. Es esa conexión con lo natural que guía al taoísta por entre todo el caos. ¿Sabes cuando uno se aferra demasiado a una cosa? Eso es antinatural. Porque aquella cosa se transforma todo el tiempo y uno sigue aferrado a algo que no existe más. Lo que no cambia, se pudre. Ese dinamismo también es el Tao.

– ¿El Tao sería un dios?

– El Tao no es una entidad personalizada como los dioses de las religiones. Es algo impersonal, que no tiene voluntad ni tiene moral. El Tao ya es la propia acción de la vida, el flujo natural de la realidad.

– No sé si he entendido.

– Es porque no se puede explicar el Tao. Solo se puede intuirlo.

– Es más, sinceramente, no tengo idea de lo que hay para entender en eso.

– Quien pregunta sobre el Tao no se lo imagina. Y quien responde no lo conoce.

– Estar en armonía con las cosas… Eso me huele a una cierta pasividad, ¿no?

– Al revés. Captar el flujo del Tao es un trabajo interno difícil, una alquimia interior. Pero después que uno consigue, se ajusta a las fuerzas naturales de la vida y se torna uno con todo lo que existe.

– ¿Y si yo quiero ir contra el Tao?

– Vivirás cansado.

Vivir cansado… Luca escuchó el eco de aquellas incómodas palabras.

– Quien es uno con el Tao no necesita hacer nada. Y, aún así… nada deja por hacer.

– Pero eso es contradictorio.

– ¿Yo no te he dicho? Da un nudo en el pensamiento.

– ¿Tao tiene traducción?

– El ideograma chino que corresponde al Tao está hecho de pie más cabeza. El camino, el sentido.

– Para mí está más parecido con “sin pies ni cabeza”… – él dijo y se rió. – Ops, perdón.

– No pasa nada, puedes reírte – ella dijo, riéndose también. – Si no hubieran carcajadas, no sería el Tao.

Él terminó de tomar el caldo y se quedó mirándola, deleitándose con lo que veía: los ojos color de miel, el cabello mojado, la boca bien redonda, los senos insinuándose por abajo de la remera… y loca, deliciosamente loca.

De repente ella levantó la cara y su mirada interceptó la suya. Él se sintió pillado en flagrante en su deseo sexual.

– ¿En qué piensas, Luca de Luz Neón?

– Ahn… nada.

– Yo sé. ¿Quieres que yo te lo cuente?

Él asintió con la cabeza. Ella tomó la última cucharada del caldo, se limpió la boca y dijo, naturalmente:

– En mis pechos.

Él no pudo creer en lo que escuchó.

– Y, si quieres saberlo, a mí me está en-can-tan-do…

De primera, le vino una cara de idiota. Después fueron las manos, apretándose sobre la mesa. Después las bocas, el beso ávido, el impostergable encuentro de las lenguas. Después la cuenta que se pagó con urgencia, gracias, puede quedarse con el cambio, el último trago apurado de cerveza, el camino de vuelta hacia la carpa, corriendo, bajo la lluvia…

Llegaron jadeantes y embarrados. Entraron en la carpa del y se arrodillaron uno frente al otro. Ella suspendió la remera, mostrándole los senos, y susurró:

– Ven.

Él se lanzó sobre los pechos de aquella mujer con todas las manos y bocas y lenguas que poseía, como si fueran mangos maduros y suculentos y él un miserable hambriento.  Ella agarró su cabeza y lo tironeó hacia sí, mientras se arrancaban lo que tuvieran de ropa y rodaban, casi tirando abajo la carpa. Después ella se puso por arriba, apresó sus brazos y lo cabalgó, subiendo y bajando, subiendo y bajando…

Luca cerró los ojos, en éxtasis. Se sentía envuelto por las sensaciones de una forma como nunca antes había sentido. La mirada medio hipnótica de Isadora, la suavidad de la piel, el olor rico, el sonido musical de sus gemidos, el sabor irresistible de su beso… Todo en ella era muy bueno, ¿cómo podía ser tan bueno? Y todo lo abarcaba de tal manera que por primera vez él hacía el sexo sin pensar exactamente en lo que hacía. En vez de racionalizar, simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones… la sensación de compartir su cuerpo… la sensación de que algo lo tragaba… en succiones continuadas… ritmadas… lo tragaba…

De repente, la explosión. En un segundo sus pedazos fueron lanzados hacia todos lados en una velocidad impensable, millones de fragmentos expelidos hacia el Cosmos sin fin. Entonces, débil de tanto esfuerzo, sintió que dejaba de existir, lentamente, disminuyendo, apagándose, muriéndose… Para siempre.

*     *     *

Primero un ojo. Después el otro. Luca se movió bajo la sábana, acordándose de Isadora, el paseo en la lluvia, el sexo en la carpa… La relación más loca y más maravillosa de toda su vida.

Entonces miró hacia el costado y no vio a Isadora. Tuvo una corazonada rara. Se levantó rápidamente y salió. Y allá afuera, bajo la luz clara del día, no vio la carpa azul, ni una señal de ella. Se quedó quieto, sin saber qué concluir.  Otra vez sintió el vértigo, una sensación rara de estar resbalándose hacia adentro de un sueño… Por un instante se vio tomado por un miedo terrible de que Isadora jamás hubiera existido.

Se puso los lentes de sombra, corrió hasta el restaurante y allá preguntó por la muchacha de la carpa azul. Ella ya se había ido, respondió uno de los hijos de doña Zezé. Él se sentó, triste por no estar con Isadora, pero aliviado por constatar que ella realmente existía, que todo había ocurrido de verdad. Pidió un café fuerte y se fue a sentar a la entrada del restaurante. Mientras tomaba el café, miró hacia el camping, hacia la carpa azul que no estaba más allá, y de repente la ausencia de Isadora era un inmenso y eterno vacío en su alma. Que rara sensación… ¿Cómo era posible que algo que tres días antes ni siquiera existía pudiera ahora llenar su ser de un vacío sin fin?

Cuando llegó de vuelta a la carpa fue que notó el papel doblado sobre la sábana:

Te he encontrado. Ahora no hay más vuelta. Salta en el abismo.

Una hora después, luego de haber desarmado la carpa y pagar su cuenta, él caminaba por la rutita de arena hacia la calle donde tomaría el ómnibus que lo llevaría hasta Natal, donde tomaría otro ómnibus hacia Fortaleza. En ese instante, una pequeña víbora marrón surgió adelante de él, cruzando lentamente el caminito. Él estancó y retrocedió un paso. No le gustaban las víboras, ellas le recordaban a la muerte, la muerte que casi lo había llevado en el mar de Tibau del Sur. La víbora también paró y por algunos segundos se quedó allí, mirándolo. Y después siguió su camino, desapareciendo adentro del monte. Luca se aseguró de que no había peligro y siguió, imaginándose la pesadilla que sería despertarse de noche con una víbora adentro de la carpa.

– Pero sería mucho peor despertarse adentro de la víbora… – chistó.

En el ómnibus, él leyó el billete por décima vez. Saltar en el abismo. ¿Qué abismo?

.

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CAPÍTULO 3

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La agenda de la semana estaba estimulante. El jueves la Bluz Neón haría un show en el Papalegua, un bar famoso en el barrio de la bohemia Playa de Iracema. El viernes sería el cumpleaños de Balu, el tecladista de la banda. Y el sábado la Bluz Neón tocaría en un festival de rock en la playa del Cumbuco, a media hora de la ciudad. Para Luca serían buenas oportunidades de refugiarse bajo la manta generosa de la noche y olvidar que el día lo esperaba al otro lado.

– Tengo el honor de presentar… – Carlito, el dueño del Papalegua, anunció. – Junior en la guitarra eléctrica, Ranieri en el contrabajo, Balu en los teclados, Ninon en la batería, Luca en la voz y en la guitarra.

– ¡Y en el whisky! – gritó alguien desde la platea.

– Con ustedes, nuestra atracción de todos los jueves… ¡Bluz Neón!

Todos en el tablado, Luca cumplió el viejo ritual: volcó una medida de whisky y después saludó al público.

– Buenas noches. Fiesta es lo que nos queda.

Hicieron, como siempre, un show bastante alegre, tocando las músicas propias y algunos clásicos del rock y del blues. Luca rindió homenaje a la Playa de Iracema, habló de sus chicas lindas, de los personajes folclóricos del barrio y de la magia que se desparramaba por las calles como olor de mar. Bajó del tablado y cantó sentado en una mesa de muchachas, tomando en sus vasos. Al fin anunció que estaba a la venta el CD demo, grabado durante un show en Canoa Quebrada. Finalizaron, como siempre lo hacían, con el Ombligo Blues, cuando llamaban al tablado a las muchachas que estuvieran con el ombligo a la muestra y todos bailaban en una divertida mezcla de blues con baião. Fiesta es lo que nos queda.

Después de la presentación, volviendo al camerino, Luca paró frente a la barra y pidió un whisky doble. Tomó un trago y canturreó el rock que estaba componiendo.

En la barra hay un lugar
Para el que no sabe donde ir

En ese momento se acordó de Isadora… Isadora y sus besos, sus pechos, su locura. Aquellas charlas sobre Tao, sueños, abismos, vidas pasadas… Tres días con ella y ahora tres semanas sin idea sobre adonde podría estar. ¿Será que aún la vería otra vez?

– Hola, Luca.

Él se asustó y se dio vuelta, buscando a la dueña de la voz. Y dio de frente con una chica. Tenía el cabello rojo y estaba sentada al lado de la barra. Ella sonreía y decía que era aficionada por la banda, tenía el CD grabado en Canoa Quebrada, ¿será que lo podría autografiar?

Claro que sí, respondió Luca, despidiéndose del recuerdo de Isadora y pidiendo una lapiceraal barman. La muchacha era simpática, él notó, y tenía una facha deliciosa de traviesa. Pero, caramba, debía tener unos dieciséis años, ¿cómo dejaban que aquellas nínfulas entraran allí?

Fiesta es lo que nos queda
Y yo estoy con prisa, baby

Él tomó un trago largo, sintiendo el líquido bajar por la garganta, ah, el bendito ardor, la frontera prohibida de la noche… Aquella era la entrada en el nivel siguiente de la realidad, donde todo podía pasar.

– ¿Te gusta el whisky? – él preguntó.

– Me encaaanta.

Luca tomó un trago más del whisky, tironeó rápidamente a la chica por las caderas y la besó en la boca, pasando despacio la bebida de su boca a la de la muchacha.

– Putaqueloparió… – ella murmuró después, todavía sorprendida. – ¡Fue el beso más embriagador de mi vida!

Una hora después, mientras Angela Ro-Ro cantaba Mares de España en el living del departamento de Luca, la chica prendió un porro mientras él por segunda vez bajaba el volumen del aparato de música.

– ¡Ah, che, tranqui! ¡Fiesta es lo que nos queda! – ella protestó, pasándole el cigarrillo.

– Me parece lo mismo. Pero hay un vecino que no está de acuerdo conmigo.

– Entonces cántame un blues, dale…

– Mira, linda, ya canto demasiado blues en la banda.

– ¡Entonces pondré el CD para que lo escuchemos!

Él pensó en encender un incienso pero no encontró la cajilla. ¿Cómo había conseguido perderla si estaba con ella hacía un minuto? Abrió otra cerveza y se divirtió oyendo a la chica cantar las músicas de la Bluz Neón, sabía todas de memoria, hasta los comentarios de las pausas, increible. ¿La banda no necesita una cantante pelirroja?, ella preguntó. Pelirroja, rubia, morocha…, él respondió, riéndose. ¿Adónde miércoles estaba el incienso? Ella puso a tocar otra vez la primera música y él se fue a sentar en el sillón. Pero erró el cálculo y se cayó en el piso, derramando la cerveza.

– Caramba… creo que la limpiadora ha cambiado el sillón de lugar.

Él se rió del propio chiste y salió bambaleando para agarrar un trapo de piso. A la vuelta se resbaló en la cerveza derramada y casi cayó de nuevo.

– ¿Caramba, qué es eso, un complot?

Después de secar el piso, se sentó en el sillón y le hizo una seña a la chica para que se sentara a su lado. Quiero estar cerca de tu famoso obligo blues, ella dijo. Él se rio y suspendió la camisa, mostrándole el ombligo. Ella se sonrió, pasó la lengua de forma provocadora entre los labios y se fue a arrodillar entre sus piernas.

– Eh, psiu… ¿Cuántos años vos…

– Yo ya te he dicho, Luca.

Ella le besó el ombligo y le hizo cosquillas con el piercing de la lengua. Después abrió el cierre de los pantalones.

– ¿En serio me lo has dicho? Entonces me he olvidado.

– Dieciocho.

– Ah… claro… – Él estiró el brazo en búsqueda de la lata de cerveza pero no la encontró. Definitivamente los objetos estaban de joda con él. – ¿Qué tal dieciséis?

– Está bien, Tribunal de Menores. Diecisiete y medio.

La lata estaba en el piso. ¿Cómo había ido a parar allá? Aquél piercing en su lengua, era raro… Pero era bueno.

– Me parece que no te creo.

Arrodillada entre sus piernas, ella interrumpió los cariños y levantó la cara, medio sonriéndose, medio impaciente. Se puso el cabello detrás de las orejas y lo encaró:

– Última oferta, Luca. Diecisiete. ¿Vas a querer o no?

– Cerrado.

Él tomó otro trago, tendido en el sillón. Y se sintió relajar… El living era una penumbra agradable y la chica estaba otra vez absorta en sus cariños, entre sus piernas, el cabello como una cortina roja adelante de la cara. La verdad, pensándolo bien, no seria mala idea tener unas cantantes en la banda. Pondrían anuncios en el periódico, banda muy cercana al estrellato busca cantantes de la nata, tratar con Luca por la noche… Alejó la cortina roja a un lado y surgió su ojito azulado, sonriéndole. No recordaba que ella tenía ojos azules…  No, mujer en la banda no resultaría bien. Mejor dejar a las muchachas como estaban, en la platea. Y por detrás de las cortinas. Por detrás de las cortinas… de las cortinas…

¡Tchum! De repente se dio cuenta. ¿Adónde estaba? ¿Qué hora era? Estaba muy borracho, que mierda. Por la ventana entraba un poco de la claridad de la calle. Adelante, unas lucecitas verdes… piscando… diciendo que allí había un… aparato de música…

¡En casa! Evidente, estaba en casa. En el living de su departamento, en el sillón, claro. Luca suspiró, ufa, que alivio. Solo un principio de quedar en blanco, todo bien, ya pasó. Mucho trago, estómago vacío. Y aquellas dos allí, arrodilladas en el piso, entre sus piernas…

¡¿Dos?! Él se refregó los ojos, intrigado. Trató de recordar… Una era la pelirrojita del bar, aficionada de la banda. ¿Pero, y la otra? No tenía la menor idea. ¿La vecina de abajo, tal vez? Trató de fijar la mirada pero no la reconoció. Quizás amiga de la pelirrojita. ¿Quién le había abierto la puerta para que entrara?

Finalmente entendió: estaba tan loco que veía todo en duplicado. Y reventó en carcajadas. Sexo con dos mujeres era un deleite, pero no exactamente de aquella forma…

La chica suspendió los cariños y preguntó si él estaba realmente con ganas.

– Espera un poquito, chiquita… – Él se acomodó en el sillón, riéndose de la propia alucinación. – Tu nombre... ¿cómo es?

– Ah, no, Luca. No te lo digo más.

– Bien… yo no quería asustarte pero… hay otra mina ahí a tu lado.

Y volvió a reírse. Aquello era la cosa más graciosa del mundo.

– Es mi hermana melliza. – Ella se sonrió descontenta. – ¿Tú también podés verla?

– ¿Cómo?

– Ella se murió cuando yo era chica. De vez en cuando aparece.

Luca paró de reírse. ¿Hermana melliza? ¿Muerta? ¿Aquello era en serio, de hecho? Miró una vez más hacia las dos mujeres arrodilladas entre sus piernas y se sintió molesto.

– Basta no darle corte que ella se va.

Ah, no. Tener relaciones con espíritus ya era demasiado rock´n´roll.

– Perdón… – él dijo, alejándole la cabeza de su falda. Luego se levantó y se subió los pantalones. – Hoy la cosa está complicada.

Fue a la cocina y abrió la heladera. Todavía había una cerveza, por lo menos eso. Hay días que no están buenos. Debía de hecho haber quedado en el bar con los pibes.

Cuando volvió al living, ellas miraban la ciudad, los cuerpos desnudos recostados a la ventana, displicentes, ambas en la misma posición. Por un instante los admiró, tan bellos e incitadores. Todavía pensó en reconsiderar la decisión… pero no. Pedofilia astral no era joda.

– ¿Puedo dormir acá, Luca?

– Ahn… Mejor las dejo en la casa de ustedes. Vamos.

Media hora después él paró el coche en frente al edificio de las hermanas.

– No es por mal que mi hermana hace eso, Luca.

– Todo bien.

– No sabía que vos eras sensitivo.

– ¿Yo?

– ¿Nos vemos de nuevo?

– Si tu hermana lo permite…

Él esperó que ellas entraran en el edificio y prendió el volkswagen. Y salió, viendo las primeras luces del viernes por encima de la ciudad. Y lamentó. Como siempre, la claridad entrometida del día disipando la magia de la noche.

A las ocho tenía que estar en la gráfica. Daba para dormir una horita. Hermana melliza del más allá… Mejor ni contar, de cualquier forma nadie se lo creería.

*     *     *

‒ ¡Levantate, Grand Tigre! ¡Son las tres!

Una voz femenina… viniendo de lejos…

Luca abrió los ojos despacio, reconociendo el cuarto. De a poco, se sintió conectar con aquella súbita realidad. Sábado… ¿O sería viernes? No, sábado mismo, tres de la tarde… show de noche en la playa del Cumbuco…

– ¡Luz quemada, lavatorio atascado! ¿Y ese espejo roto? ¡Uno se vuelve un monstruo mirándose en él! ¿Por qué no tomas el caché de hoy y arreglas ese cuarto de baño, qué tal?

– Habla más bajo, Sonita, por favor…

Él se tapó la cabeza con la almohada, protegiéndose de aquella tormenta sonora. Que mierda, debía ser prohibido despertar a un ser humano así, principalmente si el ser humano se hubiera ido a dormir al mediodía…

– ¿Has visto a mi otro par de botas por ahí, Gran Tigre?

Se levantó aún grogui, una sed asombrosa rompiéndole la garganta. Fue hasta la cocina para tomar agua pero se acordó de Jim Morrison, despertarse y agarrar en seguida una cerveza, porque el futuro es incierto y el fin estará siempre por cerca…

Mientras Sonita se calzaba sus botas negras con tacos, él se sentó al borde de la cama, dio un buen trago de cerveza y se puso a admirarla. Sonita… Bonita, estaba muy buena, pero era absolutamente disparatada, un caso para llamar a la policía. Cuerpo musculoso de profesora de gimnasia, enviciada en academia y anfetamina, daba clases incluso los domingos. Tenía también otro vicio: el sexo. Con mucho alcohol, escándalos y arañazos. De familia rica, aparecía a menudo en los periódicos como gente de bien, pero le parecía estimulante cazar roqueros melenudos en el submundo alternativo. Cuando él la veía en la platea de los shows de la banda, ya sabía el guión de la noche: se tomarían todas, ella haría hincapié y pagaría todo y después lo llevaría a un cinco estrellas de la rambla donde él le retazaría la ropa, dejándola solamente con las botas negras, y harían el sexo como dos bichos alucinados, en el piso, en la ventana, en la mesada de la cocina, y ella de mañana se iría directamente hacia la academia, sin dormir. O podría ser el guión B: ella tomaría demasiado y resultaría mal, echando a perder la noche.

En la fiesta de cumpleaños de Balu, la noche anterior, ella había aparecido usando un vestidito corto y las famosas botas negras, que siempre usaba cuando estaba mal intencionada. Él piropeaba al pedo con una amiga de Ninon, hasta estaba interesado en la mina… pero, hummm, aquella mirada que él ya sabía, aquellas botas, ¿cómo resistirle?

Una hora después Balu abrió un whisky y sirvió a todos. Después puso a tocar su compilación Blues de Balu Volumen 9 y armó un cigarrillo natural, haciendo con que la fiesta enganchara la quinta marcha. A las siete de la mañana Iana, la novia de Balu, tuvo que golpear a la puerta del baño para avisar a los dos zarpaditos que todos ya se habían ido.

– ¡¿Ah, qué pasa?! – Sonita argumentó desde allá adentro. – ¡Hoy es viernes!

– Ni pensar – Iana discordó, paciente. – Ya es sábado.

La puerta se abrió y surgió Luca, la camisa abierta, el cabello todo desordenado.

– El mañana solo llega cuando uno se despierta – él filosofó, solemne.

Luca sirvió una medida más, tomó la mitad y Sonita tomó la otra. Entonces se despidieron y alargaron la noche rumbo al Roque Santeiro, un tugurio en el barrio de Mucuripe que tenía el caldo de carne y la cerveza ideales para finalizar las noches sin fin, al ritmo de Genival Santos, Diana y Odair José. Sonita iba bien, hasta el momento en que se empecinó en creer que una muchacha piropeaba a Luca y se le lanzó encima, tirándola al piso junto con las botellas de cerveza. Ahí no hubo más ambiente y se tuvieron que ir. Típico guión B.

– Aquella de ayer en el baño de la casa de Balu no valió, ¿has entendido, Gran Tigre? Vos no conseguías ni quedar parado.

Luca tomó un trago más de cerveza y siguió admirándola. Los muslos musculosos, la marca del traje de baño minúsculo, los senos pequeños… Ella estaba parada, al lado de la cama, desnuda y deliciosa. Con las botas negras.

– Te atrasarás para la clase, profesora…

– Hay tiempo.

Instantes después, mientras era lentamente penetrada por Luca, ella estiró el brazo, agarró el móvil en la cartera, digitó, erró, digitó de nuevo y, de ojos cerrados y hablando  pausadamente, le explicó a la secretaria de la academia que llamara al profesor substituto pues… había ocurrido un… un… solo un momento… ay… un pequeño imprevisto… sí, imprevisto… solo un momento… hummm… y solo podría dar la clase de las… ay… de las cinco.

*     *     *

Luca agarró una lapicera y, mientras los otros afinaban los instrumentos, se sentó en un rincón del camerino y se puso a garabatear en un papel de servilleta.

– Salió del horno ahora, Junior – él dijo. Y canturreó para que el amigo escuchara.

En la barra hay un lugar
Para el que no sabe adonde ir
Fiesta es lo que nos queda
Y yo estoy apurado, baby
Una medida ahora, ya
Necesito tomar para manejarme

– Me gustó. Pero no te entusiasmes que el repertorio de hoy ya está cerrado, ¿viste, che?

– Lo prometo.

Minutos después Ninon golpeó el bombo de la batería y Luca entró en el tablado. De allí de arriba él podía ver a la platea desparramada por la arena de la playa, el mar al lado derecho, la luna imponente en el cielo… Él se dio vuelta la medida de whisky y tomó el micrófono:

– Buenas noches.

– ¡Buenas noches! – respondieron algunas chicas cercanas al tablado.

– Fiesta…

– ¡Es lo que nos queda! – ellas completaron, entusiasmadas.

El show transcurrió normal. Pero al fin, luego del tradicional Ombligo Blues, Luca sacó una servilleta del bolsillo y anunció, la voz afónica por los excesos de los últimos días:

– Esa se llama Una Dosis Ahora. Todavía no está ensayada. Los pibes me van a estrangular allá en el camerino, pero, carajo, nosotros estamos en la playa, esa luna…

Él agarró la guitarra, se sentó en el taburete, punteó un poco y paró. Le dio la indicación a Ninon, en la batería, para que empezara. Los otros menearon la cabeza, resignados, y acompañaron. La música salió pésima, evidente. Pero había un grupo de muchachas entusiasmadas y ruidosas frente al tablado y ellas aplaudieron y gritaron tanto que felizmente nadie le dedicó mucha atención a la música.

Terminada la presentación, Ranieri apareció en el camerino con una de las entusiasmadas, la cual dijo que le había encantado el show y que tenía unas amigas que querían mucho conocer a los tipos de la Bluz Neón.

– ¿A los neons solteros, no, mija?… – corrigió Celina, tironeando al novio Ninon por el brazo. – ¡Nosotros ya nos vamos para la playa! Y vos también, Balu, porque es hora de que los casados duerman.

Una docena de cervezas después allá estaban los neons solteros con las nuevas amigas en la arena de la playa. La luna del Cumbuco, el viento en las palmeras, el reventar de las olas, todos hablando al mismo tiempo. Junior en la guitarra a la cual le faltaba una cuerda, Ranieri en la latita de cerveza abollada y Luca en la casi voz. Más músicas, más cerveza.  ¿Alguien tiene hojilla? Ah, Junior, toca aquella, dale. ¿Fumar acá no resultará mal? Nos van a multar por exceso de placer. A ver si nos consigues unas entradas gratis para el Papalegua, dale. ¿Ésta cerveza es la mía? El ombligo más hermoso es el de Ranieri. Bañarse en el mar de noche no hace mal. No hace mal… hace mal…

¡Tchum! De repente Luca dio por sí. A la vuelta, todo oscuro. Un calor abrasador. Estaba en una sauna.  No, no, en una cama. ¿Pero adónde? Y bajo su cuerpo sudado había una… una mujer. Entraba y salía de adentro de la mujer con violencia y ella decía cosas que él no entendía. Se asustó. Simplemente no sabía quién era la mujer.

Sin interrumpir los movimientos de vaivén, él trató de acordarse… pero solo consiguió recordar el show. Lo que había pasado después no tenía ningún registro. Miró la cara bajo su cuerpo y no vio nada, estaba demasiado oscuro. Colocó atención a lo que ella decía, pero no entendió ni una sola palabra. ¿Sería extranjera? ¿O una extraterrestre?

Todavía estaba muy ebrio. Hizo un esfuerzo para tratar de recordar cualquier cosa… pero nada, no se le ocurría ninguna imagen. Simplemente no sabía con quien estaba teniendo relaciones en aquella cama. Que mierda.

El sudor resvalaba por la piel, pegando su cuerpo al de la mujer anónima. El goce no venía y ya no tenía fuerzas para seguir por más tiempo. Para completar, alguien había puesto a tocar bien cerca una música barata cualquiera, aé, aé, ó, ó. Pensó en levantarse y encender el ventilador. Pensó en gritar para que bajaran el volumen de aquella música insoportable. No. Todo lo que necesitaba era terminar rápido con aquello, volver a la posada y caer en su cama. Extinguirse.

Cerró los ojos para concentrarse y olvidar el calor, la música, la mujer sin cara. Pero en seguida los abrió otra vez, pues toda la habitación giró. No, vomitar ahora no…

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


Odair José e seu rock de resistência

12/11/2019

12nov2019

Agora no ritmo do rock e do blues, Odair segue sendo o que sempre foi, um grito de resistência contra o moralismo e a hipocrisia

ODAIR JOSÉ E SEU ROCK DE RESISTÊNCIA

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Se você curte Odair José, ou curte rock, escute seu novo disco, Hibernar na Casa das Moças Ouvindo Rádio. É ótimo! E é antifascista.

Nos últimos anos, Odair liberou sua alma roquenrou, reprimida em grande parte de sua extensa obra, feita de 37 discos. As músicas do novo disco, no ritmo do rock e do blues, abordam temas como política, imigração, armas, religião, notícias falsas, fetiches sexuais e prostituição, e tem também uma homenagem ao rádio. Odair continua sendo o atento cronista dos costumes, com seu olhar docemente irônico e bem-humorado.

No blues Na Casa das Moças, ao som de uma gaita deliciosa, os homens fazem fila para lavar a louça em troca de repeteco e beijo na boca, e aí o caçador vira caça. Pena que ele não informa o endereço. No rockão O Imigrante Mochileiro, um estrangeiro explica que não é vagabundo e que deseja conhecer o mundo e misturar cultura. Recomendo aos xenófobos.

Na balada Liberado, todas as raças, credos e cores celebram o amor, o romance e a amizade numa grande festa com birita grátis. Eita, que essa eu não perco… O rock Gang Bang é um convite a esta prática sexual, na qual uma mulher transa com vários homens ao mesmo tempo. Empodeiramento feminino! E Chumbo Grosso critica a liberação das armas de fogo ao dizer que “quem andar errado vai levar chumbo grosso, quem comer da fruta vai chupar o caroço, agora chupa…”. Bozo, esta é pra você, viu?

Nestes tempos em que a besta do fascismo estende seus tentáculos por sobre a sociedade e o fanatismo religioso quer nos impor a todos suas leis, Odair segue sendo o que sempre foi, um grito de resistência contra o moralismo e a hipocrisia, ele que foi excomungado pela Igreja Católica por sua ópera rock O Filho de José e Maria, de 1977.

Entre as influências musicais do disco, Odair cita os blues de Keith Richards, dos Rolling Stone, os discos solo de Paul McCartney, os pioneiros do rock Chuck Berry e Little Richards, Jimi Hendrix, Santana, Raul Seixas, The Doors, Eric Clapton, as baladas da gravadora Motown, Aerosmith e até Coldplay. Pense num cara bem influenciado!

Agora, é esperar que ele traga logo seu show a Fortaleza. Estarei na fila do gargarejo, como sempre.

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Ricardo Kelmer 2019 – blogdokelmer.com

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NA CASA DAS MOÇAS (blues)

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O IMIGRANTE MOCHILEIRO (rock)
(part. Jorde du Peixe, do Nação Zumbi)

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> Disco na íntegra

> Vou tirar você desse lugar (conto) – O amor cabarético de Dario e Josélia

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Trilha da Vida Loca
Ricardo Kelmer, contos

O amor é belo. Mas também é ridículo, risível, trágico… Aqui estão reunidas seis histórias, inspiradas em grandes sucessos musicais da dor de cotovelo. Paixões de cabaré, porres horrendos, brigas, escândalos, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor. Amar é para estômagos fortes.

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VÍDEO: VOU TIRAR VOCÊ DESSE LUGAR

Apresentação no Bordel Poesia (São Paulo, 18.02.14). Música e conto, com Ricardo Kelmer e Thais Durães

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odairjose009SUCESSOS DE ODAIR JOSÉ:

E depois volte pra mim (disco Praça Tiradentes, 2012)
Não me venda grilos (o disco censurado O Filho de José e Maria, 1977)

Nunca mais (disco O Filho de José e Maria, 1977)
Na minha opinião (1975)
Dê um chega na tristeza (1975)

A noite mais linda do mundo (1974)
Cadê você (1973)
Eu, você e a praça (1973)
Vou tirar você desse lugar (1972, original)

Vou tirar você desse lugar (ao vivo com Caetano Veloso, 1973)
Vou tirar você dsse lugar (2016)
Esta noite você vai ter que ser minha (1972)
Foi tudo culpa do amor (2017)

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LEIA

Discografia de Odair José

Vou tirar você desse patamar – Temática social na canção de Odair José – Trabalho acadêmico de Ana Karolina Cavalcante Assunção e Síria Mapurunga Bonfim (2011)
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LEIA NESTE BLOG

odairjose010aOdair José, primeiro e único – Se você, meu amigo, é desses que sentem atração por esse universo pré-FM, feito de bares de cortininha, radiola com discos arranhados e meninas vindas do interior… então escute Odair

Lama (Trilha da Vida Loca) – Se quiser fumar, eu fumo… Se quiser beber, eu bebo… Não interessa a ninguém

Paixão de um homem (Trilha da Vida Loca) – Amigo, por favor leve esta carta… E entregue àquela ingrata… E diga como estou

Por que brigamos (Trilha da Vida Loca) – Quanto mais eu penso em lhe deixar… Mais eu sinto que não posso… Pois me prendi à sua vida muito mais do que devia

A última canção (Trilha da Vida Loca) – Esta é a última canção que eu faço pra você… Já cansei de viver iludido, só pensando em você

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TRILHA DA VIDA LOCA
Clipe com trechos do show

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Comentarios01COMENTÁRIOS
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01- Massa. Moacir Bedê, Fortaleza-CE – nov2019

02- Até onde eu sabia esteve nao faz muito.morando por aqui…pelo menos 2 vezes meados do ano passado e começo deste o vi pelo monte castelo. Ou seria um sósia perfeito..ou clone.? Neri dos Santos, Fortaleza-CE – nov2019

03- Oi Ricardo!!! Boa dica…fiquei curiosa! Abraço!!!! Saudade!!! Sandra Grego, Rio de Janeiro-RJ – nov2019

04- 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼☝🏽🌟 Marília Lima, Fortaleza-CE – nov2019

05- que coisa linda isso. Marcelo Gavini de Freitas, São Paulo-SP – nov2019

06- Disco maravilhoso! Odair sempre afiado. Basílio di Melo, Fortaleza-CE – nov2019

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Lucyanna, a mulher dupla

17/10/2019

17out2019

A incrível história da mulher dividida em duas

LUCYANNA, A MULHER DUPLA

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Anna e Lucy DeCinque são australianas, têm 34 anos e em 2016 venceram um concurso no Japão que as elegeu as gêmeas mais idênticas do mundo. As maninhas levam suas semelhanças muito a sério, tanto que só se vestem igual, penteado igual, voz igual, os peitões iguais (quatro mamões sempre querendo saltar na nossa cara), comem a mesmíssima comida sempre, adoecem igual, e já gastaram muita grana em cirurgias para ficarem ainda mais iguais. São obcecadas em serem a mesma pessoa, tanto que dividem o celular e as contas nas redes sociais, e ganham dinheiro com isso.

Quando adolescentes, Anna e Lucy tinham uma beleza natural. Hoje, após tantos procedimentos estéticos, elas ficaram com aparência de bonecas, uma coisa exótica, meio bizarra. E quando conversam com outras pessoas, uma completa a fala da outra e falam igual ao mesmo tempo. Poderiam logo adotar o mesmo nome, né? Como vocês se chamam? E as duas, em uníssono: Lucyanna!

As clonadinhas têm um namorado. O mesmo namorado para ambas, claro. É o Ben Byrne, com quem pretendem se casar. E, adivinha, planejam engravidar dele ao mesmo tempo, para que seus corpos não fiquem diferentes. Como os três tomam banho juntos e dormem na mesma cama, imagino que não será muito difícil. A mãe delas (os quatro moram juntos, ainda tem isso!) aprova a ideia, doidinha para ser vovó. Dizem que a vantagem de casar com gêmeas é ter apenas uma sogra. A desvantagem é que a pensão a pagar será dupla.

Hummm… Como Ben faz para distingui-las? E o nheco-nheco, será que fazem os três juntos? Talvez a coisa seja na base do hoje eu me sirvo primeiro, maninha, e depois tu vai, mas não come tudo, por favor… E nesses momentos, será que elas fazem tudo igualzinho, tudo mesmo? Duvido, bebê. Não existem dois soquetes iguais no mundo. Acho que é aí que Ben enfim consegue descobrir quem é uma e quem é a outra.

Fico me imaginando no lugar do Ben. Saberia eu amar uma pessoa que tem duas cabeças, quatro olhos, quatro peitões e vinte dedos nas mãos? Acho que sim, tenho amor para dar e vender, principalmente vender. Mas discutir com uma mulher que tem duas bocas… Sei não.

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Ricardo Kelmer 2019 – blogdokelmer.com

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Menu de homem – Na onda da mulher-melancia, mulher-jaca, mulher-filé e outras classificações femininas hortifrutigranjeiras, nada mais justo que nós, homens do sexo masculino, sermos também classificados

As vantagens de ter um amante – O marido cuida da parte financeira, paga as contas dos filhos, da esposa e da casa. O outro cuida de você

A garçonete rolante – E como ela já tem nome de vodca, uau, nosso Stone deve ficar confuso sem saber se come ou se bebe a moça

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Comentarios01 COMENTÁRIOS

01- Adorei 😂😂😂🙃🙃🙃🙃vc se superou Ricardo Kelmer👯👯👯 Patricia Cacau, Fortaleza-CE – out2019

02- Ben que tem. Ernesto Enrique Hernández, Rio de Janeiro-RJ – out2019

03- Cadè essas bichinhas ??? Andre Soares Pontes, Fortaleza-CE – out2019

04- Kkkkk a mãe tá passadaaaaa. Fabiana Z Azeredo, Fortaleza-CE – out2019

05- Ah, ah, ah, ah! Lorena Horta, Rio de Janeiro-RJ – out2019

06- Eu quero ver agora 2 gêmeos: homens..hummm E aí? Lucivanea De Souza Borges, Fortaleza-CE – out2019

07- Adorei!!!! Vc é demais!!!😂😂 Renata Menezes Lotfi, Fortaleza-CE – out2019

08- Muita boa imaginação, parabéns. Wise Tafari, Beira-Moçambique – out2019

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O beijo da resistência contra a besta do fascismo

09/09/2019

09set2019

O fascismo não faz política ‒ ele é a negação da política, pois não dialoga, apenas agride, persegue e censura


O BEIJO DA RESISTÊNCIA CONTRA A BESTA DO FASCISMO

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O absurdo caso da censura, por parte do prefeito do Rio de Janeiro, Marcelo Crivella, ao livro que mostra um beijo entre dois homens é um claro exemplo de que as ideologias fascistas estão à vontade para impor suas leis à sociedade brasileira. Porém, mostra também que, felizmente, a democracia ainda resiste em nosso Brasil pós-golpe. Cambaleante e sangrando, mas resiste.

Crivella tentou, estrebuchou, foi vergonhosamente apoiado pelo presidente do Tribunal de Justiça do Rio de Janeiro, Claudio de Mello Tavares, mandou fiscais à Bienal do Livro para recolherem a obra e outras com temática LGBT… mas, após três dias de voltas e reviravoltas no caso, a truculência autoritária do prefeito evangélico-fascista foi derrotada pelo STF, que impediu a censura. A democracia venceu.

Aplausos para a resistência da organização da Bienal. Aplausos para o youtuber Felipe Neto que, como forma de protesto contra a censura, comprou 14 mil livros com temática LGBT nos estandes da Bienal e os distribuiu gratuitamente aos visitantes que os quisessem adquirir, uma jogada perfeita. Aplausos para todos que não se calaram diante de mais um retrocesso nesses tenebrosos tempos bolsonarianos.

O livro que Crivella tentou censurar não fere, em absoluto, o ECA – Estatuto da Criança e do Adolescente, como ele desonestamente alegou. Mas os fascistas acreditaram em sua descarada mentira, da mesma forma que acreditaram em kit gay e mamadeira de piroca. Crivella deveria ser processado por homofobia, isso sim.

Os fascistas, que se sentem à vontade sob o governo Bolsonaro, não pararão aí. Virão mais tentativas de censura e perseguições à liberdade artística e aos direitos humanos. O fascismo, que no Brasil usa a religião para justificar a violência contra todos de quem discorda, não faz política ‒ ele é a negação da política, pois não dialoga, apenas agride, persegue e censura. A única forma de combatê-lo é defender, cada vez mais, os valores e as instituições democráticas. Um pequeno gesto nesse sentido é divulgar o desenho do beijo censurado.

Ame e deixe os outros amarem ‒ este é meu recado para os fascistas que aguentaram ler até aqui. Mas sei que eles não concordarão. Porque é o ódio ao diferente o sentido de suas vidas.

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Ricardo Kelmer 2019 – blogdokelmer.com

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01- Ricardo, meu caro, você como sempre perfeito em suas colocações. Te admiro muito. Continuaremos sendo resistência! #MaisAmorMenosÓdio #LulaLivre #MariellePresente Fabiano Brilhante, Fortaleza-CE – set2019

02- Decidi publicar no meu blog: https://gentedemidia.blogspot.com/2019/09/artigo-o-beijo-da-resistencia-contra.html. Nonato Albuquerque, Fortaleza-CE – set2019

03- “Ame e deixe os outros amarem ‒ este é meu recado para os fascistas que aguentaram ler até aqui. Mas sei que eles não concordarão. Porque é o ódio ao diferente o sentido de suas vidas” …. …. ….. é isso aí. vale pra Witzel, Bolsonaro, Doria e Crivella… Temos que chamar esses monstros que estão no poder pelo primeiro nome deles: FASCISTAS! Arnaldo Afonso, São Paulo-SP – set2019

04- Pra quem tem curiosidade de ler a graphic novel ,com a patética ideia de falar mal sem ler .Eu li.Baixei gratuitamente aqui as nove edições da HQ,que foram colocadas posteriormente num só exemplar.Baixei um leitor de quadrinhos e li no celular: https://bancadoporcoaranha.blogspot.com/2019/06/vingadores-cruzada-das-criancas-2010.html  Luis Carlos Trajano, Areia-PB – set2019
 
 
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O tempo do horror

29/10/2018

O TEMPO DO HORROR

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Vestidos de patriotismo
Seguindo seu deus vingativo
Eles rastejam dos escuros porões
Onde escondiam os ódios e preconceitos
E nos atacam 
Por pensarmos diferente

Atiçados pelo odor de morte
Que a boca de seu messias exala
Eles hasteiam suásticas
E armam as crianças
E nos torturam, e nos executam
Em nome da família brasileira

Eu queria que fosse um pesadelo
Mas é real…

Ouçam as salvas de canhões:
O horror é um tempo que se anuncia
Sem flores nem poesia
Banhado em nosso sangue
No horizonte do Brasil

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Ricardo Kelmer 2018 – blogdokelmer.com

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O menino que não sabia odiar – Ele fez um gesto com a mão, imitando um revólver, e disse: Faz de conta que tu é o PT, tia, e eu vou te matar

Eu, a democracia e o ódio dos meus pais –  Infelizmente, meus pais foram também seduzidos pelas ideias nazifascistas e propagam esse perigoso discurso feito de ódio, moralismo e paranoias

O protesto da babá negra – Talvez ela saiba que quando um governo tem como objetivo a equidade social e a redistribuição da riqueza do país, automaticamente atrai o ódio das elites econômicas, que lutarão para manter seus privilégios

Sobre lutas, sonhos e a grande farsa – Para quem ainda não percebeu, é isso mesmo o que todos somos, meros atores no grande teatro da existência

Golpe de mestre à brasileira – O processo seria custoso e traumático, e provocaria séria desestabilização na democracia, mas melhor isso que suportar mais um governo de esquerda no Brasil

O socialista crucificado – Se esses cristãos vivessem naquela época, teriam batido panela contra o bandido Jesus e aplaudido sua crucificação

A foto repugnante e o sonho que não pode ser preso – A foto que resume a baixeza moral dos fascistas que querem a morte de Lula


Eu, a democracia e o ódio dos meus pais

09/10/2018

09out2018

Infelizmente, meus pais foram também seduzidos pelas ideias nazifascistas e propagam esse perigoso discurso feito de ódio, moralismo e paranoias

Eu, a democracia e o odio dos meus pais 01

EU, A DEMOCRACIA E O ÓDIO DOS MEUS PAIS

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Não costumo expor minha vida pessoal dessa forma, mas é que preciso desabafar, e escritor desabafa escrevendo… Alguns amigos e leitores já devem ter percebido algo inusitado em minhas postagens sobre as eleições: minha mãe fazendo campanha em favor de… Jair Bolsonaro.

Poizé. Infelizmente, meus pais foram também seduzidos pelas ideias nazifascistas e propagam esse perigoso discurso feito de ódio, preconceito, moralismo, mentiras e paranoias como o tal kit gay, ditadura comunista etc.. É uma situação bizarra, que jamais pensei em viver. Como não posso romper com eles, tento levar a coisa com equilíbrio. Mas é triste ver meus próprios pais a apoiar um candidato que, junto a seu vice, já declararam apoio à ditadura e homenageiam torturadores assassinos.

Lembrei agora de uma situação… Foi no fim dos anos 1970, quando ainda vivíamos sob a sangrenta ditadura militar. Eu adolescente, e meu pai me ajudando numa tarefa do colégio. Era uma redação sobre o Brasil e, nela, incluímos sutis críticas ao governo. Quando terminamos, ele parou, preocupado, e me disse: “Não fale pra ninguém que fui eu quem lhe ajudou a escrever isso, senão posso ser preso”. Claro que não falei, pois tínhamos familiares que foram presos e torturados por fazerem oposição ao regime. Hoje, quarenta anos depois, talvez meu pai tenha esquecido desse seu belo gesto de coragem e resistência. Eu, não. Nunca esqueci. Porque foi um gesto que moldou minha personalidade.

Tenho minhas críticas ao PT, mas votarei em Fernando Haddad. Se ele vencer, meus pais felizmente estarão em segurança, pois ainda haverá democracia e eleições e eles serão livres para fazerem oposição. Porém, se o candidato deles for eleito, os opositores, principalmente jornalistas, artistas e escritores, como eu, correremos sérios riscos. E para isso, nem é preciso haver ditadura declarada – basta que seus apoiadores sigam fazendo o que já fazem agora, ameaçando, agredindo e matando aos que pensam diferente e aos grupos sociais vulneráveis.

Talvez o ódio que meus pais têm a Lula e ao PT, fruto de anos e anos de jornais nacionais, seja tão forte quanto o amor que sentem por mim. Talvez estejam cegos de ódio, como tantos. Neste momento, escrevo com os olhos marejados de tristeza e decepção ao lembrar que por causa deles cresci acreditando mais nos livros que nas armas… Mas devo dizer que meu amor por eles continua. Sim. O amor tem dessas coisas, né? Às vezes, mesmo quando o outro prioriza o ódio, ainda assim continuamos a amar. Na verdade, eu nunca soube explicar o amor, e agora muito menos.

Mãe, nas minhas postagens você tem o direito de odiar ou apoiar a quem você quiser, fique à vontade. Nas suas, eu prefiro nada comentar. No mais, seguirei fazendo o que meu pai me ensinou, apesar dele parecer ter esquecido, que é defender a democracia, mesmo que ela tenha falhas, e também a liberdade de expressão, sempre, todos os dias, mesmo que isso agora tenha se voltado perigosamente contra mim. Que ironia… Mas é isso. O amor pela democracia e pela liberdade tem dessas coisas.

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Ricardo Kelmer 2018 – blogdokelmer.com

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ESCLARECIMENTO

A crônica já estava escrita fazia uns dias, e eu refleti bastante se devia ou não publicar. O apoio de minha mãe ao candidato nazifascista já era conhecido de meus amigos e leitores, pois ela usava minhas postagens para expressá-lo publicamente. Tomei a decisão ao saber dos recentes casos em que pessoas foram agredidas e assassinadas por apoiadores de Jair Bolsonaro, pelo simples fato de pensarem diferente.

Se o nazifascismo vencer, eu correrei sérios riscos por conta de meu trabalho de escritor e comunicador. Então, prefiro denunciar agora o perigo que aguardar quieto a minha hora de sofrer represálias, mesmo que precise expor um conflito familiar, como fiz.

Como reagiu minha família? Dividiu-se entre críticas e elogios, era o esperado. Acho que vocês conseguem imaginar a situação delicada, mas fiz o que precisava fazer. Publiquei um texto que é, ao mesmo tempo, um desabafo, um alerta e uma declaração de amor pública, aos meus pais e à democracia.

Neste momento, me sinto aliviado por ter dividido minha angústia com tantas pessoas, e vejo que falei por muita gente que vive situação semelhante. Talvez unindo nossas angústias, possamos nos fortalecer.

Obrigado a todos, inclusive aos que discordam de mim. Seguimos firmes na luta contra o nazifascismo. (RK)

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OProtestoDaBabaNegra-02aO protesto da babá negra – Talvez ela saiba que quando um governo tem como objetivo a equidade social e a redistribuição da riqueza do país, automaticamente atrai o ódio das elites econômicas, que lutarão para manter seus privilégios

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Pior seria não te amar

08/06/2018

08jun2018

PIOR SERIA NÃO TE AMAR

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Pior seria, Luíza
Não ter sofrido
Da saudade que inferniza
Pior ter morrido
Sem nunca em ti amanhecido
Pior seria não te amar, Luíza

Nosso caso de amor e de polícia
Não te amar, Luíza
Noites vis de ciúme e de sevícia
Não te amar, Luíza
A brisa fria no cais da despedida
Nosso futuro que agoniza
No mar vazio do teu olhar…

Ainda assim, Luíza
Pior seria não te amar

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Ricardo Kelmer 2013 – blogdokelmer.com

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> Mais poemas e músicas

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Joana – Louca, feminista ou amava demais?

23/05/2017

23mai2017

Joana certamente sentia o peso de ser uma rainha, ainda mais porque era uma rainha impedida de governar por sua própria família, incluindo o marido, o pai e o filho

JOANA – LOUCA, FEMINISTA OU AMAVA DEMAIS?

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A rainha espanhola Joana passou para a história como louca. Seria esquizofrenia a sua doença? Seu amor intensamente apaixonado, sexual e ciumento pelo marido era socialmente inaceitável? E as agressões e vinganças contra as amantes dele? E a obsessão com os restos mortais de Felipe, que a levou a comandar um custoso e macabro cortejo que por meses cruzou o país, horrorizando a todos? Isso seria justificativa suficiente para mantê-la presa numa ala de um castelo por cinquenta anos? Ou, por trás de tudo isso havia frios interesses políticos e jogos de poder, para afastá-la do trono espanhol?

A vida de Joana (Juana, em espanhol, que viveu entre 1479 e 1555), filha dos reis católicos Fernando de Aragão e Isabel de Castela, é muito rica de significados. Nela, misturam-se conchavos políticos entre reinos, fanatismos religiosos, intrigas familiares, guerras, revoltas populares e sexo temperado com muito ciúme, brigas e baixarias em público.

Pressionada diariamente por todos os lados, vivendo no centro de poderosos interesses políticos, religiosos e econômicos, Joana certamente sentia o peso de ser uma rainha, ainda mais porque era uma rainha impedida de governar por sua própria família, incluindo o marido, o pai e o filho. Mantida prisioneira num castelo, quase sem contato com o mundo exterior, recusando-se a se alimentar e até a lavar-se e trocar de roupa, Joana terminou seus dias de modo triste e deplorável, e é surpreendente que tenha vivido até os 76 anos.

Joana, sempre inconformada pela privação de suas escolhas, é vista por alguns como uma precursora do feminismo, numa época em que as mulheres se acostumavam a ser moeda de troca para favores políticos. Cinco séculos depois, quando as conquistas feministas já diminuíram bastante as desigualdades entre os gêneros, fico aqui pensando… Não tivesse amado tanto o marido, teria tido uma vida melhor? Não fosse tão dependente dos prazeres sexuais que ele lhe dava, teria sido uma mulher mais equilibrada e feliz? Seriam justamente esse amor intempestivo e esse ardor sexual que a faziam uma mulher louca e subversiva aos olhos das pessoas daqueles dias? Ou sua instabilidade mental, de uma forma ou de outra, fatalmente a arrastaria para o trágico destino que teve?

Podemos apenas especular, pois não há muitos registros disponíveis. Uma coisa é certa: quis o destino que na vida sofrida de Joana a história da Espanha tivesse seu início oficial, através da união dos reinos hispânicos, dos quais ela era a legítima rainha. Esse foi o seu maior legado.

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Ricardo Kelmer 2015 – blogdokelmer.com

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Ilustração da postagem: Doña Juana la Loca (Francisco Pradilla, 1877)

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Retrato (Juan de Flandes, 1496-1500)

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La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina (Francisco Pradilla, 1906)

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Juana la Loca (Charles de Steuben, 1836)

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MAIS SOBRE JOANA

A “loucura” de D. Juana I de Castela – Por Renato Drummond Tapioca Neto

Na Wikipedia

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LEIA NESTE BLOG

LolaBenvenutti-1Lola Benvenutti e a coragem de viver – A única salvação possível é sermos quem verdadeiramente somos. Parabéns, Lola, por sua coragem e autenticidade

Me estupra, meu amor – Fantasiar ser estuprada é uma coisa – querer ser estuprada é outra coisa totalmente diferente

Os apuros do homem feminista – Minha busca por relações igualitárias foi dificultada também porque muitas mulheres, mesmo oprimidas, preferiam relações baseadas no velho modelo machista

As fogueiras de Beltane – A sexualidade sem culpa de uma sacerdotisa pagã

O mistério da cearense pornô da California – Uma artista linda e gostosa, intelectual e transgressora, que adora perversões e, entre uma e outra orgia, luta pela liberação feminina

A noiva lésbica de Cristo – Se hoje a sexualidade feminina ainda apavora a mentalidade cristã, no século 17 ela era algo absolutamente demoníaco

O íncubo – Íncubos eram demônios que invadiam o sono das mulheres para copular com elas – uma difundida crença medieval. Mas… e se ainda existirem?

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DICAS DE LIVRO

Vocês Terráqueas – Seduções e perdições do feminino

Com que propriedade um homem pode falar sobre o universo feminino? Neste livro RK ousou fazer isso, reunindo 36 contos e crônicas escritos entre 1989 e 2007. Com humor e erotismo, eles celebram a Mulher em suas diversas e irresistíveis encarnações. Ciganas, lolitas, santas, prostitutas, espiãs, sacerdotisas pagãs, entidades do além, mulheres selvagens – em todas as personagens, o reflexo do olhar masculino fascinado, amedrontado, seduzido. Em cada história, o brilho numinoso dos arquétipos femininos que fazem da mulher um ícone eterno de beleza, sensualidade, mistério… e inspiração.

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A última canção

20/03/2017

21mar2017

O que mais impulsionava sua voz, a raiva por ela brincar assim com seus sentimentos ou o ódio por pressentir que mais uma vez não conseguiria resistir?

A ÚLTIMA CANÇÃO

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Esta é a última canção
Que eu faço pra você

Ele cantou os primeiros versos da música. A música que até poucas horas antes não existia. Ainda estava surpreso com a forma com que ela saíra: pela manhã, quando acordava, ela lhe veio pronta, do começo ao fim, isso nunca tinha acontecido. Não planejou cantá-la aquela noite, mas o bar estava quase vazio… Se por um lado o fraco movimento significava que em breve seria despedido, e o aluguel da quitinete seguiria atrasado, por outro lado era uma oportunidade de testar uma nova música sem pressão. E, além disso, já passava de meia-noite, era a última música mesmo. Talvez aquele bêbado deitado na calçada gostasse.

Já cansei de viver iludido
Só pensando em você

Foi então que viu… aqueles cabelos loiros… Sergiana. Ele quase engasgou no meio da estrofe. Olhou de novo, não podia ser ela… Mas era. Sentada numa mesa no fundo do bar. Sozinha. Que droga, o que ela fazia ali?, ele pensou, desviando o olhar, subitamente nervoso. Ela fora muito clara quando disse, no último encontro, que o namoro havia terminado, dessa vez definitivamente, e que ela até já estava com outro. E ele, na solidão das noites seguintes, lutou bastante para acreditar que dessa vez a coisa era mesmo para valer, que, ao contrário de todas as outras vezes em que ela o deixava e depois se arrependia e voltava, agora era mesmo o fim, sem apelação. E aquela música surgindo de forma incrível, confirmando que jamais voltaria a fazer canções para aquele amor sem juízo e sem futuro… Mas agora, menos de uma semana depois, ali estava ela, vendo-o cantar, olhando silenciosa para ele.

Se amanhã você me encontrar
De braços dados com outro alguém
Faça de conta que pra você não sou ninguém

Apesar do nervosismo, ele não interrompeu a música. Em vez disso, para não ceder à tentação de olhar para ela, fechou os olhos. E foi assim, de olhos bem fechados, que ele agarrou-se desesperadamente aos versos, a cada um deles, cada mínima palavra, e cantou com vigor, interpretando cada frase com a emoção que ele só agora percebia que os versos continham. O que mais impulsionava sua voz, a raiva por ela brincar assim com seus sentimentos ou o ódio por pressentir que mais uma vez não conseguiria resistir? Após terminar a música, esperou por algum aplauso, que não veio, e então desplugou o violão e desceu do palco, evitando olhar para o fundo do bar. Enquanto guardava o violão na caixa, uma mulher aproximou-se e, sem que esperasse, beijou-o na boca, com tanta vontade que quase o derrubou. Absolutamente surpreso, ele balbuciou qualquer coisa para a mulher desconhecida enquanto tentava localizar Sergiana no bar. Mas ela havia sumido.

Mas você deve sempre lembrar
Que já me fez chorar
E que a chance que você perdeu
Nunca mais vou lhe dar

Ele despertou e viu que ao seu lado, inteiramente nua, dormia a garota do bar. Paulinha… Enquanto admirava as curvas de seu corpo gracioso, lembrou do beijo repentino que ela lhe dera no bar, depois as cervejas que tomaram, ela falando que ele cantava muito bem e que ela o apresentaria a uns amigos que eram donos de bares bem melhores que aquele, depois mais beijos, mais cervejas e, finalmente, os dois ali em sua cama, consumando o imenso desejo despertado… Ele estava encantado com ela, com o modo como tudo acontecera. Sim, ele conhecia aquele sentimento: era paixão. Quando entendeu isso, sentiu-se tomado por uma completa leveza, como se sua alma houvesse se libertado de um peso carregado durante anos e anos. Nesse instante, Paulinha despertou e sorriu docemente para ele, e o abraçou, dizendo que adorara a noite. E contou que pouco antes, quando ele ainda dormia, bateram na porta e ela foi atender, e era uma mulher, uma mulher loira, que queria falar com ele. E você disse o quê para ela?, ele quis saber, alarmado. E ela: Respondi que meu namorado me esperava na cama e fechei a porta, fiz certo? Ele ficou alguns segundos sem saber o que dizer. Então uma sensação de alívio inundou seu espírito e ele sorriu feliz, abrindo os braços, e Paulinha aninhou-se em seu peito.

E as canções tão lindas de amor
Que eu fiz ao luar para você
Confesso, iguais àquelas não mais ouvirá

Um mês depois muitas coisas haviam acontecido. Paulinha, além de linda, bem-humorada e sem frescuras, era um legítimo amuleto, como ele gostava de dizer aos amigos. Sim, pois depois que a conhecera, conseguiu trabalho em bares excelentes e agora estava ganhando bem, as contas finalmente em dia. E quanto a Sergiana, ela agora fazia parte de seu passado, só isso. Uma noite, porém, o passado ressurgiu. Ele bebia com os amigos quando atendeu o celular e, após um instante de silêncio, escutou uma voz conhecida, triste, quase um sussurro: Volta pra mim, por favor… Os amigos o cutucavam, querendo saber quem era. Ele sorriu, tranquilo e vitorioso, e desligou o celular. E respondeu: Ligação errada.

E amanhã sei que esta canção
Você ouvirá no rádio a tocar
Lembrará que seu orgulho maldito
Já me fez chorar por muito lhe amar

Quando, depois de mais uma apresentação de sucesso, o homem lhe estendeu o cartão, dizendo ser de uma gravadora, ele estremeceu. Porque sentiu que finalmente havia chegado o momento com o qual sonhava havia tantos anos. E estava certo. Quatro meses depois seu disco estava gravado e sua música, aquela que compusera de uma vez só para seu antigo amor, tocava todo dia nas rádios. Ele agora era um artista de sucesso. Certo dia, numa entrevista ao vivo na rádio, ele respondia às perguntas de fãs que ligavam para o programa e o apresentador atendeu o ouvinte seguinte: Alô, quem fala? Nesse momento ele ouviu, e todos os ouvintes ouviram, a voz triste de uma mulher, engasgada em choro: Volta pra mim, por favor…

Peço, não chore, mas sinta por dentro a dor do amor
E então você verá o valor que tem o amor
E muito vai chorar ao lembrar o que passou

O sucesso aumentou e ele deixou de tocar em bares, passando a fazer apenas shows bem produzidos, com uma banda formada pelos melhores músicos da cidade. Comprou um carro à vista. Agora tinha até fã-clube. Os convites para shows aumentaram e ele teve de se mudar para São Paulo, levando Paulinha com ele. Tornou-se nacionalmente conhecido. Comprou uma cobertura. Viajou com Paulinha para a Europa, foram escolhidos o casal do ano. Várias vezes a agenda cheia o obrigou a recusar convites de programas de tevê. Que mais poderia desejar da vida? Trabalhava com o que gostava, era um artista consagrado e tinha consigo a mulher mais maravilhosa do mundo, que o amava e que, para sua completa felicidade, estava grávida e em breve lhe daria um filho. Mas o passado voltou mais uma vez numa noite em que, chegando a seu prédio, uma mulher loira o abordou. Era Sergiana. Chorando bastante, o rosto marcado pela angústia, ela disse que estava arrependida, que reconhecia não ter sido a mulher que ele merecia, que ainda o amava muito, muito, e que só precisava de uma, apenas uma chance para mostrar que na verdade a mulher da vida dele era ela, sempre fora ela… Ele engoliu seco. Sentiu as pernas fraquejarem. Nesse momento entendeu que no último ano tudo que fizera foi enganar-se: ele ainda a amava. E agora, olhando para ela assim, chorando, fragilizada, sincera, ele sabia que a amava mais do que alguma vez a havia amado e mais do que poderia amar a qualquer outra mulher. Ela aproximou os lábios dos dele e ele aceitou, fechando os olhos, inteiramente rendido à força do amor que nem o tempo nem outra mulher nem nada no mundo poderia jamais derrotar.

Esta é a última canção que eu faço pra você

Ele tocou o último acorde da música e finalmente abriu os olhos, sentindo-se como se despertasse de um sonho. Demorou alguns segundos até se situar no tempo presente. Viu o bar quase vazio. Viu o bêbado deitado na calçada, aplaudindo. Olhou para o fundo do bar e viu que Sergiana continuava lá na mesa. Mas não olhava mais para ele, e sim para o homem que entrava no bar. O homem passou entre as mesas e, chegando à dela, inclinou-se e a beijou na boca, e ela sorriu feliz. Chocado, desviou o olhar, deixou o palco e caminhou até o balcão, procurando manter-se tranquilo, e lá o gerente disse que não poderia pagá-lo, que acertaria com ele depois. Ele pediu que pagasse ao menos a passagem de ônibus, pois não tinha um centavo. O gerente deu-lhe algumas moedas, e então ele apanhou o violão e saiu. Uma hora depois, do outro lado da rua, enquanto ainda aguardava o ônibus que demorava, ele pôde ver que o bar estava quase fechando, que o gerente esperava apenas sair um último casal que se beijava apaixonadamente numa mesa ao fundo.

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Ricardo Kelmer 2006 – blogdokelmer.com

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Este conto integra os livros Vocês Terráqueas e Trilha da Vida Loca. A letra usada é da música A Última Canção, de autoria de Carlos Roberto, e foi imortalizada na interpretação de Paulo Sérgio (1944-1980), tornando-se um clássico da dor de cotovelo.

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Trilha da Vida Loca
Ricardo Kelmer, contos

O amor é belo. Mas também é ridículo, risível, trágico… Aqui estão reunidas seis histórias inspiradas em grandes sucessos musicais da dor de cotovelo. Paixões de cabaré, porres horrendos, brigas, escândalos, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor. Amar é para estômagos fortes.

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TVL201704CCBNB-414b

A ÚLTIMA CANÇÃO (teatro)

Este conto foi adaptado e encenado pelos atores Patrícia Crespí e Maurício Rodrigues no CCBNB – Centro Cultural Banco do Nordeste, Fortaleza-CE, em abr2017

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PAULO SÉRGIO CANTA “A ÚLTIMA CANÇÃO”

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A ÚLTIMA ENTREVISTA DE PAULO SÉRGIO, 11.07.80
(18 dias antes de sua morte)

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PauloSergio-01aSOBRE PAULO SÉRGIO

Paulo Sérgio de Macedo, mais conhecido como Paulo Sérgio (Alegre, 10 de março de 1944 – São Paulo, 29 de julho de 1980), foi um cantor e compositor brasileiro. Teve uma morte prematura, aos 36 anos, em decorrência de um derrame cerebral. É lembrado como um dos maiores nomes da música romântica nacional. Iniciou sua carreira em 1968, no Rio de Janeiro, lançando um compacto com o sucesso A Última Canção. O disco obteve sucesso imediato e vendeu 60 mil cópias em apenas três semanas, transformando seu intérprete num fenômeno de vendas. A despeito da curta carreira, Paulo Sérgio lançou treze discos e algumas coletâneas, obtendo uma vendagem superior a 10 milhões de cópias em apenas 13 anos de carreira. (Na Wikipedia)

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LEIA NESTE BLOG

PaixaoDeUmHomem-01aPaixão de um homem (Trilha da Vida Loca) – Amigo, por favor leve esta carta e entregue àquela ingrata, e diga como estou

Vou tirar você desse lugar (Trilha da Vida Loca) – De repente a semana cansativa, o trabalho desgastante, o crediário atrasado da tevê, tudo passou a ser apenas detalhes insignificantes a evaporar ao toque dos dedos dela…

Por que brigamos (Trilha da Vida Loca) – Ou continuava tentando salvar o casamento, e todo o seu esforço não seria nenhuma garantia de sucesso, ou então salvava a si mesmo – se é que existia salvação para ela

Lama (Trilha da Vida Loca) – E foi por amor, quando já não havia mais dinheiro, quando mendigavam comida na porta dos restaurantes, quando já não havia mais alternativas, que Lena decidiu alugar o corpo na praça da Central

Odair José, primeiro e único – Se você, meu amigo, é desses que sentem atração por esse universo brega pré-FM, feito de bares de cortininha, radiola com discos arranhados e meninas vindas do interior… então escute Odair

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TrilhaDaVidaLoca201302Cartaz-2aTrilha da Vida loca – o show

Música e literatura em histórias de amor inspiradas em clássicos da dor de cotovelo. Paixões de cabaré, porres horrendos, brigas, escândalos, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor… Ricardo Kelmer e Felipe Breier interpretam contos kelméricos e músicas de Odair José, Diana, Paulo Sergio, Waldick Soriano e Núbia Lafayette. Sugere-se que todos paguem o couvert antes de cortar os pulsos.

Texto e direção: Ricardo Kelmer. Duração: 2h (ou versão de 1h30)
> Saiba mais

TRILHA DA VIDA LOCA
Contos e canções do amor doído

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01- Amei, como sempre! Valeria Borges, Campinas-SP – mar2017

02- Gosto demais! Ligia Eloy, Lisboa-Portugal – mar2017

03- Maravilhoso. Viajei na estoria. Bjo. Cícera Souza Vidal, Fortaleza-CE – mar2017

04- Muito bom. Jonas Rocha Neto, Palmas-TO – mar2017

 

 


A Criada e a grande arte de narrar

02/02/2017

02fev2017

A sensação que fica é a de que eles, os personagens, na verdade agiam o tempo todo não exatamente em nome de suas íntimas motivações, mas pensando no espectador

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A CRIADA E A GRANDE ARTE DE NARRAR

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Na Coreia do Sul dos anos 1930, um casal de trapaceiros tenta se apoderar da fortuna de uma bela e jovem herdeira e envolve-se numa teia de sentimentos e intrigas onde ninguém merece confiança. Este é o enredo de A Criada (Ah-ga-ssi/The Handmaiden), o novo filme do diretor sul-coreano Park Chan-wook, que escreveu o roteiro com Chung Seo-kyung. Eu vi e adorei, fiquei encantado com todos os aspectos do filme. Equilibrando drama romântico, suspense, erotismo, perversão e alguma violência, com estética visual deslumbrante, é um filme completo, magnífico mesmo. A metalinguagem é a cereja do bolo, inserindo o espectador na trama e fazendo da obra toda uma grande celebração da arte de narrar.

Em princípio, a história parece banal, mas o diferencial são os personagens bem construídos e a apresentação da trama sob a ótica dos personagens, que faz o espectador desconfiar de todos e ficar até o fim sem certeza do que irá acontecer. As duas atrizes principais têm atuações soberbas, mas, para mim, Kim Min-hee, que interpreta a jovem herdeira japonesa, faz um trabalho esplêndido, pois seu personagem é complexo e enigmático, e a sutileza de seu comportamento, através de olhares, gestos e palavras que nada expressam mas na verdade dizem tudo, é o nervo da trama, o exatíssimo ponto onde a história precisa se equilibrar e, vista por outro ângulo, se desequilibrar.

A Criada é baseado no romance Fingersmith (Na Ponta dos Dedos, editora Record), da escritora britânica Sarah Waters, que foi adaptado para a tevê e exibido no Brasil pelo canal GNT com o título Falsas Aparências. Vi a adaptação televisiva, que é mais fiel ao original de Sarah Waters, e gostei, mas a versão cinematográfica é estupenda. Park Chan-wook e Chung Seo-kyung reescreveram a história, dando-lhe um saboroso temperinho de humor sacana, além de um caprichoso olhar sobre os sentimentos e as passagens eróticas. O roteiro enriqueceu os personagens e fez a história ainda mais interessante e surpreendente, e a direção primorosa, ao fazer uso da metalinguagem, inclui mais um participante na trama, o próprio espectador, que torna-se cúmplice dos personagens, e é justamente essa cumplicidade que o faz deliciar-se com a meticulosidade de suas atitudes. Ao fim, a sensação que fica é a de que eles, os personagens, na verdade agiam o tempo todo não exatamente por suas íntimas motivações, mas pensando no espectador. Durante a subida dos créditos do filme, só faltou surgirem os personagens, tantos os vencedores como os derrotados, todos eles a aplaudir a grande vitoriosa: a arte de narrar.

O livro de Sarah Waters e suas adaptações para a tevê e o cinema são exemplos de como uma história bem contada é a base de tudo. Conduzir o leitor ou o espectador pelos caminhos da trama, envolvê-lo sutilmente, seduzi-lo com aparentes insignificâncias, brincar sadicamente com suas expectativas, surpreendê-lo com reviravoltas, fazê-lo sentir-se ludibriado a ponto de quase desistir, para logo depois tomar novamente sua mão e reconduzi-lo pelos novos caminhos da história… Ah, isso é uma delícia. Um brinde aos grandes contadores de histórias!

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Ricardo Kelmer 2017 – blogdokelmer.com

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filmeacriada-03A CRIADA

The Handmaiden (Ah-ga-ssi)
Coreia do Sul, 2016, 144 min, 18 anos
Direção: Park Chan-wook
Roteiro: Park Chan-wook e Chung Seo-kyung
Baseado no romance Fingersmith, de Sarah Waters
Elenco: Kim Min-hee, Kim Tae-ri, Ha Jung-woo, Cho Jin-Woong
Fotografia: Chug Chung-hoon
Montagem: Kim Jae-Bum
Música: Jo Yeong-wook

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CURIOSIDADES

01- O título original em sul-coreano é Ah-ga-ssi, que significa “A Dama”, referindo-se a Hideko, a jovem herdeira japonesa, enquanto o título inglês é “The Handmaiden” mudando a referência para a criada Sook-hee (Kim Tae-ri). Ao meu ver, o título original faz mais justiça à história, já que a jovem herdeira é a personagem central do filme, o ponto nevrálgico da trama.

02- Tanto o japonês como o coreano foram falados no filme. Antes de filmar, todos os atores tiveram professores japoneses para estudar o roteiro. Após a exibição em Cannes, a atriz sul-coreana Kim Min-hee, que interpreta a herdeira Hideko, foi aplaudida por jornalistas japoneses por sua proficiência no japonês.

 

Treiler do filme

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LEIA NESTE BLOG

LagrimasNaChuva-05 Lágrimas na chuva – E quando finalmente chegarem ao lugar para onde tanto correm, estarão em paz com as lembranças da vida que viveram?

Mariana quer noivar – Você abdicaria das relações amorosas em sua vida em troca de dinheiro ou sucesso na carreira?

O mundo real da arte – O momento em que a magia do teatro se revela paradoxalmente em toda sua plenitude, expondo tanto sua maquiagem quanto seu avesso

Cine Kelmer apresenta – Dicas de filmes

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DICA DE LIVRO

ICI2011Capa-01dO Irresistível Charme da Insanidade
Ricardo Kelmer, romance

Nos séculos 16 e 21, dois casais vivem duas ardentes e misteriosas histórias de amor. Ou será o mesmo casal?

Um músico obcecado pelo controle da vida. Uma viajante taoísta em busca da reencarnação de seu mestre-amante do século 16. O amor que desafia a lógica do tempo e descortina as mais loucas possibilidades do ser.

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01- belíssimo nas cenas de contação da protagonistas ..as referências literárias..a forma de ir e voltar do próprio roteiro..estou dando um tempinho p revê-lo.bjbjbj. Shirlene Holanda, São Paulo-SP – fev2017

02- Vou ver !!! Adriana Alves, São Paulo-SP – fev2017

03- Estou louca pra assistir!! Taís Krugmann, Corumbá-MS – fev2017



Eu, minha paixão e meus casos

24/01/2017

24jan2017

A poligamia no futebol é algo comum, e até natural, pois vem do sentimento primevo de amor por esse esporte tão fascinante

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EU, MINHA PAIXÃO E MEUS CASOS

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Sabe, eu tenho uma grande paixão. É antiga e está sempre comigo, mesmo na distância, e ela é um sentido em minha vida. Mas como não sou monogâmico, tenho também dois casos, que não chegam a ser paixão, mas faço questão de mantê-los. Além disso, cultivo certas simpatias por aí nesse mundão. Não escondo nada de ninguém e assim vamos vivendo. Não, não são pessoas. Tô falando de futebol.

Ah, a paixão por um clube de futebol… Que coisa louca, isso. Dizem que é o único amor que não se troca por outro de jeito algum, nem sob tortura. Sim, há quem, quando criança, trocou de bandeira e nunca mais voltou, mas criança não conta.

Os monogâmicos futebolísticos não entendem situações como a minha, mas a poligamia no futebol é algo comum, e até natural, pois vem desse sentimento primevo de amor por esse esporte tão fascinante. Antes da popularização nacional da televisão, nos anos 1970, a imensa maioria torcia apenas pelo time de sua cidade ou de seu estado, e era feliz ou infeliz na exclusividade dessa paixão. Mas aí vieram as transmissões dos jogos dos grandes clubes do Sul e Sudeste, e mesmo para quem já tinha sua paixão, ficou difícil ficar alheio àquela sedução toda. Os adultos até que resistiram mais, porém boa parte das crianças e adolescentes, se não foram de todo fisgados pelos clubes mais ricos do país, ao menos assumiram o caso extraconjugal. Hoje, algo parecido ocorre em relação aos grandes clubes europeus.

Eu fui uma dessas crianças. Aos 10 anos, em 1974, me apaixonei perdidamente pelo azul, vermelho e branco do Fortaleza Esporte Clube, e a partir daí o mundo encantado do futebol se abriu para mim, trazendo um novo e gostoso sabor de viver. Nessa época, os campeonatos estaduais tinham mais importância que hoje, e para um menino como eu, que acompanhava pelo rádio em detalhes a todos os campeonatos do país, foi inevitável surgirem simpatias aqui e ali. Com as frequentes transmissões da tevê, gostei do Corinthians-SP e do Fluminense-RJ, e curtia seus títulos e lamentava suas derrotas, mas o envolvimento mantinha-se num nível superficial. Só o Fortaleza é que, de fato, me trazia as vibrantes e fortes emoções, que me fazia chorar de raiva e enlouquecer no indizível prazer de ser campeão.

E assim estamos nós quatro até hoje, na alegria e na tristeza. Não, não há traição, nem rola ciúme, pois todos entendemos que meu coração é do Leão do Pici, e que o maravilhamento transbordante pelo futebol me permite outros bem-quereres. Mas, e quando, num domingo qualquer, preciso optar por um dos outros dois? Aí eu me abstenho, melhor assim.

Você agora pode achar que eu seria mais feliz se ficasse apenas com um deles dois, pois são bem mais ricos e poderosos. Verdade, são mesmo. Mas, caso não tenha percebido, esta crônica é sobre paixão, e não sobre negociações. Sim, sei que na vida também há os amores interesseiros, sei bem. Mas no mundo encantado do futebol, a paixão por um clube é paixão pura de coração. Para o resto da vida.

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Ricardo Kelmer 2017 – blogdokelmer.com

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Aquelas camisas mp3 – Ouça e baixe a versão áudio da crônica, na interpretação do autor
Site oficial do Fortaleza Esporte Clube
Fortaleza Esporte Clube na Wikipedia

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FEC1974-02O time bicampeão de 1974, que me fez ser tricolor. O artilheiro do campeonato foi Beijoca, com 26 gols.

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O HINO O primeiro hino do Fortaleza foi composto em 1959, por José Jatahy. Em 1967 é composto o hino oficial pelo poeta Jackson de Carvalho, sendo sua gravação em outubro do mesmo ano, tendo como arranjador o maestro Manuel Ferreira e como intérprete o cantor Manoel Paiva. Em entrevista à revista Veja, o cantor e compositor Chico Buarque afirma que considera o hino do Fortaleza o segundo hino mais belo do futebol brasileiro, sendo o primeiro o do seu clube, o Fluminense.

Fortaleza, clube de glória e tradição
Fortaleza, quantas vezes campeão
Fortaleza, querido idolatrado
Estás sempre guardado
Dentro do meu coração.

Altivo, tua vida sempre foi um marco
Tua glória é lutar e vencer também
Salve o Tricolor de Aço
No campo, provaste mesmo que não tens rival
Tua turma valente é sensacional
Salve o Tricolor de aço

Soberbo, tua fibra representa um norte
Combativo, aguerrido, vibrante e forte
Sem demonstrar cansaço
Receba um sincero abraço da torcida tão leal
Meu Tricolor de Aço

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Hino do Fortaleza em nove versões
00m00 – Original 1967
02m40 – Lírica com Ayla Maria e Raimundo Arraes
04m59 – Fagner
08m44 – Reggae com banda Okolofé
12m10 – Voz e violão com Calé Alencar
14m22 – Forró com Neo Pi Neo
16m58 – Rock
20m09 – Oficial regravação 2002
22m35 – Em francês

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Hino oficial do Fortaleza Esporte Clube
Hino oficial (Fagner)
Hino oficial, versão lírica (Ayla Maria e Raimundo Arraes)
Hino oficial, versão forró (Neo Pi Neo)
Hino oficial, versão rock (Voz: Alexandre Carvalho. Instrumentos: André Carvalho)
Hino oficial em francês (Voz: Giselle Café)

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OImprovavel,OImpossivelEOInacreditavel-01aO improvável, o impossível e o inacreditável
Numa hora dessa, como ainda ter forças pra superar um rival que virou o jogo no fim com um jogador a menos, que já conseguiu o impossível?

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Fortaleza campeão cearense 2015

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Gol de Gabriel Pereira
Fortaleza 1×0 Ceará (22.01.17)

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LEIA NESTE BLOG

FutebolArtigoFeminino-01Futebol artigo feminino – Cá pra nós, já reparou como brasileira fica ainda mais linda em dia de jogo da seleção?

O menino e o feminino misterioso – Esse instante numinoso em que o Feminino Sagrado mostrou-se pra mim, sob a meia-luz de seu imenso mistério

Religião no esporte é gol contra – Se nada for feito, a religião invadirá os campos e quadras e o esporte virará uma cruzada entre os jogadores e seus deuses

Discutindo a Copa e a relação – Se você deseja minimizar os efeitos sobre sua relação, é bom saber algumas coisas sobre essa rival invencível

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01- Que beleza! Sou do tempo de ir ao Pici pra ver os treinos. Raul Meneleu Mascarenhas, Fortaleza-CE – jan2017

02- Fortaleaaaaaaaaaaaaaa. Vilma de Oliveira, Fortaleza-CE – jan2017

03- Lindo gooooool do nosso Leão Ricardo Kelmer, valeu! Eugênio Oliveira, Fortaleza-CE – jan2017

04- Vai safadão!!!!!! Michele SJ, Fortaleza-CE – jan2017

05- Olha a Caboquinha!!! Clícia Karine Marques, Fortaleza-CE – jan2017

06- Parabens pela vitória . Adorei a cronica. Marcia Soares Fernandes, São Paulo-SP – jan2017

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Contato imediato

25/04/2015

26abr2015

ContatoImediato-04a

CONTATO IMEDIATO

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Ela me deixou com essa dor
Na alma um gosto de fel
E essa saudade alucinada sem fim
Não coube mais em mim
E se projetou no céu

Olha o meu recado lá no alto
Um sinal desesperado pra ela ver
Vão dizer que não é real
Mas não faz mal
Ela vai entender

Voa, minha dor
Feito um disco voador
Faz um contato imediato
Com o meu amor
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Ricardo Kelmer 2006 – blogdokelmer.com

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> Contato imediato é uma música de Ricardo Kelmer e Ana Alcântara
Ouça aqui (registro caseiro)

> Mais poemas e músicas

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Por que brigamos

27/06/2014

27jun2014

Ou continuava tentando salvar o casamento, e todo o seu esforço não seria nenhuma garantia de sucesso, ou então salvava a si mesmo – se é que existia salvação para ela

PorQueBrigamos-06

POR QUE BRIGAMOS

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Quanto mais
eu penso em lhe deixar
Mais eu sinto que não posso
Pois eu me prendi à sua vida
Muito mais do que devia

A enfermeira termina de fazer o curativo e diz que ela pode descer da maca. Nádia desce e se olha ao espelho, vendo o lado do rosto inchado, o olho vermelho. A assistente social insiste: ela não pode deixar de fazer a denúncia. Nádia suspira… Lá fora na rua, em algum rádio, toca uma música… Ela reconhece, é um antigo sucesso da Diana. Então as imagens da noite anterior voltam, e outra vez vem a vontade de chorar. Mas dessa vez se controla e se deixa conduzir pela mulher. Na delegacia, em seu depoimento, ela afirma que… que… Nádia para e começa a chorar, interrompendo o que dizia. A assistente a conforta e a incentiva a prosseguir, diz que ela precisa ser forte, que seu exemplo pode ajudar outras mulheres. Nádia enxuga as lágrimas, levanta-se e diz calmamente que havia mentido, que na verdade ele não a agrediu, ela é que se machucou sozinha, sim, foi isso, foi só isso que aconteceu. E sai correndo da sala.

Quando à noite, de regresso
Você briga por qualquer motivo
Confesso que tenho vontade
De ir pra bem longe
Pra nunca mais lhe ver

No dia seguinte, enquanto aguarda o táxi na calçada, ela olha para o prédio. Entre as várias janelas, localiza a sala do seu apartamento. Vem-lhe a lembrança de uma noite, uma linda noite, ela e Afonso, os dois comemorando a passagem do ano juntinhos, vendo os fogos daquela janela, brindando com champanhe e beijos apaixonados… Mas o táxi chega e a doce lembrança se dissipa como a fumaça dos fogos. Meia hora depois está na rodoviária, esperando o momento de entrar no ônibus, o coração apertadinho… Tantas e tantas vezes tomou aquela mesma decisão e nunca teve coragem de ir até o fim. Mas agora é diferente. Haviam chegado ao limite máximo, ela não suportava mais. Precisava decidir: ou continuava tentando salvar o casamento, e todo o seu esforço não seria nenhuma garantia de sucesso, ou então salvava a si mesmo – se é que existia salvação para ela. Então um homem passou. Ela viu suas sandálias. E lembrou que as de Afonso estavam gastas, que ela prometera lhe dar um novo par de presente… Ela olha a hora no relógio, corre até a loja no primeiro andar e compra um par de sandálias, de couro preto, como ele gosta. E despacha na agência do correio ao lado, encomenda sem remetente. Depois corre para o ônibus, quase não chega a tempo, entra e senta em sua poltrona, suada e ofegante. Mas na saída da cidade o ônibus para. E ela desce. Mais uma vez não teve coragem.

Ó, meu amado
Por que brigamos?
Não posso mais viver assim sempre chorando
A minha paz estou perdendo
A nossa vida deve ser de alegria
Pois eu lhe amo tanto

Ela não lembra bem o início da discussão. Como sempre ocorre nessas horas, o motivo se perde em meio a tantas mágoas e de repente nem sabem exatamente por que estão brigando. O fato é que voltavam de um aniversário, tarde da noite. Ele estava com ciúmes por causa de uma bobagem qualquer e então a xingou, dizendo que jamais teria filhos com ela porque não queria dar-lhes o desprazer de terem uma mãe vagabunda. Ela fechou os olhos, tentando engolir a raiva. Mas não conseguiu: pegou a chave do carro, que ficava no mesmo chaveiro da chave do apartamento, e atirou longe, por cima do muro de um terreno baldio. Enquanto ele bufava de ódio, ela falou calmamente que iria provar que ele tinha toda razão no que dissera sobre ela, e saiu, pisando firme. Voltou somente no dia seguinte, à tarde. Tirou sua chave da bolsa e quando tentou abrir a porta, não conseguiu. Quando ele chegou, à noite, encontrou-a sentada no chão, do lado de fora, chorando. Ela disse que ele não deveria ter trocado a fechadura, e ele respondeu que ela não deveria ter jogado fora a chave dele. Minutos depois, no carpete da sala, em meio às almofadas e os muitos beijos de desculpas, treparam loucamente, com força e desespero, como havia muito tempo não o faziam.

Já não consigo esquecer as tolices
Que você diz nessas horas
Já tentei, mas não posso

Mais tarde, abraçados na cama, ele quase dormindo, ela toma coragem e toca no assunto da última briga, quer saber se ele não ficou preocupado quando ela saiu no meio da noite, dizendo que iria provar que ele estava certo ao dizer que ela era uma vagabunda. Ele diz, muito calmo e seguro: Claro que não, você é fraca demais pra isso. Ela não acredita no que ouve e espera que ele diga que está brincando, que na verdade ficou preocupado, sim. Mas ele já está dormindo. Ela levanta da cama e vai para a sala, sentando no sofá, e dessa vez tem certeza que seus pensamentos a enlouquecerão. Em sua mente, a voz dele ainda ecoa, repetindo feito um eco sem fim: fraca demais pra isso… fraca demais pra isso… E ao fundo, uma outra voz, a do desconhecido no motel, na madrugada anterior, no momento em que ele a penetrava deitado por baixo dela: Goza, putinha, goza…

Tenho a impressão que do amor
Que um dia existiu entre nós
Hoje só resta uma chama apagando

Olhando o álbum de fotos, ela ri do tempo de namoro, ela orgulhosa dele na festa de formatura e ele sem jeito ao lado de seu pai. Ela fecha o álbum e olha para o bolo sobre a mesa, a vela já quase no fim. Sete anos atrás, naquele mesmo dia, começavam a namorar, para um ano depois, exatamente um ano porque ele fez questão de que fosse no mesmo dia, casavam-se. Sete anos… Então um vento entra pela janela e apaga a vela. Ela olha o relógio: meia-noite. Ele esquecera. Mais uma vez. Não viria mais. Então pega o telefone e chama um táxi. Meia hora depois o motorista para em frente a um motel. Ela paga e desce. Um segurança do motel ainda tenta impedi-la, mas ela corre e entra na garagem de uma das suítes. Na confusão de gritos e xingamentos que se segue, o segurança a muito custo consegue, junto com Afonso, separar as duas mulheres que se batem. Uma delas vai embora, não sem antes quebrar com o tamanco os vidros do carro dele. E quanto à outra, Afonso a toma carinhosamente nos braços, beija-a longamente e a leva para dentro do quarto, enquanto ela balbucia, no meio do choro intenso, que ele não a deixe, por favor, por favor…

O medo de ficar só me apavora
E eu me desespero
Só me resta pedir a sua ajuda
Pedir que você não me deixe, meu amor
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Ricardo Kelmer 2006 – blogdokelmer.com

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A letra usada neste conto é da música Por Que Brigamos, versão de Rossini Pinto da música de Neil Diamond (I am, I said), um dos maiores sucessos de Diana. Este conto integra o livro Vocês Terráqueas – Seduções e perdições do feminino e o livreto Trilha da Vida Loca – Contos do amor doído

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Trilha da Vida Loca
Ricardo Kelmer, contos

O amor é belo. Mas também é ridículo, risível, trágico… Aqui estão reunidas seis histórias inspiradas em grandes sucessos musicais da dor de cotovelo. Paixões de cabaré, porres horrendos, brigas, escândalos, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor. Amar é para estômagos fortes.

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Diana canta “Por que brigamos”

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Diana-03OUTROS SUCESSOS DE DIANA

Ainda queima a esperança

Canção dos namorados (Le vals de las mariposas)

Foi tudo culpa do amor

Tudo que eu tenho (Everything i own)

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LEIA NESTE BLOG

VouTirarVoceDesseLugar-03Vou tirar você desse lugar (Trilha da Vida Loca) – Josélia é uma das putas mais requisitadas do Leila´s. E Dario se apaixonou por ela

Lama (Trilha da Vida Loca) – No passado, eles se amaram perdidamente, e foram ao fundo do poço. Hoje, o ódio é tudo que os une

Odair José, primeiro e único – Se você, meu amigo, é desses que sentem atração por esse universo brega pré-FM, feito de bares de cortininha, radiola com discos arranhados e meninas vindas do interior… então escute Odair

Paixão de um homem (Trilha da Vida Loca) – Solano é meu melhor amigo, e tudo que não desejo é que ele sofra por uma vagabunda que não merece uma gota das lágrimas que ele tanto chora

A última canção (Trilha da Vida Loca) – O que mais impulsionava sua voz, a raiva por ela brincar assim com seus sentimentos ou o ódio por pressentir que mais uma vez não conseguiria resistir? 

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TRILHA DA VIDA LOCA – O SHOW

TrilhaDaVidaLocaDiv-01Mesclando música e literatura, este show reúne clássicos da dor de cotovelo da MPB e histórias de amor inspiradas em sucessos de Odair José, Waldick Soriano, Diana, Reginaldo Rossi e Fernando Mendes, num formato divertido e interativo. As canções são executadas por Ricardo Kelmer e Felipe Breier (voz e violão) e também em trechos de suas gravações originais, com participação da plateia. Paixões de cabaré, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor… Favor pagar o couvert antes de cortar os pulsos.

Texto e direção: Ricardo Kelmer. Com Ricardo Kelmer e Felipe Breier
Duração: 2h (ou versão de 1h30)
> Saiba mais, veja vídeos do show

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TRILHA DA VIDA LOCA
Contos e canções do amor doído

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01- Quantas Nádias estão por aí, tentando salvar o que não tem conserto… Ana Velasquez, Altamira-PA – mar2015

02- Adorei! Ligia Eloy, Lisboa-Portugal – mar2015

03- Profundo Ricardo Kelmer. Bjs. Caroline Correia Maia, Fortaleza-CE – mar2015

04- Como vejo este tipo de relacionamento… Verdadeiros choques constantes de personalidade, até que um dia o amor some e fica a dúvida: um dia esteve ali? Ana Velasquez, Altamira-PA – mar2015

05- Muito bom. Pedro Luiz Oliveira, Fortaleza-CE – mar2015

06- Um misto de beleza e miséria. Miséria é viver assim, mendigando o carinho do outro, uma busca constante por algo que não existe de verdade e que faz a pessoa se perder de si mesma e viver o outro. Todo amor tem sim as suas brigas e conflitos, afinal cada um pensa da sua maneira. Mas viver assim é viver perdido. A gente tem raiva pela a personagem, mas quem de nós não já viveu esse sofrimento?! Na verdade, nem sabemos direito o que é amar. 07- Ah, adoro a música, apesar da sofrência em alto grau. rsrsrsrs Uma versão mais dramática pra vcs curtirem. https://www.youtube.com/watch?v=Nr5xeHMIGDQ. Renata Kelly, Fortaleza-CE – mar2015

08- Adoro essa música, Ricardo Kelmer!! Eu e a Monica Carvalhedo cantamos muuuuito no Karaokê!!!! rsrs bjs.. Lana Arrais, Fortaleza-CE – mar2015

09- Vocês não vão querer saber mais que o poetinha querido Vinicius de Moraes ou vão? Ele fala de catedra, pois teve 9 casamentos reais e nem sei quantos amores alem desses. Então vai ai um pedaço da música onde ele diz: Quem nunca curtiu uma paixão / Nunca vai ter nada, não / Não há mal pior / Do que a descrença / Mesmo o amor que não compensa / É melhor que a solidão / Abre os teus braços, meu irmão, deixa cair / Pra que somar se a gente pode dividir? / Eu francamente já não quero nem saber / De quem não vai porque tem medo de sofrer / Ai de quem não rasga o coração / Esse não vai ter perdão

10- Eu concordo com o poetinha. Estou vivendo isso agora e entendo perfeitamente a personagem. Não é massoquismo não apenas acontece Renata, ninguem esta livre. Que bom que não esteja. Ricardo Kelmer você é simplesmente demais!!! Você consegue retratar todo o sofrimento humano nos seus pormenores e seus recantos mais escondidos da alma. Amei isso que escreveu. Presentão pra todos que sofrem ( vivem ) os males ( aventura ) do amor paixão ou seja la que nome tenha. Valeu!! Adorei o conto e muito obrigada. Beijão. Ana Andréa Gadelha Danzicourt, Tubarão-SC – mar2015

11- Existem relacionamentos que não sabemos o motivo pelo o qual continuamos, mas o fato é que essa chama que queima, a dor, o medo de perder o outro, só sabe dessa fúria quem já passou por isso, tudo certinho, em comum acordo, sempre, na verdade é um saco!! complicado de entender, mas paixão não se entende mesmo….. Kelmer vc é sempre fantástico!!! beijos no coração. Regia Alves, Fortaleza-CE – mar2015

12- Aff, detesto qdo Ricardo Kelmer, fica retratando minha vida. SQN! rsrsrsrs. Muito bom, sempre! Marina Oliveira, Fortaleza-CE – mar2015

PorQueBrigamos-06a


O amor que ama o outro

24/11/2013

24nov2013

A maioria ama a posse do outro, mas também há o amor que ama a liberdade do outro

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O AMOR QUE AMA O OUTRO

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Não, o amor não é algo absoluto, imutável, uma lei que foi criada no início do mundo e que com ele morrerá. O amor é uma construção social. Nós aprendemos a amar seguindo as convenções da sociedade em que vivemos. Por essa razão, as diversas sociedades do mundo amaram e amam de maneiras diversas.

A maioria dos ocidentais do mundo atual entende que só é possível amar uma pessoa por vez, e grande parte acha que quando alguém ama, não tem ou não deveria ter desejo sexual por mais ninguém. Tudo isso são noções aprendidas, que podem ser desaprendidas. Para a maioria, só existe o amor exclusivista, mas a verdade é que o amor também pode ser inclusivo. A maioria ama a posse do outro, mas também há o amor que ama a liberdade do outro. Atualmente, cada vez mais pessoas deixam de seguir as convenções sociais que desde cedo lhes ensinaram como devem amar e, em vez disso, buscam amar do jeito que elas mesmas consideram melhor. São minoria, é verdade, mas de um jeito ou de outro acabam se encontrando e experimentando novas formas de viver o amor.

Todos os que ousam desafiar as convenções de sua época pagam caro por essa ousadia. Se hoje nossa sociedade é mais livre e menos preconceituosa em relação às diferenças étnicas, sexuais, de cor, de gênero ou de credo (ou não credo), é porque no passado houve pessoas que ousaram mostrar a cara, assumiram o que são e lutaram, e até morreram, por um mundo mais justo e verdadeiro.

Essas pessoas que amam o outro e não a posse do outro, que amam sem exclusividade sexual, que amam a mais de uma pessoa ao mesmo tempo, essas pessoas estão, neste momento, forçando a sociedade a reavaliar suas regras sobre o que é amar. No entanto, para a maioria, isso aí é qualquer coisa… menos amor. Essa maioria se julga dona do amor e, por isso, tenta sempre aprisioná-lo em supostos limites teóricos e diz que esse negócio de amor livre e relação aberta é ilusão, safadeza, doença, coisa do demo…

Que a maioria continue com seu velho amor que só consegue amar se puder controlar o outro. Eu sou da minoria. Prefiro o amor que ama o outro. Prefiro o amor que liberta.

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Ricardo Kelmer 2013 – blogdokelmer.com

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Mais sobre amor e liberdade

EmBuscaDaMulherSelvagem-02base4cA mulher livre e eu – É esta a mulher que dança pela vida comigo, duas individualidades que se harmonizam, mas não se anulam em estúpidas noções de controle: amamos o outro e não a posse do outro

Em busca da mulher selvagem – Era por ela que eu sempre me apaixonava, essa mulher que era quem ela mesma desejava ser, e não a mulher que a família, religião e sociedade impunham que ela fosse

Amor em liberdade – O que você ama no outro? A pessoa em si? Ou o fato dela ser sua propriedade? E como pode saber que ela é só sua?

ENTREVISTA

Regina Navarro Lins (revista TPM, set2012) – A psicanalista e sexóloga fala sobre relacionamentos, sexo e liberdade.

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01- Adoreiiiii! Tatá Guida, Rio de Janeiro-RJ – nov2013

02- Eh ricardo, segura meu “like” ae fera. Tárcio Meireles, São Paulo-SP – nov2013

03- Sou fã desse moço, que nos apresenta um texto delicioso… Como ele, “Prefiro o amor que ama o outro.” Sandra Regina, Curitiba-PR – nov2013

04- Gostei muito desta vez , adoro tudo sobre amor prefiro amor só amor. Lisa Mary, Fortaleza-CE – nov2013

05- A meu ver, se todos os envolvidos estiverem de acordo, não vejo mal nenhum, mesmo. Mas vejo como uma escolha das duas pessoas (ou mais..rs), pois todos tem direito de optar por como se sentem melhor, seja um amor monogâmico ou não. Dri Flores, São Paulo-SP – nov2013

06- Perfeito este seu texto Ricardo Kelmer, gosto de saber que não me enganei com a primeira impressão que tive de você naquele bar em Jericoacoara, não gosto que a sociedade defina o que eu penso, como vivo ou como amo, até mesmo porquê acredito que o amor é apenas um sentimento e não um relacionamento. O amor pode ser de uma via só, você pode amar até a um objeto, a um animal, a um ser dito humano e ele não corresponder ao que você sente. E o amor é só um sentimento não só quando você ama alguém que não te ama: o amor é só um sentimento mesmo quando você é amado por uma ou várias pessoas . É que você pode amar sozinho, sem reciprocidade, ou amar de um jeito e ser amado de outro. Também acredito nos amores que amam o outro e libertam. Com todo o meu amor! Fatima Carvalho, Santo André-SP – nov2013

07- Texto maravilhoso, marca registrada RK. E qdo se trata de amor esse qdo sai de nós já não nos pertence mais. É como um presente o outro fará dele o que desejar. Alguns compartilham, outros se apegam, outros largam num canto, as vezes não se dão conta que são amados! E assim seguimos: amando, esquecendo, dividindo e multiplicando o amor, o amores. Cada qual do seu jeito quer amar e ser amado. O amor que ama desapegado é um belo tipo de amor. Talvez o mais desinteressado e puro amor, amor que ama e deixa livre pra amar! Ivonesete Zete, Fortaleza-CE – nov2013

08- Perfeito….kkkkk..me identifiquei. ….com a minoria! Erika Menezes, Fortaleza-CE – nov2013

09- Nossa Ricardo Kelmer!!! Adorei esse texto!!! Super concordo!!! Parabéns!!!!:) Sidneia Fonseca, São Paulo-SP – nov2013

10- “O amor é uma construção social.” É o que eu tenho dito… Arrasou… Juliana Silva, Paulo Afonso-BA – nov2013

11- Interessante!!! Marcos Vilena, Ubatuba-SP – nov2013

12- Ouvi uma palestra num congresso ( que tinha como tema Os Amores Líquidos) que o homem é um animal polígamo por natureza, e que somos forçados a crer na monogamia pressionados por algumas religiões. Me senti aliviada e “normal” depois disso. Izabel Castro, São Paulo-SP – nov2013

13- Concordo plenamente com o que ela escreveu!A sociedade não assume´,mas é verdade sim..bom dia Ricardo Kelmer.Bjs! Thais Guida, Rio das Ostras-RJ – dez2013

14- A sociedade ainda não está preparada pra esse “tipo ” de amor..mas essa sociedade que te incita a fazê-lo é a mesma que abomina…então pq se preocupar cm ela? Marília Lima, Fortaleza-CE – dez2013

15- Belo texto, Ricardo Kelmer, assino embaixo. Somos uma sociedade diversa, formada por pessoas diversas com sentimentos e desejos diversos, e com diversas maneiras de amar. Aprender a respeitar e conviver com o diferente é o nosso maior desafio se quisermos realmente evoluir como pessoas e como sociedade. Antonio Elinaudo Barbosa, Fortaleza-CE – dez2013

16- Eita discusrão q nunca acaba por maíis q sejamos mudernos. Laissez-faire cada um q faça o q melhor achar! E aeh Thais achou algo? Bjs pra todos…especial pra ti Kelmer^.^ Izabel Castro, São Paulo-SP – dez2013

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OAmorQueAmaOOutro-02a


Paixão de um homem

23/09/2013

23set2013

Solano é meu melhor amigo, e tudo que não desejo é que ele sofra por uma vagabunda que não merece uma gota das lágrimas que ele tanto chora

PAIXÃO DE UM HOMEM

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Amigo, por favor, leve esta carta

E entregue a aquela ingrata
E diga como estou

Puxo do bolso o envelope e fico olhando pra ele por um bom tempo. Envelope dobrado, meio amassado, escrito “Para Wangleide com paixão”. Quantas vezes fiz esse mesmo gesto? Perdi as contas. Como sempre, fico altamente dividido, querendo ajudar Solano mas com vontade de dizer que isso que ele faz é muito bonito mas… é totalmente inútil. Acontece que ele me pede com tanta dor, uma dor tão doída, que eu não consigo negar. Aí acabo levando as cartas dele pra Wangleide. Eu vejo ela todo dia no escritório, sou motorista da empresa, não custa fazer esse favor ao amigo, né? Mas custa sim. Solano é meu melhor amigo, daqueles amigos que hoje em dia é difícil encontrar. E tudo que não desejo é que ele sofra por uma vagabunda que não merece uma gota das lágrimas que ele tanto chora.

Com os olhos rasos dágua
E o coração cheio de mágoa
Estou morrendo de amor

Semana passada a gente bebia no Roque Santeiro, ouvindo o Golden Bregas volume 2, e dona Orestina apresentou a Jumara pra ele. Jumara é menina bonita, bem aprumada, até faz faculdade, e a mãe tem uma lojinha ali na rodoviária. Quem disse que ele se interessou? Nem olhou pra menina. Só queria saber de entornar cachaça e falar da Wangleide, que ela tinha deixado ele mais uma vez, que ela não atendia as ligações… Bebia, falava e chorava. Falava, chorava e bebia. Baixou quase um litro de Sapupara nessa noite e gastou o estoque de guardanapo todinho, só enxugando o choro, chega dava pena. Pediu pra eu ir com ele no orelhão ligar pra ela, eu fui, liguei, falei com ela mas a vadia não se sensibilizou. Ele ficou tão arrasado que se deitou embaixo da mesa e encasquetou que só saía de lá se a Wangleide fosse falar com ele. Acabou dormindo. A muito custo consegui pegar meu amigo e botei no Parangaba-Mucuripe, deitado no último banco, e pedi pro motorista acordar ele quando chegasse no terminal.

Amigo, eu queria estar presente
Para ver o que ela sente
Quando alguém fala em meu nome

Rapaz, se tem uma coisa pra desmantelar a vida do cidadão é mulher, viu? Nem bebida e nem jogo faz mais estrago. Olhe, só pra você ter uma ideia, um dia o Solano comprou cem blocos de papel de carta e escreveu “Wangleide, eu te amo” em todas as folhas, uma por uma, linha por linha. Levou um mês nessa empreitada, gastou duas caixas de bic vermelha. Ele mandou deixar na casa dela, encomenda registrada. O carteiro Josimar disse que quando ela recebeu e viu o remetente, falou assim: Mas esse corno não sossega! E sabe o que ela fez com a encomenda? Usou pra limpar a bunda. Pelo menos foi o que ela disse. Sim, ela mesma conta pra quem quiser ouvir. Aliás, a bunda dela… Deixa pra lá, não fica bem falar disso agora. Pois quando o Solano soube o que a ingrata tinha feito, você pensa que ele desistiu? Desistiu nada. No outro dia lá estava ele na porta da casa dela, com aquele carro do Loucuras de Amor, ele se declarando no microfone pra Wangleide e a vizinhança inteira tomando conhecimento. Ela? Não botou nem a cara no portão. E ainda chamou a polícia.

Eu não sei se ela me ama
Eu só sei que ela maltrata
O coração de um pobre homem

Solano, rapaz, tem tanta moça bacana por aí, essa mulher não é mulher pra você… Ele nem deixa eu falar, faz sinal assim com a mão e diz que se eu sou amigo dele, amigo de verdade, não fale dela desse jeito. Aí eu desanimo, né? Como é que eu digo que desde o primeiro dia essa safada chifra ele adoidado? Como é que eu digo que a cabeça dele tá parecendo aqueles cabides de pendurar roupa, é ponta pra todo lado, nem sei como é que o Solano consegue usar chapéu. Todo mundo na feira sabe que a Wangleide não presta, menos ele. Aliás, ele sabe, claro, mas se engana, diz que um dia ela vai se arregenerar e perceber o amor verdadeiro que ele sente por ela. A pessoa humana é assim, fecha os olhos pra não ver aquilo que faz o coração chorar. Ô desgraceira medonha.

Amigo, se esta cartinha falasse
Pra dizer a aquela ingrata
Como está meu coração

Ela não é nem bonita como ele diz. É meio malfeitona de corpo, sabe, tá meio sambada e ainda tem um braço seco. Tipo da mulher que depois de um filho embaranga de vez. Mas tenho que admitir uma coisa, que o Solano não me ouça: ô lapa de bunda aquela mulher tem, é uma coisa absurda! É o famoso fogão oito-boca. Com acendedor automático. E autolimpante. Um dia me contaram aquela piada do cara que foi enrabar uma mulher que tinha a bunda tão grande mas tão grande que ele escorregou e, bufo, caiu lá dentro, e depois de um tempo procurando a saída, encontrou outro cara que tinha caído lá já fazia uma semana, ahahahah!!! Pois cá pra nós, a Wangleide deve ter sido o modelo pra criar essa piada… Putamerda, eu não devia falar essas coisas. O Solano sofrendo que nem um condenado no inferno e eu fazendo brincadeira com o suplício do amigo. Desculpa, Solano.

Vou ficar aqui chorando
Pois um homem quando chora
Tem no peito uma paixão

Entro na sala. Wangleide tá em sua mesa, fazendo conta na máquina. Entrego o pedido assinado, a vagabunda carimba e me devolve o canhoto. Então puxo o envelope do bolso e jogo na mesa, bem na frente dela. Eu sei que ela sabe que é do Solano. E sei, ah, como eu sei, o quanto é inútil tudo isso. É inútil eu querer ajudar meu amigo, é inútil o sofrimento que há meses o coitado tá passando, foram inúteis todas as outras cartas que ele escreveu com tanta dor… Mas eu me sentiria um traidor se não fizesse o que ele me pede. Já que não posso fazer meu amigo feliz, pelo menos eu não lhe destruo a esperança, que é a única coisa que lhe resta nessa vida de merda.

Vou ficar aqui chorando
Pois um homem quando chora
Tem no peito uma paixão

Wangleide pega o envelope, põe contra a luz, vira do outro lado. Depois amassa ele todinho, faz uma bolinha e atira no cesto de lixo. Se eu vendesse papel de carta praquele abestado, ia ficar milionária, ela diz, levantando e saindo de trás da mesa. Caminha até a porta, fecha e gira a chave duas vezes. Vai ter que ser bem ligeirinho, viu, fofo, ainda tem duas entregas pra hoje, ela diz enquanto beija minha boca e começa a abrir minha calça. Depois se debruça na mesa, deitando o rosto sobre os pedidos de entrega. E ergue a saia, exibindo o rabão branco e abrindo bem as carnes com as duas mãos, como ela sabe que eu gosto. Eu sei que eu não devia. Sei que é totalmente imperdoável, eu sei, eu sei. Mas não tem jeito: nessa hora sempre lembro da piada da mulher da bunda grande e começo a rir.
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Ricardo Kelmer 2006 – blogdokelmer.com

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A música Paixão de um Homem, cuja letra foi reproduzida neste conto, é de autoria de Waldick Soriano, que a interpretou e consagrou com seu estilo inconfundível. Este e outros textos integram o livro Trilha da Vida Loca – Contos do amor doído. > Mais sobre o livro e o show homônimo

> Waldick Soriano (Caetité-BA, 13.05.1933 – Rio de Janeiro-RJ, 04.09.2008) foi um cantor e compositor brasileiro.
Waldick Soriano na Wikipedia

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Trilha da Vida Loca
Ricardo Kelmer, contos

O amor é belo. Mas também é ridículo, risível, trágico… Aqui estão reunidas seis histórias, inspiradas em grandes sucessos musicais da dor de cotovelo. Paixões de cabaré, porres horrendos, brigas, escândalos, traições, vinganças e outras baixarias em nome do amor. Amar é para estômagos fortes.

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Ricardo Kelmer no Eita Sarau (SP-SP) ago2013
Conto: Paixão de um Homem
Música: Paixão de um homem (Waldick Soriano)

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Paixão de um Homem (Waldick Soriano)

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WaldickSoriano001OUÇA E BAIXE

> DVD Waldick Soriano ao vivo (2006)

Gravado em novembro de 2006 no Centro Cultural Sesc Luiz Severiano Ribeiro (ex-Cine São Luiz), em Fortaleza, cidade onde Waldick morou em seus últimos anos de vida, o show traz um repertório de bolerões clássicos. Direção: Patrícia Pillar.

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LEIA NESTE BLOG

odairjose010aOdair José, primeiro e único – Se você, meu amigo, é desses que sentem atração por esse universo brega pré-FM, feito de bares de cortininha, radiola com discos arranhados e meninas vindas do interior… então escute Odair

Vou tirar você desse lugar (Trilha da Vida Loca) – De repente a semana cansativa, o trabalho desgastante, o crediário atrasado da tevê, tudo passou a ser apenas detalhes insignificantes a evaporar ao toque dos dedos dela…

Lama (Trilha da Vida Loca) – E foi por amor, quando já não havia mais dinheiro, quando mendigavam comida na porta dos restaurantes, quando já não havia mais alternativas, que Lena decidiu alugar o corpo na praça da Central

Por que brigamos (Trilha da Vida Loca) – Ou continuava tentando salvar o casamento, e todo o seu esforço não seria nenhuma garantia de sucesso, ou então salvava a si mesmo – se é que existia salvação para ela

A última canção (Trilha da Vida Loca) – O que mais impulsionava sua voz, a raiva por ela brincar assim com seus sentimentos ou o ódio por pressentir que mais uma vez não conseguiria resistir?

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01- Homem Parabéns, vi você lá no Icaraí onde passamos um fim de semana com a turma toda…no comecinho de um poeta, de um escritor, falando de seus pensamentos e genial criatividade de raciocínio muito lindo ! Prazer em te conhecer. Edith V Dragaud, Fortaleza-CE – set2013

02- sempre..Ricardo Kelmer!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Cris Pinheiro Lima, Santos-SP – set2013

PaixaoDeUmHomem-01a


Cais e amores

22/04/2013

22abr2013

Sabia que foi também por causa de uma ventania medonha que hoje vim parar aqui nos Inhamuns, atrás de meu coração machucado que uma enfermeira levou em sua maleta?

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CAIS E AMORES

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Meu querido Cais,

Fiquei sabendo que você está de endereço novo. Trocou as águas poluídas da Praia de Iracema pela água fria da zona leste. Estou curioso para conhecer seu novo lar e brindar à mudança. Este fim de semana não vai dar porque tive de vir aqui em Crateús resolver uns probleminhas. Coisas do coração, sabe como é, esses desmantelos sentimentais que entortam a vida da gente. Mas não vamos falar disso. Logo estarei de volta a Fortaleza e aguarde que qualquer hora dou as caras por aí.

Cais Bar. Sim, sei que vai ser estranho sentar em suas novas mesas, olhar ao redor e não ver o mar. Mas quem aprendeu com o mantra das ondas de Iracema, sabe que é preciso sempre navegar e seguir os sonhos. E você navegou. Subiu a âncora, abriu as velas e permitiu que os ventos do destino soprassem seu sonho para outras águas.

O sonho… Ah, o que não se faz por um sonho, né? Pelo amor também: você chora, enche a cara, toma lexotan para dormir e entra no cheque especial do desespero. Deixa até crescer aquela barbicha horrorosa só porque ela gosta. Pelo amor, não duvide, você até larga o trabalho ao meio-dia e pega um ônibus pinga-pinga para Crateús, sem ter nem onde ficar, sete horas de estrada e mormaço só para pedir a ela mais uma chance, o olho cheio dágua, volta, por favor…

Hummm… Desculpe. Esse assunto de novo. Juro que não falo mais nisso. Pois bem. Cais Bar… É claro que as velhas lembranças não vão morrer. Jamais esquecerei aquela tarde de sábado em que eu, Nilo e Augusto Cesar fomos ao Cais, nem inaugurado ainda, nem mesa havia, e Ernesto nos serviu uma cerveja, transbordante de otimismo. Eu era apenas um ingênuo garoto de 20 anos, deslumbrado com as promessas da boemia, mas senti a solenidade do momento e, em contribuição, recitei Receita de Mulher, de Vinicius, com Nilo no violão e o mar na percussão. Como esquecer daqueles carros estacionados na areia, onde muitas vezes fui dormir para recuperar as forças e depois voltar à mesa dos amigos? E as famosas pedras? Quanta gente boa não se apaixonou ali, sob o incentivo dos gaiatos, já vai pras pedras, né?

Mas no balanço da vida, e do amor, tudo pode mudar. Por isso é preciso estar atento à vontade dos ventos e fazer a coisa certa. Quando os ventos sopraram outros visitantes para a Praia de Iracema, levando outros interesses e afugentando o público habitual, você resistiu, tentou manter-se firme no sonho. Quando o descaso do poder público pairou sobre aquele pé de castanhola feito a sombra do fim dos tempos, você ainda esperneou e comprou a briga. Mas o bom navegador sabe a hora de virar a vela.

Os ventos… Ai, ai. Eu não queria, mas vou escorregar para aquele assunto de novo. Sabia que foi também por causa de uma ventania medonha que hoje vim parar aqui nos Inhamuns, atrás de meu coração machucado que uma enfermeira levou em sua maleta? Pois foi. Ô desgraceira. Mas viver, e amar, é assim mesmo: tem hora que é preciso confiar na sabedoria natural dos ventos, e deixar-se levar, humilde, o coração apertado, rumo ao que nos chama, mesmo sem saber aonde vai dar. Mesmo sem saber se vai ser feliz ou se vai pegar o ônibus de volta a Fortaleza, triste e sozinho, olhando pela janela a árida paisagem da alma.

Velas ao vento, Cais Bar! Cumpramos com altivez nosso destino de navegar. Que venham novamente, nos ares dos novos tempos, as mesas cheias de amigos, velhas e novas caras, entardeceres e amanheceres ao violão, poemas de batom no guardanapo, caipirinha com açúcar e paixão. E, para não perder o hábito, quero pedir ao Beruaite uma música, pode ser? É Malacaxeta 2, aquele blues acústico do Pepeu, “você produz toda a luz que eu preciso, que eu gosto de ter…” É uma música muito especial para mim. Sei que é difícil, mas quem sabe os ventos deste sábado tragam esse blues até aqui no sertão e façam a moça sorrir e voltar para mim.

Pois é. Eu sei que no amor, assim como na vida, às vezes a gente insiste em não querer mudar. Mas aí bate a ventania da necessidade e não tem outro jeito: lá se vai a gente, para a Água Fria, para Crateús, para o raio que o parta, lutar pela vida e pelos sonhos. E pelo amor também, esse vento inexplicável que nos leva de cais em cais, esse vento que nos faz viajantes da estrada mais bela e insana que há.

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Ricardo Kelmer 2003 – blogdokelmer.com

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> Esta crônica integra o livro Blues da Vida Crônica

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01- Não tenha dúvida, Ricardo, ela não te merecia. O amor inclui perdoar os defeitos de quem a gente ama. Palavra de quem já ficou mtos anos num relacionamento só, e vc sabe. Bjooosss. Christina, Rio de Janeiro-RJ – mai2006 



Alma selvagem

11/03/2013

11mar2013

Ela celebra a vida em rituais… Bendiz os ciclos naturais… Ela sabe, o ser não cabe na definição

AlmaSelvagem-1

ALMA SELVAGEM

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Ela tem a alma selvagem
E o vento sopra liberdade
Na mecha do cabelo
Brinca de beijo, pede afago
Mas cuidado
Ela gosta de arranhar

Ela segue seu destino
No fluxo feminino
Deita com a lua nova
E o seu corpo se renova
À noite chora por amor
Sonhos que ainda não realizou

Ela celebra a vida em rituais
Bendiz os ciclos naturais
Ela sabe, o ser não cabe na definição
Abraça o mundo com carinho
Mas só vai pelo caminho
Onde tem um coração

Alma selvagem, liberdade de ser
Alma selvagem, coragem de viver

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Ricardo Kelmer 2005 – blogdokelmer.com

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> O feminino em mim – Poemas e músicas sobre o feminino

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MAIS SOBRE O FEMININO SELVAGEM

figamulherselvagem01A mulher selvagem – Ela anda enjaulada, é verdade. Mas continua viva na alma das mulheres

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As fogueiras de Beltane – As fogueiras estão acesas, a filha da Deusa está pronta. O casamento sagrado vai começar

Medo de mulher – A mulher é um imenso mistério, que o homem jamais alcançará

Alma una – Eu faço amor com a Terra / Sou a amante eterna / Do fogo, da água e do ar / Sou irmã de tudo que vive / Ninfa que brinca com a vida / Alma una com tudo que há

Quem tem medo do desejo feminino? (1) – A maternidade, a castidade e a mansidão de Nossa Senhora como bom exemplo, e a força, a independência e a liberdade sexual da puta como exemplo contrário, a ser jamais seguido.

LIVROS

vtcapa21x308-01Vocês Terráqueas – Seduções e perdições do feminino
Ricardo Kelmer – Contos e crônicas

Ciganas, lolitas, santas, prostitutas, espiãs, sacerdotisas pagãs, entidades do além, mulheres selvagens – em todas as personagens, o reflexo do olhar masculino fascinado, amedrontado, seduzido… Em cada história, o brilho numinoso dos arquétipos femininos que fazem da mulher um ícone eterno de beleza, sensualidade, mistério… e inspiração.

Mulheres que correm com os lobos – Mitos e histórias do arquétipo da mulher selvagem (Clarissa Pinkola Estés –  Editora Rocco, 1994)

A prostituta sagrada – A face eterna do feminino (Nancy Qualls-Corbert – Editora Paulus, 1990)

As brumas de Avalon (Marion Zimmer Bradley – Editora Imago, 1979)

Mulheres na jornada do herói (Beatriz Del Picchia e Cristina Balieiro – Editora Ágora, 2010) – É ainda mais interessante ver o relato das mulheres pois elas sempre foram, mais que os homens, historicamente reprimidas na busca pela essência mais legítima de suas vidas

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01- belissíma. Fada Helena, Fortaleza-CE – mai2013

02- Amei. Mara Monteiro, Fortaleza-CE – mai2013

03- Adorei… Elisabete Claudio, São Paulo-SP – mai2013

04- Um viva para a essência da mulher selvagem. Silvana Alves, Fortaleza-CE – mai2013

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