El Irresistible Encanto de la Insania 4

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 10

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– ¿Quién eres vos?

Luca miraba a la figura rara adelante de él.

– ¿Una vieja amiga, no recuerdas?

Aquella voz era familiar.

– Esta cueva… yo ya he estado aquí…

Él miró alrededor, intentando reconocer al lugar.

– ¿Cómo andan las cosas?

– Pésimas – él respondió, suspirando. Estaba muy cansado.

– Veo que no estás queriendo volver allá afuera. Pero es necesario.

– ¿Ésto es real? ¿O es un sueño?

– ¿Qué no es real, Vehdvar?

Vehdvar… Él conocía aquél nombre.

– Estoy recordando… vos eres…

– Ihlishhhhhh…

Él fijó la mirada y vio a la enorme naja, la piel marrón y las escamas flamantes, con una geometría. La serpiente levantó parte del cuerpo y se llenó los pulmones, inflando el pescuezo. Entonces abrió la boca y mostró las presas afiladas. Él no sintió miedo.

Naja Hannah, Naja-Rey… – él murmuró, recordando antiguas palabras.

– ¡Mira, mira! Solamente la vieja serpiente podría animarlo… – Ella se desplazó hacia la piedra y se enroscó sobre el propio cuerpo para quedarse a su lado.

– Soy un fracaso, Ihlish.

– ¿E Isadora?

– Isadora es una loca.

– Amor y odio… Pasan los siglos y ellos no se sueltan.

– Déjame morir en paz, Ihlish.

– ¿La dama de blanco te ha encantado, eh? Pero antes de irte a sus brazos, mira ésto.

Él se volvió hacia el lago oscuro y notó que el agua ondulaba. De a poco una escena empezó a formarse en la superficie… Desde el alcázar de un navío un hombre observaba el mar. Luca supo inmediatamente su nombre: Enrique. Estaba envejecido, los cabellos enteramente blancos… Luca sintió una emoción rara. Era como volver a ver a alguien muy querido después de un largo tiempo. Asimismo, era bastante más que eso, era una afinidad, una complicidad intensa, ¿cómo explicarlo?

Supo inmediatamente que Enrique ya estaba al fin de la vida y que muchos años habían transcurrido desde su salida de un muelle en Barcelona, una mañana nubosa, hacia el cual nunca más había vuelto. Supo muchas otras cosas sobre su vida: la Compañía de Jesús, el Orden del Guardián, las misiones secretas, el peligro de la Inquisición…  El trabajo como misionero lo había conducido a tierras lejanas y lo había hecho convivir con otras culturas. Grande parte de la vida había pasado en barcos, surcando los mares. Los marineros catalanes lo llamaban llamador de vientos porque él sabía cantar y menear el sombrero para traer los vientos que necesitaban, y era a él que recurrían para bendecir sus barcos con ramitos de romero el día de Sant’Elmo. Él tenía una mirada triste y decían que la causa era un antiguo amor. Cuando le preguntaban sobre eso, él citaba los versos de March, el poeta catalán: Com se farâ que visca sens dolor tenint perdut lo bé que posseya?

Por la noche, el mar de China, la tormenta… Enrique estaba en el navío que se sacudía entre las olas enormes. Al anochecer un marinero había visto en el horizonte la fatídica carabela de los muertos, la nave translúcida que conducía a las almas de los desaparecidos, y eso los había llenado a todos de los peores presagios. Y ahora la tormenta repentina, las olas invadiendo el alcázar, todo siendo arrojado violentamente de un lado a otro. Era necesario abandonar el navío.

La tripulación lazaba los botes al agua, pero el terror y la confusión dificultaban todo. En cierto momento Enrique perdió el equilibrio y se golpeó la cara contra el mástil, abriendo una herida del lado derecho, y luego empezó a sangrar. Atarantado, él bambaleó y perdió el equilibrio. Y cayó en el mar helado. Trató desesperadamente de subir a flote para respirar, pero nada podía contra las grandes olas que lo hacían tragar cada vez más agua. Su cuerpo empezó a congelarse y sus fuerzas lo abandonaban… Cuando el bote estaba bien cerca de salvarlo, él se hundió. Y desapareció.

Luca lloraba, todavía mirando hacia las aguas oscuras del lago. Él sabía que Enrique se había dado por vencido cuando podría haber luchado un poco más por su vida. Y sabía también que en su último pensamiento estaba Catarina, la mujer que él nunca había olvidado y a la cual había abandonado en el muelle de Barcelona.

– ¿Entonces Isadora estaba correcta? – murmuró Luca, tocándose la cicatriz en la cara. – ¿Yo de hecho he sido Enrique?

– Tanto como cualquier otra persona lo fue – respondió la serpiente.

– ¿Cómo así?

– La vida de Enrique, igual que cualquier otra vida, incluso la suya, puede ser accedida por cualquier uno, pues en un nivel más profundo todas las vidas están interconectadas por las experiencias vividas, formando una sola vida, un único yo.

– Entonces no existe…

– Reencarnación. Es una ilusión del ego, que se identifica con la otra vida y entiende eso como recuerdo porque está atado al tiempo lineal, en el cual pasado, presente y futuro ocurren en secuencia.

– ¿Y no ocurren?

– Solamente para el ego. Vos y Enrique se identifican profundamente y sus experiencias se cruzan a través de los siglos porque para el yo superior el tiempo es una red en la cual pasado, presente y futuro se cruzan en todos los puntos.

– Entonces todos los tiempos ocurren…

– Al mismo tiempo. Y todos tus yos son todos los otros. Por eso cualquier vida puede ser influenciada por la vida de cualquier persona de cualquier tiempo.

– Así siendo, el pasado puede ser…

– Cambiado. De la misma forma el presente y el futuro, pues todo está siempre ocurriendo…

– Ahora.

– Pero solamente un recuerdo profundo del yo puede realmente cambiar el tiempo. Porque en verdad el tiempo está adentro…

– Del yo.

La serpiente se movió…

– Todo ocurre en la mente, Vehdvar.

… se desplazó hasta el lago…

– Cámbiate a tí mismo, y todo cambiará.

… y desapareció de nuevo en las aguas oscuras.

*      *     *

Una bella mujer de vestido blanco. Adelante de él, ella lo miraba de una manera que lo invitaba…

– Debe ser una mujer muy bonita para hechizarte así…

Aquella voz… Luca se dio vuelta. Y vio a Isadora.

– ¿Qué haces en mi sueño?

– Este sueño es nuestro.

‒ Entonces es una pesadilla.

‒ He venido a buscarte. Ven.

– Es demasiado tarde, Isadora.

– ¿Por qué?

– Porque me he cansado.

– Vos tienes que intentar, Luca. No puedes darte por vencido.

– Tanto puedo que me he dado por vencido.

– Intenta solamente un poco más, por favor…

Él dio un paso hacia adelante, en dirección a la mujer de blanco. Era su falda lo que necesitaba, su comprensión. Estaba cansado de luchar, contra la vida, contra sí mismo, contra todo. Solamente deseaba extinguirse, no tener que despertar jamás. Solamente eso.

– No la mires, Luca – Isadora pidió. – Mírame a mí.

Pero él estaba decidido.

– ¿Luca, me escuchas?

Él no respondió. Y siguió en frente.

– Entonces yo iré contigo.

Él se dio vuelta hacia ella, sorprendido.

– Vos no harías eso.

– Lo estoy haciendo.

Él sintió la mano de Isadora sosteniendo la suya, firme. Y en ese momento el abismo surgió bien a su lado, un abismo oscuro y profundo susurrándole su nombre. Si saltara hacia la oscuridad, él perdería absolutamente el control sobre su propia vida, sobre todo, y sería apenas un pobre idiota del amor, no lo aceptarían más en el Orden, sería expulsado de la banda, la Inquisición lo quemaría en la hoguera, sería el fin…

La mujer de blanco y el descanso, el nunca más tener que despertar. El abismo oscuro y la entrega del control. Ambos lo llamaban…

– Estamos juntos, Luca… – Isadora susurró.

Y antes que ella dijera cualquier cosa más, él saltó.

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CAPÍTULO 11

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La primera cosa que él vió fue una luz suave y colorida. No sabía adónde ni cuando estaba, pero aquellos colores le trajeron una diáfana alegría, venía de lejos, muy lejos…

En otro momento juzgó notar una presencia femenina, dulce y protectora. Trató de decir algo pero el esfuerzo fue tan grande que se desmayó.

Por fin, abrió los ojos. Luego de un momento de confusión mental, entendió que estaba acostado, la cara hacia arriba, y había una sábana blanca sobre su cuerpo… Estaba acostado en una cama… una habitación de hospital… un tubo de suero conectado a su brazo… Adelante de él la ventana entreabierta dejaba entrar la claridad del día. Y a su lado estaba su madre dormitando en la silla.

– ¿Mamá, qué día es hoy? – él preguntó y doña Gloria casi se cayó de la silla, despertando de un susto.

– ¡¡¡Luca!!!

Ella lo abrazó, emocionada. Luca trataba de recordar lo que podría haber ocurrido con él. Pero nada le venía a la memoria.

– ¿Qué ha pasado?

– Hijo mío, que bueno que vos…

– ¿Dime, madre, qué ha pasado?

– Un accidente, hijo mío – ella respondió, secándose una lágrima. – Pero no pienses en eso ahora.

– ¿Accidente?… – Él no recordaba ningún accidente. – ¿Cuándo?

– Vos has estado en coma a lo largo de un mes.

Él se concentró para recordar cualquier cosa que fuera, pero no consiguió. Insistió en saber sobre el accidente. La madre le explicó: un coche había avanzado la preferencial, choque muy violento, una suerte tremenda que él estuviera vivo.

– ¿Yo estaba solo?

– Hijo mío, vos estás débil, tienes que reposar…

Ella no necesitó responder. Súbitamente él recordó a Bebel, el fin de semana en la playa, su cara, su sonrisa tierna… Las lágrimas resbalaron y él no consiguió decir nada más. Y adormeció sollozando.

*      *     *

Al día siguiente el recuerdo le trajo otras imágenes. Una española de nombre Catarina… un jesuita portugués… viajes en navíos… Todo se confundía entre sueño y realidad, pero eran imágenes que lo emocionaban. Tuvo la corazonada de que, mientras había estado allí en coma, muchas cosas habían ocurrido con él… Y adormeció una vez más.

Cuando despertó de nuevo, se sentía más bien dispuesto. Doña Gloria confirmó la muerte inmediata de Bebel y del bebé en el accidente. Contó que él había sido rescatado con muchas lesiones y que en el hospital contrajo una neumonitis, que lo había dejado por varios días al borde de la muerte, desanimando a todos, incluso a los propios médicos. Pero, de un momento a otro, él se recuperó, sorprendiendo a todos.

– Los chicos de la banda te han traído ese paño ahí de regalo – contó Celina, feliz por tener al hermano de vuelta.

– Yo lo he colgado en la ventana para reducir la claridad – dijo doña Gloria. – Un día vos has abierto los ojos, y al ver el paño te has sonreído. Y te has dormido de nuevo. Fue ese el día en que tuve la certeza de que volverías.

Él miró el paño y lo reconoció. Era una pintura con el nombre Bluz Neón a varios colores y las imágenes de los cinco en silueta, tocando. Echó de menos a los amigos, ¿cómo estarían? Pero otra cosa lo molestaba.

– ¿Alguien tiene noticias de Isadora? – él preguntó, y de repente estremeció: ¿ella aún lo esperaba en aquél muelle?

No, ninguna noticia, doña Gloria no sabía de Isadora. Celina tampoco. Él sintió la tristeza invadiéndole el alma. Isadora… ¿Adónde andaba?

– ¿Vos estás bien, hermano? – Celina le preguntó.

– Estoy. Pero quiero quedarme un poco solo.

– ¿Estás seguro?

– Estoy.

– Está bien. Cualquier cosa, grita.

Celina lo abrazó y salió, junto con la madre, cerrando la puerta del cuarto.

Luca se dio vuelta de costado, acomodando el cuerpo en la cama. Y cerró los ojos. ¿Entonces era verdad? ¿Entonces Isadora tenía razón? ¿Él de hecho había sido Enrique, el brujo portugués, el maestro-amante de Catarina? Que cosa increíble… No solamente había recordado – ¡había revivido todo! De alguna forma, a lo largo de aquellas semanas en coma, su alma viajó hasta el siglo 16 y vivió como Enrique. Y vivió de nuevo todas las emociones, los sentimientos, los miedos, todo…

– Increíble… – él repetía para sí mismo, cada vez más impresionado. Ahora entendía qué significaba aquella historia de recordar otra vida. ¿Y cómo explicarlo, cómo? Era tan real como recordar un hecho ocurrido hacía algunos años. Las ropas, las casas, la manera de hablar el portugués, el castellano, el catalán… ¿Cómo podría sentir y saber todo aquello de forma tan nítida si no hubiese realmente vivido, cómo? ¿Y el contacto con la piel de Catarina, su olor?…

Sí, él había sido Enrique, un portugués que usaba el disfraz de misionero de la Compañía de Jesús para desarrollarse como iniciado de un orden secreto, el Orden del Guardián. Un aventurero de varias identidades y que tejía su vida en los cuidados de la sordina y de la disimulación. Un conspirador religioso y nacionalista ferreño. Un hombre letrado, dedicado a preservar a toda costa el conocimiento de su orden. lo que lo había convertido en enemigo silencioso de la Inquisición Católica. Un hombre dividido entre sus virtudes y defectos, que llevaba la vida arriesgándose y probando los misterios. Y también un hombre que huyó de la confrontación decisiva de su vida: el amor por Catarina. Porque no admitía abdicar de la seguridad que la Compañía representaba.

Y la culpa por haber huido lo acompañó como una llaga hasta el momento final. Y fue ella la que lo hizo optar por la muerte en aquél mar helado, cuando aún le quedaba una última chance de vivir.

¿O habría otra explicación? – Luca pensó mientras le venía el recuerdo diáfano de un sueño en el cual él parecía descubrir que… que había otra manera de comprender aquél fenómeno de recordar otra vida. Sí, parecía haber otra explicación… Tenía algo que ver con la noción del yo, la noción de individualidad, algo así… Él buscó recordar pero no consiguió. Bien, si había otra forma de comprender lo que le estaba ocurriendo a él, quizás descubriría a continuación. Por ahora lo que sabía era que él, de algún modo, había estado en otro tiempo. Y que Isadora también había estado allá.

– Catarina, mi amor… – Luca susurró, mirando hacia la distancia por la ventana del cuarto. – Yo he vuelto.

*      *     *

La última noche en el hospital, una semana después de volver del coma, Luca demoró en dormirse, aún envuelto por los recuerdos de la vida de Enrique. Los sonidos de los carruajes estridentes, el polvo en los ojos, el olor de las cervecerías de Munique, el gusto de la pimienta, del jengibre y de la canela que los navíos traían como novedad de las Indias… Bastaba cerrar los ojos para sentir todo de nuevo, intensamente.

Entonces notó que una idea parecía querer llegar… Una idea se acercaba… Una idea rara, venida de algún lugar de los confines de su mente… Hasta que llegó, como un cometa cruzando los cielos del pensamiento, y su luz pareció alumbrar toda la habitación: él seguía adonde Enrique había parado. ¡Sí, seguía! Y la bajada a la cueva ahora consistía en enfrentarse al miedo de perder el control de la vida. Era ese el próximo reto, que Enrique había rechazado: abandonar el control.

Impresionado con la clareza que terminaba de descubrir, Luca respiró hondo, buscando contener la euforia. Ahora entendía que quizás el taoísmo le había aparecido a través de Isadora justamente para que alcanzara el conocimiento que le había faltado a Enrique. Era como si fuera un plan dibujado para él. ¿Estaría todo ya escrito? ¿Por la propia vida?

Antes del accidente las cosas ya estaban fuera del control y solamente él no se daba cuenta. Los problemas, los pequeños accidentes y las enfermedades frecuentes, los conflictos con la banda, el ambiente feo en el trabajo, la pérdida del coche, la partida de Isadora y, por fin, el embarazo de Bebel. La vida no podría haber sido más explícita. Y, asimismo, él no había entendido el mensaje.

Luego de mucho pensar y subrayar enlaces entre los hechos de su vida y la de Enrique, Luca se durmió sonriendo, con la sensación de estar renaciendo. Y aquella misma noche soñó con Isadora, un sueño fuerte y nítido. Él la encontraba en un lugar al borde del mar, ella estaba aún más bella.

– ¿De dónde vienes, Isadora?

– De cuatro minutos en el futuro.

– No – él la corrigió. – Fueron cuatrocientos años.

– Tenemos que ajustar nuestros relojes, Luca.

*      *     *

El autobús empezó a salir y Luca miró por la ventana. En la plataforma, Junior, Ranieri, Balu y Ninon saludaban con vasos y una botella de whisky, brindando a él. Junior tocaba en la guitarra alguna música de la banda. Él saludó también, un trago de emoción trancado en la garganta.

Se acomodó en el asiento y respiró hondo. La ciudad pasando lentamente a través de la ventana parecía darle adiós en cada una de sus esquinas. Un súbito temor subió por su espalda, un miedo de dejar todo hacia atrás, de seguir un camino que no sabía adónde podía dar. Era como saltar en el abismo…

Abrió la mochila y agarró la concha que Isadora le había dado al margen de la laguna de Uruaú. La había encontrado días antes en un cajón del ropero, ni siquiera la recordaba más. Recostó la concha al oído y el sonido del mar poco a poco lo calmó…

Dos meses antes estaba saliendo del hospital, muchos kilos más delgado, cicatrices por el cuerpo, aún bastante debilitado. En pocos días acordó la salida de la banda y del empleo, entregó el departamento, vendió algunas cosas y pagó la cuenta en el restaurante. Y compró el pasaje. A doña Gloria no le gustó nada la idea. Celina quedó temerosa de que el porrazo en la cabeza hubiese afectado el juicio del hermano. Los compañeros de la banda no podían comprender cómo él abandonaba un sueño estando tan cerca de que se concretara. Pero para él todo estaba claro, bien claro.

En medio de la madrugada despertó recordando a Bebel. Sentía su presencia, su mirada, casi podía ver adelante de sí la cara de niña y la sonrisa franca. Recordó las noches de cariño, su cuerpo acogedor. Recordó su labor con afinco en el bar, sus sueños de retomar la facultad, el dinero que ella le había prestado… y que él no pagó. Recordó su manera sutil de reprochar su conducta autodestructiva. Y recordó que había llegado a desear ser Enrique solamente para librarse de aquél embarazo. ¿Sería él, de alguna forma, culpable de su muerte?

Retiró del bolsillo una foto, recuperada de la cámara de Bebel, que la hermana le había dado. En la foto estaban él y Bebel, abrazados en la terraza de la casa de playa, la puesta del sol al fondo. ¿Qué exacto sentido aquella mujer había tenido en su vida aquellos meses? Si ella no estuviera manejando, habría fallecido él? ¿Sería posible que ella, de alguna manera, se hubiera sacrificado por él? ¿Algún día descubriría respuestas para aquellas preguntas?

Pero Bebel se había marchado. Y él ni siquiera una vez le había dicho cuánto realmente la quería, cuán importante era ella, cuán hermosa era. Vivía tan sumergido en sus problemas, cerrado en su egoísmo y en su insana lucha contra la vida… No había sido digno de ella. Y el día que finalmente aceptó el hijo que tendrían, ella se marchó. Ellos se marcharon. Para siempre.

Emocionado, tomó la lapicera y escribió en un pedazo de papel, poniendo para afuera lo que estaba apresado en su pecho:

Ah, ese gusto raro
Del amor que podría haber sido
Pero no ocurrió
Y se fue para nunca más
El amor que no pudo crecer
Pero siempre juega a ser
Cuando yo miro hacia atrás

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CAPÍTULO 12

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‒ Mi nombre es Luca de Luz Neón y todos los viernes y sábados toco acá en el Papirar. Espero que les haya gustado. Gracias.

Luca agradeció los aplausos, se levantó de la banqueta y apagó el aparato. Guardó la guitarra en el estuche y bajó del pequeño modulado de madera que servía de tablado. Charles se acercó a él.

– ¡Hoy estuviste regio! – lo elogió Charles, abrazándolo. – ¡Fue realmente alucinante!

– Gracias.

– Estoy incluso pensando en elevar tu caché.

– No tengo nada en contra.

– Vos lo mereces, muchachito. Ahora siéntate ahí que está llegando un guiso de pescado como te gusta.

Luca se sentó a la mesa y se desperezó, estirando los brazos y las piernas. El bar estaba lleno, como ocurría todos los fines de semana. En las mesas él podía reconocer moradores de Pipa que siempre iban al bar y algunas caras nuevas, de turistas brasileños y extranjeros. Charles, un ex-hippie con sus sesenta años, era el dueño, y su mujer Solange era su socia en el negocio. A ellos les había gustado su estilo musical y lo habían contratado para ser el músico permanente de la casa.

Luca abrió una botella de agua y tomó, sanando la sed. Nueve meses…, él pensó. Al día siguiente se cumplirían nueve meses desde que había salido del coma. Y siete meses desde que había bajado de nuevo en Tibau del Sur, él, dos mochilas y la guitarra. Un impulso irresistible lo había conducido hasta allá. Sabía, en el fondo de su ser, que era allá que debería empezar otra vez su vida.

Fue raro ver de vuelta al lugar, aquellos árboles, el río, los pájaros cantando al amanecer… Asimismo, se sintió bien, era como estar en casa. Acampó de nuevo en el camping de doña Zezé, que se recordaba perfectamente de él. Pero a la segunda semana ella le propuso salir del camping y mudarse a la posada: cambiaría el alquiler de la habitación por clases de guitarra y computación para sus hijos, ¿qué tal? La habitación era pequeña pero tenía ropero, mesita, ventilador, ventana con cortina y cuarto de baño. Y el desayuno estaba incluido. Luca ni lo pensó dos veces: negocio cerrado.

La mañana del primer día en su nueva habitación, él despertó y fue al baño. Al pasar por el espejo, paró y se miró por un tiempo. Había algo raro en su cara, en su expresión… Se miró con más atención, buscando descubrir qué podría ser. Sí, había realmente algo distinto, algo que él no conseguía identificar. Los días a continuación tuvo la misma impresión. Había algo raro, sí, ¡que cosa! ¿Pero qué sería? Por más que buscara, no encontró. Terminó dándose por vencido.

Había sido doña Zezé, siempre atenta, que le había aconsejado buscar trabajo en Pipa. Él fue, conoció a Charles y Solange y el mismo día volvió empleado. Así de simple. Ahora tenía trabajo fijo, un trabajo placentero, en el cual podía tocar sus músicas predilectas, incluso sus propias músicas. Y, que alivio, ahora no tenía más que preocuparse con alquiler y reuniones de condominio. Ni con el precio del combustible. Y por encima podía bañarse en el mar todos los días.

Siete meses de soledad. Una soledad al principio rellenada por recuerdos insistentes que siempre venían acompañados de dolorosas revelaciones. Una armadura vieja y herrumbrada, era eso lo que él por mucho tiempo había usado, ahora veía muy bien, un armadura hecha de viejas ideas sobre la vida, que lo protegía de ciertos peligros, sí, pero que cada vez más lo impedía de caminar. Y las máscaras, había también las máscaras, ahora cayéndose una tras otra, revelando su auténtico ser, lleno de imperfecciones. Y había los demonios, muchos, saltando hacia afuera del ropero a todo instante, forzándolo a reconocerlos y mirarlos de frente.

¿Cómo podía haber errado tanto? ¿Y cómo había insistido tanto en un camino que lo conducía hacia lejos de sí mismo?

Hubo días en los cuales, desesperado, buscó a alguien para charlar porque les tenía miedo a sus propios pensamientos. Si no fuera la compañía de doña Zezé y las clases de los niños, posiblemente habría tendio una irrupción psicótica. Podría haber terminado en un hospital psiquiátrico. Pero la larga noche había pasado.

– ¡Mira el guiso calentito!

Era Charles, volviendo a la mesa. Traía en la bandeja un plato de barro humeante.

– ¿Sabes que mañana cumplo nueve meses de haber vuelto del coma? – Luca comentó mientras se servía.

– ¿Nueve meses? Entonces mañana vos nacerás, muchachito. ¡Una cerveza para festejar!

*      *     *

El trabajo en el Papirar era de hecho excelente, y a cada fin de semana él conocía a muchas personas y entablaba buenos contactos profesionales. Por cuenta de uno de esos contactos, viajaba una vez por mes hasta Natal, adonde tocaba en una casa de espectáculos. Como el dinero que ganaba era más que suficiente para sus gastos, rápidamente pudo comprarse una guitarra nueva y un parlante importado, cosa que nunca había tenido en los tiempos de la banda.

Llevaba una vida simple y saludable. Ahora tomaba menos, dormía más y se alimentaba mejor. Nadaba todos los días y tenía tiempo para leer muchos libros. Mantenía contacto con la familia y los amigos por Internet, usando la computadora de doña Zezé. En breve se compraría una para él, pero mientras tanto eso no le hacía falta. Y componía bastante, ahora aventurándose en otros ritmos más allá del blues.

No sabía cuanto tiempo seguiría allí en Tibau del Sur, ni sabía hacia adónde iría después. No sabía qué le pasaría, no sabía de nada. Antes del accidente tampoco sabía de nada más, es verdad, pero la diferencia es que ahora no tenía ninguna preocupación en cuanto a eso. Sabía solamente que hacía lo que debería hacer, y esa tranquila certidumbre lo llenaba de la mayor de las libertades.

Sobre las mujeres, el trabajo en el bar le permitió conocer a varias, e incluso se acostó con algunas. Pero al día siguiente ellas siempre volvían para sus ciudades y él seguía solitario.

Solitario, sí, pero en su pensamiento cierta mujer era presencia constante…

– ¿Isadora, adónde andas, desquiciada?… – él se preguntaba todas las mañanas mientras caminaba por la playa. Quizás ya fuera digno de merecerla, como no había sido Enrique en aquella lejana mañana en el muelle de Barcelona. Como no había sido él también, Luca. Quizás fuera finalmente digno de ella. ¿O ya había arrojado a la basura todas las oportunidades?

Un día, hojeando distraído una revista, vio la imagen de una serpiente naja… y de repente recordó. Recordó un sueño raro… Parecía haber ocurrido hacía tanto tiempo… Era un sueño con un clima misterioso, una atmósfera antigua, sagrada… La serpiente le decía cosas sobre la naturaleza del yo, del tiempo, vidas simultáneas…

– ¡Es eso! – exclamó, tomado por una súbita euforia. Era ese el sueño que él deseaba recordar desde su salida del coma. Y, así, durante los días a continuación, el recuerdo de aquél sueño raro ocupó su pensamiento, la serpiente, aquellas ideas confusas sobre la vida y el tiempo… Eran ideas nada ortodoxas, sí, pero eran instigadoras y él sentía que ellas ocultaban cosas profundas y reveladoras. Quizás un día harían más sentido.

*      *     *

Programa de fin de tarde: viajar en el atardecer. Siempre que podía, Luca bajaba la ladera del río para ver la puesta del sol, sintiendo la brisa en la cara y deleitándose con el olor del mar. Y tocaba para los delfines. Bastaba sentarse al margen del río y hacer sonar las primeras notas en la guitarra que luego surgían sus cuerpos grises en la superficie, los hocicos lisos, las faces risueñas. Quedaban bien cerca, atentos, escuchando… De vez en cuando uno u otro saltaba de repente y el cuerpo ágil brillaba bajo los reflejos de la puesta del sol. Luca se reía, feliz: aquellos eran sus modos juguetones de aplaudir su arte y decir que sí, estaban de acuerdo, la libertad es solamente un sinónimo de no tener nada que perder.

Tocar para los delfines le traía la maravillosa sensación de estar conectado con la Naturaleza, una sensación buena de seguridad, seguramente la misma seguridad que debían sentir los bebés en la falda de la madre, pensaba él. Y, asimismo, era la misma Naturaleza, inmensa y misteriosa, que tanto lo había aterrado aquella mañana en la laguna de Uruaú.

Solo, sentando al borde del río, él tocaba las músicas predilectas y recordaba… Recordaba a doña Gloria, que llamaba para preguntar qué estaba comiendo su hijo y cuándo volvería. Recordaba a la banda, los ensayos divertidos, los shows inolvidables. Después de su salida, Junior había asumido como cantante de la Bluz Neón y se había vuelto novio de Sonita. Pero los dos peleaban tanto que eso interfirió negativamente en los trabajos y dividió a la banda. El resultado fue que no grabaron el CD y la banda se terminó. Junior y Sonita se separaron y él ahora intentaba armar una banda de música disco. Y Sonita se había vuelto novia del contrabajista Ranieri.

Luca se reía, divirtiéndose con los recuerdos y los despatarres que sus amigos armaban. El destino había querido que se separara de los amigos, sí, pero él ahora recibía al destino con un abrazo de confianza, y estar vivo era algo asombroso y estimulante. Meses antes se sacudía en medio de los acontecimientos como quien lucha desesperadamente para no ahogarse. Intentaba controlar a la vida como si eso fuera posible, sin saber que bastaba fluir junto con ella, como hacía ahora y como hacían los chicos que hacían de sus cuerpos tablas en el mar de Tibau del Sur, domando a las olas sin competir con ellas.

Ahora miraba hacia atrás y se espantaba de cuán ciego y perdido había andado. Era como si hubiese huido del infierno, un infierno en el cual lo que verdaderamente ardía era su miedo de entregarse a la vida.

*      *     *

Una mañana Luca despertó y, como hacía siempre, fue al baño. A la salida, paró en la palangana para lavarse la cara y, al mirarse al espejo, vio la imagen de su cara. En ese exacto instante entendió finalmente el motivo de la cosa rara que sentía todos los días siempre que se miraba en aquél espejo. Y ser rio mucho. Allí la imagen de su cara era una imagen única, entera, bien distinta de la imagen dividida del espejo partido de su antiguo departamento.

Luca tocó la superficie del espejo como si acariciara su propia cara. Era raro verla así, entera, una, parecía otra persona. De repente sintió cariño por aquella persona que lo observaba en el espejo, un cariño formado de comprensión, compasión, amor y perdón. Sí, era él mismo, evidente, pero al mismo tiempo era otra persona, otro Luca…

Súbitamente, entendió que no estaba del lado de afuera del espejo – él era el del espejo. Él estaba adentro del espejo y miraba al Luca que estaba afuera. Y entonces pudo darse cuenta de que él, el del espejo, siempre había estado allí, que todos los días lo miraba al Luca del lado de afuera y lamentaba que él no lo viera de verdad, y viera solamente a un Luca fragmentado, dividido en varias partes, despedazado en sus propias contradicciones. Él, el del lado interno del espejo, siempre había sido el Luca que vivía aquél tiempo futuro, aquél tiempo de encuentro consigo mismo, y todos los días intentó hacer con que el Luca de afuera despertara del sueño que vivía y se diera cuenta de que podía interrumpir el ciclo de autodestrucción al cual se había entregado. Y, así, todos los días la superficie del espejo era una fina membrana separando a dos realidades: en una de ellas Luca moría, en la otra él, renacido, esperaba por sí propio.

Luca dio por sí y notó que seguía mirándose al espejo, y se reía sin saber exactamente porqué se reía. Se sintió un bobo, mirándose a sí mismo como si nunca se hubiera visto antes. Y cuanto más pensaba sobre el hecho, más bobo se sentía y más graciosa se volvía toda la cosa. Luego estaba riéndose hasta las lágrimas y lo que era risa se convirtió en un llanto de felicidad, una felicidad rara, formada de la súbita convicción de que, sí, era necesario morir para encontrarse.

*      *     *

Un día, charlando con Charles y Solange, Luca descubrió que ellos tenían un I Ching. Inmediatamente recordó que una vez, en la cocina de su departamento de Fortaleza, Isadora había consultado al oráculo para él. Y que había apuntado el resultado en su agenda.

Pidió el libro prestado y buscó el hexagrama Receptivo. Leyó y se asustó.

“En el otoño, cuando cae la primera helada, el poder de la oscuridad y del frío empieza a manifestarse. Luego de los primeros indicios, las señales de la muerte se irán multiplicando gradualmente hasta que llegue el rígido invierno con su hielo. Lo mismo ocurre en la vida. La decadencia surge, al principio sugerida por pequeñas señales, para en seguida crecer hasta la llegada de la disolución final.” 

Se quedó mirando las palabras, sorprendido con la relación que tenían con su vida. ¡Ahora era tan obvio! Oscuridad, frío, rigidez, decadencia… los primeros indicios… las señales de la muerte… No podrían haber palabras más exactas para resumir lo que le había pasado. Y él simplemente no había captado el mensaje. ¿Cómo podía ser tan ciego?

Durante semanas pensó sobre aquél mensaje del I Ching y su relación con las ideas que últimamente tenía sobre el tiempo. ¿Qué habría ocurrido, él se preguntaba, si el hubiera captado aquél mensaje la primera vez que lo leyó? Seguramente habría alterado su futuro y, así, aquél futuro doloroso que él posteriormente vivió no existiría. Pero existió, ocurrió. Entonces, si hubiera captado el mensaje, habría alterado un futuro que ya pasó, o sea, habría alterado lo que ahora era pasado.

– Caramba… Es posible alterar el futuro – concluyó Luca, espantado con el descubrimiento. – Y también el pasado.

*      *     *

Aquella mañana nubosa había pocas gaviotas jugando en el cielo de Tibau del Sur. Bajo el techo de paja de un bar al borde del despeñadero de la playa, Luca respiraba el olor del mar y miraba un barco anclado… Nueve meses. Aquél día cumplía exactamente nueve meses de haber salido del coma.  Luca se rio, recordando la noche anterior en el Papirar, Charles diciéndole que él estaba naciendo…

Fue en ese momento, como un anhelo, que la canción quiso salir. No solamente quería, ella necesitaba salir. Rápidamente, él agarró la guitarra y… la música salió, resbalando por los dedos y por la boca como si ya estuviera pronta en algún lugar adentro de él.

El viento en el cabello
El polvo en la carretera
Trasnochar en esa posada
Mañana temprano seguir
La vida es una carona incierta
Pero siempre me lleva
Adónde yo necesito ir

– Música bonita… ¿Es nueva?

Aquella voz…

– Acaba de salir – él respondió, parando de tocar.

Ella se sentó a su lado, mirando al inmenso mar adelante, el barco anclado… Él se dio vuelta despacio, mirándola de perfil: ella estaba tan hermosa… Más hermosa aún que en sus sueños.

– ¿Ésto es un sueño? – él preguntó.

El olor de su cabello lo hacía sentirse liviano…

– ¿Y qué no es sueño, Luca?

– ¿De adónde vienes?

– De la posada de doña Zezé. Ella dijo que yo te encontraría acá.

Luca se rio. Una gaviota pasó bien cerca.

– Vos estás preciosa.

– Y vos como estás bárbaro, con una cara saludable…

– ¿Cómo ha sido el viaje?

– Fue increíble, quedé un año viajando. Ahora quiero parar un tiempo.

‒ ¿En San Pablo?

‒ O acá…

Ella se sonrió, mirando al mar. Y él se sonrió también.

– Por hablar en eso, ¿ya has encontrado una definición para el Tao?

– Ah… – Ella se rio, recordando una conversación antigua.  – Sí, finalmente la encontré.

– ¿En serio? Entonces dime.

– El Tao es la tal cosa y Tao.

Ellos se rieron, y de repente era como si aún estuvieran charlando aquella tarde lluviosa en el restaurante de doña Zezé.

– ¿Tuve un accidente, te has enterado?

– No. ¿Cuándo?

Él le contó sobre el accidente, el coma y su recuperación. Isadora escuchaba impresionada. Él contó también sobre Bebel.

– Yo he fallado, Isadora… No he sabido cuidarla.

– Vos has hecho lo que pudiste. – Ella lo consoló mientras se secaba las propias lágrimas.

Luca la tomó en sus brazos, y de repente nunca en ningún tiempo se habían separado. De repente no había pasado más que un año desde el último encuentro. De repente la vida retomaba su curso, naturalmente, fluyendo como debería fluir, río que desciende hacia el mar…

– ¿Por qué has vuelto hasta acá, Luca?

Él se sacó del bolsillo una concha.

– Ella me susurró que yo necesitaba completar mi misión.

– ¿Misión?

– Volver a vos.

Ella se sonrió y él completó:

– Como debería haber hecho hace cuatrocientos años.

Ella lo miró sorprendida.

– ¡¿Entonces vos… has recordado?!

– Sí.

– ¡No puedo creerlo! Cuéntame, quiero saber como fue.

– Fue durante el coma. Pero no creo que recordar sea la expresión correcta.

– ¿Por qué?

– Sabes… ando pensando unas cosas sobre el tiempo, la noción del yo… Quizás yo no haya sido Enrique.

– ¿Cómo así?

– Quizás todos hayan sido Enrique. Y quizás aquél tiempo aún esté ocurriendo. Es una alternativa a la teoría de la reencarnación, algo más profundo y mucho más loco.

– Hummm… La multidimensionalidad de la existencia.

– ¡Exactamente!

– Que coincidencia, Luca… Hace unos días leí algo sobre eso y quedé bastante curiosa. Me parece que tenemos millones de cosas para charlar.

– Sí. Pero por ahora quiero solamente que me perdones. ¿Vos me perdonas?

– ¿Por qué?

– Por haber huido.

– Solamente si vos me perdonas por haberte abandonado en un momento tan difícil.

Ellos rieron juntos. Nada de aquello importaba más.

– Vos me has libertado, Isadora. Y yo ni sabía cuan preso estaba.

– Tuve tanto miedo de haberte perdido para siempre, Luca… Pero yo sabía que vos estabas en tu propio tiempo, yo tenía que confiar en la vida.

Los ojos de Isadora… Él notó que la insania seguía allá, bella y encantadora, un abismo color de miel susurrando su nombre. Pero ahora no tenía más miedo.

– Creo que podemos ahora ajustar nuestros relojes, Isadora.

Él la tironeó y la besó. Era como si el gusto de Isadora jamás hubiese abandonado su boca. Y por un instante el tiempo paró, lo suficiente para que el pasado, el presente y el futuro se alinearan al ritmo exacto de los latidos de sus corazones.

Él abrió los ojos. Ella lo miraba a él con una expresión de espanto.

– Isadora… yo ya he vivido eso antes…

Ellos se miraron, la mirada vaga, como si no estuvieran allí. Como si buscaran algo perdido en la memoria del tiempo.

– Yo también, Luca…

– Un déjà-vu

– Pero… ¿nosotros dos al mismo tiempo?

– ¿Eso es posible?

– Nosotros ya hemos vivido… eso antes…

Él la abrazó y así se dejó estar, muy junto a ella, íntegramente abarcado por la sensación de ya haber vivido aquello antes… Cerró los ojos y trató de recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

El mismo punto, sí, pero en otro nivel – él súbitamente entendió. ¡Otro nivel! Porque de hecho no estaba en un círculo, pero en una espiral. Sí, una espiral, en la cual el tiempo está siempre girando y retornando al mismo lugar para ser de nuevo, sí, para ser eternamente de nuevo… pero en otro nivel, de otro modo. ¡De otro modo!

– ¿Qué ha pasado? – ella preguntó.

– No lo sé, un mareo…

– Hace días que estás raro.

Él la tironeó por la mano y empezó a correr.

– Vamos a salir de acá… ¡Rápido!

– Pero…

– Ven. Por aquí.

– ¿Has enloquecido?

– Debería haber enloquecido hace mucho tiempo.

– ¿Y el viaje?

– No iré más.

– ¡¿No?!

– Habla bajo. Es secreto.

Él siguió tironeándola por la mano, corriendo por entre la niebla del muelle.

– Pero… ¿Por qué has desistido de ir?

– Porque mi lugar es junto a tí.

– Pero… nosotros nos encontraríamos en seguida.

– No, no nos encontraríamos.

– ¿Cómo así?

– Yo te explicaré después. Vamos, de prisa.

– ¿Y la Compañía?

– ¡Al rayo que la parta la Compañía!

– ¡Ah, no! – Ella estancó el paso, soltándole la mano. – Explícame de una vez ese cambio de idea.

Él paró más adelante, sin aliento, y volvió. La tomó por los hombros y le dijo bajito:

– Existe una manera más segura de que lleguemos a Brasil. Pero te lo explico después, no quiero que me vean…

– ¡No, Enrique! ¡Solamente salgo de aquí después que me expliques!

Él respiró hondo. Miró hacia los costados, preocupado de que lo vieran allí. Allá atrás, entre la leve y densa niebla que había, el navío seguía anclado en el muelle, meneándose con las olas, los marineros subiendo las velas. Luego darían por su ausencia.

– No lo sé, Catarina… Ocurrió algo en aquél momento… De un momento a otro yo…

Mientras él buscaba las palabras, ella lo miró bien a los ojos y de repente le llegaron recuerdos de un tiempo extraño que nunca hubo, un tiempo de tristeza, de locura y soledad… Un tiempo en el cual la vida daba vueltas en torno de sí misma sin salir del lugar, repitiéndose mil veces como las canciones tristes que las mujeres de su aldea cantaban cuando era niña, canciones sobre una mujer que espera por su amor, un amor bonito que se perdió en el tiempo…

– De repente me vi… no, me acordé de mí… – él seguía tratando de encontrar las palabras. – Yo estaba perdido… nosotros dos separados… No sé explicártelo.

– ¿Estamos juntos ahora? – ella preguntó. – Es solamente eso lo que necesito saber.

– Sí, mi amor… Estamos juntos.

Él la agarró y se besaron. Y aquél beso tuvo un sabor distinto, un sabor irresistible de primera vez. Después se dieron las manos y corrieron hasta desaparecer al fin de la calle. Una nueva vida los esperaba, en una tierra nueva. En un nuevo tiempo.

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 3

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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.Amazon (kindle) english/portuguese/espanol

In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 7

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El Papalegua estaba casi cerrando. Las sillas ya reposaban patas arriba sobre las mesas y los últimos resistentes de la noche pagaban sus cuentas en el cajero. Junior Rível recibió del barman los dos vasos con whisky y puso uno de ellos sobre la barra, bien adelante del amigo. Y le dio una palmada en la espalda.

– Esta es por mi cuenta. Toma ahí, ciudadano.

Luca afirmó el vaso y movió las piedras de hielo por un largo tiempo, la mirada vaga y sin brillo.

– Hace dos semanas que estás con esa cara de entierro. Nunca te he visto así por ninguna mujer.

Luca tomó un trago y puso el vaso de vuelta en la barra. Tenía el semblante cansado y bajoneado.

– ¿Te gusta de verdad la taoísta, no?

– Me gusta.

– ¿Pero vos no decías que ella era loca?

– Y lo es.

– ¿Realmente no tienes cómo hablar con ella?

– Ella está sin móvil. Y ni siquiera accede a Internet.

– ¿E adónde ella está ahora?

– Yo qué sé, en alguna playa por ahí.

– Tal vez haya sido mejor de esa manera, Luca. Piénsalo derecho, esa historia jamás resultaría bien, ustedes viviendo tan lejos uno del otro…

– Yo la llamé, pero ella no quiso venir a vivir conmigo.

– Evidente, ella tiene su vida allá en San Pablo.

– No, no fue por eso.

– ¿Y por qué fue?

Luca tomó un trago más, el líquido ardiente lastimando su garganta, el dolor helado reverberando en el fondo del alma…

– Fue debido a la mierda de un abismo.

– ¿Qué abismo?

– Tampoco lo sé.

– ¿Cómo así no lo sabes?

– No lo sé. Es más, ese es el problema, hermano, no sé de más nada. Me siento como si estuviera solo en una selva oscura, totalmente perdido.

Junior miró al amigo y se rió.

– ¿Ah, es eso? Entonces no te preocupes porque en seguida alguna otra mina te encontrará.

– No quiero a ninguna mina. Quiero a Isadora.

– ¡Pero vos has mandado a la chica que se fuera! No has ido ni siquiera a dejar a la pobre en la estación. Además, acá entre nosotros, eso no fue nada lindo.

– Es lo que te digo. Yo no sé más quien soy. No soy más quien yo pensaba que era. Esa historia con Isadora me volvió un tipo celoso, inseguro. De repente me vi siendo grosero y agresivo, sin conseguir controlarme, mira que mierda.

– Sí, de hecho andas medio enojado últimamente.

– ¿Lo ves? Yo no soy así, hermano, vos me conoces. Quiero decir, siempre me pareció que no fuera así. Pero quizás yo sea, y es solo ahora que me doy cuenta.

– Vos eres un tipo buena onda, siempre has sido.

– No, no soy. Un tipo buena onda no hace lo que yo hice. No tiene con una mujer la conducta que yo tuve, más aún si la quiere. Simplemente ya no sé si creo más en lo que siempre he creído sobre mí. Está todo fuera de lugar, hermano, todo.

Él miró adentro del vaso y por un momento se sintió rodar con los hielos, girando en aquél remolino, girando, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

– Creo que me he perdido de mí.

– Es una etapa, va a pasar. Concéntrate en tu vida que en seguida todo estará bien.

– ¿Mi vida? Yo no sé más lo que es la vida, Junior. ¿Yo siempre lo supe, no? Siempre fui el poeta de la banda, el tipo que explicaba todo por la poesía. Yo tenía todas las respuestas, ¿no? Pues ahora no las tengo más. No sé más de nada.

Luca se volcó el resto de whisky y le pidió al barman que cogiera una botella llena para llevársela a casa. Y que apuntara para sustraer del caché del próximo show.

– No hagas eso, ciudadano. Vos ya estás con dos cachets colgados.

– Uno más no cambia nada.

Luca recibió la botella de whisky del barman y firmó el papel.

– Me voy, hermano – él dijo, apretándole la mano al amigo. – Gracias por la gauchada.

– Mañana hay ensayo. No vayas a faltar otra vez.

– Lo prometo.

– ¿Y no quedes cerca de ventanas, ok?

Luca se rió con la ironía.

– Quédate tranquilo.

‒ Ni de cuchillos, láminas, esas cosas.

‒ Soy demasiado cobarde para matarme. Eso por lo menos sé que soy, un cobarde.

En casa, se acostó en el sillón con la botella de whisky al lado. Llenó un vaso y quedó toqueteando la guitarra, paseando sin rumbo por melodías melancólicas. Y dormitó antes de terminar la primera dosis.

Abre la ventana de la habitación
Allá afuera en el medio de la calle brilla un letrero
El cartel de nuestro amor es rojo
Entonces siente, viaja, vuela en este tono
Ha sido para vos, dulce mío, que yo compuse
Este blues de luz neón

*     *     *

Una semana después Luca supo que Bebel había recibido una tarjeta postal de Isadora. Él imploró para verla y Bebel se la mostró. Luca leyó con voracidad, como si sintiera hambre de aquellas palabras. En la tarjeta Isadora contaba que estaba en Icaraí de Amontada, playa de la costa oeste, a medio camino de Jericoacoara. Decía que el viaje seguía tranquilo y que las playas de aquella parte era aún más lindas. Y que esperaba que ella estuviera bien. Besos, me encantó conocerte, te echo de menos. Y era eso. Nada más que eso.

Luca leyó otra vez y otra más. No había realmente nada sobre él, ninguna mención, absolutamente nada. Era como si él no existiera. Como si nunca hubiera existido.

– ¿Vos querrías que ella estuviera aquí, no? – le preguntó Bebel, notando su sufrimiento.

Él no le respondió. Solamente le devolvió la tarjeta y se fue.

De noche, en casa, se revolcaba en la cama sin conseguir dormirse. Todo lo que quería era reencontrar a Isadora. Necesitaba decirle cuan estúpido había sido y que estaba arrepentido. Y que ardía de nostalgia. Y que ella era la mujer de su vida. Y que no sabía cómo viviría sin ella. Solo necesitaba encontrarla de nuevo, y nada más.

Cuando la madrugada ya seguía alta, él decidió: saldría el sábado por la mañana. Trataría de encontrarla en Icaraí de Amontada, quizás aún estuviese por allá. Nada aseguraba que esa locura resultaría bien, pero si en Uruaú había conseguido encontrarla, ésta vez tendría que conseguir también.

– Un voto de confianza a la vida – se dijo a sí mismo. – Como vos misma dirías, Isadora.

El sábado se despertó antes del amanecer y poco después ya seguía en alta velocidad por la ruta rumbo a la costa oeste, necesitaba llegar lo más rápido posible. En dado momento se dio cuenta de que alto estaba mal, el coche tironeaba hacia un lado… Paró en al margen, bajó y vio la causa: rueda pinchada. Cuando abrió el valijero constató que el repuesto estaba también agujereado. ¡Mierda, que mierda, que mierda!, insultó, mirando sin conformarse hacia las dos ruedas desinfladas.

Trató de mantenerse calmo y optimista. Confiar en la vida. Entonces colocó Led Zeppelin a tocar en el aparato de música del coche y se colocó más adelante, la mirada en el horizonte de la ruta. Y de repente atinó al absurdo de la situación: intentando hacer dedo en una ruta desierta para llegar a la estación de servicio más cercana para arreglar la rueda y entonces seguir viaje hacia una playa… en la cual Isadora quizás ya no estuviera más. Debía ser a eso que llamaban blues.

La rueda pinchada retrasó bastante el viaje y lo hizo llegar a Icaraí de Amontada solamente por la noche. Al tercer intento localizó la posada en la cual onde Isadora había comido algunas veces, pero la gerente le informó que ella no estaba más allá, que había salido cinco días antes hacia Jericoacoara. Luca sintió el desánimo pesarle sobre los hombros. ¿Y ahora? Pensó un poco y le dijo a la gerente que se quedaría, saldría temprano por la mañana.

– Amar es un peligro, doña. Un peligro.

Después de la ducha, comió algo y se acomodó en una hamaca en la terraza de la posada, el cielo estrellado haciéndole recordar Tibau del Sur. El sonido del mar bien cercano lo distendía, pero él se sentía solo y desamparado. Cuando la nostalgia de Isadora se volvió insoportable, se levantó y fue a dar una vuelta por la playa desierta, de la cual volvió solamente cuando las primeras luces del domingo surgían en el cielo.

El domingo de mañana dejó el volkswagen en Jijoca y embarcó en la trasera de la camioneta que durante una hora conduciría a los turistas por el trecho de médanos y lagunas hasta Jericoacoara. Era un paisaje lindo, aún no contaminado por el progreso, pero Luca no lo veía: mientras el vehículo seguía, él se frotaba las manos, ansioso, además de hinchar para que Isadora aún estuviera por allá. Tenía que estar. Diez minutos ya valdrían la pena.

Finalmente en Jericoacoara, salió de posada en posada preguntando por Isadora. La buscó también en los campings. Y nada, ninguna información sobre ella. En las calles y cajellones tenía la sensación de que a cualquier momento ella surgiría adelante de él – pero nunca era ella. Buscó por la playa, en la laguna, en la piedra con un hueco, por los médanos… Nada.

La noche del domingo llegó y Luca no se conformaba. Ni siquiera se había dado una zambullida en el mar. Intentó comer algo, pero tragó sin gusto. Se sentía agotado y derrotado. En ese momento, de repente, se dio el estallido y él notó el papel ridículo que había hecho: Isadora no lo quería más, ella lo había abandonado. Sí, era eso. En realidad, él ya lo sabía, pero había hecho de cuenta que no. Todo su esfuerzo por encontrarla, por mayor que fuera, sería en vano. Probablemente en aquél momento ella ya estaba con otro tipo, contando historias disparatadas de vidas pasadas, dividiendo con él su tienda… Papel ridículo – era el que había hecho él.

Volvió para Fortaleza enteramente consumido por la frustración y por la rabia. Llegó a casa el lunes por la mañana casi sin fuerzas y cargando un resfrío que al día siguiente se volvió una gripe fuerte y lo hizo faltar al trabajo por dos días. Y aún lo hizo echar a perder un show.

Confiar en la vida. Pues sí.

*     *     *

Luca retomó el viejo ritmo, las noches sin fin, los bares llenos de mujeres. Si Isadora no lo quería más, ¿por qué guardarse para ella? ¿Por qué tener esperanzas? Inútil. Inútil como aquél viaje desatinado por las playas en búsqueda de una ilusión.

El mundo de los bares y de los shows tenía un ritmo alucinante, pero era seguro. El empleo de gerente de gráfica era sin gracia y tedioso, pero era seguro. Y llenarse de relaciones superficiales podría incluso amplificar la soledad… pero era mucho más seguro que arriesgarse involucrándose sentimentalmente para al fin tener solamente decepción y sufrimiento.

Era en el bar en el cual Bebel trabajaba como moza que él iba a confesarse. Charlaban y al fin él la dejaba en  casa. Una noche, en su coche, se dieron un beso y en ese momento él recordó… ¡El futuro de Isadora! Interrumpió el beso y mientras Bebel recostaba la cabeza en su pecho él recordó el futuro imaginado por Isadora, en el cual él quedaba con Bebel después que ella se iba. Por una parte, él realmente quería estar con Bebel, ella le hacía mucho bien, pero actuar así sería cumplir lo que la otra había antevisto y eso sonaba como una derrota. Darle la razón a Isadora – no podía hacer eso. Pero por otra parte, ir contra su deseo y evitar a Bebel solamente para no darle la razón a Isadora era… absurdo. Quizás Isadora quisiera exactamente eso, la muy viva. ¿Y ahora? ¿Cómo escaparse de ese dilema?

Pues sí, se quedaría con Bebel, él decidió. Y que Isadora se fuera a la mierda, ella y su futuro.

– ¿Luca, vos siempre has sido tenso así? – Bebel le preguntó una noche, antes de que se durmieran.

– Cada uno juega con las armas que tiene – él respondió secamente, buscando el sueño, buscando no pensar.

Los últimos días él tenía la sensación de que algo quería salir de adentro de él, un bicho peligroso y enjaulado. Recodaba una escena de Aliens, en la cual la criatura irrumpe de adentro del cuerpo del astronauta…

Felizmente había la banda, que ahora tenía empresario, y los shows estaban cada vez más llenos. Había siempre la noche, la próxima música, la dosis a continuación. Y mujeres que lo deseaban a él, y no a una encarnación del pasado.

Y ahora estaba Bebel, que siempre lo recibía con cariño y nostalgia, aún cuando se habían encontrado la noche anterior. Ella no exigía nada, no cobraba nada, solamente lo quería a él. Cada vez más era en brazos de Bebel que él buscaba con desesperación olvidarse quien era.

– ¿Isadora no te ha enviado más tarjetas? – él preguntó un día, tres meses después de aquél día en que había leído la tarjeta. Preguntó simulando desinterés.

– No. ¿A vos tampoco?

– Ella no me escribirá nunca más, Bebel. Y es mejor que así sea.

– ¿Si ella me escribe, debo contarle sobre nosotros dos?

– Conviene que ella sepa.

Bebel lo miró y en su mirada Luca pudo leer la pregunta silenciosa: ¿Vos aún la quieres mucho, no?

No era una pregunta agresiva, al revés. Ella parecía decir, sin una sola palabra y con sus modos dulces, que lo sabía todo y lo comprendía. ¿O no? ¿O él ya se estaba imaginando cosas y colocando palabras en la mirada de ?

Con miedo de que sus ojos respondieran por si solos a la pregunta silenciosa que no quería callar, él rápidamente desvió la mirada. Y por algunos segundos se quedó mirando el techo de la habitación. Cuando volvió, la pregunta no estaba más allá. En su lugar, estaba la mirada nítida de una mujer que lo aceptaba.

– Bésame, Luca.

Y él obedeció, pidiendo en su íntimo que sus labios le hiciesen olvidar por algunos momentos que él no la merecía.

*     *     *

Entonces vinieron los accidentes… Al principio fueron pequeños contratiempos caseros, cosas bobas como resbalar en el baño y quemarse en la cocina. Después los accidentes se fueron poniendo más serios. Un día no notó el agujero en la acera y cayó, lastimándose el hueso del pie. Otra noche fue bastante peor: para ahorrar la entrada de una fiesta, intentó saltar el muro de la casa pero erró el cálculo y metió las manos en los clavos. Resultado del ahorro: dos dedos con las puntas colgadas, hospital, puntos externos e internos. Y un mes sin poder tocar.

– ¿Luca, será que vos no estás tomando demasiado?

– Caramba, Bebel – él reclamó, enojado. – ¿Perorata a esta hora de la noche?

– Estoy preocupada con vos, todos esos accidentes… – ella dijo, acariciándole la cicatriz en su cara.

– Es maldición de bruja. Va a pasar.

Yo solo quería que vos supieras
Que mis noches son tan solitarias
Y mi corazón es tan viejo sin vos
Yo me sirvo una dosis más al fin
Yo miro a la ciudad
Desde la ventana solamente la ciudad sabe de mí..

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CAPÍTULO 8

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Aquél mes la Bluz Neón participó en un festival en Recife y fue alabada en los medios de comunicación. Periódicos y revistas publicaron material sobre los muchachos del blues de Fortaleza, subrayando la calidad técnica, la mezcla de ritmos y la capacidad de interacción con el público. Participaron en un importante programa de televisión y recibieron más invitaciones para presentaciones. La banda estaba cada día más conocida y se volvía más prestigiosa.

Días después el empresario anunció: había conseguido una buena auspicia y prontamente empezarían a grabar el CD, ahora un disco de buena calidad, en un estudio de primera. Aquella misma noche ellos salieron del ensayo, compraron un Jack Daniel’s y fueron todos a festejar en una vieja estación de tren desactivada en el centro de la ciudad. Sentados sobre los rieles, se emborracharon y tocaron los blues predilectos, aullando emocionados a la luna. Ebrios y solemnes, brindaron a todos los que consiguieron recordar y saludaron al futuro promisorio.

Luca, aún así, vivía el dilema de una terrible encrucijada. Las puertas se abrían para la banda pero, por otra parte, su empleo impedía que viajaran más e hicieran más shows. Tres años antes la banda había surgido como una diversión de fin de semana y ahora la cosa empezaba a ponerse demasiado seria. Era hora de tomar una decisión, él sabía. Un futuro vinculado a la música se desvelaba, tendría que estar disponible para viajes y compromisos, tendría que dedicarse aún más. Todos ellos habían soñado con aquello y ahora estaba ocurriendo. Pero dejar el empleo a un lado era un riesgo muy grande. No le gustaba, es verdad, pero era una seguridad, era un dinero asegurado con el cual podía contar todos los meses.

No consiguió decidirse. Postergó la respuesta una vez y después otra y siguió postergando la decisión por la cual el resto de la banda anhelaba. Junior lo estimulaba a apostar sus fichas en la banda, un gran futuro los esperaba, ellos estarían juntos, la banda los necesitaba a los dos. La madre, doña Gloria, le pedía prudencia, que analizara toda la situación con mucha calma. Días y días inmerso en el dilema, la presión de ambos lados, cada lado con otros dos lados para evaluar…

Primero Isadora pidiéndole que soltara sus seguridades para seguir con ella. Y ahora su banda, que exigía que el dejara a un lado la seguridad de su empleo. Dejar a un lado las seguridades para vivir de música… La vida parecía estar jugando a traerle las peores decisiones posibles. Y él no conseguía decidirse. No sabía más lo que realmente quería. No sabía más quien era él en medio de todas sus contradicciones, molestándolo cada vez más. No sabía de nada más.

Entonces una noche, saliendo del bar con Bebel, él no encontró su volkswagen: el coche había sido hurtado. Quedó completamente desesperado, no podía creerlo. Denunció el robo, puso aviso en el periódico, buscó en la chatarrería, pero nada, no obtuvo ninguna noticia. El coche infelizmente no tenía seguro.

Fue un golpe cruel. Tres meses antes casi había perdido los dedos en un accidente bobo. Ahora perdía el coche y no tenía condiciones de comprar otro. Y la necesidad de tomar una decisión en cuanto a su futuro en la banda era una presión constante. Para colmo ahora vivía engripado, lo que lo perjudicaba bastante para cumplir su papel en los shows.

Días después, sorpresa: Isadora llamó por teléfono. Luca atendió y, al escuchar su voz, no supo qué hacer. Pensó en colgar, pero se sentó en el sillón, nervioso.

– Hola, Isadora – él respondió, intentando no demostrar la emoción que sentía. Hacía seis meses que ella lo había abandonado. Seis meses que él luchaba a diario para olvidarla.

Ella dijo que estaba en San Pablo y quería saber cómo estaba él. Él tuvo ganas de contar sobre todas las dificultades que pasaba, pero de repente entendió que ella de alguna forma ya lo sabía.

– Aquí está todo, ah, bajo control– él respondió. – ¿Y vos?

– Luca, solo llamé para decir que estoy de salida. Viajaré otra vez.

– ¿Hacia adónde?

– Aún no he decidido. Pero salgo la semana que viene.

Él sentía que las entrelíneas de aquellas frases le decían algo más.

– Vos… ¿Me estás invitando? – él preguntó. Y de súbito se dio cuenta de que no sabía la respuesta que quería oír.

– Estoy solamente diciendo que viajaré, Luca. Y no sé cuando vuelvo.

Él recordó aquella noche en la fiesta: estamos juntosSintió en el aire la importancia del momento, el clima tenso de decisión. Dejar todo a un lado y seguir con Isadora… En medio al silencio incómodo, él intentó pasar en su mente todos los detalles que involucraban una decisión como aquella, el empleo en la gráfica, el buen momento de la banda, la grabación del CD, Bebel…

– ¿Cómo te revolverás? – preguntó. Pero en seguida adivinó la respuesta.

– ¿Siempre se encuentra la vuelta, no?

Pensó en preguntar si ella había ahorrado suficiente dinero, pero sería apenas otra pregunta idiota. Parecía querer disuadirla debido al heco de que él mismo no tenía el mismo coraje. ¿Por qué no le decía a ella que sí? Recordó la noche en que Sonita surgió en el camerino después del show, ella y sus botas negras. Sentía ahora la misma sensación, todo un futuro dependiendo de lo que eligiese en el próximo segundo, toda su vida dependiendo de su decisión…

– Buena suerte, Isadora.

– Para vos también, Luca.

¿Por qué no le decía que sí?

– ¿Cómo anda Bebel?

Él no esperaba por aquella pregunta. ¿Ella sabía que estaban juntos? ¿O le estaba tirando una carnada?

– ¿Quien?

– Bebel. ¿Ella está bien?

Con aquella pregunta ella quizás quisiera volver oficial, sin decirlo abiertamente, su aprobación a la unión de los dos, mostrar que aceptaba, que no pensaría mal de ellos. Con eso cerraba la puerta y tiraba la llave a la basura. De una buena vez.

– Ella está muy bien.

– Dile que le mandé un beso.

Sentía el corazón agobiado… Quizás estuviera perdiendo en aquél momento, para siempre, a la mujer de su vida. ¿Por qué entonces no reaccionaba? ¿Por qué no abandonaba del todo aquella inercia y decía finalmente que sí, que dejaría a un lado sus seguridades, que se marcharía con ella y vivirían plenamente la gran locura de aquél amor?

– Chau, Luca.

Él cerró los ojos como si en la oscuridad pudiera ver una salida. Pero fue tomado por la angustiosa sensación de estar cayendo, cayendo… Abrió los ojos y se afirmó en el sillón. No podía abandonar todo.

– No puedo…

Él escuchó el ruido del término de la llamada y tragó en seco. Quedó allí, sentado en el sillón, el teléfono al oído, su voz aún haciendo eco como un grito desapareciendo en el abismo.

No puedo… no puedo…

Ella se levantó temprano y se marchó
Fue a buscar un sueño más grande
Dejó un beso de nostalgia
Y esa ciudad a mi alrededor

*      *     *

Era noche de ensayo. Luca se cambió de ropa, se miró en el espejo partido del baño y la imagen reflejada le mostró una cara hinchada, la mirada cansada, ojeras profundas… Tuvo ganas de dar piñazos al espejo. Necesitaba calmarse, andaba cada vez más iracundo. Fue a la cocina, cogió la botella de whisky y vertió una dosis en el vaso. Tomó de un solo trago, agarró la mochila y salió para tomar el autobús hacia el estudio. En el camino pasó en la farmacia para comprar un remedio, hacía días que estaba con un dolor de cabeza insoportable.

Al fin del ensayo Bebel apareció de sorpresa. Estaba un tanto ansiosa y dijo que quería charlar. Él se despidió de los amigos y salió con ella hacia la pequeña plaza al lado. Se sentaron en un banco y fue allá que ella le dio la pésima noticia: estaba embarazada.

– Perdona, Luca… – Ella tartamudeaba, nerviosa. – No sé cómo fue a pasar, yo tuve cuidado, te lo juro…

Él no pudo creer en lo que oía.

– Eso no puede ser verdad, Bebel.

No podía ser. Bebel a la espera de un hijo suyo. No era posible. Ella explicaba: examen positivo, más de dos meses de embarazo…

Él se levantó, tironeó a Bebel por el brazo y la llevó hacia un rincón más alejado. La recostó en un árbol y, con el dedo em riste, dijo que no sabía si el bebé era de hecho suyo y que si fuera, la culpa entonces le cabía a ella que no había tomado precauciones. Que se revolviera, pues él no tenía nada que ver con aquella irresponsabilidad, ya tenía demasiados problemas para solucionar.

Bebel trató de explicar que en aquellos últimos meses él había sido su único hombre, pero en seguida se derrumbó en un llanto intenso y no consiguió decir nada más. Ella intentó abrazarlo pero Luca la rechazó, se dio vuelta y salió. Y fue a tomar el autobús en la otra calle.

En casa, él no consiguió dormirse. La vida ya estaba jugando demasiado duro. De toda parte aparecían agujeros en el barco y él no tenía manos suficientes para taparlos. Hacía un mes que el empresario y los compañeros lo presionaban por una decisión y él simplemente no conseguía decidirse. Su coche había sido hurtado y él, de un instante a otro, se había visto privado del único patrimonio que poseía. No conseguía concentrarse derecho en el trabajo e incluso había sido advertido gravemente por su jefe. La mujer que amaba se había ido y ahora Bebel esperaba a un hijo suyo. Un hijo suyo. Parecía irreal. La vida se había vuelto una pesadilla de la cual no se podía despertar.

Fue a encontrar a Bebel en el bar la noche siguiente. Esperó que ella terminara la función y la llevó a su departamento. Y se disculpó por lo que había hecho, estaba arrepentido. Bebel lo abrazó y lloró en sus brazos.

– ¿Y el embarazo? ¿Vamos a interrumpirlo, no es verdad? – él preguntó.

Ella solamente lloraba, aferrada a su pescuezo.

– ¡Bebel, nosotros no podemos criar a ese niño! – Él se descontrolaba y ella empezaba a llorar. Él respiraba hondo.  – Bebel, escucha, por favor. ¿Fue un accidente, has entendido? Ese niño no es bienvenido.

– ¡Para mí es bienvenido, sí!

Listo, todo perdido, ella quería al niño.

– Bebel, yo no tengo la mínima condición de criar a un bebé ahora. – Él se esforzaba para no atropellar las palabras. Las ganas eran de gritar, de golpear. De matar.

– Yo lo crío sola, no necesitas preocuparte.

Definitivamente era una pesadilla. Y de las peores. El mundo entero desmoronaba adentro y afuera de él y, por más que se convulsionara, no conseguía despertarse. Intentó mantenerse controlado. Presentó argumentos, todos los posibles, los más sensatos. Conseguiría dinero prestado y pagaría el aborto.

– Yo sé que vos no has olvidado a Isadora. Pero no me importa. Quiero tener este hijo.

Luca suspiró, rendido. ¿Qué pensaría Isadora? ¿Interpretaría a aquél niño como la jugada final de su parte, una respuesta a su decisión de irse, su contraofensiva? ¿Ella había visto también a aquél niño en el tal futuro?

Mientras Bebel dormía a su lado, él se rascaba la cicatriz en la cara y rumiaba sobre lo que aún le quedaba hacer. Si realmente existiera reencarnación y él de hecho hubiera sido Enrique… entonces aún debía saber lidiar con magia y solucionaría aquél problema muy pronto. Pero no, aquellas cosas solamente existían en la cabeza desquiciada de locos como Isadora. La realidad era distinta, era cruel e insensible.

Y se durmió deseando con todas sus fuerzas que ocurriera algo, cualquier cosa que lo librara de aquella pesadilla absurda. Cualquier cosa. Antes que enloqueciera del todo.

Cuando Bebel cumplió el tercer mes de embarazo, él consiguió el coche prestado de un amigo y la invitó a que pasaran el fin de semana en una playa. A ella le encantó la idea. En la terraza de la casa de playa, el abrió una botella de ron y sacaron fotos de la puesta del sol. Entonces él intentó una vez más convencerla a hacer el aborto. Y una vez más Bebel no aceptó sus argumentos. Ella lo miró y vio sus ojos rojos, la rabia pronta para explotar… Luca agarró el vaso y lo tiró contra la pared, los fragmentos desparramándose por la terraza.

– ¡Ese bebé es una maldición! – él gritó mientras agarraba la botella y salía.

Más tarde él volvió, la botella casi terminada. Paró bamboleante en frente a la puerta de la habitación. En la penumbra vio a Bebel durmiendo en la cama, bajo las sábanas. Entró pisando despacio. Se arrodilló en el piso, al su lado, y con cuidado tironeó la sábana, descubriendo la barriga. Empuñó el cuchillo, cerró los ojos y respiró hondo.

Minutos después, en la terraza, él miró hacia la luna, llorando, y pidió perdón por ser quien era. Pero la luna no lo disculpó. El cuchillo cayó de sus manos, el sonido metálico haciendo eco en el silencio de la noche, y él se arrodilló en el piso, sin fuerzas. Solamente quería desaparecer, solamente eso, desaparecer para siempre…

¿Luca? ¿Luca? La voz vino de algún lugar… Luca, ¿qué pasó? ¿Qué cuchillo es ese? ¿Vos estás bien? Su voz, una tortura, cuchillo rompiendo el corazón, cortando todo por adentro, dilacerando el alma…

Bebel se sentó a su lado, lo abrazó y lloró con él. Después lo llevó para adentro y lo acostó en la cama.

– Yo soy un fracaso, Bebel… – él murmuró antes de dormirse. – No te merezco.

– Duerme, precioso. Mañana será un nuevo día.

*      *     *

El domingo él se despertó pésimo, una resaca horrible. La última cosa que recordaba era una discusión en la terraza, un vaso roto contra la pared. ¿Qué había ocurrido después? Bebel lo tranquilizó, dijo que estaba todo bien. Él pidió disculpas.

– ¿Vos no eres un fracaso, has entendido? – ella dijo, afirmando su cara entre las manos. – Y seremos muy felices. Nosotros tres.

Él la abrazó y cerró los ojos, buscando no pensar. Los pensamientos, a pesar de eso, tenían vida propia. En la barriga de aquella mujer se movía su hijo, o su hija. La idea de ser padre era algo absurdo, pero ya no tenía fuerzas para luchar contra ella. Estaba exhausto como un guerrero que luchaba hacía días, semanas, meses… y que ahora simplemente ya no sabía más por qué luchaba. ¿Contra quién estaba peleando?

Entonces, súbitamente, descubrió que sabía. De repente, allí abrazado a la barriga de Bebel, se dio cuenta de que, sí, él sabía quien era su enemigo. En realidad siempre había sabido, solamente se había engañado durante todo aquél tiempo fingiendo para sí mismo que luchaba contra mil enemigos que a cada día emergían de las tinieblas para atacarlo. No, su enemigo era uno solo y le tendía su trampa todos los días en el espejo partido de su cuarto de baño.

¿Como ganarle al enemigo si el enemigo era él mismo?, se preguntó en pensamiento. ¿Y cómo derrotar a sí mismo si ya no sabía más quién era? Había llegado al fin, sentía eso.  Había llegado al fin de las posibilidades, no había más hacia adonde seguir. Nada más importaba. Era el fin.

En el momento de volver hacia Fortaleza, Luca estaba somnoliento y a Bebel le pareció peligroso que él manejara el coche. Ella exigió la dirección pero él rechazó. Ella entonces insistió y tomó la llave:

– Confía en mí.

Mientras Bebel prendía el coche, él la miró con cariño y pensó en como todo sería distinto si no existiera Isadora. ¿Qué pasaba con las cosas que no llegaban a pasar?

A la entrada de la ciudad Luca estaba distraído, casi durmiendo, y vio solamente una luz fuerte surgiendo súbitamente al lado. Pero fue todo muy rápido, él solamente vio la luz y sintió un inmenso choque. Después todo oscureció.

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CAPÍTULO 9

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La noche era clave. La tan anhelada iniciación. Enrique sabía que no lo aceptarían el el Orden si no fuera capaz de llegar a la galería y enfrentar al enemigo que lo esperaba traicionero en alguna de aquellas tantas sombras. Entonces agarró firme la espada y avanzó hacia el lago oscuro, con cuidado para no resbalar en las piedras húmedas de la cueva.

La prueba de la iniciación era terriblemente peligrosa. Al superarla, los iniciados mostraban que eran bravos lo suficiente para soportar lo que exigiera la defensa del Orden. Era más que peligrosa, era la prueba suprema que alguien podía soportar: la temida confrontación con el Guardián del Conocimiento. Y de esa confrontación solamente salían vivos y sanos – sí, sanos, pues muchos sobrevivían pero volvían de la cueva irremediablemente locos – los que poseían la fuerza necesaria para vencer al terror más íntimo que habita la oscuridad del espíritu de cada uno.

Enrique escuchó un ruido que venía del lago de aguas oscuras y se detuvo, espada en puño. Quedó inmóvil, a la espera, el sudor escurriendo por la cara, el corazón a punto de reventar de miedo y expectativa. Suspendió la respiración. El enemigo estaba bien cerca.

Entonces presintió lo que podría venir. Y en ese momento el pavor más profundo irrumpió del interior de su alma, como gusanos husmeando la tierra. Las piernas se pusieron débiles y súbitamente él se descubrió incapaz de enfrentar lo que se anunciaba en su pensamiento.

Ella surgió. Y él escuchó su sonido aterrador… La naja anduvo a rastras en un movimiento lento y ondulante, y paró justo adelante de él. Era gigantesca. Ihlish, la Guardiana – él supo su nombre apenas la vio. Su sonido era hipnótico, era su propio nombre, Ihlissssshhhh… Ella levantó el cuerpo, subiendo lentamente, subiendo… Enrique vio la inmensa cabeza flotar bien cerca de su cara y el pescuezo inflarse lateralmente. Y entonces la naja abrió la boca, mostrando las presas letales…

Él cayó arrodillado, sin fuerzas, totalmente paralizado por el terror. De repente se dio cuenta de cuán insignificante era frente a aquél animal. Él creía que era fuerte. Juzgaba conocer a las fuerzas de la vida. Pero veía entonces que no era nada, no era absolutamente nada, nada…

La espada resbaló de sus manos y cayó en el suelo, el sonido metálico reverberando por las paredes de la cueva. La serpiente era su guardián personal del Conocimiento y era a ella que debería vencer para proseguir en el Orden. ¿Pero cómo, si estaba paralizado?

La serpiente torció la cabeza hacia atrás y por un segundo él notó que aún era posible escapar, él podía darse por vencido. Sí, él tenía el derecho a recular, todos lo tenían. Se daría por vencido y volvería sin enfrentar aquella pesadilla.

No hubo más tiempo. La serpiente atacó. Y fue tan rápido que cuando él se dio cuenta, estaba siendo tragado mientras gritaba y sacudía las piernas y se contorcía. Primero la cabeza, después el tronco y entonces las piernas. El contacto con el interior de la serpiente lo llenaba de asco, y mientras buscaba desesperadamente respirar, podía escuchar el sonido de sus huesos siendo aplastados. No podía haber peor pesadilla y, asimismo… era real.

Su cuerpo se desplazó entero hacia adentro de la serpiente y él pudo sentir los movimientos que ella hacía para impulsarlo por adentro de sí. De a poco perdió el control sobre el propio cuerpo. Entonces no pudo más respirar, sus órganos ya no le obedecían. Por fin, suspiró.

Cuando despertó, yacía acostado desnudo sobre la superficie de piedra, al margen del lago. Un silencio profundo inundaba la cueva, pero ahora ella ya no parecía tan oscura misteriosa. Se levantó y notó que su cuerpo estaba entero, sin heridas. ¡Estaba vivo! Un poco cansado, sí, pero vivo.

Entendió que había ganado, que había pasado por la gran prueba. Eso era tan increíble que no parecía real. Pero era real sí, y ahora, allá afuera, un nuevo mundo lo esperaba, un mundo que ya no lo derrotaría pues el tenía… el Conocimiento.

Entonces una palabra le vino a la cabeza: Vehdvar. El nombre sonó de un modo mágico, absolutamente sagrado, como si existiera desde siempre. Era su nombre, siempre había sido Vehdvar y solo ahora se daba cuenta de eso. Y él sabía que solamente los más fuertes eran dignos de llevar junto al suyo el nombre sagrado del Guardián. Por esa razón él era a partir de ahora Ihlish Vehdvar, el nombre que él jamás recordaría cuando afuera de la cueva, pero que era solamente suyo y, además de él, solamente Ihlish sabía y podía pronunciarlo.

Sintiendo la solemnidad del momento, Enrique se colocó prostrado  hacia el lago oscuro al fondo del cual dormía la serpiente y tocó el suelo con la cabeza, lleno de reverencia:

Naja Hannah, Naja-Rey

En ese momento las aguas del lago ondularon. Él se preparó para el retorno de la serpiente, pero lo que vio en la superficie fue la imagen de una… mujer. La imagen era difusa, era apenas una cara femenina, que él no conocía… Pero comprendió inmediatamente. Debería encontrar a aquella mujer, dondequiera que ella estuviese, y volverla su discípula. Esta era su próxima misión.

*      *     *

Aquella mañana la feria de Valencia estaba llena como siempre, los mercaderes locales y de otras ciudades con sus productos y su mirada codiciosa volcada a la posibilidad de volver a casa con el bolso tintineando de monedas. Al lado norte de la feria muchachos se presentaban en el tablado con sus espadas de madera y narraban cómo El Cid cayó en una emboscada y luchó bravamente contra siete moros que querían su cabeza. Y contaban cómo El Cid dividía las conquistas de las batallas con sus vasallos para que enriquecieran junto con él, y de como El Cid engañó a los judíos al pagar el préstamo que había pedido, a fin de formar un ejército en el exilio, con un cofre que él aseguraba estar repleto de oro y plata, pero que, en realidad, no contenía más que arena…

Enrique se rió. El Cid era de hecho héroe de aquella gente y ellos no se cansaban de cantar sus hazañas. Pero preferiría, particularmente, que contaran las hazañas menos discretas de Margarita, hermana de Felipe, que de tan ardiente terminó matando al esposo, el príncipe Juan. O de como Juana se arrancaba los cabellos y enloquecía de tantos celos de Felipe y así se había vuelto Juana, la Loca. Las historietas sobre los bastidores de la Corte eran siempre más interesantes que las tramas guerreras del leyendario Cid…

Al día siguiente volvería a Barcelona, adonde tomaría el navío hacia Goa, en India, junto con otros jesuitas. Había ido a Valencia en misión secreta, para ofrecer su apoyo a los amigos judíos-castellanos que planeaban abandonar España e ir para Grecia, adonde ya estaban muchas familias judías expulsadas del país luego de la rendición de Granada – allá podrían seguir libremente su religión y también mantener las tradiciones de Castilla, tierra de sus ancestros. En España, con miedo de la Santa Inquisición, aún se veían obligados a hacerse pasar por cristianos convertidos, siempre desconfiados de los cristianos, que los veían como traidores emboscados y tarde o temprano terminaban inventando cosas.

Se había despedido de los amigos dejándolos bajo los cuidados de un misionero alemán, acostumbrado a capitanear fugas de judíos. Los mares de España estaban infestados de turcos y todo el cuidado era poco. Ellos saldrían hacia Grecia y allá podrían practicar su religión en paz, Dios os mantenga. Por sus favores, había recibido de regalo un antiguo y precioso texto cabalístico que hacía mucho tiempo buscaba, pero que tendría que ocultar muy bien pues ya existía demasiada desconfianza sobre la relación de jesuitas con judíos. Satisfecho con el éxito del plan, había resuelto entonces relajarse y aprovechar un poco de la feria.

¿Y los españoles? ¡Ah, como andaban bajoneados por la derrota de la Invencible Armada frente a Inglaterra! Ya no ostentaban la misma prepotencia de antes, cuando decían ser los salvadores del catolicismo contra la Reforma protestante. ¿Bien hecho!, él pensaba, sintiéndose vengado. Quizás eso sirviera para enfriar la arrogancia de aquél pueblo que reinaba sobre su querido Portugal y se juzgaba dueño del mundo…

Pero, al fin y al cabo, no debía desear mal a sus vecinos españoles. Tenía muchos amigos por allí y, además, Portugal sabría en el momento oportuno reencontrar el camino de su independencia y su gloria.

En el instante en que se divertía escuchando la historia de como los judíos habían raptado a un niñito y, para representar de forma más realista la Pasión del Señor, la clavaron en una cruz, Enrique presintió una presencia… Una sensación de hormigueo se aposó de su mente. Entonces él la vio, del otro lado de la feria. Era ella.

Él se acercó despacio, mientras la muchacha, alegre y displicente, compraba sedas de las Indias. Era cierto que era ella, la mujer cuya cara, años antes en la cueva, Ihlish le había revelado. La mujer que sería su discípula y lo ayudaría a llevar por el mundo el conocimiento secreto del Orden. Tenía que ser ella.

Él la observó atentamente. La belleza juvenil, los cabellos arreglados en un peinado moderno, los ojos curiosos, los modos altivos y llenos de un falso barniz aristocrático… Enrique se sonrió. Las imágenes que Ihlish le había permitido ver en la cueva no la mostraban tan… tan interesante como era en realidad.

Él se acercó un poco más, y ahora casi podía tocarla. El aroma de su cabello hacía con que se sintiera liviano… Y la piel no era tan clara, ¿tendría sangre mora? Las ropas y los modos eran aristocráticos, sí, pero las manos mostraban que su pasado quizás la hubiera obligado a servicios en el campo. Se dio cuenta de que era casada. Y más: que su mirada se demoraba sobre ciertos muchachos el tiempo exacto para no ser flagrada, es verdad, el mismo tiempo de las otras señoras… pero para él era obvio que ella no andaba muy satisfecha en el lecho de su casamiento.

Ella miraba distraída los juglares cuando tuvo una corazonada y se dio vuelta. Y su mirada fue cogida por la suya. Y por un instante el tiempo estancó, lo suficiente para que el pasado, el presente y el futuro se alinearan al ritmo exacto de los latidos de sus corazones.

*      *     *

Desde lejos y desde arriba él avistó las murallas y las torres: era Munique que surgía bien adelante de él, a Este el río Isar desplazándose en la oscuridad de la noche. Un poco más y ya podía ver el par de fosos que circundaba a la ciudad y las torres gemelas de la iglesia de Nuestra Señora, y después las calles tortuosas con sus bodegas y las cervecerías acogiendo las farras de los ebrios. Y, finalmente, el hogar que buscaba.

La casa tenía dos pisos, ventanas con para-pechos salientes y el techo inclinado. Era, como todas, esgrimida entre las demás. Ella estaba allá, él sabía. Y a medida que se acercaba, podía sentir cada vez más fuerte su presencia, cada vez más…

– Mi Enrique… – ella susurró, dormitando en la cama.

– A la hora marcada, mi Catarina… – él respondió, sacándose el sombrero en un gesto galanteador. Y canturreó: – Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan…

Él dijo que le gustaría mostrarle un lugar. ¿Qué lugar?, ella quiso saber. Un paraíso, él respondió. Y pidió que ella cerrara los ojos. Ella obedeció, y cuando los abrió, vio lo que sus ojos jamás habían visto. Adelante de sí se desparramaba un escenario increíble: un bosque hecho de ríos de aguas aterciopeladas que se desplazaban como una suave melodía por entre árboles azules. Alrededor brillaban lagos cristalinos y cascadas que soltaban espumas-mariposas transparentes. Catarina se sorprendió con las mariposas que revoloteaban junto a ella, todas medio humanas y juguetonas. Cuando tocó a una de ellas, ella reventó como si fuera una burbuja.

– Pensé que fueran vivas… – ella murmuró, sorprendida.

– Y son. – Él se rio. – Están jugando con usted.

Ella se acostó sobre el césped suave y azul y él se acostó sobre ella. Y ella se sintió la mujer más afortunada del mundo por estar con aquél hombre maravilloso que sabía conducirla a los sueños más hermosos y placenteros que podían existir.

*      *     *

Años antes, cuando desembarcó en Goa por primera vez, después de diez meses viajando por el mar, y puso el pie izquierdo en la tierra, como rezaba la tradición de los marineros catalanes, los monzones de Julio soplaban fuerte, amenizando el fuerte calor hindú. Enrique respiró profundamente el aire de aquel lugar raro y tuvo la intuición de que algo muy importante lo había conducido hasta allí, algo que él aún no sabía qué era, y que, al fin y al cabo, entrar en la Compañía había sido de hecho un buen negocio.

La Compañía de Jesús llevaba a sus divulgadores de evangelio por el mundo, ad majorem Dei gloriam, y Goa, en la costa occidental de India, se había vuelto un importante centro de estudios jesuiticos. Con misioneros oriundos de tantos países, no era difícil entrar en contacto y aprender sobre muchas otras cosas más allá de la materia oficial de la Compañía.

Así fue que conoció a aquellos que lo iniciaron en el Orden del Guardián, una hermandad ocultista, formada por hombres y mujeres de variados credos y nacionalidades y que mantenía una red secreta de informaciones desparramada por varios países, que era usada para influenciar decisiones políticas y religiosas. Sus integrantes se valían de estados especiales de consciencia para obtener visiones y controlar los sueños.

El origen del Orden remontaba a antiguas creencias de los campesinos del Norte de Italia, que decían salir en espíritu durante la noche para cazar brujas. Como eso siempre ocurría al principio de las estaciones, cuando los campesinos ayunaban por tres días, se notó que era la ayuna que propiciaba los tales sueños reales, y así la práctica fue adoptada por los integrantes del Orden en sus ritos de meditación. En un avanzado nivel, la meditación conducía a la cueva y allá ocurría la confrontación con el Guardián del Conocimiento, que se manifestaba en formas distintas según los miedos íntimos de cada uno. A los que salían ganadores de la confrontación, el Guardián otorgaba poderes para que pudieran seguir más profundamente en los misterios. El Orden del Guardián de a poco se distribuyó entre iniciados de varias religiones y fue allí en la India, en Goa, que llegó a la Compañía fundada por Ignacio de Loyola y sedujo a varios de sus jesuitas.

Fue en Goa que Enrique tuvo la visión de la funesta batalla de Alcácer-Quibir y vio al poderoso ejército de los aliados de los turcos de Argel. Fue allá que vio a don Sebastián, rey de Portugal, él y su idiota ilusión de ser un predestinado de Dios, marchando glorioso hacia la trágica derrota. Aún intentó intervenir, pues anteveía allí el fracaso que llevaría al fin del sueño del gran imperio portugués, pero fue inútil. Don Sebastián actuaba como un mentecapto y ni en sus sueños paraba a escuchar los consejos de sus compatriotas. Su triste destino estaba delineado.

De hecho, la muerte del rey había dejado vacío al trono portugués y Felipe II de España lo asumió. Desde entonces Portugal seguía subordinado a los españoles, culpa del rey megalomaníaco. Es verdad que don Sebastián tenía partidarios que defendían un imperio portugués en África, bastante más cercano y económico que en las Indias, pero él, Enrique, sabía por sus visiones que África era una lucha inútil. Pero no lo escucharon. Y ahora, que absurdo, surgían chusmeríosde que don Sebastián estaba vivo, milagrosamente vivo, y volvería a cualquier momento para re-ordenar a su ejército y comandar con valentía la vocación lusitana para la gloria… ¿Bobadas!

Estaban entonces al fin del siglo y aún era una ventaja para las élites comerciantes portuguesas la unión con España, de forma que muchos estuvieron de acuerdo con la subordinación al trono español.

– ¡Son unos interesados!… – Él no se conformaba. – ¡Piensan en sí antes de la patria!

El Guardián del Conocimiento era la entidad que esperaba en su cueva oscura a todos los integrantes del Orden. Los derrotados en la confrontación con el Guardián volvían trastornados y eran invariablemente enviados a hospicios. Actuando así, los iniciados juzgaban estar salvando su secreto, pero algunos, de las honduras de su locura y sufrimiento, emergían a veces gritando cosas que para los médicos no tenían sentido – pero que llevaron desconfianza a las autoridades religiosas. Fue por eso que los iniciados, para prevenirse, pasaron a exterminar a todos los que no volvieran de la confrontación con la sanidad intacta.

Asimismo, ejecutar personas significaba siempre un riesgo, principalmente cuando ocupaban posiciones importantes o eran integrantes de la Iglesia. Y, poco a poco, vinieron a flote algunos enlaces secretos de los iniciados europeos con judíos y también con árabes y paganos. La existencia del Orden estaba amenazada. El brazo implacable de la Santa Inquisición acosaba cada vez más.

*      *     *

Ella llegó y entró apresuradamente en el carruaje. Enrique la recibió con un beso demorado.

– Sigue – ordenó al cochero. Después se volvió hacia ella. – Sácate tu ropa, Catarina, y ponte ésto.

Ella obedeció y se cambió el vestido por el manto negro con capucha. El carruaje siguió por la carretera desierta y oscura durante un largo tiempo y después paró. Él avisó al cochero que seguirían el resto del camino a pie y pidió que esperara, antes del amanecer regresarían. La tomó por la mano y le dijo que ella, a partir de entonces, no podría más hablar hasta que todo terminara. Subieron la colina con cuidado y entonces, allá arriba, la playa surgió, envuelta por la vasta oscuridad de la noche sin luna.

– Ellos están de aquél lado. – Él señaló en dirección a una hoguera lejana. – También trajeron a sus discípulas para que sean iniciadas.

Bajaron la colina y caminaron por la arena de la playa. No había viento. Todo lo que se oía era el ruido suave de las olas. Los demás ya estaban alrededor de la hoguera, de pie, once en total. Ella afirmó su mano con más fuerza, temblando de miedo.

– Quédate tranquila – él susurró, intentando calmarla. – No hay nada que temer.

Ellos se acercaron y ella vio que los otros también llevaban puestos mantos oscuros con capuchas que les ocultaban la cara. Todos los saludaron con un leve movimiento de cabeza y luego bajaron los rostros, concentrados.

La copa le fue servida y ella, así como los demás discípulos, tomó tres veces de la poción amarga. Entonces empezaron a ser proferidas las palabras del principio del ritual y, con ellas, el viento sopló y se avivaron las llamas de la hoguera. Las palabras siguieron siendo proferidas en forma de mantra, alimentando al fuego y protegiéndolo del viento que soplaba cada vez más fuerte.

En seguida Enrique notó que el cuerpo de Catarina oscilaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. Vio cuando ella cayó de rodillas y quedó en la arena, en silencio, debruzada y contorciéndose sobre sí misma. De repente ella se levantó y se libró del manto. Y, enteramente desnuda, empezó a bailar, moviendo su cuerpo en movimientos lentos y ondulantes mientras el fuego relucía en sus cabellos y las llamaradas parecían también bailar en la superficie de su cuerpo.

Sorprendidos por la súbita visión del cuerpo desnudo de Catarina, los hombres y las mujeres presentes no hicieron nada más que mirar y admirar. Enrique pensó en interrumpir la danza de su discípula para que el ritual pudiera proseguir normalmente, pero no consiguió moverse, fascinado por lo que veía.

En ese momento el viento aumentó y vino la lluvia. Mientras relámpagos cruzaban la oscuridad de la noche y los truenos reventaban, Catarina abrió los brazos para recibir las primeras gotas, y luego en seguida se dio vuelta y corrió, desapareciendo en la oscuridad.

Después de un tiempo, como ella no volvía, Enrique decidió salir en su búsqueda. Pero la playa ahora era un inmenso negror y él poco conseguía ver. La lluvia se había vuelto tormenta y él caminaba con esfuerzo para no ser arrojado al suelo por la ventolina. Él gritaba su nombre con toda la fuerza, pero con el ruido de las olas, del viento y de los truenos, incluso él poco se escuchaba. En esos instantes le venía la impresión tan nítida, tan exacta, de ya haber vivido aquél momento antes, aquella misma situación, el mismo repentino miedo de perderla… ¿Adónde habría vivido aquello, aquella lluvia, aquella corrida desesperada, en que lejano tiempo y lugar? ¿Cuándo? ¿Adónde?

Finalmente, la encontró. Ella giraba desnuda de brazos abiertos y su cuerpo relucía bajo los fogonazos de los relámpagos. Él la abrazó, aliviado, y besó su boca salada. Y cayeron en la arena.

– Ven. Terminaremos resfriados – él dijo, levantándose. Pero ella lo tironeó de vuelta hacia su cuerpo desnudo.

– Olvídate solo por un momento que puedes enfermarte…

*      *     *

– ¡Mi esposo ha descubierto! – ella exclamó, abrazándolo asustada.

– ¿Cómo?

– ¡No lo sé! ¡Estoy con miedo, Enrique!

– Quédate calma. Esta noche tendré una conversación con él.

De noche, usando los sueños, él confirmó todo y vio que corrían serio peligro. Un esposo traicionado era siempre peligroso. Pero un esposo con tantas influencias, que mantenía relaciones cercanas con el consejo ducal, era invencible. Su permanencia en el colegio jesuita de Munique se revelaba un riesgo enorme, era necesario abandonar la ciudad inmediatamente. Irían para Barcelona, allá ellos podrían esconderse hasta encontrar un sitio seguro.

Pero… había un problema. Para vivir con Catarina, él tendría que abandonar la Compañía. Y la Compañía de Jesús era su disfraz perfecto, su salvo-conducto, su mayor seguridad. Ella le proporcionaba viajes, facilidades, dinero, mujeres… Poder.

Él se sintió apresado a un terrible dilema. Era como estar al borde de un precipicio. Atrás los problemas lo presionaban, y adelante lo esperaba la decisión más difícil de su vida.

*      *     *

El navío se alejó y rumbeó hacia las rocosas de Gibraltar, portal del inmenso mar océano. El muelle de Barcelona fue quedándose atrás, atrás, y la figura de Catarina al fin desapareció en la niebla. Él desembarcaría secretamente en Portugal. accionaría a sus mejores contactos en la Corte y en un mes volvería para reencontrarla. Y entonces huirían finalmente hacia Brasil, la nueva tierra del Sur, adonde podrían vivir en paz. Era el plan perfecto.

Pero él no descendió en Lisboa. Siguió directamente hasta Goa, en India. No volvió para el reencuentro acordado. No podía dejar a un lado la Compañía por una mujer. No podía. Aún si fuera la mujer que amaba.

Sentimientos no cambiaban al mundo. Lo que cambiaba era la acción – él no tenía dudas sobre eso. Y los hechos del mundo necesitaban el Orden para realizarse dentro del camino delineado. La Invencible Armada española había sido derrotada por Inglaterra. Un polonio loco llamado Copérnico había publicado un libro en el cual aseveraba que la Tierra giraba alrededor del Sol y otros lunáticos creían en eso. La Reforma de Lutero triunfaba y la Iglesia intentaba, con Sisto V, colocar un poco de orden a los estados papales. Ingleses y holandeses tomaban el control de la ruta del Oriente, aquellas siete mil millas tan valerosas para Portugal. El mundo lo necesitaba cada vez más a él y a los Iniciados del Orden. Y él tenía que estar preparado para las confrontaciones que vendrían.

– No, Vehdvar, tú has comprobado que no estás – la Guardiana le dijo una noche, en la cueva, cuando el navío ya seguía más allá del Bojador. – Tú has fallado.

– Pero…

– La obsesión por el control es el peligro final para los Iniciados del Orden, la trampa final. Solamente se escapan de ella los que, irónicamente, abdican…

– Del Orden.

Sí, él sabía de algunos integrantes que abandonaron el Orden. Pero siempre había juzgado que la causa fuera el miedo de ser atrapado por la Inquisición. Aún así, él no conseguía entender…

– No puedo abdicar. ¡El mundo nos necesita!

– Estás solamente postergando el momento, Vehdvar. Estás caminando en círculo, girando y girando…

– Sin realmente salir del lugar.

Sí, sin salir del lugar. Eso sentía él.

– ¿Qué necesito hacer?

– Tú lo sabes.

Entregar el control… Él lo sabía. Saltar en el abismo del propio miedo. Lo sabía desde siempre. En ese momento su imagen surgió en la superficie del lago. Catarina…

– No puedo volver a ella ahora. ¿Y mis seguridades?

De repente sintió que ya había vivido aquél momento antes, aquellas palabras, la desesperación, el desamparo… ¿Cuándo?

– No puedo…

Mientras la serpiente desaparecía en las aguas oscuras del lago, él cayó de rodillas y quedó allí, en el suelo, su voz aún haciendo eco como un grito desapareciendo en el abismo.

– No puedo… no puedo…

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 2

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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In portuguese – blog 

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CAPÍTULO 4

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La señalera se puso verde y Luca aceleró, avanzando el volkswagen por la avenida. Por el retrovisor veía las calles quedándose atrás, ellas y sus esquinas de amores en oferta. El aliento tibio de la noche, la amiga noche seduciéndolo en los neons coloridos… Luca se sonrió, estimulado. La ciudad desnuda, la ausencia de pundonor en el aire, un romance caliente… Era necesario ser feliz, urgente.

La noche te viste de sonrisas
Y tu aliento es la brisa que me conduce
Toda la prisa de las esquinas
Son vidrieras de retina
Promesas de amar
Alquile un placer con vista al mar

Una presentación más en el Papalegua. Ésta vez un viernes, pues el jueves Luca aún estaba bastante afónico. Y ésta vez los compañeros lo prohibieron absolutamente de improvisar con músicas no ensayadas.

Después del show Carlito se dirigió a Luca, en el camerino.

– Llegó a fin de tarde, tómalo – le dijo, entregándole un papel.

Luca abrió el telegrama, curioso.

Estoy en la laguna de Uruaú. Hinchando por un buen show. Isadora.

Él leyó y releyó, y por algunos instantes se sintió desplazar lentamente por un agujero en el tiempo… dos meses antes… Isadora…

– ¿Quién es Isadora? – preguntó Junior, leyendo el telegrama por sobre del hombro del amigo.

– La preciosa de Tibau del Sur.

– ¡Ah, la que te cogiste en una vida pasada! ¡Luca Nalla ahora ataca de esotéricas!

– Ella es loquita pero es maravillosa… – Dijo Luca, recordando la última noche con Isadora.

– Ah, yo conozco esa mirada.

– ¿Qué mirada?

– De enamorado.

– Qué nada, es solo una historia.

– Cuidado, ciudadano. Amar es un peligro.

Luca se volcó la dosis de whisky y anunció:

– Amigos, estoy yendo ahora hacia Uruaú. Nos vemos después.

– Loco, nuestra entrenadora personal está allá en la mesa – avisó Ranieri. – Y ya mandó traer dos litros de Red. ¿Vas a rechazar?

Por la rendija de la puerta del camerino, Luca miró hacia la mesa y vio a Sonita, ella y sus botas negras asesinas… Sonita ahora era como una asesora de la banda para temas de gimnasia y, gracias a sus buenos contactos, todos los de la banda podían hacer ejercicios sin pagar. A ella le parecía que el Ombligo Blues quedaría mucho mejor si todos estuvieran con el tórax delineado.

Por algunos segundos Luca quedó en duda, sintiéndose en una encrucijada. Estaba borracho y cansado, quizás no fuera adecuado tomar la ruta. Pero por otra parte, quería mucho ver otra vez a Isadora. No le gustaban nada aquellas súbitas decisiones.

– Uruaú me llama – él finalmente respondió. – Y guarden una dosis para mí.

Poco después ya seguía por la ruta en su volkswagen, cruzando la madrugada. Entonces la muy viva estaba en la laguna de Uruaú…, él pensó, mientras escuchaba los blues de Celso Blues Boy, otro amor en la larga ruta. Un estremecimiento raro se aposaba de su cuerpo y de su alma, haciéndolo acelerar lo más que podía, quería llegar en seguida, reencontrar a Isadora…

Noventa kilómetros después llegó a Uruaú, costa Este de Ceará. Manejó atento por las pequeñas rutas que rodeaban la laguna, en búsqueda de una tienda azul. Pero había poca luna en el cielo, estaba muy oscuro. No encontró la tienda. Rodó un poco más y nada. Bajoneado, paró el coche cerca del margen, bajó y caminó hasta la laguna. Se mojó los pies en el agua fría, se lavó la cara. Estaba muy cansado. Bueno, no había sido realmente una buena idea. ¿Adónde tenía la cabeza? Que mierda.

Entonces, mirando hacia un rincón en el otro margen, le pareció distinguir… una hoguera. Volvió corriendo al coche, dio la vuelta y salió a toda velocidad por el caminito de arena. Más adelante tomó otro camino y se vio de repente en el medio del monte. Pero siguió. Entonces el paisaje se abrió súbitamente y la laguna surgió de nuevo a su frente, ennegrecida por la noche sin luna. Y al lado, a pocos metros, la hoguera. Y la tienda azul. Y allí estaba Isadora.

Se abrazaron en silencio durante un tiempo largo. Él reconoció la sensación de los cabellos de Isadora rozándole la cara, el contacto de los senos en su pecho, el calor acogedor de su cuerpo… Y entonces se dio cuenta de que había olvidado, simplemente se había olvidado de como era realmente maravilloso estar con ella.

– Que bueno que has venido, Luca.

– ¿Cómo supiste del show?

– Vi en el periódico. Llamé, pedí la dirección y envié el telegrama.

Él se rió, bobamente fascinado. Isadora y su manera de hacer las con que las cosas fueran más simples de lo que parecían ser… De repente vivir era de una simplicidad tan obvia, tan obvia…

– El sueño me arrebata – él dijo, bostezando. – ¿Tenés algo para tomar?

– ¿Por qué no te das una zambullida? El agua está bien tibia!!

– Buena idea.

Luca entró en la tienda para cambiarse de ropa y momentos después, como él no salía de allá adentro, Isadora entró y… lo encontró roncando, desparramado en la colchoneta, un pie calzado y otro descalzo, la boca abierta, babeando. Ella encontró gracia en la escena y, mientras lo arreglaba para dormir mejor, susurró a su oído:

– Enrique…

Sí, confirmó para sí misma, allí estaba su amado, solo podía ser él. Nada que no fuera eso haría sentido. Él era Enrique, sí, y ella finalmente lo había reencontrado. Cuatrocientos años después.

Desde que los sueños vinieron, dos años antes, ella había luchado silenciosamente contra la presión de los dos lados de la realidad, un lado gritando que dejara de locuras, que vidas pasadas ni siquiera podían ser comprobadas de hecho, y el otro lado susurrándole al oído que permitiera que aquel antiguo amor le orientara el camino.

Después del sueño con Luca, había decidido seguir los susurros. Entonces dejó a un lado el empleo en el banco, juntó los ahorros y rumbeó hacia las playas del Noreste. Pero las dudas siempre la acompañaron. ¿Cómo iría a encontrar a alguien en una inmensidad de lugares posibles? ¿Y si todo no fuera más que una torpe y ridícula fantasía? Eran preguntas que dolían en su alma, y que ella expulsaba hacia lejos siempre que surgían. Pensar en eso le daba escalofríos, y en esos momentos una inmensa sombra la involucraba… la sombra de la locura. La locura de Catarina.

Cuando vio a Luca en Tibau del Sur, no tuvo más dudas. Pero, en un primer momento, al darse cuenta de que él no recordaba nada y ni siquiera creía en vidas pasadas, se sintió perdida y frustrada, sin saber qué hacer. Pero ya había ido muy lejos, simplemente no podía darse por vencida así de su gran amor, el amor que cuatrocientos años antes ella había perdido por motivos que nunca entendió. Por eso dio el paso siguiente, el sexo, y aquella noche estupenda en la tienda solo confirmó todo, la combinación perfecta de los cuerpos, la mezcla armoniosa de ternura y violencia, el placer enloquecedor… ¿Cómo el sexo podía ser tan perfecto con un desconocido? Solamente si el desconocido no fuera realmente un desconocido…

Entonces decidió seguir en el viaje por las playas, como si de alguna forma la cercanía del mar pudiera traer de vuelta a su amor perdido. Tal vez Luca solo necesitara algún tiempo más. Tal vez también ella lo necesitara.

Estaba correcta. Un mes entero lejos de Luca sirvió para entenderlo mejor. Y, comprendiendo a Luca, terminó también comprendiendo un poco más al propio Enrique. Ambos eran obsesionados por el mismo deseo: controlar a la vida. Cada uno a su modo, ambos tenían un elevado sentimiento de importancia personal y se consideraban capaces de dominar todos los acontecimientos alrededor. Pero actuando así, se olvidaban de realmente vivir la vida. Entretanto, había una diferencia, ella sabía: al paso que Enrique se había entregado al amor que sentía por Catarina, Luca tenía miedo de amar. En su sueño, él le había pedido que lo ayudara a saltar en el abismo – pero parecía escaparse de él.

Isadora miró al hombre estirado adelante de sí, ebrio y roncando. Fuera lo que fuera el abismo, definitivamente aquella no era la mejor manera de saltar.

*     *     *

Luca abrió un ojo y después el otro, la vieja estrategia para que no le doliera tanto. Hacía calor, ya debía ser bien tarde. Reconoció el interior de la tienda azul de Isadora. Pero ella no estaba a su lado. Sintió una súbita puntada de miedo… El mismo miedo que había sentido en Tibau del Sur cuando buscaba por ella el último día.

Entonces salió de la carpa y la vio sentada al lado, a la sombra de un guayabo, leyendo el I Ching.

– Bienvenido al día, Luca de Luz Neón.

– ¿Qué pasó ayer? – él preguntó, bostezando.

– Te dormiste.

– Me dormí antes o después de que nosotros…

– Muuuucho antes – ella respondió, riéndose.

– Que mierda.

– Mejor así, vos estabas en un estado lastimoso. ¡Y todavía has venido manejando! Si yo supiera, no te habría enviado aquel telegrama.

– ¿Venden lentes de sombra acá por cerca? – él preguntó, protegiéndose los ojos de la claridad insoportable.

– Sin desesperaciones. Yo te presto los míos.

– Isadora, vos sos la mujer ideal.

En el restaurante, él pidió una cerveza para contrarrestar la resaca. E Isadora contó de las playas por las cuales había pasado antes de llegar allí.

– En Canoa Quebrada casi me metieron presa, ¿sabes?

– ¿Por qué?

– Es que en el camping había un vivero de pájaros. Y yo no aguanto ver a un pajarito en cautiverio.

– ¿Qué hiciste?

– Los solté a todos, evidente.

– No lo creo.

– La dueña del camping desconfió de mí y llamó a la policía, pero no podía probar nada.

– Caramba, vos sos de hecho una amenaza al orden establecido.

Incluso para el mío, él casi completó, por poco.

– ¿Y la vida en Fortaleza, cómo anda?

– Todo bajo control.

– ¿Hay show hoy?

– No.

– Me alegro. Entonces puedes quedarte hasta mañana.

– Ahn… No puedo. Hoy de noche tengo una reunión importante.

– Que pena.

– Negocios – él completó. – Sabes cómo es, la banda se está volviendo más profesional.

Él se sonrió, tomando un trago de cerveza. En realidad, lo que había dicho era una media verdad. La banda estaba realmente profesionalizándose, pero la reunión no era con nadie de la banda. Era con una aficionada. Y a solas.

La tarde ya caía cuando ellos salieron del restaurante y fueron a pasear por los márgenes de la laguna, a pisar descalzos en la arena, a sentir la brisa fría del fin de tarde.

– ¿Y aquel billete que has dejado, Isadora? ¿Qué abismo es ese que yo tengo que saltar?

– No sé. Sos vos el que debería saber.

– Claro que no. El sueño fue tuyo.

– Pero el abismo es tuyo – ella respondió, riéndose.

Caminaban abrazados por la arena y las olas venían a lamerles los pies, dejando conchas de recuerdo.

– ¿Vos estás satisfecho con tu vida, Luca?

– Hay cosas que podían mejorar.

– ¿Vos confías en la vida?

Él demoró en responder. Pateó una piedra en la arena.

– No se puede confiar en la vida cien por ciento, Isadora, sabes bien.

– ¿Por qué?

– Porque ella es traicionera. Hay que estar siempre atento para no ser apuñalado por la espalda.

Isadora meneó la cabeza, sin conformarse. ¿Cómo alguien podía vivir con tantas trabas?

– Entrega el control, Luca. Eso es una ilusión.

– Ilusión es creer que la vida se soluciona por sí sola. Es mejor controlar.

– ¡Claro que no! Controlar a la vida termina trabándole.

Ella se soltó de él para coger una concha.

– Confiar en la vida parece locura, yo sé. Pero trata, dale. Yo te ayudo.

Ella sacó la arena de la concha y se la entregó. Él la recostó al oído.

– ¿Estás oyendo? Es el sonido del abismo. Él te va a susurrar el camino si nosotros nos perdemos de nuevo.

– ¿De nuevo? – él preguntó, guardando la concha en el bolsillo.

– Sí, como hace cuatro siglos.

– Isadora, vos sabes que yo no creo en reencarnación – él dijo, tratando de no ser rudo. – Creo en lo real, en lo que yo puedo ver.

– No importa. Vos sos Enrique, mi amor real.

– ¿Pero cómo puedes tener tanta seguridad?

– Yo sé. Apenas sé.

– Todo bien, vamos a suponer que sea yo mismo. ¿Por qué entonces yo no me acuerdo?

– Eso no lo sé.

– Si yo fui Enrique, entonces evolucioné al revés. El tipo era brujo, poderoso…

– Quizás vos estés desperdiciando tu poder tratando de controlar todo. Adonde hay control, la vida no fluye. Ni sobra espacio para el amor, ¿sabías?

– ¿Vos y Enrique se amaban de verdad?

– Mucho.

– ¿Por qué él no volvió a encontrarte? ¿Quiero decir, a Catarina?

– No lo sé, eso no conseguí recordar. Enrique tenía enemigos, creo que terminó siendo atrapado.

– Bien, si yo fui Enrique, entonces yo podría saber qué pasó con él.

– Si realmente llegas a necesitar saber, lo sabrás.

– ¡Eso es confiar demasiado en el destino, Isadora! – Él no se conformaba. – Como si todo ya estuviera escrito.

– Nada está escrito. Tenemos que hacer todo.

– ¿Hacer todo? Eso no contradice tu principio taoísta de no forzar las situaciones?

– De hecho, contradice.

– ¿Y entonces?

– Entonces tenemos que hacer todo, pero sin forzar a las situaciones.

Él suspiró, dándose por vencido del tema. ¿Cómo alguien podía vivir con lógicas tan absurdas?

*     *     *

Luca despertó y se vio adentro de la tienda azul. Pero ésta vez Isadora dormía a su lado. Él había cancelado la reunión nocturna con la aficionada, simplemente no había resistido a Isadora. Se anidó un poco más en ella mientras recordaba la noche anterior, el cuerpo tierno y generoso de Isadora, su forma deliciosa de abrazar, de llamarlo hacia adentro de sí como un orden a la cual no podía desobedecer… Con ella el sexo era siempre intenso. Y tenía algo de misterioso, un qué de sagrado. Y ella era tan hermosa durmiendo… Luca acarició sus cabellos mientras se imaginaba su caballero protector. ¿Y si fueran casados?

Él interrumpió el cariño, asustándose con el propio pensamiento. ¿Casados? No debía estar muy bien de la cabeza. ¿De dónde miércoles había sacado una idea tan desquiciada?

En ese instante, sintiendo el corazón acelerado, él vio prenderse la lucecita roja de alerta. Sí, existía. Y se llamaba amor. Y el amor era algo que no formaba parte de sus planes. Amar era perder el control de sí mismo, él sabía, y eso era todo lo que no necesitaba. Más prudente era mantenerse a una distancia segura.

Pero ella era tan linda, tan especial… Ella era absolutamente diferente de cualquier mujer que hubiese conocido en toda la vida. Y todavía hacía el mejor sexo del mundo. A su lado vivir se volvía más instigador más misterioso… Una pena que vivía tan lejos.

¿Y si por casualidad vivieran en la misma ciudad?, se preguntó, tratando de imaginarse cómo sería. ¿Abdicaría de todas las otras por ella?

Se sentó, molesto con el rumbo de sus pensamientos. Estaba soltero, ¿por casualidad se había olvidado de eso? Estaba soltero y le gustaba su vida así, sin las complicaciones que el amor siempre traía. Y, además de todo, Isadora era demasiado loca. Mejor mantener la cosa como estaba, ella en sus viajes y él en Fortaleza, en la seguridad de su mundo.

Se levantó con cuidado para no despertarla y salió de la tienda. El sol ya subía en el horizonte pero el día estaba nublado. Caminó hasta la casa que alquilaba kayacs y tomó uno. Unas buenas remadas por la laguna le harían bien.

Luca se acomodó adentro del kayac y empujó el suelo con el remo, desplazándose suavemente sobre el agua. No pudo dejar de notar lo insólito de la situación: las seis de la mañana de un domingo y él en un kayac, remando en aquella inmensa laguna, en aquel inmenso silencio, era raro. El amanecer realmente era un mundo desconocido.

El kayac avanzaba laguna adentro mientras la luminosidad del nuevo día se derramaba despacio sobre la laguna. De repente Luca sintió que todo aquel silencio era una manifestación de la laguna y ella era tan grande… tan digna… que permitía que una criatura ruidosa como él afectara la paz de su superficie.

Entonces paró de remar. El kayac prosiguió desplazándose un poco más. Y el silencio se manifestó enteramente, en toda su majestuosidad. Se sintió indigno en aquel ambiente, contaminándolo, y empezó a arrepentirse de estar allí. Él no era tan puro como aquel silencio. No era digno como la laguna.

Fue en ese momento que, súbitamente, comprendió cuan pequeño era frente a todo aquello. Fue un relámpago repentino y lo hizo entender instantáneamente que él no significaba nada, absolutamente nada. Se dio cuenta de que la laguna tenía perfecta consciencia de él, evidente, que era imposible que no supiera de él en su superficie. La laguna estaba allí hacía siglos y nada la ponía ansiosa. Digna y grandiosa, ella permitía que la vida se manifestara en sus honduras y que seres insignificantes como él se desplazaran en sus aguas.

Sintió miedo de morirse. Sí, él moriría allí mismo si la laguna así lo quisiera, no había dudas en cuanto a eso. No podría hacer nada y nadie escucharía sus gritos. Se hundiría y moriría…

Entonces bajó la cabeza y, aislado como nunca estuvo en su vida entera, lloró. Lloró de pavor, enteramente rendido, mientras esperaba el momento en que la laguna finalmente lanzaría de las honduras sus tentáculos y lo arrastraría hacia el fondo. Y todo estaría terminado.

Una eternidad después sintió que el inmenso silencio relajaba su fuerza sobre él. Entonces abrió un ojo, la cara aún escondida entre las manos, después el otro ojo. Todo seguía como antes, la laguna tranquila, el kayac flotando sobre las aguas. Entonces, bien despacio, aún temeroso, tomó el remo y lo metió en el agua. Y la laguna se movió, pareciendo que se iba a despertar.

Empezó a remar, cuidadosamente. Remó y remó hasta alcanzar el margen. Cuando finalmente el fondo del kayac se arrastró por la arena, emitiendo un sonido afónico, él se sintió saliendo de un sueño… Pisó la tierra todavía un poco mareado, el corazón casi en la boca, mientras las olas menudas le daban latigazos en los pies. Era la laguna enviándole un último mensaje: no eres nada, no eres nada…

– Yo lo sé – dijo bajito.

Ya sabía, sí. No necesitaba repetirlo.

*     *     *

‒ Después que nosotros nos conocimos, Isadora, esas cosas raras empezaron a ocurrir. En Tibau del Sur yo casi me muero ahogado. Ahora fue la laguna que me quiso tragar. ¿Qué miércoles está pasando?

Isadora miró a Luca a los ojos y reconoció en ellos el miedo de quien acaba de abrir la puerta del desconocido de sí mismo. La misma puerta que un día sus raros sueños también le abrieron.

– Vaya a saber si es el abismo acercándose.

– Para de hablar en eso, Isadora. No me está gustando, en serio.

– Has sido vos el que preguntó.

– No creo en ese abismo, ya te dije.

– Pero vives hablando de él en tus shows.

– ¿Yo? ¿Vos estás loca?

– Fue la primera música que vos me cantaste, allá en Tibau del Sur, no te recuerdas?

En ese abismo sentí vértigo…  Y la angustia no se deshizo…

– Recuerdo. Pero vamos a cambiar de tema.

Estaba nervioso. Aquellas cosas lo hacían sentir un juguete en manos de lo que no conocía, sin cualquier control sobre la situación. Isadora, de cierta forma, también lo hacía sentirse así. Al mismo tiempo que no resistía a estar con ella, sabía que bastaba su presencia para que de repente le faltara el poder sobre sus propias certidumbres. Y eso era realmente aterrador.

Después del café, fueron hasta la costa y se divirtieron bastante en un paseo en buggy por las playas. Después, en una  tiendita en la rambla, se deleitaron con caipiriñas y calamar frito. Volvieron a la tienda levemente embriagados y dispuestos a darse una siesta, pero en seguida constataron que la noche anterior no había sido suficiente para sanar la nostalgia, y así el atardecer fue escenario para otra vuelta de sexo intenso.

De noche, al lado del volkswagen, mientras se despedían, Luca sintió el corazón apretado. Él volvería para Fortaleza al paso que Isadora seguiría su viaje por las playas de Ceará. En ese momento la posibilidad de nunca más verla penetró como un puñal en su pecho y el dolor se agitó por todo su ser. Tomó rápidamente un papel, escribió su teléfono y dirección y se lo entregó a ella.

– ¿Qué tal pasar el fin de semana en Fortaleza conmigo? Mi cama tiene bastante espacio.

– ¿Luca de Luz Neón me está invitando a probar su mundo?

– Estoy. El viernes vamos a hacer un show bien bueno. Y el sábado va a haber una fiesta imperdible.

– A tus aficionadas no les va a gustar verme con vos.

– Pero a mí sí.

Luca paró por un instante. La lucecita roja de alerta… ¿Qué estaba haciendo? ¡Aquello era casi un pedido de noviazgo! Por algunos momentos sus actos y sus palabras simplemente habían adquirido voluntad propia.

– No sé, Luca… Creo que éste viaje no combina mucho con la ciudad grande.

Sí, quizás sería mejor que ella no fuese, Luca pensó, sin saber lo que realmente deseaba.

Adentro del coche, un poco antes de desaparecer en la curva, él hizo un ademán mirando por el retrovisor y la vio a Isadora saludando también. Y de repente fue como si ella repitiera un gesto muy antiguo, hecho hacía mucho tiempo, un ademán triste que le cortaba el alma. ¿Cuándo se habían despedido así?

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CAPÍTULO 5

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– ¡Camerino con aire acondicionado! – exclamó Ranieri. – ¡Whisky doce años! ¡La banda evolucionó, loco!

– Es que el dueño de ésta casa es mi alumno en la academia – explicó Sonita. – Y tú, Luca, eres el único que no está yendo a hacer gimnasia, ¿sabes?

– El lunes empiezo. Lo prometo.

Estaban todos muy entusiasmados aquel viernes. La casa nocturna Karvalledo estaba repleta y ellos harían la apertura del show principal, de la Basado en Blues. Era el caché más alto de la historia de la banda.

A las once la Bluz Neón subió al tablado y la luz verde bajó sobre Luca, haciéndolo sobresalir al frente de los demás. Él tomó un trago de whisky, dio las buenas noches, dijo cualquier cosa sobre abismos y el show empezó. El repertorio estaba bien ensayado y la banda colocó la platea a bailar bastante. Después del Ombligo Blues, cuando en el tablado casi no cupo todo el grupo de muchachas que había subido de ombligo de afuera, ellos salieron bastante aplaudidos y del camerino escucharon los insistentes pedidos de bis. Entonces volvieron, tomaron sus lugares y empezaron a tocar otra vez.

Luca fue el último en volver. Reapareció vestido con una túnica oscura con capucha, al estilo de los monjes medievales. Caminó lentamente, se situó en el centro del tablado, abrió los brazos en cruz y miró al público, sin distinguir las caras en la muchedumbre. En ese momento las luces de los reflectores relampaguearon sobre sus ojos y él sintió un vértigo liviano, otra vez aquella sensación de resbalar hacia un sueño, la realidad perdiendo fuerza… Un escalofrío le recorrió la espalda y la vista quedó turbia. Mientras el humo de hielo seco involucraba su cuerpo, él se afirmó en el pedestal del micrófono para no caerse y respiró hondo algunas veces hasta que el malestar pasara, mientras la banda seguía la música sin él. Y terminó el show recitando la parte final de la letra:

Son tantas estaciones
Yo oigo campanas en las esquinas
Y les sonrío a las chicas
En sus escotes-perdición
Yo le erro la mano y me pierdo a media luz
Yo soy el tren que me conduce
A mi propia salvación

En el camerino, después del show, la botella de whisky rodaba de mano en mano, todos festejando el buen show. Luca se disculpó por el malestar al fin de la presentación, pero Junior lo calmó, diciendo que nadie se había dado cuenta de nada, que la ventaja de ser un cantante performático como él era que aún morirse en el tablado terminaba pareciendo formar parte del guión.

Entonces la puerta del camerino se abrió y Sonita entró.  Llevaba puesta una minifalda negra de cuero y calzaba sus botas negras. Ella se sonrió hacia Luca y él inmediatamente entendió lo que ella quería, aquella mirada de cazadora del submundo que él conocía tan bien…

– ¿Ésta vez no me vas a cambiar por una laguna, no? – Sonita preguntó, acercándose a él de una forma insinuadora.

Luca recordó a Isadora y se sintió de nuevo en una encrucijada. Aquellas malditas decisiones… Isadora podría muy bien haber aceptado su invitación para pasar el fin de semana con él.

– No – respondió Luca, abrazando a Sonita y besándola.  – Hoy no hay laguna, bebé.

Vieron el show de la atracción principal todos juntos en una mesa, festejando la nueva etapa de la banda y el enorme  éxito que los esperaba. Sonita mandó traer otra botella de whisky y después otra más. Antes del fin del show ella se levantó y tironeó a Luca por el brazo. Él todavía no quería irse, pero ella insistió.

– Sí, vas, Gran Tigre. Vos ya te pasaste de la raya.

– Calma, jefa, vamos a terminar esta botella. ¿Adónde está tu vaso?

– ¿Estás viendo cómo es tu amigo, no, Junior? Toma demasiado y después no aguanta la onda…

– ¿Pero, Sonita, adónde ya se vio irse a casa a las tres de la mañana? Si quieres, puedes irte. Yo me quedaré con mis nobles compañeros de lucha.

– Yo soy tu entrenadora personal, Luca. Tengo que cuidarte.

– Entrenadora personal, y no cuidadora de niños. ¿Has entendido?

Sonita resolvió intentar otra estrategia. Se sentó al lado de Luca y metió la mano abajo de la mesa, acariciándolo entre las piernas. Pero él retiró su mano. En ese instante surgió una muchacha pidiendo para sacarse una foto con él. Luca se levantó, la abrazó y se sacó la foto. Después la chica agradeció dándole un beso en la boca y salió muy contenta. Sonita no se aguantó:

– ¿Ya has pensado qué pasará en el momento que esas aficionadas descubran la verdad, Luca?

– ¿Qué verdad?

– Que al cantor de la Bluz Neón le gusta más el whisky que las mujeres.

Luca la miró serio.

– Ah, Sonia… Es una pena que tu dinero no pueda comprar nivel – él dijo, con mucha calma. Y se sentó de nuevo, volviendo la mirada al show, mientras Junior y Ranieri contenían la risa.

– Ah, entonces querés nivel. ¿Ese sirve?

En un gesto rápido, Sonita estiró el brazo y vació un vaso entero de whisky sobre el pecho de Luca, el líquido ensopando la camisa, piedras de hielo para todos lados.

– ¡Y vos estás despedido! ¡Busca otra banda! – ella completó, levantándose y abriendo camino entre las mesas.

– Mucha calma en ese momento, ciudadano… – dijo, Junior, que todavía no podía creer en lo que había pasado. – Dejen que yo voy atrás de ella, quédense ahí viendo el show.

Luca se sacó una piedra de hielo de adentro de la camisa ensopada de whisky y la llevó a la boca.

– Pensándolo bien… estoy cansado de esa vida de estrella del rock. Creo que me voy a pasar un rato en París.

– Calma, Luca, mañana ella lo va a reconsiderar.

– ¿Adónde está la mina de la foto, alguien la vio?

*     *     *

Cuando Isadora llegó eran las once y la casa nocturna Karvalledo ya estaba repleta, pero ella consiguió un lugar razonable para ver el show que empezaba.

Había aceptado la invitación de Luca para pasar el fin de semana en Fortaleza porque concluyó que, si quisiera conocerlo y entenderlo mejor, necesitaba de alguna forma probar su mundo. Sí, ella sabía que el mundo de Luca era una fiesta sin fin, un mundo caleidoscopico que podía confundirla, sí, pero podía ser una buena oportunidad para ejercitar su intuición de taoísta, su capacidad de armonizarse con los sutiles movimientos de la vida. Y podía también ser una oportunidad excelente de conocerse mejor a ella misma, explorando aquello que aún no sabía de sí, aventurándose por las posibilidades de su ser. Explorar… aventurarse… Esas cosas involucraban riesgos, ella sabía, siempre los involucraban. Pero estaba dispuesta a arriesgarse. Por ella, por Luca, por el amor. ¿Por qué no?

A las once la Bluz Neón subió al tablado de la casa  Karvalledo. Al verlo a Luca, Isadora sintió una emoción rara, se sintió enorgullecida de él. Allá estaba el hombre que amaba, en el centro del tablado, vaso en la mano, probando el micrófono. Bajo el halo de luz verde él tomó un trago, dio las buenas noches a todos y dijo:

– La insania es un abismo irresistible. Y tiene ojos color de miel.

– ¿Qué quiso decir? – preguntó una muchacha al lado, intrigada. Isadora se sonrió y respondió:

– Que él me ama.

El show empezó y ella rápidamente entró en el ritmo del rock y del blues. Las músicas estaban bien ensayadas y la platea parecía bastante entusiasmada. A ella le gustó todo, y le gustó especialmente Luca: él era un poco descoyuntado, pero cantaba bien, tenía buena presencia en escena y sabía enganchar al público.

Fue al fin, cuando la banda volvía para el bis, que ocurrió. Isadora vio cuando Luca, vestido como un monje medieval, se protegió los ojos de las luces y miró hacia la platea como si buscara a alguien en la turba. ¿Sería ella? Después volvió al micrófono, y mientras la banda tocaba él acompañaba la música con suaves movimientos de cabeza… Fue en ese momento. Las cosas empezaron a perder la forma, lentamente, y ella dejó de escuchar la música. Entonces se vio sola, ya no habían personas a su alrededor. En el instante a continuación, el humo del hielo seco se había transformado en niebla y el tablado a su frente era ahora… la cubierta de un navío. Y el navío subía y bajaba, levemente… ondulando bien adelante de sí… ondulando… ondulando…

Era una mañana de niebla en Barcelona y los vientos soplaban favorables. A su frente las velas del navío estaban abiertas y, en seguida abajo, inmóvil en la cubierta, él la miraba. Ella usaba un vestido con una manta por encima y el viento sacudía sus cabellos. Sentía un aprieto en el pecho, la boca seca… La boca que él había besado hacía poco. ¿Por qué necesitaban separarse una vez más? ¿Por qué esperar aún más tiempo? ¿Por qué?

Del navío él saludó, la otra mano afirmando el borde, y su ademán la hizo recordar, súbitamente, que en alguna época, en algún tiempo muy lejano, él había hecho exactamente aquello, la misma mano saludando en despedida, el mismo ademán triste. ¿Cuándo se habían despedido así?

El navío empezó a alejarse y ella tuvo ganas de correr y gritar que él la llevara también, que no la dejara sola. Pero se contuvo, aguantando el ansia en el pecho. Sí, el le había asegurado que todo correría bien y que en seguida volvería para buscarla, sí, y entonces se escaparían a Brasil, para vivir libremente aquel amor que aún tenían que esconder bajo mentiras. Pero ella no se conformaba. ¿Por qué no ahora? ¿Por qué él no dejaba a un lado de una buena vez la Compañía y se quedaba ahora mismo con ella?

Por un segundo avistó la posibilidad de estar perdiéndolo para siempre y una angustia terrible laceró su alma, como un relámpago que rompe el cielo. Una lágrima resbaló hasta su boca. La boca que él había besado hacía algunos minutos…

Él la había hecho probar la magia y la había iniciado en los misterios. Con él viajó por mundos maravillosos a través de los sueños, y él le enseñó a ser fuerte y a enfrentar las dificultades con valentía… Pero ahora todo lo que ella tenía adentro de sí era un enorme y dolorido vacío. Porque la vida simplemente no tenía sentido sin él. Estaría equivocada en amarlo así tan… tan locamente?

El navío se alejó. Su imagen en la cubierta, bella y melancólica entre la niebla, se sostuvo en su mente. ¿Hacia adónde realmente lo llevarían aquellos vientos? ¿Y ella, cuántos mares de incertidumbres aún tendría que cruzar por aquel amor? ¿Cuántos peligros, cuántas despedidas? ¿Cuántas vidas, mi corazón, cuántas vidas?…

Entonces el navío desapareció. Desaparecieron el muelle de piedras en línea y los empleados atareados. Los vientos cesaron, la niebla volvió a ser humo de hielo seco e Isadora dio por sí a tiempo de ver a Luca terminar su performance, en un tablado que aún ondulaba…

Ella estaba pasmada. El último encuentro, la despedida… ¡Finalmente había recordado!

Aún sintiendo el olor del mar, salió rápidamente y siguió hacia el jardín de la casa nocturna. Era una noche fresca y un resto de luna cruzaba el cielo. Mirando a las estrellas, un escalofrío le recorrió el cuerpo y por primera vez el pensamiento tomó la forma exacta en su mente: él se había escapado. No quedaban más dudas. Enrique se había escapado. Ahora estaba todo explicado.

Había ido a Fortaleza para conocer mejor el mundo de Luca y había terminado descubriendo allí, en una casa nocturna, la verdad sobre Enrique. Una verdad obvia, pero que ni ella ni Catarina nunca habían admitido.

*     *     *

Por todos los lados se extendía un desierto como una inmensa sábana ondulada de arena. ¿Hacía cuánto tiempo que él caminaba? ¿Días? ¿Años? Las piernas aflojaban y la vista se ponía turbia, impotente frente a la claridad tiránica. Un sol abrasador le tostaba la piel en carne viva… Y un dolor de cabeza que de un segundo a otro explotaría su cerebro en mil pedazos… Pero lo peor de todo era la sed. Una sed absurda le dilaceraba la garganta sin piedad. Un trago de agua, apenas un trago, un pequeño trago y él se moriría satisfecho y feliz. Y en algún lugar de aquel desierto un teléfono sonando, sonando… En algún lugar, entre aquellos médanos sin fin, un maldito teléfono insistiendo en sonar y sonar…

– Hola…

El cuerpo estirado sobre la sábana de arena, el brazo para afuera de la cama.

– ¡Hola! ¡Hola!

Pero no era el teléfono que sonaba, era el interfónico, allá en la cocina… Tendría que arrastrarse hasta allá, al otro lado del desierto sin fin.

Era el portero, buenos días, don Luca, avisando que había una muchacha que se llamaba Isadora queriendo hablar con él, ¿podía dejarla subir?

Luca pidió un momentito y agarró una botella de agua en la heladera. Una resaca horrorosa le secaba el alma. Miró el reloj: dos de la tarde. Llamó por Sonita. La llamó de nuevo. Pero ella no respondió, ¿se habría ido? Yo abro los ojos, ¿adónde estás vos?… Amaneció y no me di cuenta…

Caminó despacio, con cuidado para que el cerebro no se despedazara. Buscó en el cuarto, en el baño. Ninguna señal de Sonita. Entonces recordó que ella había dormido allí, sí, pero dos noches antes. Que relajo. Estaba perdiendo la noción del tiempo.

Volvió al interfónico y le dijo al portero que todo bien, podía dejar que la muchacha subiera. Luego de hacerlo, recogió un calzoncillo de arriba del televisor y puso una música para tocar, Isadora merecía un ambiente mejorcito. Dejó la puerta del living abierta y fue para el baño bajo el sonido de sus sesos sacudiéndose. En el espejo partido del baño el horrendo monstruo del desierto lo observaba, con los cabellos en revoltijo y los ojos saltados. Prendió la ducha y el agua helada sacudió su cuerpo mientras en el living Blues Etílicos tocaba El Sol También me Levanta.

– ¿Luca de Luz Neón?

– ¡Puedes entrar! – él gritó bajo la ducha.

Isadora entró y cerró la puerta. Puso la mochila sobre el sillón, miró la guitarra en un rincón, un cartel de B. B. King, otro de Janis Joplin, fotos de shows de la Bluz Neón. Fue a la ventana y miró el paisaje del octavo piso, la soledad apretada entre el cemento, los edificios asfixiando los sueños de crecer…

– Hola, Isadora.

– ¡Hola! – Ella recordó que era la segunda vez que lo despertaba. Él estaba con una cara no muy buena, pero le gustaba verlo así, empezando el día. – Espero no estar obstruyendo alguna cosa importante…

– No, no. Yo estoy solo.

– Me parece que quedas bastante bien así, solamente de toalla…

– Que bueno que has aceptado mi invitación. ¿Te quedas hasta cuándo?

‒ Mañana de tarde sigo hacia la playa de Lagunita, ya compré el pasaje.

‒ Pucha, tan poco tiempo… Deberías haber venido ayer.

– En realidad llegué ayer. Dormí en un hotel.

– ¿Hotel? Pero… ¿Y por qué has ido a nuestro show?

– He ido.

– ¿Vos estabas allá? ¿En la Karvalledo?

– Sí.

– Pero…

– Me encantó la banda. Y vos sos bárbaro, me sorprendiste.

– ¿Por qué has ido a hablar conmigo después del show? – él preguntó. Y en seguida se arrepintió, recordándose de Sonita. Ella seguramente la había visto con él.

– Me pareció mejor no.

¿Y ahora? ¿Debería o no preguntar la causa?

– ¿No quieres saber el porqué?

– Creo que ya sé, Isadora.

– ¿De verdad lo sabes?

– Mira, déjame aclarar una cosa. Mi historia con Sonita no es nada serio.

– ¿Quien es Sonita?

– Nuestra entrenadora personal, que estaba conmigo en la mesa. Ella y yo…

– No vi nada. Me fui ni bien terminó el show.

– ¿Ah, sí?…

Él tuvo ganas de meterse la cara en el piso. Que mierda. Había acabado de confesar, espontáneamente, que tenía una historia con la entrenadora personal de la banda.

– ¿Hay agua? – ella preguntó. – Hace calor.

– Hay, claro.

Él fue a la cocina y le trajo un vaso de agua. Se sentaron en el sillón en silencio. Pero que mierda, él pensó, sin conformarse con lo que había hecho. Se sentía culpable. Pero no tenía que sentirse así, pues no había cualquier compromiso entre Isadora y él. Sí, eso era verdad, no tenían compromiso, pero aún así se sentía muy mal. Era como si la hubiera traicionado. Pero no había habido traición, evidente, al fin ella no era su novia. Pero por otra parte…

De repente se dio cuenta de que sus pensamientos estaban al mismo tiempo culpándose y absolviéndose, dividiéndolo al medio. Que mierda. Era ella, Isadora, que lo dejaba neurótico. No, no era ella, evidente, era él, él mismo era el que estaba creando fantasmas en aquella relación. Era él el que se precipitaba y construía trampas para sí mismo.

– Luca, ¿qué sentiste durante aquel último número?

– Yo no recuerdo muy bien esa parte.

– ¿Cómo no? Vos parecías tan concentrado.

– Ya estaba bien loco.

– No fui a hablar contigo después del show porque… pasó una cosa mientras te veía cantando.

Entonces ella le contó. Le contó del muelle, del navío y de Enrique saludando desde el borde, que él se estaba yendo y que ella sentía que lo perdía para siempre. Y mientras hablaba, casi podía sentir las mismas sensaciones de la noche anterior.

– Me acordé de nuevo de aquella vida, Luca.

Él suspiró. De nuevo aquél tema engorroso.

– Y ésta vez no fue sueño. Yo estaba despierta, en el medio de un montón de gente. Y fue a través de vos, de tu energía.

– Es que yo había tomado dos bebidas energéticas…

– Estoy hablando en serio, Luca. Fue una escena muy fuerte, más fuerte que todas las que recordé.

– Ahora vamos a cobrar un caché más caro: ¡vea el show de la Blues Neón. y recuerde sus vidas pasadas!

Él vio sus ojos mojados y se arrepintió de las bromas.

– Yo aún no me había acordado de esa parte de la vida de Catarina. Vos estabas al borde del navío, dándome adiós. El plan era que vos volverías para buscarme. Pero vos no volviste nunca más…

– Eso ya me lo habías contado, Isadora. ¿Cuál es la novedad?

– Después yo salí al jardín y me quedé pensando en Catarina, en cuan fuerte ella tuvo que ser para enfrentarse a toda aquella soledad, la corazonada horrible de que no encontraría más al gran amor de su vida… Yo sentí de nuevo el mismo dolor, Luca, todo de nuevo. Fue solo por unos instantes, pero mientras ocurría era… era para siempre. Y pensar que todo podría haber sido distinto, tanto sufrimiento evitado… Bastaba que nosotros hubiésemos quedado juntos.

– Pero no era posible. Un imprevisto cambió los planes, ¿no fue así? – él preguntó, tratando de ser lo más comprensivo que podía. Y se dio cuenta de lo ridículo de la cosa: hablaba como si todo aquello hubiera realmente ocurrido.

– No hubo ningún imprevisto. Ayer supe eso.

– ¿Qué pasó entonces?

– Vos huiste.

– ¿Yo huí?

– Sí.

– ¿Es más, él huyó?

– Sí.

– Pero… ¿por qué? ¿Él no te amaba? ¿Quiero decir, no amaba a Catarina?

Ella no respondió. Apenas lo miró a él, devolviéndole la pregunta.

– Todo bien, Isadora, Enrique huyó. Aquel farsante. Pero ahora olvida esa historia, eso es pasado.

– ¿Vos me quieres, Luca?

– ¿Yo?

– Sí, vos.

– Claro que te quiero. ¿Pero por qué esa pregunta ahora?

– ¿Mucho o poco?

– Tal vez más de lo que debería.

– ¿Cómo así?

– Es que a veces vos me destrozas las certidumbres.

– Entonces deja a un lado las certidumbres y ven conmigo.

– ¿Para adónde?

– A viajar por ahí.

– ¿Por ahí?

– Sí. Después vuelves.

– Sería bárbaro. Pero no tengo guita para eso.

– Lo que yo tengo da para nosotros dos.

– Está bien, puede ser. Pero solo puedo pedir libre a fin de año.

– No, tiene que ser ahora. Ven.

– ¡Yo no puedo abandonar mis cosas así, Isadora! – él casi gritó. – Perdón. Es que me sacas de quicio.

– ¿Qué cosas vos no puedes abandonar?

– El trabajo, la banda, todo.

– ¿Por qué no?

Luca la miró atentamente. Ella parecía hablar en serio. Pero no, era imposible que estuviera hablando en serio.

– Porque esas cosas son mis seguridades. ¿Entendiste o quieres que haga un dibujo?

– Yo lo abandoné todo hace cuatro siglos. Y lo abandoné otra vez ahora. Por nosotros dos.

– Ahí viene esa charla otra vez… Si no fuera por esos tus sueños desquiciados, nosotros podríamos entendernos muy bien.

– Si no fuese por mis sueños locos, nosotros no nos habríamos reencontrado.

Luca meneó la cabeza, furioso. Era inútil charlar cuando ella hablaba de vidas pasadas. Se levantó del sillón y fue hasta la ventana a respirar un poco, a calmarse. Si hubiese mirado hacia atrás, vería que Isadora lloraba en silencio. Pero él no vio. Ni vio tampoco que después ella se secó la cara y, respirando hondo, confirmó para sí misma, resignada, lo que hasta entonces había evitado aceptar, por creer que no sería necesario tomar la más difícil de las decisiones. Pero él no vio nada de eso.

– ¿Estás con hambre? – Luca preguntó, volviendo de la ventana.

– Sí.

– Entonces vamos a almorzar, son casi las tres. Te voy a llevar a un lugar que me encanta. Y de noche vamos a una fiesta erótica. ¿Qué tal?

– Hummm… Eso parece bueno.

– Bienvenida al fabuloso mundo de Luca ‒ él dijo, haciendo un galanteo con su sombrero imaginario.

El restaurante era el Cuchara de Madera, adonde dejaba cuentas por pagar. Allá trabajaba Pereira, su mozo predilecto, Pereira y su simplicidad y franqueza del interior, su experiencia de vida, y principalmente sus opiniones geniales con relación a todos los temas, en especial sobre las mujeres que Luca llevaba hasta allá. Él sabría decir si aquel romance tenía o no futuro. Pereira, el oráculo.

Poco tiempo después entraban en el restaurante. Eligieron una mesa y Luca presentó al amigo mozo:

– Éste es Pereira, mi viejo consejero. Ésta es Isadora.

– Mucho gusto – dijo el mozo, sirviendo la cerveza.

– Don Pereira, usted cree en vidas pasadas? – preguntó Isadora, para total sorpresa de Luca.

– Mire, muchacha, yo no entiendo de esas cosas. ¿Por qué?

– Porque yo y éste muchacho habíamos vivido juntos hace cuatrocientos años y ahora él me dice con descuido que no se acuerda de mí.

Luca se reía, sin creer que aquello estaba ocurriendo.

– Si usted era tan bonita como es hoy, es un descuido realmente.

– ¿A usted le parece que es un caso perdido?

– Creo que no, señora. Porque hace tiempo que no lo veo mirar así a una mujer, ¿sabe?

– ¿Entonces a usted le parece que puedo tener esperanza?

– ¿De que él se acuerde de usted? Ahí ya me parece difícil. Ese muchacho se olvida de lo que tomó hace media hora.

– ¿Eso es verdad, Luca?

– Solamente me olvido cuando no tengo plata para pagar la cuenta – respondió Luca, riéndose.

Luego de pedir el almuerzo, Isadora salió para ir al baño y Luca aprovechó para preguntar:

– ¿Y entonces?

– Creo que sus días de soltero se acabaron, muchacho.

– Hable en serio, Pereira.

– Por así decir, esa ahí ya lo enganchó.

Luca llenó el vaso de cerveza, tomó y pidió otra. En el aparato de música Lily Alcalay cantaba Mar y Sol. Esa ahí ya lo enganchó… No estaba seguro si aquello era lo que le gustaría haber escuchado. O si era justamente lo que de hecho no deseaba escuchar.

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CAPÍTULO 6

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Después del almuerzo, Luca e Isadora volvieron al departamento. Tenían poco tiempo, pues en seguida tendrían que salir de nuevo, ¿pero cómo resistir a una ducha en pareja? Así, apoyándose en la pared de la casa de baño, ellos se entregaron otra vez a la fuerza del deseo impostergable, mezclado al sonido del agua de la ducha la melodía frenética de los dos cuerpos ardiendo en pasión, agua y fuego en armonía.

No fue suficiente para sanar todas las ganas, es verdad, pero no podían realmente demorarse. Entonces en seguida estaban dejando el departamento. Pasaron por la casa de Junior Rível para buscarlo y rumbearon hacia el Cabaret Society, la fiesta que todos los años ocurría en una gran casa coqueta del centro de la ciudad. El tema de la fiesta era sensualidad y erotismo, y el ambiente recordaba los antiguos cabarets, con luces rojas, cortinas transparentes y músicas al estilo. Las personas se vestían de forma sensual, explorando los fetiches y las fantasías, y subían al tablado para hacer performances teatrales y chistosas.

En el recorrido hacia el lugar, Luca y Junior, que ya conocían la fiesta, comentaban hechos divertidos de las ediciones anteriores. Isadora escuchaba, curiosa y excitada por vivenciar el mundo de Luca. Y luego a la entrada de la fiesta ella quedó bastante impresionada:

– ¡Uau! ¡Las mujeres realmente entran en la onda! – ella comentó con Junior mientras observaba a un grupo de chicas vestidas como prostitutas fatales.

– Esas están bastante comedidas. Hay algunas que vienen solo de camisón.

Luca notó discretamente a una de las mozas que trabajaban en la fiesta, una rubiecita bonita que estaba vestida como colegiala. Y lamentó no estar solitario aquella noche.

– Pucha, estoy sintiéndome una santa con esta ropa – Isadora lamentó, insatisfecha con el conjunto de pollera y camisa que usaba. Y preguntó a la moza, que les entregaba las comandas de pedidos: – ¿Por casualidad no te sobró una ropa de colegiala como esa que estás usando?

– Desafortunadamente no. Pero vos estás hermosa. Necesitas solamente un ajuste en la ropa.

– ¿Adónde?

– Ven, vamos a mejorar ese aspecto.

La moza dio vuelta a Isadora de frente hacia ella y le abrió dos botones de la camisa, dejándole los senos más a la muestra.

– ¡Ahora sí! – La moza se rió, observando el resultado de su intervención, y susurró al oído de Isadora: – Unos pechos así no deben quedar escondidos. Principalmente en el Cabaret Society.

Isadora se rio de la espontaneidad de la muchacha. Sintió simpatía por ella.

– Tienes razón, gracias. ¿Pero y mi comanda, adónde está?

– Ah, sí, faltó la tuya. Ven conmigo a agarrar una – dijo la moza, tironeando a Isadora por la mano y saliendo con ella rumbo a la barra.

Junior aprovechó y lo picaneó a Luca:

– Eh, ciudadano, noticia de última hora: Sonita pidió el despido de la banda.

– Bárbaro.

– Bárbaro nada. Éramos la única banda de blues del planeta con una entrenadora personal.

– Ojalá que ella no aparezca por acá. Sin querer le conté a Isadora sobre nosotros.

– Creo que te está gustando esa muchacha.

– Tienes razón. Estoy jodido, Junior. Apasionadamente jodido.

– Eso resulta un blues.

– Tantas mujeres y yo invento de querer una que vive a tres mil kilómetros de distancia.

– Mejor así que no te satura.

– Sí. Pero yo no iba a aguantar de nostalgia.

– Llámala para vivir acá.

– No resultaría bien, ella es demasiado loca.

– ¿Entonces qué quieres?

Luca pensó un poco.

– No sé.

– Con permiso, Junior Rível – dijo Isadora, llegando de vuelta. – Voy a raptar a tu amigo para bailar ese bolero.

– Y yo me voy a confesar con aquella monja allí. Hoy estoy lleno de pecado.

– Ven – ella dijo, tironeando a Luca por la mano.

En la pista de danza, ellos juntaron los cuerpos y empezaron a bailar, mano con mano, cara con cara.

– Vamos a aprovechar bien esta noche, Luca. Es nuestra despedida.

– Claro que no. Vos puedes venir a Fortaleza cuando quieras.

– Vos sabes que es.

– O yo puedo ir a encontrarte por las playas…

– Ya hablamos sobre eso. No vamos a poner a perder la noche.

– Yo sé, pero… ‒ ¿Pero qué?, él pensó. No había pero, ni tal vez, ni quien sabe. Isadora tenía razón, y él sabía bien que así era. Todo lo que había allí era la certeza de un gran amor sin futuro, y él debía conformarse de una buena vez.

‒ Todo bien, no vamos a echar a perder la noche.

– Hoy yo quiero tu mundo, ¿has escuchado? Con todas sus locuras.

– Vos eres loca realmente.

– Y, no importa lo que pase, nosotros estaremos juntos. ¿De acuerdo?

– De acuerdo ‒ él respondió, riéndose de sus modos autoritarios.

Isadora se sonrió y lo besó, apretándolo fuerte en sus brazos. Después pegó los labios en su oreja para cantar junto con la música: Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan…

Terminado el bolero, Luca fue al baño y a la vuelta simuló un encontronazo con la moza vestida de colegiala.

– Perdón.

– No fue nada – ella dijo, equilibrando los vasos en la bandeja.

– ¿Cómo te llamas?

– Bebel, la colegiala zarpada a su disposición…

– Uau… No me digas eso hoy que yo soy un hombre casado.

– Que pena…

Durante un tiempo ellos se miraron en silencio, sonriéndose, sus cuerpos casi pegados uno al otro, y el movimiento de las personas alrededor parecía un remolino… Luca aún podía escuchar el eco de aquel “que pena” en su mente. Ella seguía sonriéndose… Fue necesario un enorme esfuerzo, pero él consiguió controlarse.

– Bien… Yo soy Luca, un gusto.

– Yo sé. Ya he visto un show de la Bluz Neón. en el Papalegua.

– ¿En serio?

– ¡Me pareció excelente! Vos sos muy bueno, Luca.

– Así me quedo avergonzado.

– Es más, ustedes dos son muy buenos.

– ¿Quién?

– Vos y tu novia. Ella está divina.

– Ah. En realidad… no sé si somos novios.

– Si no son, deberían ser.

Luca se rio. Primero Pereira, ahora Bebel. ¿Estaban todos queriendo casarlo?

– Ahora has quedado realmente avergonzado – ella bromeó, apretando su mejilla. – Perdón.

– Solo te perdono cuando me traigas dos whiskys – él dijo, entregándole la comanda.

– Dos whiskys especiales, para que me perdones un poco más, ¿está bien?

Ella apuntó el pedido y salió, dejándolo a Luca con una cara de bobo, riéndose de la situación. Él se dio vuelta, buscando por Isadora, y la encontró poco más adelante, apreciando los textos eróticos en la pantalla grande.

– Luca, ¿vos ya has visto los poemas que están pasando en la pantalla? ¡Son preciosos!

– Hay uno ahí que es el más precioso de todos.

– ¿Cuál?

– Espera que debe ser el próximo.

Luego de unos instantes el poema siguiente empezó a formarse en la pantalla. El título vino antes: Poemas de saliva. Después la autoría: Luca.

– ¡Uau, es tuyo! ¡Qué bueno!

Isadora miró de vuelta hacia la pantalla. Y leyó: Para Isadora. Y en seguida el poema surgió en la pantalla, verso tras verso:

Resbalo poemas de saliva
En el bosquejo de tu piel
Sílabas mojadas
Rimas sensoriales
El sentido más profundo de mi verso
Habla la lengua de tus gestos
En convulsiones gramaticales

Poemas depravados en tu piel de pecado
Poemas de navaja en tu cuerpo sin perdón
La figura de lenguaje del deseo
Habla la lengua de mi beso
Sin traducción

– No sé qué decir… – ella murmuró emocionada, aún mirando hacia la pantalla.

Él la tomó por las caderas y la besó. Y durante un tiempo sus cuerpos unidos tuvieron como plan de fondo la imagen del poema en la gran pantalla.

– Dos whiskys para la pareja más interesante de la fiesta – Bebel dijo después que los dos terminaron el beso.

– ¡Caramba! – exclamó Luca, mientras cogía los vasos en la bandeja. – ¿Hace tiempo que estás ahí?

– Y quedaría el tiempo que fuera necesario. Fue tan romántico…

– Entonces este brindis es por vos, Bebel, la colegiala más hermosa de la fiesta – dijo Isadora, levantando el vaso y dándose cuenta en seguida de la absoluta sinceridad de su frase. Sí, ella admitía, le había gustado aquella chica desde el principio, incluso más de lo que se imaginaría capaz.

– Gracias – Bebel respondió. – Ahora con permiso que yo tengo que ir al baño.

Mientras la moza se alejaba, Isadora recordó que en su vida nunca antes había deseado sexualmente a una mujer. ¿Sería eso lo que estaba ocurriendo? ¿Y si fuera realmente, qué debería hacer? Bien, Bebel era una mina hermosa, delicada, y parecía también tener gusto por ella. Por ella y por Luca. Y estaban en una fiesta erótica, ¿no era así? Y, además de todo eso, ¿ella no deseaba probar el mundo de Luca, con todas sus… insanias? Entonces… ¿por qué no?

– Voy también – dijo Isadora de repente. Y, para sorpresa de Luca, volcó de un trago el whisky y le entregó el vaso vacío.

Luca se recostó en la barra y observó a las dos siguiendo rumbo al baño. En la pantalla pasaban escenas de otras ediciones de la fiesta y él se entretuvo un poco con las imágenes. Pero en seguida miró el reloj, impaciente, ¿por qué Isadora tardaba tanto? Quince minutos después ella apareció, trayendo dos whiskys más.

– Me están gustando los personajes de tu mundo, ¿sabes? Bebel es un dulce de persona.

– ¿Qué diabluras hacías todo ese tiempo en el baño? – preguntó Luca, agarrando uno de los vasos.

– No fue tanto tiempo.

– Claro que fue.

– ¿Qué hacen dos mujeres maravillosas como Bebel y yo en un baño, Luca?

– Exactamente lo que yo pregunté.

– Picholarío.

– ¿Cómo?

– Pichi, lápiz de labio y chusmerío – ella respondió, riéndose, recordando el beso que se habían dado con Bebel en el baño. Y que habían repetido con más intensidad antes de salir, lo que la forzó a arreglarse de nuevo el lápiz de labios.

Luca se sonrió avergonzado. Isadora empezó a bailar adelante de él, entusiasmada. Él notó sus senos expuestos por la camisa medio abierta.

– Vos te has aplicado al escote…

– ¿Es una fiesta erótica, no?

– ¿Pero hacía falta tanto?

– ¿Vos no estás con celos, o sí?

– Claro que no.

– Menos mal. Porque yo y mis pechos estamos amando la fiesta.

Ella se rio de la broma y tomó un trago de whisky. Él se rio una risa falsa.

– ¿Cuántas ya te tomaste, Isadora?

– Yo estoy bien, Luca. Relájate.

– Solo pregunté porque quiero que aproveches bien la fiesta.

– Menos mal que no es para querer controlarme.

– Yo no quiero controlar a nadie.

– Entonces relájate.

– Estoy relajado.

Ella tomó su mano y la puso sobre su seno.

– Nosotros estamos juntos, mi amor.

Él pudo sentir los latidos acelerados del corazón de Isadora. ¿Mi amor? ¿Fue así que ella lo llamó?

– Dame un abrazo, Luca.

Él la abrazó y así se dejó estar, muy junto a ella, enteramente envuelto por la sensación de ya haber vivido aquello antes… Cerró los ojos y trató de recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

Abrió los ojos asustado, volviendo a sí. Se sentía levemente mareado. Miró alrededor, certificándose de que seguía allí, en el Cabaret Society. Ella aún estaba abrazada a él, en medio de la personas tomando y bailando. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Algunos segundos? ¿Siglos?

– Ven, vamos a bailar.

– Creo que no.

– Ah, Luca, ven.

– Estoy cansado.

– Entonces voy a bailar con Bebel.

– Ella está trabajando, Isadora.

– Un ratito nada más no va a jorobarla.

Mientras ella salía, Luca se preguntó a sí mismo lo que estaba pasando. Se sentía enojado. ¿Por qué? Quizás porque al día siguiente Isadora se iría de nuevo y eso lo dejaba molesto. No, no era exactamente eso, él sabía. Estaba enamorado, esa era la causa real, y no sabía lidiar bien con el hecho. Incluso estaba sintiendo celos. Aquella pasión por Isadora alteraba el orden de su mundo, le traía sensaciones raras y lo dejaba incómodo e inseguro.

Él se rascó la cicatriz de la cara, pensando. Isadora estaba probando su mundo, un mundo hecho de bares, fiestas y neóns coloridos. Ella parecía querer vivir lo que él vivía, la gran fiesta de la embriaguez, la seducción de la lujuria, los sortilegios de la noche. Y hacía eso de una manera tan simple y natural, no parecía esforzarse… ¿Aquello era ser taoísta? Ella era realmente increíble. ¿Cómo no enamorarse?

Dio vuelta el resto de la dosis y puso el vaso sobre la barra. La fiesta estaba bárbara y al otro día Isadora no estaría más con él. Necesitaba de hecho relajarse.

La música hizo una pausa y el productor de la fiesta subió al tablado.

– Buenas noches. Mi nombre es Ricardo Kelmer y soy el dueño de este cabaret. Espero que estén divirtiéndose. Vamos ahora a empezar el concurso de la Musa del Cabaret. Las candidatas pueden subir aquí y bailar. ¡Música para ellas!

Mientras varias mujeres subían al tablado y eran presentadas al público, Luca buscó alrededor por Isadora. Pero no la vio. Entonces, observando a las candidatas, se asustó: allá estaba Isadora entre ellas. Él simplemente no pudo creer. No, tal vez fuera otra chica, muy parecida, la misma ropa…

No, de hecho era ella. Y bailaba sensualmente, contorciéndose en movimientos insinuadores, la expresión lánguida, los senos casi saltando del escote…

Luca tragó en seco. Isadora en el concurso Musa del Cabaret – ¿cuándo se podría imaginar una cosa así? ¿Y cuándo podría imaginarse que ella… bailaría tan bien? A su lado, un grupo de hombres vibraba, silbando y gritando su nombre, y él sintió otra vez los celos llegando, como un bicho al acecho… Que mierda. Necesitaba urgentemente otro whisky.

Al fin de la música, el público votó en las candidatas y  eligió a la ganadora. Isadora, tchan-tchan-tchan-tchaaannn…, quedó en segundo lugar y, como premio, recibió un crédito en una sex shop y un vino importado. Contenta, ella agradeció los aplausos y antes de bajar del tablado, dedicó el premio:

– Al amor de mis vidas.

Un minuto después Luca la encontró en la barra con Bebel.

– Felicitaciones, Musa del Cabaret.

– ¡Luca! – Ella lo abrazó, radiante de alegría. – ¿Has escuchado la dedicatoria?

– Claro, me encantó. Estuviste bárbara.

– Lo que pueden hacer unos whiskys…

– Pero podrías haberme avisado para que me preparara. Aquellos tipos gritando “Isadora! Isadora!”… Fue horrible.

– ¿Ay, que bueno! ¡Mi Luca con celos de mí!

– Voy a superarlo, voy a superarlo…

– Yo no iba a participar en el concurso. Pero Bebel me convenció.

– Fue una injusticia – dijo Bebel. – Ella merecía ganar.

– El crédito de la sex shop te lo regalo, Bebel.

– ¡Caramba, gracias!

– Pero el vino vendrás a tomarlo con nosotros, por favor.

– Con mucho gusto. Pero solo puedo después de la fiesta.

– Podemos ir para el departamento de Luca, es acá cerca. ¿Verdad, Luca?

Él casi se atragantó, con la sorpresa.

– Él aceptó, Bebel. ¡Vamos a festejar!

Después que Bebel se alejó, Isadora tironeó a Luca por las caderas, abrazándolo de una forma provocadora.

– ¿Qué te pareció ella, eh?

– ¿Ella quién?

– Bebel.

– Bien.

– ¿Así de simple?

– Sí. Parece buena gente.

– ¡Ay, Luca, vos sos bárbaro! – ella dijo, riéndose. – ¿Por qué no admites que te gustó la mina?

– ¿Quien? ¿Yo?

– ¿Me dirás que no?

Él miró serio a Isadora. ¿Adónde quería llegar ella?

– Está bien, me gustó. ¿Y qué?

– A mí también.

– ¿Te gustó cómo?

Él sintió su mano palpándole el sexo sobre los pantalones.

– Me gustó como te gustó a vos.

Él escuchó sorprendido y de repente, la situación era todo un tropel suelto, totalmente sin control…

– ¿A vos no te parece que estás exagerando en esa cosa de probar mi mundo?

– ¿Por qué? ¿Te parece que no lo merezco?

– Isadora, ¿por qué no me dices lo que estás planeando, eh?

– No estoy planeando nada.

– ¿Por casualidad estás usando a Bebel para probarme?

– Claro que no.

– ¿Todo eso tiene algo que ver con la historia de Sonita?

– ¿Cómo así?

– ¿Vos no me perdonaste por ayer, no? Ya te dije que Sonita y yo…

– Relájate, Luca – ella lo interrumpió. – Vos estás viendo fantasmas. Solo invité a Bebel para tomar el vino con nosotros. Porque a mí me gustó ella y sé que a vos también te gustó.

Luca no sabía qué conclusión sacar de todo aquello. Quizás no hubiera sido buena idea invitar a Isadora para que conociera su mundo.

– Nosotros estamos juntos, Luca – ella volvió a decir. – ¿Vos aún no has entendido eso?

Él no respondió. Se quedó pensando, mirándola a Isadora bailar a su frente. Sí, claro que había entendido. ¿O no?

*     *     *

– ¿Te gustó el Cabaret, Isadora? – preguntó Bebel mientras Luca metía la llave en el cerrojo y abría la puerta del departamento.

– Me encantó. Si llego a estar acá en el próximo, voy con liguero y todo, verás.

– ¡Y ganarás el primer premio!

Luca fue a la cocina y volvió con los vasos y el vino abierto. Sirvió y brindaron:

– ¡A la Musa del Cabaret!

Mientras Bebel miraba con Isadora los posters y los carteles de los shows, Luca puso Ellis Mário a tocar y el sonido del saxo rellenó suavemente el ambiente.

– ¿Quieres más vino, Bebel?

– Gracias, Isadora, yo no tomo mucho. En realidad me gustaría darme un baño, me estoy sintiendo inmunda. ¿Puedo?

– Claro.

Isadora la llevó a Bebel hasta el baño, dejándole una toalla y previniéndola de que el espejo partido podría dejarla con un aspecto raro. Cerró la puerta y se sentó en la cama al lado de Luca.

– ¿Vos estás bien? – él preguntó.

– Estoy estupenda. Sos vos el que podría relajarse un poco más. Por vos, por mí… – Ella se sonrió y señaló con los ojos el baño. – Y por ella.

– ¿Vos no tienes celos?

– No necesito tenerte celos, Luca.

– ¿Por qué?

Ella caminó hasta la llave y apagó la luz del cuarto, dejándolo suavemente alumbrado por la luz que venía del living. Después se sacó los calzados y se posicionó arrodillada sobre la cama, de frente hacia él.

– Porque la mujer de tu vida soy yo. Hace cuatrocientos años.

– Yo creo en lo que puedo ver y tocar, Isadora, y no en esas fantasías místicas que…

Ella puso el dedo en su boca, impidiéndole de seguir. Después abrió totalmente los botones de la camisa, mostrándole los senos desnudos.

– Pues entonces cree.

Poco después Bebel salió del baño y, desde el desván de la puerta, envuelta en una toalla, se sonrió y paró por un instante para observar. El cuarto estaba en penumbra pero ella pudo ver bien a los dos cuerpos acostados en la cama, las manos y bocas desplazándose por sus superficies. Entonces dejó caer la toalla y, enteramente desnuda, se acercó de la cama. En ese momento Isadora abrió los ojos y, manteniendo la cara de Luca metida entre sus piernas, extendió el brazo hacia afuera de la cama, tocó la mano de Bebel y la tironeó, como Bebel había hecho con ella hacía algunas horas, a la entrada de la fiesta:

– Ven…

*     *     *

– Buenos días, mi amor – dijo Isadora a la puerta de la cocina, recibiendo a Luca cariñosamente con un abrazo y un beso. – ¿Quieres un café calentito? Acabo de hacerlo.

– ¿Y Bebel? – él preguntó, en medio de un bostezo.

– Ya se ha ido. Te dejó un beso.

Él se sentó a la mesa de la cocina y se sirvió. En seguida la llevaría a Isadora a la estación y ella proseguiría su viaje por la costa. Ya sentía la nostalgia arder en su pecho. Ella podría muy bien interrumpir un poco aquel viaje y quedarse con él algunos días más… O algunas semanas…

‒ ¿Ya te he dicho que me encanta verte así, despertando?

‒ Si quieres ver más, ahora sabes adonde vivo.

Él levantó la mirada para certificarse de la reacción de Isadora a lo que dijera, pero ella apenas se sonrió, mientras mojaba el pan en el café. A él le hubiera encantado escuchar algo como “entonces me quedaré”, pero sabía que aquel tema ya estaba terminado.

– ¿No estás de resaca?

‒ Un poquito. Pero en el autobús voy a darme una buena siesta.

Mirándola a Isadora allí adelante de él, tomando café vestida con una camiseta suya, él tuvo la sensación de que la conocía hacía mucho tiempo. Pero en realidad hacía poco más que dos meses. Se habían visto durante tres días en Tibau del Sur, un fin de semana en la laguna de Uruaú y ahora en Fortaleza. Habían hecho el amor solamente cinco veces, de las cuales una con Bebel. Y era eso nada más. Pero parecía ser más, muchísimo más que eso… Y ahora ella se iría de su vida. No había sentido… ¿Será que lo que estaba sintiendo era… amor?

‒ He sacado un I Ching para vos. ¿Quieres saber cómo fue?

Es muy temprano para misterios, él pensó, tomando el café. Pero dijo que sí.

– Salió el Receptivo ‒ ella dijo, yendo hasta el living y volviendo rápidamente con el libro. ‒ Primer línea con tensión.

– ¿Y eso es bueno o malo?

– Sos vos el que debe interpretarlo. ¿Quieres leer?

No. No quería. Pero leyó. Una vez, dos veces… Después devolvió el libro.

– No entendí nada.

– A veces, en un primer momento, el mensaje parece confundido. ¿Voy a apuntarlo en tu agenda, está bien?

Él se sirvió otra taza de café.

– ¿Y entonces, qué te pareció mi mundo?

– Me encantó.

– Qué bien. ¿Y la última parte?

– Fue maravilloso, Luca. Pero te prefiero a vos solo, para que te concentres más en mí…

– Esa cosa de sexo a tres… ahn… Vos ya habías…

– No. Pero no voy a negar que siempre tuve curiosidad.

– Vos parecías tan a gusto…

– ¡Claro, estaba tan bueno!

Estaba realmente, él pensó. Podría haberse relajado un poco más y olvidar lo que lo afligía, sus celos súbitos, sus sentimientos en torbellino, Isadora yéndose al día siguiente… Pero aún así había sido delicioso hacer el sexo con ella y Bebel.

– Apuesto que para vos no fue ninguna novedad…

– Más o menos – él dijo, recordando la noche con la aficionada pelirroja que había conocido en el Papalegua, aquella cosa horrenda de la hermana melliza muerta…

Ella terminó su taza de café, se secó los labios y se preparó para decir lo que diría. No sería fácil, ella sabía. Pero sabía también que era hora de tomar una decisión.

– Te quiero decir algo importante, Luca.

– ¿Qué pasa?

– Ayer, apenas llegamos, Bebel me llevó para buscar una comanda, te acuerdas?

– Me acuerdo.

– En aquel momento yo sentí que ustedes quedarían juntos.

– ¿Cómo?

– Es eso.

– ¿Entonces ahora, además del pasado, vos también ves el futuro?

– En aquel momento no lo entendí bien, fue una sensación rara. Pero después quedó claro.

– No fui solo yo el que estuvo con ella. Nosotros estuvimos. Y fuiste vos la que invitó a Bebel a que venir hasta acá.

– Sí, la invité porque ella me gustó. Y yo estaba realmente dispuesta a probar tu mundo, tus cosas. Pero no estoy hablando de ayer.

– ¿No?

– Estoy hablando de cuando yo me vaya. Ustedes se quedarán juntos.

– No te estoy entendiendo, Isadora.

– Fue lo que sentí. Y aún lo siento.

– ¿Vos estás loca?

– ¿Y quieres saber? Bebel es una chica muy especial, Luca. Ella puede ayudarte.

Luca hacía un tamborileo con los dedos en la mesa. No le estaban gustando nada los rumbos de aquella conversación.

– ¿Por qué quieres que yo me quede con ella?

– Yo no quiero. Pero vos te quedarás, ¿qué se va a hacer?

– ¡Isadora, eso ya es demasiado desquicio! – él gritó, golpeando la mesa.

– No necesitas ponerte nervioso.

– Yo no estoy nervioso.

– Menos mal.

Él respiró, intentando calmarse.

– Yo no me quedaré con Bebel. Me quedaré con vos.

– Pero yo me estoy yendo.

– Entonces no te vayas.

– ¿Cómo así?

– Quédate conmigo. Ven a vivir aquí.

Él escuchó sus propias palabras y se sorprendió. ¿De hecho era eso? ¿Había acabado de pedirle a ella que viviera con él?

– Realmente me gustaría. Pero no puedo.

– ¿Por qué? ¿Qué te apresa a San Pablo?

– Nada.

– ¿Entonces cuál es la causa?

– La causa es que vos necesitas saltar un abismo, ¿recuerdas?

– Ah, no, de nuevo esa historia…

– Resistí mucho en llegar a esa conclusión, Luca, pero ahora está claro para mí. Si me quedo acá en Fortaleza, vos no saltarás. Seguirás en tu mundo seguro, siempre rodeándote de tus seguridades y cada vez más obsesionado por el control de todo. Como Enrique.

– No, ese no es el problema, Isadora. El problema es que tienes la manía de construir mundos que no existen, sueños, abismos… Has construido un pasado loco y me has puesto en él. Y ahora acabas de construir un futuro para mí y para Bebel. ¿No ves cuánto todo eso es una locura absurda?

– Nunca tuve dudas en cuanto a eso.

– ¿Vos no podrías, por lo menos una vez en la vida, portarte como una persona normal?

– No hago ningún hincapié en ser una persona normal – ella respondió mientras se levantaba de la mesa.

Luca cerró los ojos, intentando, en algún lugar de su ser, organizar las ideas en confusión, los sentimientos contradictorios… Pero no existía ese lugar. Se levantó y siguió a Isadora hasta la habitación, exaltado.

– Si yo no quiero quedarme con Bebel, no me quedaré, y así ese futuro que has visto no se dará. ¿Has entendido? No hay nada programado. Solamente el pasado es cierto.

Solamente el pasado es cierto… Ella recordó una vez más la despedida en el muelle.

– En eso tienes toda la razón, Luca. Lo que hicimos un día, o dejamos de hacer, no puede cambiarse.

Él juzgó notar un punta de amargor en aquellas palabras.

– ¿Que has querido decir con eso?

– He querido decir lo que dije.

– Pues entonces vamos a ver. Es tu futuro contra el mío.

– Yo no lo creo… Vos acabas de crear una guerra de futuros.

– ¿Vos no tienes más ganas, no es, Isadora? Ya entendí.

Ella no respondió. Agachada en el piso, se ataba los cordones de los calzados.

– Pero en vez de admitir, vos me vienes a decir que quedaré con Bebel después que te vayas.

De nuevo ella no respondió.

– ¡Muy conveniente, pues ahí seré yo el criminal de la historia! Muy conveniente. Vos eres la loca más viva.

– Llegó la hora, Luca – ella dijo, tranquilamente. – Mi autobús sale a las cuatro.

Él la miró con firmeza y una rabia retenida.

– Puedes irte. La puerta está abierta.

Y se sentó en la cama, tomando una revista cualquiera para leer.

– Luca…

– Yo intenté, Isadora – él dijo, hojeando nervioso la revista.

– Mírame…

– Yo juro que lo intenté.

– Luca, mírame. No necesitamos alejarnos así, por favor.

– Yo intenté. Pero vos… esa tu locura… me está afectando demasiado…

Él soltó la revista y ocultó la cara entre las manos temblorosas, el llanto atragantado en la garganta. El corazón le explotaría en el próximo segundo. El mundo se derrumbaría al instante siguiente.

Ella quiso acercarse, pero él, evitando mirarla, la impidió con un ademán.

– Vete de aquí, Isadora, por favor. Antes que yo enloquezca también.

Ella se sonrió, comprensiva, y agarró la mochila. Sabía perfectamente que habían llegado al fin del camino, que en aquel momento no existían más posibilidades. Allí estaba el hombre de su vida, sí, pero él no tenía la valentía de asumir el amor que sentía por ella y dar el paso siguiente. Ella tenía miedo de estar perdiéndolo para siempre, un miedo horrible, pero no debía insistir más, lo sabía. Abandonarlo ahora era la decisión más difícil de todas, pero sabía, con la más calma de las certidumbres, que necesitaba hacerlo. Cuatrocientos años antes, había confiado en Enrique, y él había fallado. Ahora, sabía que tampoco podría confiar en Luca. Todo lo que le quedaba era entonces confiar en la vida, en la rara e irónica sabiduría de la vida.

– Yo intenté, Isadora, yo intenté… – él seguía diciendo, la cara entre las manos.

Ella caminó en silencio hasta el living, abrió la puerta y salió, envuelta en una tristeza resignada. También había intentado.

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


El Irresistible Encanto de la Insania 1

13/05/2020

 

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EL IRRESISTIBLE ENCANTO DE LA INSANIA

Ricardo Kelmer – Miragem Editorial, 2015
novela – traducción: Felipe Obrer

Luca es un músico, obsesionado por el control de la vida, que se involucra con Isadora, una viajante taoísta que asegura que él es la reencarnación de su maestro y amante del siglo 16. Él comienza una aventura rara en la cual desaparecen los límites entre sanidad y locura, real e imaginário y, por fin, descubre que para merecer a la mujer que ama tendrá antes que saber quién en realidad es él mismo.

En esta insólita historia de amor, que ocurre simultáneamente en la España de 1500 y en el Brasil del siglo 21, los déjà-vu (sensación de ya haber vivido determinada situación) son portales del tiempo a través de los cuales tenemos contacto con otras vidas.

Blues, sexo y whiskys dobles. Sueños, experiencias místicas y órdenes secretos. Esta novela ejercita, en una historia divertida y emocionante, posibilidades intrigadoras del tiempo, de la vida y de lo que puede ser el “yo”.

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.Amazon (kindle) english/portuguese/espanol

In portuguese – blog 

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PRÓLOGO

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Él la abrazó y así se dejó quedar, muy junto a ella, enteramente abarcado por la sensación de haber vivido aquello antes… Cerró los ojos e intentó recordar cuando había vivido aquella misma situación, pero todo lo que le vino fue la sensación de estar girando, girando… Era como si estuviera en un círculo, girando, siempre pasando por aquél mismo lugar… girando en un círculo, siempre pasando por el mismo punto, siempre…

Abrió los ojos asustado, volviendo a sí. Se sentía un poco mareado. Miró alrededor, asegurándose de que seguía allí, en el muelle de Barcelona, en aquella mañana nublada. Ella aún estaba abrazada a él, en medio a la prisa de los empleados del muelle. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Algunos segundos? ¿Siglos?

– ¿Qué ha pasado? – ella preguntó.

– No lo sé, un mareo…

– Hace días que estás raro.

– Necesito irme ahora.

– ¿Estás seguro de que no puedo ir, de hecho?

– Ya hemos hablamos sobre eso, Catarina.

– Y si…

– Ya te he dicho que volveré. En un mes arreglaré las cosas en Lisboa y volveré. Y entonces iremos juntos para Brasil. ¿No ha sido eso lo que acordamos?

– Estoy con miedo, Enrique… – Ella lo abrazó otra vez, más fuerte.

– Ya están subiendo las velas – él respondió, sintiendo el viento que soplaba. Deshizo el abrazo y salió caminando rumbo al navío, el paso rápido, sin mirar hacia atrás.

Minutos después el navío empezó a alejarse y, desde el borde, él la vio saludando, sola en el muelle, en medio de la niebla. Y de repente fue como si ella repitiera un gesto muy antiguo, realizado hacía mucho tiempo, un ademán triste que le cortaba el alma. ¿Cuándo se habían despedido así?

Necesito un trago, él pensó, sintiendo el alma pesada. Y se dirigió hacia la cabina.

Él no quería pensar en eso, pero sabía: era solamente el principio de un largo y difícil viaje.

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CAPÍTULO 1

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Luca se despertó asustado. Había soñado con un abismo, inmenso y oscuro, bien adelante de sí, un abismo terrificante… Se frotó los ojos y soltó un bostezo largo mientras estiraba las piernas abajo del asiento en frente. Miró por la ventanilla del ómnibus y vio el paisaje pasando, la vegetación cercana, las casitas simples al margen de la ruta, una sierra más adelante… Felizmente no había abismos por allí, pensó él, aliviado.

Un poco más y estaría en Pipa, la famosa playa en la costa sur de Río Grande del Norte. Hacía seis meses, desde cuando había acordado el descanso con la gráfica, que soñaba con aquél viaje. Ahora todo lo que haría por los cuatro días a continuación, hasta el domingo, sería descansar la cabeza y olvidarse de los problemas en Fortaleza. Solo. Sin reloj, sin móvil y sin Internet.

En realidad había llevado el teléfono, sí. Con acceso a Internet. Pero, como él mismo se había prometido, era solamente para verificar si alguna muchacha le había dejado un mensaje urgente, nada más. Y también para ver si un amigo había depositado en su cuenta el dinero que le debía. Ah, y también para acompañar la venta de entradas para el próximo show de la Bluz Neón, su banda, eso era muy importante. Pequeños cuidados, solamente eso, para que la vida no saliera del control.

Por el reflejo de la ventana pudo ver su cara, el cabello revuelto, la expresión somnolienta… Vio la cicatriz en la mejilla derecha, se acordó del accidente, el paseo en balsa, la cara golpeándose fuerte en el mástil, aún era adolescente. Todo porque quería impresionar a una chica. Amar era de hecho un peligro.

Al fin de la tarde, pocos kilómetros antes de Pipa, el ómnibus pasó por una ciudadela y, desde el tope de la ladera, a Luca le gustó lo que vio. A su izquierda, allá abajo, se desparramaba una gran laguna, que más adelante se transformaba en río y corría suave hacia el mar. Además de la laguna, por sobre la copa de los árboles, el sol bajaba despacito, salpicando el agua con reflejos que se mezclaban a las toninas que saltaban.

Encantado con el paisaje, Luca sintió su mirada cautivada por aquella belleza poética, casi musical…

– ¿Qué ciudad es ésta? – le preguntó a la señora del asiento contiguo.

– Tibau del Sur. Es una antigua villa de pescadores.

Luca recordó lo que sus amigos decían sobre Pipa, las  playas hermosas, las posadas, la movida de los bares, gente de todo el mundo. Y así y todo, aquel paisaje…

Se levantó de la poltrona, fue hasta la cabina del conductor y le pidió que parara. Había cambiado de idea. Se quedaría en Tibau del Sur.

Con la mochila a espaldas y la guitarra bajo el brazo, él caminó de vuelta por la ruta y, a la entrada de la ciudad, siguió rumbo al mar, hasta el borde de la ladera, donde había un pequeño bar de estilo rústico. Eligió una mesa bajo el quinchado, pidió una medida de aguardiente y se sentó, deleitándose con la brisa marina y el olor del mar. Había un barco anclado y una bandada de gaviotas jugueteaba en el cielo. La luz del fin de tarde bañaba al paisaje de una atmósfera medio onírica y de sopetón se sintió afuera del tiempo, todo a su alrededor flotando como un pedazo de tierra que se suelta del continente de la realidad…

Fue en ese momento, como un anhelo, que la canción quiso salir. No solo quería, ella necesitaba salir. Rápidamente, el agarró la guitarra y… la música no salió. Intentó varios acordes pero ninguno de ellos consiguió exprimir debidamente al alma de aquel instante. En otro momento tal vez, él pensó, un poco frustrado, dejando a un lado la guitarra. Y se volcó de un trago la bebida.  

*     *     *

Ya era de noche cuando Luca llegó al camping, un pequeño espacio arbolado cercano al río que la dueña del terreno, doña Zezé, una señora desquitada, alquilaba a campistas. Al lado estaban su casa, una pequeña posada y el restaurante, todo muy simple. Como no estaban en alta estación y tampoco era feriado, la posada estaba vacía y en el camping había solamente una carpa azul y ninguna más.

– Abajo de aquel mango es un lugar bueno para que te quedes, hace mucha sombra – le sugirió doña Zezé. – ¿Pero  antes no quieres comer algo? Te ves muy flaco.

– Yo vendré después, gracias.

En pocos minutos Luca armó la carpa y se cambió de ropa. Pocos pasos hacia el norte y estaría al borde de la ladera, el río a algunos metros allá abajo esperándolo para una zambullida. Mejor imposible. Pero la zambullida quedaría para el día siguiente, estaba muy cansado.

En el restaurante comió un sándwich con una gaseosa, charló un poco más con doña Zezé y conoció a sus dos hijos adolescentes, que vivían con ella y la ayudaban a administrar el negocio. Después volvió a la carpa y se acostó. Pero el  sueño no llegó rápidamente como él quería. La simplicidad y la belleza de aquel lugar, en vez de calmarlo, de repente le trajeron muchos pensamientos…

¿Por qué la vida no era más fácil de ser vivida?, él se indagó. En vez de eso, era necesario estar siempre atento para que la vida no escapara al control, siempre al acecho para que la mano traicionera del destino no se metiera en sus oportunidades de ser feliz. ¿Por qué?

Un continuado y angustioso esfuerzo de establecerse y ahorrar dinero – era a eso que se había resumido su vida. Cuando tenía dieciocho años y cursaba la facultad de Administración, se imaginaba que en seguida estaría en una situación tranquila, sen apremios económicos. Pero el futuro resultó distinto. Después de emplearse en una gráfica, abandonó la facultad y pasó a dedicarse más a la guitarra, un antiguo placer de la adolescencia. Tenía ahora veintiocho años y todo seguía difícil y trabado.

Dos años antes aún vivía con la madre, doña Gloria, y la hermana Celina, que era novia del baterista de su banda. El padre había fallecido cuando ellos eran bien chicos y la madre no se había casado otra vez. Ahora el empleo de gerente en la gráfica le aseguraba el alquiler de la kitchenette, en la cual vivía solo. Media docena de conciertos por mes lo ayudaban a mantener a duras penas el viejo volkswagen, a comprar comida, pagar las cuentas, tomar unos whiskys y listo, solamente eso. Los gastos eran medidos y contados y recontados en los más menudos detalles, un aprieto permanente. Doña Gloria ya se había dado por vencida en cuanto a aconsejar al hijo que intentara carrera pública y que se casara. Ser gerente de gráfica, decía él, era la máxima concesión que podía hacer. Y en cuanto al casamiento…

– No me cabe, mamá. El amor descontrola mucho a la vida de uno.

Se sentía muy cansado. La sensación era de que, a pesar de todos los esfuerzos de los últimos años, seguía andando en círculos, girando sobre el mismo punto, siempre girando, siempre…

Miró a la guitarra recostada al lado. Por lo menos había la música. Y la banda. Dos años antes había conocido a Junior Rível, que lo invitó a cantar en la banda que estaba armando. Inseguro, dudó en aceptar.

– No tienes en qué pensar, ciudadano – insistió Junior. – Mucho show, mucho whisky. ¡Y mucha mujer!

Argumento irresistible.

– Aceptado – respondió Luca, apretándole la mano al nuevo amigo. – Fiesta es lo que nos queda en esta vida.

– Opa. Eso puede resultar un blues.

Nacía así la amistad entre Luca y Junior Rível. Y nacía también la Bluz Neón. Fiesta es lo que nos queda – era el lema de la banda. Blues, rock e irreverencia en la noche de Fortaleza. Los caches eran parcos y muchas veces se presentaban gratis, pero el placer de tocar lo compensaba todo. Y para Luca, la Bluz Neón era el refugio perfecto, dónde podía esconderse de la claridad traicionera de los días. De noche él estaba salvado, todo bajo perfecto control. La noche sí, era segura, con sus bares, whiskys y amores bajo control.  Era como un sueño lindo. El único defecto era que al otro día él siempre tenía que despertarse.

Tus ojos se prenden en los neons
Es el frisson de bar en bar
Es necesario ser feliz, es urgente
Un romance caliente
Antes que el día nos recuerde
Que el sueño no resiste a la luz solar

*     *     *

Al día siguiente Luca se levantó tarde, sintiéndose todavía muy cansado. Había demorado bastante en adormecerse, envuelto en sus mil pensamientos. ¿Será que ni siquiera allí, en aquel paraíso, conseguiría relajarse de verdad?

Hacía una mañana de sol claro en Tibau del Sur. Luca se puso los lentes de sombra, salió de la carpa y fue hasta el restaurante de la posada a desayunar. Más tarde, después de un demorado baño en el río, él volvió al camping. Se sentía más bien dispuesto. ¿Cuál había sido la última vez en que se había sumergido en un río? Ni se acordaba. Pero necesitaba hacer aquello más veces.

Después de cambiarse de ropa, rumbeó hacia el restaurante para almorzar. Fue en ese momento que ella surgió.

– Hola…

Él se dio vuelta y vio a una muchacha. Era linda y parecía tener la misma edad que él. Usaba short jeans, camiseta y sandalias.

– Hola – él respondió, simpático.

– Soy tu vecina de carpa. Isadora.

– Un gusto. Luca.

– Luca… – ella repitió, probando el nombre en su boca. – Luca…

Ella se rió, manteniendo la mirada en él. Estás tan diferente…, pensó, notando su cuerpo flaco, el cabello despeinado, la cicatriz en la mejilla…

– ¿Estás solo?

– Ahora no estoy más.

– ¡Qué bueno! ¿Ya has almorzado?

– No. ¿Mi vecina me daría el gusto? – Él jugó a hacer un galanteo, como si se sacara un sombrero de la cabeza.

– Hummm… ¿Cómo rechazar?

En el restaurante, él sugirió un guisado de pescado y ella aceptó. Luca se dio cuenta de que ella tenía hermosos ojos color de miel. Notó también que ella lo miraba de manera rara y se sintió molesto. La cerveza llegó y él sugirió un brindis:

– A los encuentros.

– Encuentros, no – ella corrigió. – Reencuentros.

¿Reencuentros? Él no entendió, pero lo dejó así. Y tomó. Ella quiso saber de dónde él era y él respondió que vivía en Fortaleza.

– Fortaleza… Un día la conoceré. ¿Y vos, qué haces?

– Trabajo en una gráfica, pero mi tema es la música. Tengo una banda, la Bluz Neón.

– ¿Qué tocan ustedes?

– Blues, rock y lo que venga fútbol club.

– Debe estar bien bueno. Yo soy de San Pablo. ¿Conoces?

– No. Pero vos no tienes mucho acento.

– Es que he vivido en varios lugares cuando era chica. Tomé gusto por el viaje. ¿Me siento ciudadana del mundo, sabes?

– ¿No tienes miedo de viajar sola?

– Claro que no.

– Si necesitas, hay un cyber a la entrada de la ciudad.

– Ah, no, nada de computadora en este viaje. No traje ni siquiera el móvil.

– ¿En serio? ¿Por qué?

– Digamos que yo… necesito conectarme más conmigo misma.

– Entiendo – él respondió, sin estar seguro si realmente entendía. ¿Cómo alguien podía viajar sin llevar el teléfono móvil? – ¿Y que haces vos en San Pablo?

– Trabajaba en un banco. Pero pedí el despido para poder hacer este viaje. Hace un mes que viajo por la costa nordestina.

Bonita e interesante, Luca pensó, mientras tomaba un trago largo de cerveza. ¿Pero por qué lo miraba de aquella manera rara?

– ¿Te puedo preguntar algo, Isadora?

– Claro.

– ¿Por qué me miras así?

– Ahn… es que vos… vos me recuerdas a alguien.

– ¿Quién?

Ella giró el vaso entre los dedos, nerviosa.

– ¿Y vos, no tienes la impresión de que también me conoces?

– ¿Por qué? ¿Nosotros nos conocemos?

Ella se sonrió y otra vez no respondió. A Luca le pareció mejor no insistir, tal vez él la hiciera recordar a alguien que ella no quería recordar, sí, tal vez fuera eso.

– Nuestro guisado de pescado ha llegado – él avisó, indicando al chico que se acercaba con la bandeja.

Se sirvieron y comieron. Luca pidió otra cerveza, entusiasmado. Segundo día y un almuerzo con una hermosura de aquél nivel… Nada mal. Cervecita, carpas vecinas… Nada mal realmente.

– ¿Vos por casualidad ya has vivido en España, Luca?

– No. ¿Por qué?

– ¿Estás seguro?

– Claro. ¿Pero por qué? ¿Vos has vivido allá?

Y de nuevo ella no respondió. En vez de eso, se sonrió desconcertada y miró hacia afuera del restaurante. Él seguía intrigado. Ella lo confundía con el otro, debía ser eso. Pero que ella estaba era un encanto, eso sabía.

– ¿Y de aquí hacia adónde vas vos, Isadora?

– Por ahí. Sin planes.

– ¿Sin planes? Caramba, vos debes ser una persona bastante optimista.

– Pero claro. Al fin todo siempre resulta bien.

– Admiro esa tu confianza en la vida.

– ¿Y por qué yo tendría que desconfiar de ella?

– Por el simple hecho de que si no planificas y tomas precauciones, las cosas salen del control. ¿No te parece?

Ella se rió como si él hubiera contado un buen chiste y respondió:

– ¿Vos sabes cuándo empezamos a tener control sobre las cosas?

– No. Pero es el tipo de cosa que me gustaría muchísimo saber.

– Es cuando abdicamos de tener control sobre ellas.

Luca pensó un poco, tratando de comprender. Pero se dio por vencido.

– No entendí.

– Bueno… ¿Si no hay un intento de controlar, cómo las cosas van a salir del control?

– Ah… – Luca se rió, creyendo que era una broma. Pero en seguida se dio cuenta de que no era.

– ¿Hablas en serio?

– Claro que sí.

Lógica perfecta…, él pensó. Pero demasiado absurda para tomársela en serio. ¿Tus cosas, por ejemplo, de qué manera se arreglarían por sí mismas? El trabajo, la banda, el alquiler del departamento, el mantenimiento del coche… ¿Y los rollos amorosos? ¿Cómo todo eso se resolvería por sí mismo? No, definitivamente no era posible. La vida era un gran tropel y se necesitaba domarla todo el tiempo. Lo que Isadora proponía no era más que un simple romanticismo. Asimismo tenía que admitir que, viniendo de ella, aquellos absurdos en cierta medida tenían algún encanto…

Después del almuerzo tomaron un ómnibus y siguieron hacia Pipa, donde pasearon, conocieron las posadas y las pequeñas heladerías en la placilla. Isadora contó de las playas que conoció en aquellos días, cuanto se sentía en casa en todos los lugares y como se acercaba más de sí misma así, suelta por el mundo.

– ¿Y vos, Luca? ¿Te gusta viajar también?

– Me gusta. Pero no así como a vos.

– ¿Tienes miedo de perderte?

– Creo que me gusta más la seguridad de mi ciudad. Allá yo sé moverme bien.

– Entendí. ¿Y esa cicatriz ahí?

– Recuerdito de un paseo en balsa. Hicimos un blues para ella. ¿Quieres escucharlo?

Ella respondió que sí y él cantó:

Amar es un peligro
Solo yo sé lo que pasé
En ese abismo me dio vértigo
Y la angustia no se deshizo
No quiero el dolor de un bis más
Después solo queda la cicatriz
Solo no me pidas, baby
No me pidas que te ame

– ¿Has tenido un desencanto amoroso muy fuerte? – ella quiso saber.

– Tuve. Pero ya hace tiempo.

– Aún esos sufrimientos tienen su aspecto positivo.

– Evidente que lo tienen. Después de eso quedé vacunado.

– ¿Cómo así? ¿No quieres más amar otra vez?

– Prefiero no arriesgarme. Amar es un peligro.

– ¡Verdad! – Ella se rió. – El mejor peligro del mundo.

Luca se rió también. Pero no estaba de acuerdo, está claro.

*     *     *

Llegando al camping, de vuelta a Tibau del Sur, Luca le preguntó a Isadora si le gustaría tomar algo, él tenía un vino en la carpa, la noche estaba agradable…

– Necesito decirte algo, Luca.

– ¿Qué?

– Yo he soñado con vos.

– ¿Conmigo? ¿Cuándo?

– Hace seis meses.

– Pero nosotros ni siquiera nos conocíamos…

– Eras tú.

– ¿En serio? ¿Era yo mismo, así como me ves ahora?

– No, tu imagen no era muy nítida. Pero eras vos.

– No entiendo. ¿Cómo puede ser una cosa así?

– Misterios de la vida. ¿Y vos?

– ¿Yo, qué?

– ¿Nunca has soñado conmigo?

Me encantaría decirte que sí, hermosa… – él casi respondió.

– No.

Isadora se sonrió avergonzada, desengañada.

– En el sueño que yo tuve, vos me pedías que nos encontráramos en esta playa.

– ¿Estás realmente hablando en serio?

– Sí. Yo me acordé de todo cuando me desperté, solamente no sabía cual era la playa. Pero sabía que quedaba en esta zona. Y que había un río. Entonces, la semana pasada, cuando llegué a Tibau del Sur, sentí que sería acá que te encontraría.

¿Qué significaba aquello?, pensó Luca, rascándose la cicatriz en la mejilla, cada vez más intrigado. ¿Sería un piropo? Si fuera, entonces era bastante original.

– Me has dicho una cosa más en el sueño.

– ¿Qué?

– Que necesitaba ayudarte.

– ¿Ayudarme a qué?

– A saltar en el abismo.

– ¡¿Qué abismo?!

– No lo sé. Fuiste vos el que me lo dijo. Entonces acá estoy.

– Te juro que no sé de ningún abismo – él respondió. Y de repente se acordó… recordó vagamente un sueño… Había soñado con un abismo aquellos días. Sí, un abismo… oscuro… amenazador…

Coincidencia, él pensó, librándose del recuerdo incómodo. Solamente coincidencia.

– ¿Realmente no sabes? – ella preguntó de nuevo.

– Y aunque supiera, quiero distancia de abismos. No me gustan.

Él se quemaba las neuronas, buscando entender todo aquello… Ella debía estar jorobando, debía ser eso, una joda. O entonces era desquiciada. ¿Sería loca?

– Si vos realmente has venido de tan lejos debido a un sueño… ¿Entonces qué pasaría si yo no apareciera?

– Bueno… De hecho yo no quise pensar mucho en eso.

– Creo que deberías haber pensado.

– Y vos deberías haberte acordado de mí.

Él notó algún enojo en el tono de la frase. Isadora miraba hacia el cielo estrellado y retorcía las manos, impaciente.

– Disculpa, Luca, no quise ser grosera – ella dijo, dándose vuelta hacia él. – Es que yo… estoy confundida. Yo creía que vos… que vos también te acordarías.

– Fue solo un sueño, una coincidencia.

– No es puede haber sido solo eso – ella respondió, casi interrumpiéndolo. Y prosiguió susurrando, más para sí misma que para él: – No puede ser.

Luca se sentía medio perdido, sin saber qué deducir de todo aquello. ¿Cómo alguien podía soñar con una persona que no conoce y salir por ahí en búsqueda de ella, sin cualquier garantía de encontrarla? Eso era tan absurdo, tan inconcebible… Ella no podía estar hablando en serio. Pero tampoco parecía estar jugando. Había una sola explicación: era loca. Y con locos no se podía argumentar.

– ¿Escucha, por qué nosotros no nos olvidamos de ese tema y tomamos un vino? Te gusta…

– ¿Vos crees en vidas pasadas, Luca? – ella lo interrumpió.

– ¿Vidas pasadas? ¿Por qué?

– ¿Crees o no?

Él pensó rápido. No creía, evidente, imposible creer en esas bobadas. ¿Pero y si el éxito de la noche estuviera en manos de una buena respuesta?

– Depende.

– ¿De qué?

– Depende del día.

– Está bien. ¿Y cómo será tu día mañana?

– Mañana… Creo que es un buen día para creérselo todo.

– Bárbaro. Porque tengo una historia bien loca para contarte.

– ¿Por qué no me la cuentas hoy?

– Porque… – Ella pensó un poco. – Porque soy yo la que no está en un buen día para creer en todo.

Mientras él buscaba algo para decir, ella abrió la carpa y entró.

– Buenas noches, Luca.

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CAPÍTULO 2

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Desde el restaurant, mientras desayunaba, Luca observaba el camping al lado. La carpa azul estaba allá, en el mismo lugar, a algunos metros de la suya. Pero Isadora no estaba. Muchacha interesante…, pensó él. Interesante pero desafortunadamente loca. Aquellas ideas de llevarse la vida sin planes… ¿Entonces ella estaba allí porque había soñado con un tipo que no conocía y que debía encontrarlo en una playa en el Noreste? ¿Y el tipo era él? ¿Y aquella historia de saltar en el abismo? No. Era mucha locura.

Después del desayuno Luca tomó el sendero, rumbeando hacia el este, en dirección al mar. Cuando llegó a la ladera, el sol ya iba alto en el cielo, la pelota de fuego sobre el horizonte imponiéndose lentamente día adentro. Mientras admiraba el paisaje, él no pudo evitar compararse a él: la Naturaleza no hacía ninguna fuerza para ser lo que era, al paso que su vida era lo opuesto…

De repente los gritos de unos niños lo despertaron de sus devaneos. Ellos se divertían en el mar, surfeando en las olas con sus propios cuerpos. Luca quedó mirándolos, admirado de sus habilidades, los cuerpos vueltos tablas, desplazándose firmes en el agua. Se levantó y bajó la ladera, dispuesto a también divertirse con el mar. Cuando llegó, notó que las olas eran más grandes de lo que se imaginaba, pero aún así entró, eligiendo quedarse un poco alejado de los niños para no estorbarlos.

En la primer ola que se elevó adelante de él, le faltó valentía y él se zambulló para huir, casi siendo arrastrado por el reflujo. Se dio por vencido también en la segunda, con miedo. En la tercera, lo mismo. Empezó a considerarse ridículo.

Cuando la ola siguiente surgió, juró a sí mismo que no se daría por vencido y esperó su llegada. Ella vino y, cuando llegó, él se dejó levantar. La ola ganó más fuerza y de repente rompió. Al instante siguiente él se vio suelto en el aire y la inmensa masa de agua cayendo por encima de él. Luca perdió totalmente el control sobre el propio cuerpo y, sumergido, pasó a girar y girar, como un muñeco descoyuntado. En dado momento se golpeó la cabeza en la arena y quedó tan aturdido que ni siquiera sabía para que lado estaba el cielo.

De repente, cuando ya estaba agotado y respirando agua, todo se quedó silencioso y sin dolor. Parecía que no estaba más en el agua. Parecía estar fuera del tiempo. Entonces ella surgió exactamente adelante de él… una mujer de vestido blanco… Era linda, y lo miraba silenciosa y comprensiva. Supo instantáneamente que la conocía desde hacía mucho tiempo antes, tanto tiempo que sería inútil tratar de recordar. Ella le extendió la mano y él comprendió que si la aceptara, todo el sufrimiento se disiparía como una pesadilla de la cual uno se despierta. Todo lo que necesitaba era afirmar su mano, solamente eso…

Entonces sintió que lo agarraban por los cabellos. Se dio cuenta de que lo tironeaban hacia la superficie. Por un segundo pensó en protestar, en pedir para quedarse allí abajo, pero no tuvo fuerzas. Los niños lo llevaron hasta la arena, donde vomitó y de a poco mejoró. Ellos explicaron que él no debería zambullirse solo, que aquellas olas eran muy peligrosas. Luca les agradeció y se quedó allí, sentado en la arena, mientras los niños volvieron al mar y siguieron desafiando con naturalidad a las olas enormes. ¿Cómo conseguían controlarlas?

Cuando llegó al camping fue que realmente se dio cuenta de que casi había muerto, que mierda. Estaba vivo por un pelo. Entró en la carpa y se sentó, asustado, aún envuelto por las sensaciones. Se acordó de la alucinación, la mujer de blanco – ¿por qué ella le caía tan familiar? Y recordó también que, por un rápido instante, tuvo en sus manos la decisión de lo que pasaría, que podría intentar el último esfuerzo para salvarse o podría aceptar a la muerte.

No tuvo tiempo de decidirse. Pero… ¿y si realmente hubiera tenido la oportunidad de optar? ¿Seguiría luchando, debatiéndose y sufriendo hasta el último instante o se dejaría llevar, tranquilamente, para lejos del sufrimiento, junto con la mujer de blanco?

Se levantó, tratando de alejar la incomodidad que sentía. No le gustaban aquellas cosas, la muerte, el más allá… Mejor no contarle a nadie y olvidarse del tema. Entonces armó la reposera y agarró la guitarra. Un poco de música para ahuyentar al más allá.

*     *     *

Una luna menguante subía en el cielo de Tibau del Sur junto con las primeras estrellas. En frente a la carpa azul, una pequeña hoguera crepitaba, manteniendo alejado al frío de la noche. Sobre un mantel, Isadora arreglaba un plato con queso.

– Hace siglos que no hago un picnic – dijo Luca, llegando con el vino.

– Aprovecha que estás parado y guarda este libro, por favor.

– I Ching, el libro de las mutaciones… – él dijo, tomando el libro de sus manos y poniéndolo adentro de la carpa. – Ya he oído hablar.

– Es el oráculo del Taoísmo – ella respondió. – Funciona como un instrumento para que uno pueda investigar con la psicología, para captar los movimientos internos y armonizarlos con los del mundo.

– Muy místico para mi gusto.

– Uno se concentra en una indagación, mueve las varillas o las monedas, apunta los resultados y al fin lee el mensaje. Pero el objetivo de todo taoísta es un día no necesitar más un oráculo para conseguir captar los movimientos.

– Y para el que no cree, como yo, ¿funciona?

– Siempre funciona. Pero quizás vos no captes la esencia del mensaje.

Luca abrió el vino y lo sirvió.

– ¿A qué brindaremos? – él preguntó.

– A los movimientos que nos trajeron hasta esta hoguera.

– Bien.

Tocaron los vasos y tomaron. Él notó como ella estaba linda bajo la luz oscilante de la hoguera.

– ¿Y la historia que has dicho que me contarías?

Ella lo miró seria. En sus ojos Luca pudo ver el reflejo inquieto del fuego, la danza colorida de las llamaradas… En ese momento tuvo una sensación rara, un principio de vértigo. Se sintió tironeado hacia adentro de otro estado de ser, más liviano, más lejano…

– Hace dos años empecé a tener un sueño recurrente – ella empezó. – Era siempre el mismo lugar, en España, un pueblito chico… Parecía fin de la Edad Media, siglo dieciséis, por ahí. En el sueño había un niño jugando, pero yo nunca veía sus ojos. Ese sueño se repitió a lo largo de meses. Hice hipnosis con una terapeuta y las imágenes vinieron más fuertes. Ahí pude ver los ojos de la niña. Y me vi en ellos. Y me di cuenta de que aquella niña era yo.

– Mira que interesante – comentó Luca, tratando de no trasparecer su incredulidad con relación a aquellos temas.

– Vi varios hechos de la vida de esa niña pasando frente a mí, como en una película. No solo vi, yo viví. O mejor, reviví, sintiendo las sensaciones de la niña. No me acordé de todo, pero recordé muchas cosas de esa vida.

– ¿Cómo era la niña?

– Ella se llamaba Catarina. Era una adolescente pobre cuando se casó con un alemán y fue a vivir con él en Alemania. Él era un hombre rico y ella aprendió a ser una dama. Ella tenía todo para tener una vida tranquila y  cómoda, pero un día conoció a un misionero portugués y se enamoró perdidamente… Enrique era su nombre. Era jesuita y conocía a personas importantes, viajaba por muchos países, sabía otros idiomas. Y era medio brujo.

– ¿Cómo así?

– Pertenecía a un orden secreto, esas cosas. Usaba los sueños para saber lo que pasaba en la Corte, las tramas políticas de la Iglesia, entraba en el sueño de los demás… Él visitaba a Catarina en los sueños y juntos vivían experiencias en otros planes de la realidad, una cosa bien loca. Un día ella se escapó con Enrique. Pero algo resultó mal en la fuga y él desapareció.

– ¿Se murió?

– No sé. Porque en realidad Catarina nunca supo. Pero es una curiosidad que yo tengo. Es probable que haya sido preso o algo por el estilo. Catarina buscó por él durante años, de ciudad en ciudad, pero no lo encontró. Ni en los sueños él apareció más.

– Debe haber conseguido a otra.

– No. Él la amaba muchísimo.

– Esa cosa de amar demasiado nunca termina bien. ¿Pero y después?

– Ella… Bueno, ella enloqueció.

– ¿Se enloqueció? ¿De verdad?

Isadora demoró en responder. Luca notó que ella estaba emocionada.

– Sí, se volvió loca, de verdad. La falta de Enrique la consumió hasta el fin de la vida. Y ella falleció así, buscándolo.

Durante algún tiempo nadie dijo nada, y el silencio que se formó era como una sombra entre ellos. Luca tuvo ganas de preguntarle qué interés ella tenía en contarle aquella historia, pero sentía que no debía hacerlo, que era mejor quedarse quieto. En vez de eso, preguntó:

– ¿Vos realmente has recordado todo eso?

– Es más que recordar, Luca. Yo lo he vivido de nuevo.

– ¿Y vos crees has sido de hecho esa Catarina?

– Yo no creo. Yo he sido.

 Isadora miró hacia la hoguera. Cogió algunas piedritas y las arrojó a las llamas.

– ¿Y vos, Luca? ¿Esa historia no te dice nada?

– No creo en reencarnación.

– ¿Y el brujo portugués?

– ¿Qué pasa con él?

Ella siguió tirando piedritas a la hoguera. Luca abrió la boca para repetir la pregunta cuando se le ocurrió otra idea.

– Esperá. ¿Vos no estás creyendo que yo soy ese Enrique, no?

Ella no respondió.

– ¿En aquel sueño tuyo, yo he dicho eso, que fui Enrique?

– No. Pero yo lo reconocí a Enrique en vos. – Ella dio vuelta la cara, mirándolo tranquilamente a los ojos.

Luca se rió, avergonzado.

– Fue después de ese sueño que decidí abandonarlo todo. Y me vine en búsqueda de vos.

Él simplemente no sabía qué decir.

– Solo sé que hay algo que está equivocado… – ella dijo, esforzándose por sonreír. – Tendrías que acordarte también.

Él respiró hondo, tratando de organizar las ideas. ¿Entonces aquella mujer había abandonado todo para encontrar a alguien de otro tiempo, de otra vida, que ella ahora buscaba en ésta vida, viajando por las playas del Noreste? ¿Y ella creía que él era ese tal alguien? Finalmente estaba explicada la conducta rara della, las insinuaciones… Pero aquello era una locura, una completa locura. Y era como una niebla que lo abarcaba…

– Isadora, tengo una sugerencia – él dijo de repente. Necesitaba alejarse de aquel tema – ¿Vamos a escuchar música? Yo traje la guitarra.

Ella hizo un ademán asintiendo con la cabeza. Él se levantó, avisó que antes iría hasta el baño y salió, rumbeando hacia el restaurante. Cuando volvió, Isadora no estaba más allá. Él miró hacia la carpa azul cerrada y suspiró, desanimado.

*     *     *

Luca abrió un ojo, después el otro y finalmente los dos juntos. Todavía estaba oscuro y hacía un poco de frío. Se acomodó bajo la sábana, recordando la noche anterior, las locuras de Isadora, su tal vida en España, Catarina, el brujo portugués… La insania tenía ojos color de miel.

De sopetón, escuchó su nombre. La voz de Isadora. Se levantó y, envuelto en la sábana, abrió la carpa. Ahora ya era de día y llovía finito.

– Servicio de despertador para el señor Luca de Luz Neón. Mediodía.

Isadora se sonreía adelante de él. Estaba aún más bella…

– ¿Mediodía? Caramba, dormí demasiado.

– Ven.

– ¿Para adónde?

– A pasear.

– ¿Con esa lluvia ahí?

– Claro. ¿Hace cuánto tiempo que vos no juegas en la lluvia?

Él se frotó los ojos, pensando en la capacidad que ella tenía de decir ciertas cosas como si fueran las más simples y lógicas del mundo.

Minutos después seguían caminando lado a lado por la pequeña ruta de arena. La lluvia caía liviana, formando charcos y desparramando por el aire una frescura relajante. En poco tiempo estaban empapados.

– Si yo llego engripado a la gráfica va a ser una cagada.

– Olvídate solo por un momento de que te puedes enfermar.

– Y yo no he comido nada aún. Me parece mejor…

Pero ella ya salía corriendo adelante de él. Luca apuró el paso, descoyuntado, el agua resbalando por la cara. Isadora ya había desaparecido en la curva. Él empezó a correr y una chancleta se le atascó en el charco de barro.

– ¡Isadora, espérame!

Entonces, de repente, él se acordó de un día… hacía mucho tiempo… una noche… Y paró de correr, tomado por la inquietante sensación de ya haber vivido aquel momento antes, en algún tiempo lejano, ¿cuándo? Un déjà vu. Isadora desapareciendo en la lluvia, desapareciendo… las gotas en los ojos, un trueno haciendo eco… él allí estancado, jadeando, ella desapareciendo, él gritando su nombre… ¿Dónde había vivido aquella misma escena, y cuándo, en qué imposible tiempo?

Siguió allí, parado bajo la lluvia, absorbido por la misteriosa sensación. Pero fue por poco tiempo, pues en seguida lo dominó un angustioso presentimiento de que si no corriera, aquella mujer desaparecería de su vida una vez más.

¿Una vez más?

*     *     *

Aún caía un resto de lluvia cuando la noche bajó en Tibau del Sur. En el restaurante de la posada, Luca e Isadora tomaban un caldo de pescado, él saboreando cada pedazo de aquel delicioso momento: el gusto del caldo, la lluvia, la musiquita en la radio… Luca sentía la cabeza flotando liviana y los pensamientos vagando sin criterios. Por primera vez en aquel viaje se sentía verdaderamente relajado. Los problemas que lo esperaban en Fortaleza ahora pertenecían a una realidad lejana, y la realidad en la cual estaba en aquel momento era hecha de cosas tan simples…

Él miró a Isadora a su frente, entretenida en su plato, y se admiró de como ella combinaba con el momento, la lluvia que caía allá afuera, la simplicidad del lugar… Isadora parecía vivir en otro nivel de penetración de las cosas, que él no alcanzaba. Ella percibía la esencia de las cosas con naturalidad, mientras él necesitaba muchísimo esfuerzo para… ser simple.

¿Qué hora era? Quizás algo entre seis y siete, él calculó mentalmente. U ocho y nueve. Podría preguntar, pero no, no quería saber del tiempo, el tiempo ya no importaba, estar con Isadora era como estar fuera de él.

Ella lo había arrancado de su sueño y lo había llevado a conocer las delicias de una tarde lluviosa, un viejo placer olvidado de infancia. Corrieron por la ruta, tomaron aguardiente y miraron la lluvia bajo techos de paja. Se rieron de chistes viejos y comieron choclo asado. Y ahora estaban allí, tomando caldo de pescado. Un día perfecto. Como todos los días deberían ser.

– Disculpa por ayer, Luca. No quería que te quedaras molesto con aquella historia que te conté.

– ¿Vos realmente has soñado conmigo? – él preguntó, dividido entre la curiosidad y el temor de retomar aquellos temas.

– ¿Podemos hablar de otra cosa?

– Claro que sí.

Él se sintió aliviado. De hecho era mejor no hablar de aquello. Había algo allí que lo molestaba bastante, algo que él no sabía precisar.

– Entonces hablame sobre el Taoísmo, he quedado curioso. ¿Es una religión antigua, no?

– Tiene unos cinco mil años. Está el lado religioso, pero prefiero el filosófico.

– ¿Y cómo es?

– No te lo contaré.

– ¿Por qué?

– Te reirás.

– Te prometo que no me reiré.

– Ah, pensándolo bien, es para reírse mismo.

– No me reiré, te lo juro.

– Filosóficamente hablando, el Taoísmo es un modo intuitivo de entender a la realidad. Un modo que el sujeto occidental, con toda su lógica científica, no consigue entender. Genera un nudo en el pensamiento.

– ¿Cómo sería un modo intuitivo de entender a la realidad?

– Captar los movimientos naturales de la vida para actuar en armonía con ellos. Es eso lo que el Taoísmo enseña.

– ¿Entonces un taoísta es alguien vinculado a la Naturaleza?

– Es alguien conectado con el Tao, o sea, con él mismo y con la Naturaleza, con las verdades simples y naturales. El Tao es la unicidad de todo lo que existe, de lo que vincula a todas las cosas y también enlaza el yo al todo. Si vos te armonizas con el Tao, queda más simple vivir. Aún viviendo en el ritmo loco de la ciudad grande, es posible mantenerse vinculado con la mente de la Naturaleza.

– ¿Mente de la Naturaleza? ¿Vos has fumado algo?

– No – ella respondió, riéndose. – Déjame ver si consigo explicarte. La Naturaleza es la vida, y la vida tiene sus movimientos, sus estaciones. Es esa conexión con lo natural que guía al taoísta por entre todo el caos. ¿Sabes cuando uno se aferra demasiado a una cosa? Eso es antinatural. Porque aquella cosa se transforma todo el tiempo y uno sigue aferrado a algo que no existe más. Lo que no cambia, se pudre. Ese dinamismo también es el Tao.

– ¿El Tao sería un dios?

– El Tao no es una entidad personalizada como los dioses de las religiones. Es algo impersonal, que no tiene voluntad ni tiene moral. El Tao ya es la propia acción de la vida, el flujo natural de la realidad.

– No sé si he entendido.

– Es porque no se puede explicar el Tao. Solo se puede intuirlo.

– Es más, sinceramente, no tengo idea de lo que hay para entender en eso.

– Quien pregunta sobre el Tao no se lo imagina. Y quien responde no lo conoce.

– Estar en armonía con las cosas… Eso me huele a una cierta pasividad, ¿no?

– Al revés. Captar el flujo del Tao es un trabajo interno difícil, una alquimia interior. Pero después que uno consigue, se ajusta a las fuerzas naturales de la vida y se torna uno con todo lo que existe.

– ¿Y si yo quiero ir contra el Tao?

– Vivirás cansado.

Vivir cansado… Luca escuchó el eco de aquellas incómodas palabras.

– Quien es uno con el Tao no necesita hacer nada. Y, aún así… nada deja por hacer.

– Pero eso es contradictorio.

– ¿Yo no te he dicho? Da un nudo en el pensamiento.

– ¿Tao tiene traducción?

– El ideograma chino que corresponde al Tao está hecho de pie más cabeza. El camino, el sentido.

– Para mí está más parecido con “sin pies ni cabeza”… – él dijo y se rió. – Ops, perdón.

– No pasa nada, puedes reírte – ella dijo, riéndose también. – Si no hubieran carcajadas, no sería el Tao.

Él terminó de tomar el caldo y se quedó mirándola, deleitándose con lo que veía: los ojos color de miel, el cabello mojado, la boca bien redonda, los senos insinuándose por abajo de la remera… y loca, deliciosamente loca.

De repente ella levantó la cara y su mirada interceptó la suya. Él se sintió pillado en flagrante en su deseo sexual.

– ¿En qué piensas, Luca de Luz Neón?

– Ahn… nada.

– Yo sé. ¿Quieres que yo te lo cuente?

Él asintió con la cabeza. Ella tomó la última cucharada del caldo, se limpió la boca y dijo, naturalmente:

– En mis pechos.

Él no pudo creer en lo que escuchó.

– Y, si quieres saberlo, a mí me está en-can-tan-do…

De primera, le vino una cara de idiota. Después fueron las manos, apretándose sobre la mesa. Después las bocas, el beso ávido, el impostergable encuentro de las lenguas. Después la cuenta que se pagó con urgencia, gracias, puede quedarse con el cambio, el último trago apurado de cerveza, el camino de vuelta hacia la carpa, corriendo, bajo la lluvia…

Llegaron jadeantes y embarrados. Entraron en la carpa del y se arrodillaron uno frente al otro. Ella suspendió la remera, mostrándole los senos, y susurró:

– Ven.

Él se lanzó sobre los pechos de aquella mujer con todas las manos y bocas y lenguas que poseía, como si fueran mangos maduros y suculentos y él un miserable hambriento.  Ella agarró su cabeza y lo tironeó hacia sí, mientras se arrancaban lo que tuvieran de ropa y rodaban, casi tirando abajo la carpa. Después ella se puso por arriba, apresó sus brazos y lo cabalgó, subiendo y bajando, subiendo y bajando…

Luca cerró los ojos, en éxtasis. Se sentía envuelto por las sensaciones de una forma como nunca antes había sentido. La mirada medio hipnótica de Isadora, la suavidad de la piel, el olor rico, el sonido musical de sus gemidos, el sabor irresistible de su beso… Todo en ella era muy bueno, ¿cómo podía ser tan bueno? Y todo lo abarcaba de tal manera que por primera vez él hacía el sexo sin pensar exactamente en lo que hacía. En vez de racionalizar, simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones… la sensación de compartir su cuerpo… la sensación de que algo lo tragaba… en succiones continuadas… ritmadas… lo tragaba…

De repente, la explosión. En un segundo sus pedazos fueron lanzados hacia todos lados en una velocidad impensable, millones de fragmentos expelidos hacia el Cosmos sin fin. Entonces, débil de tanto esfuerzo, sintió que dejaba de existir, lentamente, disminuyendo, apagándose, muriéndose… Para siempre.

*     *     *

Primero un ojo. Después el otro. Luca se movió bajo la sábana, acordándose de Isadora, el paseo en la lluvia, el sexo en la carpa… La relación más loca y más maravillosa de toda su vida.

Entonces miró hacia el costado y no vio a Isadora. Tuvo una corazonada rara. Se levantó rápidamente y salió. Y allá afuera, bajo la luz clara del día, no vio la carpa azul, ni una señal de ella. Se quedó quieto, sin saber qué concluir.  Otra vez sintió el vértigo, una sensación rara de estar resbalándose hacia adentro de un sueño… Por un instante se vio tomado por un miedo terrible de que Isadora jamás hubiera existido.

Se puso los lentes de sombra, corrió hasta el restaurante y allá preguntó por la muchacha de la carpa azul. Ella ya se había ido, respondió uno de los hijos de doña Zezé. Él se sentó, triste por no estar con Isadora, pero aliviado por constatar que ella realmente existía, que todo había ocurrido de verdad. Pidió un café fuerte y se fue a sentar a la entrada del restaurante. Mientras tomaba el café, miró hacia el camping, hacia la carpa azul que no estaba más allá, y de repente la ausencia de Isadora era un inmenso y eterno vacío en su alma. Que rara sensación… ¿Cómo era posible que algo que tres días antes ni siquiera existía pudiera ahora llenar su ser de un vacío sin fin?

Cuando llegó de vuelta a la carpa fue que notó el papel doblado sobre la sábana:

Te he encontrado. Ahora no hay más vuelta. Salta en el abismo.

Una hora después, luego de haber desarmado la carpa y pagar su cuenta, él caminaba por la rutita de arena hacia la calle donde tomaría el ómnibus que lo llevaría hasta Natal, donde tomaría otro ómnibus hacia Fortaleza. En ese instante, una pequeña víbora marrón surgió adelante de él, cruzando lentamente el caminito. Él estancó y retrocedió un paso. No le gustaban las víboras, ellas le recordaban a la muerte, la muerte que casi lo había llevado en el mar de Tibau del Sur. La víbora también paró y por algunos segundos se quedó allí, mirándolo. Y después siguió su camino, desapareciendo adentro del monte. Luca se aseguró de que no había peligro y siguió, imaginándose la pesadilla que sería despertarse de noche con una víbora adentro de la carpa.

– Pero sería mucho peor despertarse adentro de la víbora… – chistó.

En el ómnibus, él leyó el billete por décima vez. Saltar en el abismo. ¿Qué abismo?

.

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CAPÍTULO 3

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La agenda de la semana estaba estimulante. El jueves la Bluz Neón haría un show en el Papalegua, un bar famoso en el barrio de la bohemia Playa de Iracema. El viernes sería el cumpleaños de Balu, el tecladista de la banda. Y el sábado la Bluz Neón tocaría en un festival de rock en la playa del Cumbuco, a media hora de la ciudad. Para Luca serían buenas oportunidades de refugiarse bajo la manta generosa de la noche y olvidar que el día lo esperaba al otro lado.

– Tengo el honor de presentar… – Carlito, el dueño del Papalegua, anunció. – Junior en la guitarra eléctrica, Ranieri en el contrabajo, Balu en los teclados, Ninon en la batería, Luca en la voz y en la guitarra.

– ¡Y en el whisky! – gritó alguien desde la platea.

– Con ustedes, nuestra atracción de todos los jueves… ¡Bluz Neón!

Todos en el tablado, Luca cumplió el viejo ritual: volcó una medida de whisky y después saludó al público.

– Buenas noches. Fiesta es lo que nos queda.

Hicieron, como siempre, un show bastante alegre, tocando las músicas propias y algunos clásicos del rock y del blues. Luca rindió homenaje a la Playa de Iracema, habló de sus chicas lindas, de los personajes folclóricos del barrio y de la magia que se desparramaba por las calles como olor de mar. Bajó del tablado y cantó sentado en una mesa de muchachas, tomando en sus vasos. Al fin anunció que estaba a la venta el CD demo, grabado durante un show en Canoa Quebrada. Finalizaron, como siempre lo hacían, con el Ombligo Blues, cuando llamaban al tablado a las muchachas que estuvieran con el ombligo a la muestra y todos bailaban en una divertida mezcla de blues con baião. Fiesta es lo que nos queda.

Después de la presentación, volviendo al camerino, Luca paró frente a la barra y pidió un whisky doble. Tomó un trago y canturreó el rock que estaba componiendo.

En la barra hay un lugar
Para el que no sabe donde ir

En ese momento se acordó de Isadora… Isadora y sus besos, sus pechos, su locura. Aquellas charlas sobre Tao, sueños, abismos, vidas pasadas… Tres días con ella y ahora tres semanas sin idea sobre adonde podría estar. ¿Será que aún la vería otra vez?

– Hola, Luca.

Él se asustó y se dio vuelta, buscando a la dueña de la voz. Y dio de frente con una chica. Tenía el cabello rojo y estaba sentada al lado de la barra. Ella sonreía y decía que era aficionada por la banda, tenía el CD grabado en Canoa Quebrada, ¿será que lo podría autografiar?

Claro que sí, respondió Luca, despidiéndose del recuerdo de Isadora y pidiendo una lapiceraal barman. La muchacha era simpática, él notó, y tenía una facha deliciosa de traviesa. Pero, caramba, debía tener unos dieciséis años, ¿cómo dejaban que aquellas nínfulas entraran allí?

Fiesta es lo que nos queda
Y yo estoy con prisa, baby

Él tomó un trago largo, sintiendo el líquido bajar por la garganta, ah, el bendito ardor, la frontera prohibida de la noche… Aquella era la entrada en el nivel siguiente de la realidad, donde todo podía pasar.

– ¿Te gusta el whisky? – él preguntó.

– Me encaaanta.

Luca tomó un trago más del whisky, tironeó rápidamente a la chica por las caderas y la besó en la boca, pasando despacio la bebida de su boca a la de la muchacha.

– Putaqueloparió… – ella murmuró después, todavía sorprendida. – ¡Fue el beso más embriagador de mi vida!

Una hora después, mientras Angela Ro-Ro cantaba Mares de España en el living del departamento de Luca, la chica prendió un porro mientras él por segunda vez bajaba el volumen del aparato de música.

– ¡Ah, che, tranqui! ¡Fiesta es lo que nos queda! – ella protestó, pasándole el cigarrillo.

– Me parece lo mismo. Pero hay un vecino que no está de acuerdo conmigo.

– Entonces cántame un blues, dale…

– Mira, linda, ya canto demasiado blues en la banda.

– ¡Entonces pondré el CD para que lo escuchemos!

Él pensó en encender un incienso pero no encontró la cajilla. ¿Cómo había conseguido perderla si estaba con ella hacía un minuto? Abrió otra cerveza y se divirtió oyendo a la chica cantar las músicas de la Bluz Neón, sabía todas de memoria, hasta los comentarios de las pausas, increible. ¿La banda no necesita una cantante pelirroja?, ella preguntó. Pelirroja, rubia, morocha…, él respondió, riéndose. ¿Adónde miércoles estaba el incienso? Ella puso a tocar otra vez la primera música y él se fue a sentar en el sillón. Pero erró el cálculo y se cayó en el piso, derramando la cerveza.

– Caramba… creo que la limpiadora ha cambiado el sillón de lugar.

Él se rió del propio chiste y salió bambaleando para agarrar un trapo de piso. A la vuelta se resbaló en la cerveza derramada y casi cayó de nuevo.

– ¿Caramba, qué es eso, un complot?

Después de secar el piso, se sentó en el sillón y le hizo una seña a la chica para que se sentara a su lado. Quiero estar cerca de tu famoso obligo blues, ella dijo. Él se rio y suspendió la camisa, mostrándole el ombligo. Ella se sonrió, pasó la lengua de forma provocadora entre los labios y se fue a arrodillar entre sus piernas.

– Eh, psiu… ¿Cuántos años vos…

– Yo ya te he dicho, Luca.

Ella le besó el ombligo y le hizo cosquillas con el piercing de la lengua. Después abrió el cierre de los pantalones.

– ¿En serio me lo has dicho? Entonces me he olvidado.

– Dieciocho.

– Ah… claro… – Él estiró el brazo en búsqueda de la lata de cerveza pero no la encontró. Definitivamente los objetos estaban de joda con él. – ¿Qué tal dieciséis?

– Está bien, Tribunal de Menores. Diecisiete y medio.

La lata estaba en el piso. ¿Cómo había ido a parar allá? Aquél piercing en su lengua, era raro… Pero era bueno.

– Me parece que no te creo.

Arrodillada entre sus piernas, ella interrumpió los cariños y levantó la cara, medio sonriéndose, medio impaciente. Se puso el cabello detrás de las orejas y lo encaró:

– Última oferta, Luca. Diecisiete. ¿Vas a querer o no?

– Cerrado.

Él tomó otro trago, tendido en el sillón. Y se sintió relajar… El living era una penumbra agradable y la chica estaba otra vez absorta en sus cariños, entre sus piernas, el cabello como una cortina roja adelante de la cara. La verdad, pensándolo bien, no seria mala idea tener unas cantantes en la banda. Pondrían anuncios en el periódico, banda muy cercana al estrellato busca cantantes de la nata, tratar con Luca por la noche… Alejó la cortina roja a un lado y surgió su ojito azulado, sonriéndole. No recordaba que ella tenía ojos azules…  No, mujer en la banda no resultaría bien. Mejor dejar a las muchachas como estaban, en la platea. Y por detrás de las cortinas. Por detrás de las cortinas… de las cortinas…

¡Tchum! De repente se dio cuenta. ¿Adónde estaba? ¿Qué hora era? Estaba muy borracho, que mierda. Por la ventana entraba un poco de la claridad de la calle. Adelante, unas lucecitas verdes… piscando… diciendo que allí había un… aparato de música…

¡En casa! Evidente, estaba en casa. En el living de su departamento, en el sillón, claro. Luca suspiró, ufa, que alivio. Solo un principio de quedar en blanco, todo bien, ya pasó. Mucho trago, estómago vacío. Y aquellas dos allí, arrodilladas en el piso, entre sus piernas…

¡¿Dos?! Él se refregó los ojos, intrigado. Trató de recordar… Una era la pelirrojita del bar, aficionada de la banda. ¿Pero, y la otra? No tenía la menor idea. ¿La vecina de abajo, tal vez? Trató de fijar la mirada pero no la reconoció. Quizás amiga de la pelirrojita. ¿Quién le había abierto la puerta para que entrara?

Finalmente entendió: estaba tan loco que veía todo en duplicado. Y reventó en carcajadas. Sexo con dos mujeres era un deleite, pero no exactamente de aquella forma…

La chica suspendió los cariños y preguntó si él estaba realmente con ganas.

– Espera un poquito, chiquita… – Él se acomodó en el sillón, riéndose de la propia alucinación. – Tu nombre... ¿cómo es?

– Ah, no, Luca. No te lo digo más.

– Bien… yo no quería asustarte pero… hay otra mina ahí a tu lado.

Y volvió a reírse. Aquello era la cosa más graciosa del mundo.

– Es mi hermana melliza. – Ella se sonrió descontenta. – ¿Tú también podés verla?

– ¿Cómo?

– Ella se murió cuando yo era chica. De vez en cuando aparece.

Luca paró de reírse. ¿Hermana melliza? ¿Muerta? ¿Aquello era en serio, de hecho? Miró una vez más hacia las dos mujeres arrodilladas entre sus piernas y se sintió molesto.

– Basta no darle corte que ella se va.

Ah, no. Tener relaciones con espíritus ya era demasiado rock´n´roll.

– Perdón… – él dijo, alejándole la cabeza de su falda. Luego se levantó y se subió los pantalones. – Hoy la cosa está complicada.

Fue a la cocina y abrió la heladera. Todavía había una cerveza, por lo menos eso. Hay días que no están buenos. Debía de hecho haber quedado en el bar con los pibes.

Cuando volvió al living, ellas miraban la ciudad, los cuerpos desnudos recostados a la ventana, displicentes, ambas en la misma posición. Por un instante los admiró, tan bellos e incitadores. Todavía pensó en reconsiderar la decisión… pero no. Pedofilia astral no era joda.

– ¿Puedo dormir acá, Luca?

– Ahn… Mejor las dejo en la casa de ustedes. Vamos.

Media hora después él paró el coche en frente al edificio de las hermanas.

– No es por mal que mi hermana hace eso, Luca.

– Todo bien.

– No sabía que vos eras sensitivo.

– ¿Yo?

– ¿Nos vemos de nuevo?

– Si tu hermana lo permite…

Él esperó que ellas entraran en el edificio y prendió el volkswagen. Y salió, viendo las primeras luces del viernes por encima de la ciudad. Y lamentó. Como siempre, la claridad entrometida del día disipando la magia de la noche.

A las ocho tenía que estar en la gráfica. Daba para dormir una horita. Hermana melliza del más allá… Mejor ni contar, de cualquier forma nadie se lo creería.

*     *     *

‒ ¡Levantate, Grand Tigre! ¡Son las tres!

Una voz femenina… viniendo de lejos…

Luca abrió los ojos despacio, reconociendo el cuarto. De a poco, se sintió conectar con aquella súbita realidad. Sábado… ¿O sería viernes? No, sábado mismo, tres de la tarde… show de noche en la playa del Cumbuco…

– ¡Luz quemada, lavatorio atascado! ¿Y ese espejo roto? ¡Uno se vuelve un monstruo mirándose en él! ¿Por qué no tomas el caché de hoy y arreglas ese cuarto de baño, qué tal?

– Habla más bajo, Sonita, por favor…

Él se tapó la cabeza con la almohada, protegiéndose de aquella tormenta sonora. Que mierda, debía ser prohibido despertar a un ser humano así, principalmente si el ser humano se hubiera ido a dormir al mediodía…

– ¿Has visto a mi otro par de botas por ahí, Gran Tigre?

Se levantó aún grogui, una sed asombrosa rompiéndole la garganta. Fue hasta la cocina para tomar agua pero se acordó de Jim Morrison, despertarse y agarrar en seguida una cerveza, porque el futuro es incierto y el fin estará siempre por cerca…

Mientras Sonita se calzaba sus botas negras con tacos, él se sentó al borde de la cama, dio un buen trago de cerveza y se puso a admirarla. Sonita… Bonita, estaba muy buena, pero era absolutamente disparatada, un caso para llamar a la policía. Cuerpo musculoso de profesora de gimnasia, enviciada en academia y anfetamina, daba clases incluso los domingos. Tenía también otro vicio: el sexo. Con mucho alcohol, escándalos y arañazos. De familia rica, aparecía a menudo en los periódicos como gente de bien, pero le parecía estimulante cazar roqueros melenudos en el submundo alternativo. Cuando él la veía en la platea de los shows de la banda, ya sabía el guión de la noche: se tomarían todas, ella haría hincapié y pagaría todo y después lo llevaría a un cinco estrellas de la rambla donde él le retazaría la ropa, dejándola solamente con las botas negras, y harían el sexo como dos bichos alucinados, en el piso, en la ventana, en la mesada de la cocina, y ella de mañana se iría directamente hacia la academia, sin dormir. O podría ser el guión B: ella tomaría demasiado y resultaría mal, echando a perder la noche.

En la fiesta de cumpleaños de Balu, la noche anterior, ella había aparecido usando un vestidito corto y las famosas botas negras, que siempre usaba cuando estaba mal intencionada. Él piropeaba al pedo con una amiga de Ninon, hasta estaba interesado en la mina… pero, hummm, aquella mirada que él ya sabía, aquellas botas, ¿cómo resistirle?

Una hora después Balu abrió un whisky y sirvió a todos. Después puso a tocar su compilación Blues de Balu Volumen 9 y armó un cigarrillo natural, haciendo con que la fiesta enganchara la quinta marcha. A las siete de la mañana Iana, la novia de Balu, tuvo que golpear a la puerta del baño para avisar a los dos zarpaditos que todos ya se habían ido.

– ¡¿Ah, qué pasa?! – Sonita argumentó desde allá adentro. – ¡Hoy es viernes!

– Ni pensar – Iana discordó, paciente. – Ya es sábado.

La puerta se abrió y surgió Luca, la camisa abierta, el cabello todo desordenado.

– El mañana solo llega cuando uno se despierta – él filosofó, solemne.

Luca sirvió una medida más, tomó la mitad y Sonita tomó la otra. Entonces se despidieron y alargaron la noche rumbo al Roque Santeiro, un tugurio en el barrio de Mucuripe que tenía el caldo de carne y la cerveza ideales para finalizar las noches sin fin, al ritmo de Genival Santos, Diana y Odair José. Sonita iba bien, hasta el momento en que se empecinó en creer que una muchacha piropeaba a Luca y se le lanzó encima, tirándola al piso junto con las botellas de cerveza. Ahí no hubo más ambiente y se tuvieron que ir. Típico guión B.

– Aquella de ayer en el baño de la casa de Balu no valió, ¿has entendido, Gran Tigre? Vos no conseguías ni quedar parado.

Luca tomó un trago más de cerveza y siguió admirándola. Los muslos musculosos, la marca del traje de baño minúsculo, los senos pequeños… Ella estaba parada, al lado de la cama, desnuda y deliciosa. Con las botas negras.

– Te atrasarás para la clase, profesora…

– Hay tiempo.

Instantes después, mientras era lentamente penetrada por Luca, ella estiró el brazo, agarró el móvil en la cartera, digitó, erró, digitó de nuevo y, de ojos cerrados y hablando  pausadamente, le explicó a la secretaria de la academia que llamara al profesor substituto pues… había ocurrido un… un… solo un momento… ay… un pequeño imprevisto… sí, imprevisto… solo un momento… hummm… y solo podría dar la clase de las… ay… de las cinco.

*     *     *

Luca agarró una lapicera y, mientras los otros afinaban los instrumentos, se sentó en un rincón del camerino y se puso a garabatear en un papel de servilleta.

– Salió del horno ahora, Junior – él dijo. Y canturreó para que el amigo escuchara.

En la barra hay un lugar
Para el que no sabe adonde ir
Fiesta es lo que nos queda
Y yo estoy apurado, baby
Una medida ahora, ya
Necesito tomar para manejarme

– Me gustó. Pero no te entusiasmes que el repertorio de hoy ya está cerrado, ¿viste, che?

– Lo prometo.

Minutos después Ninon golpeó el bombo de la batería y Luca entró en el tablado. De allí de arriba él podía ver a la platea desparramada por la arena de la playa, el mar al lado derecho, la luna imponente en el cielo… Él se dio vuelta la medida de whisky y tomó el micrófono:

– Buenas noches.

– ¡Buenas noches! – respondieron algunas chicas cercanas al tablado.

– Fiesta…

– ¡Es lo que nos queda! – ellas completaron, entusiasmadas.

El show transcurrió normal. Pero al fin, luego del tradicional Ombligo Blues, Luca sacó una servilleta del bolsillo y anunció, la voz afónica por los excesos de los últimos días:

– Esa se llama Una Dosis Ahora. Todavía no está ensayada. Los pibes me van a estrangular allá en el camerino, pero, carajo, nosotros estamos en la playa, esa luna…

Él agarró la guitarra, se sentó en el taburete, punteó un poco y paró. Le dio la indicación a Ninon, en la batería, para que empezara. Los otros menearon la cabeza, resignados, y acompañaron. La música salió pésima, evidente. Pero había un grupo de muchachas entusiasmadas y ruidosas frente al tablado y ellas aplaudieron y gritaron tanto que felizmente nadie le dedicó mucha atención a la música.

Terminada la presentación, Ranieri apareció en el camerino con una de las entusiasmadas, la cual dijo que le había encantado el show y que tenía unas amigas que querían mucho conocer a los tipos de la Bluz Neón.

– ¿A los neons solteros, no, mija?… – corrigió Celina, tironeando al novio Ninon por el brazo. – ¡Nosotros ya nos vamos para la playa! Y vos también, Balu, porque es hora de que los casados duerman.

Una docena de cervezas después allá estaban los neons solteros con las nuevas amigas en la arena de la playa. La luna del Cumbuco, el viento en las palmeras, el reventar de las olas, todos hablando al mismo tiempo. Junior en la guitarra a la cual le faltaba una cuerda, Ranieri en la latita de cerveza abollada y Luca en la casi voz. Más músicas, más cerveza.  ¿Alguien tiene hojilla? Ah, Junior, toca aquella, dale. ¿Fumar acá no resultará mal? Nos van a multar por exceso de placer. A ver si nos consigues unas entradas gratis para el Papalegua, dale. ¿Ésta cerveza es la mía? El ombligo más hermoso es el de Ranieri. Bañarse en el mar de noche no hace mal. No hace mal… hace mal…

¡Tchum! De repente Luca dio por sí. A la vuelta, todo oscuro. Un calor abrasador. Estaba en una sauna.  No, no, en una cama. ¿Pero adónde? Y bajo su cuerpo sudado había una… una mujer. Entraba y salía de adentro de la mujer con violencia y ella decía cosas que él no entendía. Se asustó. Simplemente no sabía quién era la mujer.

Sin interrumpir los movimientos de vaivén, él trató de acordarse… pero solo consiguió recordar el show. Lo que había pasado después no tenía ningún registro. Miró la cara bajo su cuerpo y no vio nada, estaba demasiado oscuro. Colocó atención a lo que ella decía, pero no entendió ni una sola palabra. ¿Sería extranjera? ¿O una extraterrestre?

Todavía estaba muy ebrio. Hizo un esfuerzo para tratar de recordar cualquier cosa… pero nada, no se le ocurría ninguna imagen. Simplemente no sabía con quien estaba teniendo relaciones en aquella cama. Que mierda.

El sudor resvalaba por la piel, pegando su cuerpo al de la mujer anónima. El goce no venía y ya no tenía fuerzas para seguir por más tiempo. Para completar, alguien había puesto a tocar bien cerca una música barata cualquiera, aé, aé, ó, ó. Pensó en levantarse y encender el ventilador. Pensó en gritar para que bajaran el volumen de aquella música insoportable. No. Todo lo que necesitaba era terminar rápido con aquello, volver a la posada y caer en su cama. Extinguirse.

Cerró los ojos para concentrarse y olvidar el calor, la música, la mujer sin cara. Pero en seguida los abrió otra vez, pues toda la habitación giró. No, vomitar ahora no…

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El Irresistible Encanto de la Insania

CAPÍTULOS

prólogo – 1 -2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


The Irresistible Charm of Insanitity 4

13/03/2020

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The Irresistible Charm of Insanity

Ricardo Kelmer – Novel – Miragem Editorial 2019
Translation: Luciano Espírito Santo

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Luca is a musician who likes to have control of everything in his life. He becomes involved with Isadora, a Taoist wanderer who believes he is the reincarnation of her master and lover from the 16th century. He will embark on a strange and adventurous journey that blurs the boundaries of sanity and madness, dream and reality, only to find that he has to figure out his true identity before he deserves the woman he loves.

In this unusual love story that takes place simultaneously in Spain in the 16th century and Brazil in the 21st century, flashes of déjà-vu (the feeling that you have witnessed or experienced a situation previously) are time portals through which we come in contact with past lives.

Blues, sex and double shots of whiskey. Dreams, mystical experiences, and secret societies. Funny and exciting, The Irresistible Charm of Insanity explores the intriguing possibilities of time, space, life and whatever it is that we may call “self.”
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> Amazon (kindle) english/portuguese/spanish

> In portuguese – blog 

> In spanish – blog (soon)

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CHAPTER 10

“Who are you?”

Luca stared at the strange figure standing in front of him.

“An old friend, don’t you remember me?”

The voice sounded familiar.

“This cave… I’ve been here before…”

He looked around trying to recognize the place.

“How are things going?”

“Pretty bad”, he answered, with a deep sigh. He was very tired.

“I see you don’t want to go back out there. But you have to.”

“Is this real? Or am I dreaming?”

“What isn’t real, Vehdvar?”

Vehdvar… He knew that name.

“I remember… you are…”

“Ihlishhhhhh…”

He fixed his gaze and saw the huge cobra, its brownish skin and glistening, geometrically perfect scales. The serpent raised part of its body and filled its lungs, inflating its neck. Then it opened its mouth and flashed its sharp fangs. He wasn’t afraid.

Naja Hannah, King Cobra…”, he whispered, recalling ancient words.

“Well, well, well! Only the old serpent could cheer you up…” It slithered its way to the rock and coiled around its own body to be next to him.

“I’m a failure, Ihlish.”

“What about Isadora?”

“Isadora is crazy.”

“Love and hate… After so many centuries, they still won’t go apart.”

“Let me die in peace, Ihlish.”

“The lady in white really cast a spell on you, didn’t she? But before you run to her arms, look at this.”

He turned to the dark lake and saw ripples in the water. Little by little, a scene began to form on the surface… From a ship’s quarterdeck, a man watched the ocean. Luca immediately knew his name: Enrique. He had aged, his hair completely gray… Luca felt something strange, like seeing a very dear person again after a long time. But it was so much more than that, he felt an affinity, a strong complicity that he couldn’t explain.

He had the instant knowledge that Enrique was at the end of his life and many years had passed since his departure from a port in Barcelona, in a misty morning, to never return. He knew many more things about his life: the Society of Jesus, the Order of the Guardian, the secret missions, the danger of the Inquisition… His work as a missionary had taken him to distant lands and put him into contact with different cultures. Most of his life had been spent on board ships, roaming through the seas. The Catalan sailors used to call him chamador de vientos because he knew how to chant and wave his hat to bring the winds they needed, and he was sought by people who wanted his blessing and protection of their vessels with sprigs of rosemary on Saint Elmo’s day. He had a sad look on his face, and people used to say it was because of an old love affair. When asked about it, he would recite the verses of March, the Catalan poet: Com se farâ que visca sens dolor tenint perdut lo bé que posseya?

The night, the Chinese sea, the tempest… Enrique was aboard the ship that rocked through giant waves. Earlier that night, a sailor had spotted the tragic caravel of the dead, the translucent vessel that carried the souls of missing persons, and this dreadful omen had stricken their hearts with the worst fears. Now, the sudden storm, the waves washing the deck, everything being violently tossed from side to side. They would have to abandon the ship.

The crew kept throwing lifeboats overboard, but the terror and chaos made the task all the more difficult. At one point, Enrique lost his balance and hit his face against the mast, opening a wound on his right side that soon started to bleed. He was almost knocked out, staggered for a second, and fell in the freezing water. Struggling desperately to emerge and breathe, there was nothing he could do against the masses of water that made him swallow even more water. His body started to freeze and his strength slipped away… When a lifeboat was approaching to rescue him, he drowned. And he disappeared.

Luca cried, still gazing at the dark lake waters. He knew that Enrique had given up when he could have struggled some more to save his life. He also knew that his final thought was on Catarina, the woman he had never forgotten after abandoning her at the port in Barcelona.

“So Isadora was right?”, Luca whispered, touching the scar on his face. “I was actually Enrique?”

“As much as anyone else”, the serpent answered.

“What do you mean?”

“Enrique’s life, like any other life including yours, can be accessed by anyone since all lives are interwoven in a deeper level through lived experiences, in one single life, one single self.”

“So there is no…”

“… reincarnation. It’s an illusion of the ego, which relates to the other life and assumes it is a memory because the ego exists in the linear time, where past, present and future happen sequentially.”

“And don’t they really?”

“Only to the ego. You and Enrique share a profound identification and your experiences intertwine through the centuries because, to the higher self, time is a network where past, present and future intersect at all points.

“So, all times occur…”

“… simultaneously. And all selves are all the others. That’s why any given life can be influenced by someone else’s life at any given time.”

“In that case, the past can be…”

“… changed. The same applies to present and future, since everything is always happening…”

“… now.”

“But only a profound change of the self can change time. Because, in all actuality, time is within…”

“… the self.”

The serpent moved…

“Everything happens in the mind, Vehdvar.”

… it crawled towards the lake…

“Change yourself and everything will change.”

… and it vanished again in the dark waters.                                                    

*     *     *

A beautiful woman in a white dress. She stood right in front of him and had an alluring look on her face…

“Must be a very beautiful woman to entice you like that…”

That voice… Luca turned around. He saw Isadora.

“What are you doing in my dream?”

“This is our dream.”

“Then it’s a nightmare.”

“I’m here to pick you up. Come on.”

“It’s too late, Isadora.”

“Why?”

“I’m tired, Isadora.”

“You have to try, Luca. You can’t give up.”

“I can and I have.”

“Try just a little more, please…”

He took a step forward towards the woman in white. It was her lap that he needed, her comprehension. He was tired of fighting, fighting life, fighting himself, fighting everything. He just wanted to fade out and never have to wake up again. Nothing else.

“Don’t look at her, Luca”, Isadora said. “Look at me.”

But he had made up his mind.

“Luca, do you hear me?”

He didn’t answer. He moved forward.

“Then I’m going with you.”

He turned to her, surprised.

“You wouldn’t do that.”

“I’m doing it.”

He felt Isadora’s firm grasp on his hand. Then the abyss materialized next to him. A dark, deep abyss whispering his name. If he were to jump into the darkness, he would forever lose control of his own life and everything, and become a helpless idiot in slavery to love. He would no longer be accepted in the Order, he would be kicked out from the band, the Inquisition would burn him at the stake, it would be the end…

The woman in white and his final resting, his never having to wake up again. The dark abyss and his surrendering of control. The two things were calling out his name…

“We are together, Luca…”, Isadora whispered.

And before she could say anything else, he jumped.

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CHAPTER 11

The first thing he saw was a dim, colorful light. He didn’t know where or when he was, but the colors brought him a vague joy, one that came from far, very far…

In another instant, he thought he had sensed a female presence, sweet and caring. He tried to speak, but it required so much effort that he passed out.

He finally opened his eyes. After a short while of confusion, he understood he was lying down face up with a white bed sheet covering his body… He was lying on a bed… in a hospital room… with an intravenous line attached to his arm… The half-opened window in front of him allowed the daylight to come in. Next to him, his mother napped on a chair.

“Mom, what day is today?”, he asked. Gloria almost fell off the chair, awakening from a shock.

“Luca!!!”

She hugged him with great emotion. Luca tried to remember what might have happened to him. But nothing would come to his mind.

“What happened?”

“My son, I’m so glad you…”

“Tell me, mom, what happened?”

“You had an accident, my son”, she answered, wiping a tear from her face. “But don’t think about it now.”

“Accident?…” He couldn’t remember any accident. “When?”

“You were in a coma for a month.”

He tried hard to remember anything at all, but he couldn’t. He insisted he wanted to know about the accident. His mother explained it: a car had crossed his way, a most violent crash, he was very lucky to be alive.

“I was alone?”

“Son, you’re very weak, you need to rest…”

She didn’t need to answer. He suddenly remembered Bebel, the weekend on the beach, her face, her sweet smile… Tears rolled down his face. He couldn’t speak anymore and fell asleep sobbing.

*     *     *

On the next day, he remembered other images… A Spanish woman named Catarina… a Portuguese Jesuit… Travels by ship… Everything was a mix of dream and reality, but the images touched him deeply. He felt like many things had happened to him while he was in the coma… Then he slept again.

The next time he woke up, he felt much better. Gloria confirmed the immediate deaths of Bebel and the baby in the accident, and explained that he had been rescued from the accident severely injured and later acquired pneumonia in the hospital, which threatened his life for several days, disheartening everyone, even the doctors. However, he had recovered suddenly, to great surprise.

“The boys from your band brought this cloth as a gift”, Celina told him, happy for having her brother back.

“I hung it on the window to shut off some of the light”, Gloria said. “One day, you opened your eyes, you saw the cloth and smiled. Then you fell asleep again. On that day, I knew you would be back.”

He looked at the cloth and recognized it. It was an old painting with the “Bluz Neon” words written in multiple colors and the five silhouettes of the band members playing. He missed his friends and wondered how they were doing. But there was something else on his mind.

“Does anyone know about Isadora?”, he asked, and had a shiver: maybe she was still waiting for him in that port?

No, nobody had heard from her, so Gloria had no information. Neither did Celina. He felt the sadness taking over his soul. Isadora… Where was she?

“Are you feeling well, brother?”, Celina asked.

“Yes. But I’d like to be alone for a while.”

“Are you sure?”

“Yes.”

“Okay. If you need anything, just call me.”

Celina gave him a hug and left with their mother, closing the door behind.

Luca turned on his side and made himself more comfortable on the bed. And closed his eyes. So was it all true? So Isadora was right? Had he been Enrique, the Portuguese sorcerer, Catarina’s master and lover? What an incredible thing… He hadn’t just remembered it, he had relived everything! Somehow, his soul went back to the 16th century during those weeks he had been in a coma and lived as Enrique. And lived all those emotions, feelings, fears, everything again…

“That’s amazing…”, he kept telling himself, ever more impressed. He finally understood that whole story about remembering another life. And how could he explain it? How? It felt just as real as remembering something that had happened a few years earlier. The clothing, the houses, speaking Portuguese, Spanish and Catalan… How could he feel and know so clearly something that he’d never truly lived? How? What about the contact with Catarina’s skin and her smell?…

Yes, he had been Enrique, a Portuguese man who lived disguised as a missionary of the Society of Jesus so he could be an apprentice in a secret order, the Order of the Guardian. An adventurer with multiple identities who lead his life with caution, secrecy and dissimulation. A religious conspirer and hardcore nationalist. An educated man, devoted to protecting the knowledge of his secret society at any cost, which had turned him into a silent enemy of the Catholic Inquisition. A man divided between his virtues and his vices, taking risks and experimenting with the mysteries. Also, a man who ran away from the most crucial confrontation of his life: his love for Catarina. For he flat out refused to give up the security afforded to him by the Society.

And he would carry the guilt of bailing out like an open wound for the rest of his life. And it was the reason why he had chosen to die in those frozen waters while he still had one last chance to live.

“Or was there another explanation?”, Luca thought, with the vague memory of a dream in which he seemed to figure out that… there was another possible explanation for the phenomenon of remembering another life. Yes, there seemed to be another explanation… Something to do with the self, the notion of individuality, something like that… He tried to remember it, but he couldn’t. Well, if there was another way of understanding what was going on with him, maybe he would find out about it later. Meanwhile, he only knew that he had somehow been in another time. And Isadora was there, too.

“Catarina, my love…”, Luca whispered, looking through the window into the distance. “I’m back.”

*     *     *

On his last night in the hospital, one week after waking up from the coma, it took a long time for Luca to fall asleep, still fixated on the recollections of Enrique’s life. The noisy carriages, the dust in his eyes, the smell of the breweries in Munich, the taste of pepper, ginger and cinnamon brought from India by ships as novel items… Shutting his eyes was all it took for him to experience it all again with great intensity.

Then he felt something like an idea that seemed to try to encroach… Drawing near… A strange idea coming from somewhere in the remotest outskirts of his mind… Then it came like a comet blazing through the heavens of thought and it seemed to light up the entire room: he was picking up from where Enrique had stopped. Yes, he was! The descent into the cave now would require that he confront the fear of losing control of his life. That was the next challenge that Enrique had sidestepped: to surrender control.

Luca marveled at the clarity of the newfound realization and took a deep breath, trying to contain his excitement. He finally understood that maybe Taoism had been presented to him through Isadora so he could reach the knowledge that had escaped Enrique. It seemed that a plan had been laid out for him. Was everything predetermined? By life itself?

Things were already out of control before the accident, and he was the only one who couldn’t tell. The setbacks, the minor incidents, the recurring illnesses, the conflicts with the band, the bad working environment, the loss of his car, Isadora’s departure and, finally, Bebel’s pregnancy. Life couldn’t have been more explicit. Still, he had failed to understand.

After thinking long and hard and identifying similarities between what had happened to Enrique and to himself, Luca slept with a smile on his face, feeling like being born again. On that same night, he dreamed about Isadora. A clear, powerful dream. He met her somewhere on the beach and she looked even more beautiful than usual.

“Where are you coming from, Isadora?”

“From four minutes into the future.”

“No”, he corrected her. “It’s been four hundred years.”

“We need to synchronize our watches, Luca.”

*     *     *

The bus began to move and Luca looked out the window. At the bus station, Junior, Ranieri, Balu and Ninon were waving goodbye and toasting with glasses and a bottle of whisky. Junior played one of the band’s songs on the guitar. He waved, too, with a swig of emotion stuck in his throat.

He got comfortable in his seat and took a deep breath. The city passed by slowly on the window and seemed to bid him farewell on every corner. A sudden fear sent shivers along his spine, fear for leaving everything behind and going down a path that he didn’t know where it lead. Like jumping into the abyss…

He opened the backpack and took the seashell he had been given by Isadora on the shores of Uruaú Lake, found a few days prior in a drawer after having forgotten about it entirely. He put the shell up against his ear and was lulled by the sound of the ocean…

Two months earlier, he had left the hospital with visible weight loss and multiple scars on his body, still quite debilitated. In a few days, he quit the band and the job, vacated the apartment, sold a few things and paid the restaurant bill. Then he bought the bus ticket. Gloria didn’t like that idea at all. Celina was afraid the impact from the accident might have affected her brother’s judgment. His band buddies couldn’t understand why he was giving up on a dream when he was so close to accomplishing it. But everything was clear to him, very clear.

He woke up in the middle of the night thinking of Bebel. He felt her presence and her glance, and could almost visualize her sweet face and candid smile. He remembered the loving and caring nights and her welcoming body. He remembered how hard she worked at the bar, her dreams of returning to college, the money she’d lent him… which he’d never paid back. He remembered her subtle disapproval of his self-destructive behavior. And he remembered how he even had wished he were Enrique just so he could get rid of her pregnancy. He wondered whether he could be somehow responsible for her death.

He reached for his pocket and took a picture that had been recovered from Bebel’s camera and her sister had given to him. In the picture, he hugged Bebel on the beach house terrace with the sunset in the background. What exactly had the meaning of that woman in his life been during those months? If she hadn’t been driving, would he have been supposed to die instead? Was it possible somehow that she had sacrificed her life to save his? Would he ever have the answers to those questions?

But Bebel was gone. And not even once did he ever tell her about how much he really loved her, how important she was for him, how beautiful she was. He had been so immersed in his own problems, so insulated in his self-absorption and his insane struggle against life… He hadn’t been worthy of her. And on the same day when he finally accepted the child they would have, she went away. They went away. Forever.

Deeply moved, he grabbed pen and paper and wrote on it, getting those feelings out of his chest:

Oh, this strange taste
Of the love that could’ve been
But never was
And it’s now forever over
The love that couldn’t grow
But still pretends to be
When I look over my shoulder

.

CHAPTER 12

“My name is Luca of the Neon Light and I play here at the Papirar every Friday and Saturday. I hope you enjoyed it. Thanks.”

Luca thanked for the applause, got up from the stool and turned off the sound. He put his guitar in the case and climbed down from the small wooden platform that served as a stage. Charles approached him.

“You were awesome tonight!”, Charles praised, hugging him. “You really made the audience go nuts!”

“Thank you.”

“I’m even thinking about giving you a raise.”

“No objection on my part.”

“You deserve it, kiddo. Now, take a seat because a moqueca is coming your way, just the way you like it.”

Luca sat at the table and pandiculated. The bar was packed, like on every weekend. Looking at the other tables, he recognized local residents of Pipa Beach who were regulars at the bar and spotted some new faces of Brazilian and foreign tourists. Charles was an ex-hippie in his sixties and owned the place. Solange, his wife, was his partner in the business. They had liked Luca’s musical style and hired him to play at their bar regularly.

Luca opened a bottle of water and drank it, quenching his thirst. “Nine months”, he thought. On the next day, it would be exactly nine months since he had recovered from the coma, and seven months since he had come to Tibau do Sul once again. Just him, two backpacks and the guitar. An irresistible impulse had brought him here. Deep down, he knew that this was the place where he should start over.

It was strange to revisit the place, those trees, the river, the birds singing in the morning… But he felt good, he felt at home. Once again, he took shelter in Ms. Zezé’s camping ground, and she remembered him very well. On the second week, however, she offered him to move into the hostel: he would give computer and guitar lessons to her two kids in exchange for the room, how about that? The room was small but it had a closet, a small desk, a fan, a window with curtains and a bathroom. Breakfast included. Luca didn’t think twice: they had a deal.

On the first morning in his new room, he got up and went to the bathroom. As he passed by the mirror, he stopped and looked at himself for a while. There was something strange about the look on his face… He looked harder, trying to find an answer. Yes, something was different, but he couldn’t quite tell what it was. He still had the same impression over the following days. There was definitely something strange, damn it! But what was it? He kept trying, but he couldn’t find it. Eventually, he gave up.

It was Ms. Zezé, always so caring, who had suggested that he look for a job in Pipa Beach. He did, he met Charles and Solange, and came back to the hostel with a job on that same day. Simple as that. He had now a regular job, a job he enjoyed, where he could play his favorite songs, including his own original works. And – what a relief! – he didn’t have to worry about rent and tenant meetings anymore. Or gas prices. And he could swim in the ocean every day.

Seven months on his own. At first, his seclusion was filled with persistent memories that would invariably bring him painful realizations. He had been going around wearing an old, rusty armor for a long time, he understood that very well now. An armor made of old ideas about life. Although it had protected him from certain dangers, it had also been preventing him from moving. And the masks, there were masks, too, those had been dropped one after another and revealed his true self with its many flaws. And there were the demons, many of them, leaping out of his closet at every moment, forcing him to recognize and confront them.

How could he have been wrong so many times, and insisted so much on going down a path that took him away from himself?

There had been days when he would desperately look for someone to talk, out of fear of his own thoughts. If it wasn’t for the company of Ms. Zezé and the classes with her kids, he might have lost his mind. He might have been committed to a mental hospital. But the long night was behind him.

“Here comes the moqueca, nice and hot!”

That was Charles coming back to his table, carrying some smoking hot earthenware.

“Did you know, tomorrow it will be nine months since I pulled through from the coma”, Luca mentioned while helping himself.

“Nine months? That means you will be born tomorrow, kiddo. Let’s have a beer to celebrate!”

*     *     *

His job at the Papirar Bar was really great and he got to meet many people and make good professional contacts every weekend. Thanks to one of those contacts, he would go to Natal and play in a concert hall once a month. He was making more than enough money to cover his expenses, so he soon could afford a new acoustic guitar and an imported speaker, something he had never had when he played with the band.

He was now living a simple, healthy life. He drank less, slept more and ate better. He had been swimming every day and had time to read many books. He kept in touch with his family and friends over the Internet, using Ms. Zezé’s computer. He’d soon get his own, but he could easily live without one for the time being. He had also been writing many songs, experimenting with other rhythms besides blues.

He didn’t know how long he was going to stay in Tibau do Sul and he didn’t know where he would go from there. He didn’t know what would be happening next, he didn’t know anything. He also didn’t know about anything before the accident, that much is true, but now he would no longer worry about any of that. He only knew to be doing what should be done, and that carefree conviction made him feel freer than ever.

As for women, his job at the bar allowed him to meet many, and he even went to bed with a few. But they would always return to their cities the next day and he would go on by himself.

He was alone, yes, but there was a certain woman who was always on his mind…

“Isadora, crazy woman, where are you now?”, he wondered every morning while walking on the beach. Maybe he was worthy of her by now, unlike Enrique in that distant morning at the port in Barcelona. Unlike himself, Luca, some time ago. Maybe he finally deserved her now. Or maybe he had squandered all the opportunities.

One day, he was absent-mindedly flicking through the pages of a magazine and saw the picture of a cobra… and suddenly he remembered. He remembered a strange dream… It felt like a long time ago… A mysterious dream, of an ancient, sacred, numinous atmosphere… The serpent was telling him about the nature of the self, the time, simultaneous lives…

“That’s it!”, he exclaimed, taken with sudden euphoria. That was the dream he had been trying to remember since he came back from the coma. And, thus, in the days that followed, the memory of that strange dream occupied his mind. The serpent, the confusing ideas about life and time… Those were far from orthodox ideas, of course, but they were provocative and he sensed that they were hiding profound and revealing things. Maybe one day they would make more sense.

*     *     *

Late afternoon plan: tripping by the sunset. Whenever he could, Luca would walk down the river bank to watch the sunset, feel the breeze on his face and enjoy the scent of the sea. And play music for the fresh water dolphins. As soon as he sat down by the river and played the first chords on the guitar, they came to the surface with their gray bodies, smooth rostrums, and smiling faces. They would come close and be attentive, and listen… Once in a while, one of them would suddenly jump out of the water, its agile body shining with the sunset light. Luca laughed happily: that was their funny way of applauding his art and saying that yes, freedom is just another word for nothing left to lose.

Playing for the dolphins gave him a wonderful feeling of being connected to Nature, a heartwarming sense of security, certainly the same kind of security that babies feel in their mother’s arms, he thought. It was, however, that same tremendous and mysterious Nature that had scared him so deeply on that particular morning at Uruaú Lake.

All alone, sitting by the river, he played his favorite songs and remembered… He remembered Gloria, who telephoned him frequently to know if her son was eating adequately and when he would return. He remembered the band, the fun they had rehearsing, the unforgettable performances. Since he left the band, Junior had become Bluz Neon’s new singer and Soninha’s boyfriend. But the couple quarreled so often it disrupted the work and divided the band. As a result, they didn’t record their CD and eventually disbanded. Junior and Soninha also broke up and now he tried to put a disco music band together while Soninha was dating Ranieri, the bass player.

Luca laughed, having fun at the memories and all kinds of trouble his buddies would get themselves into. Fate had determined that he would part ways with his friends, yes, but he confidently welcomed fate with open arms now, and being alive was suddenly a formidable and exciting thing. Months earlier, he had been floundering in the events as if trying desperately not to drown in water. He tried to take the helm of life as if it were even possible, unaware that all he had to do was to go along with its flow, the way he did now, like the boys who bodysurfed the waves in Tibau do Sul and thus tamed them rather than competing against them.

He looked back now and was amazed at how long he had roamed around blind and lost. He felt like he had escaped from hell, a kind of hell where he was rather burned by his fear of surrendering to life.

*     *     *

One morning, Luca woke up and went straight to the bathroom, as usual. Before coming out, he stopped by the sink to wash, looked in the mirror and saw his face. In an instant, he finally understood why he had thought that there was something strange about his reflection in the mirror every day. And laughed hard about it. His image in this mirror was whole, intact, quite different from the split image he had grown accustomed to seeing in the cracked mirror of his old apartment.

Luca touched the surface of the mirror as if caressing his own face. He was unfamiliar with seeing himself that way, whole, in one piece, looking like another person. He felt a sudden affection for that person in the mirror who stared at him, some kind of fondness made of understanding, compassion, love and forgiveness. Yes, that was him, of course, but at the same time, it was someone else, some other Luca…

Suddenly, he realized he was not outside the mirror – he was the one in the mirror. He was inside the mirror, staring at Luca on the outside. Then he understood that he, the one in the mirror, had always been there, looking every day at Luca on the outside and lamenting the fact that he didn’t really see him, that he could only see a fragmented Luca, broken in pieces, shattered in his own contradictions. He, the one inside the mirror, had always been the Luca who lived in that future time, that time of reunion with himself, the one who had tried every day to make Luca on the outside wake up from the dream and realize that he could interrupt the self-destruction cycle in which he had been stuck. The surface of the mirror was, every day, like a fine membrane separating two realities: in one, Luca died; in the other, he was born again and awaited himself.

Luca became aware that he was still looking at the mirror and laughed, without knowing why. He felt silly staring at himself as if he’d never seen himself before, and the more he thought about it, the sillier he felt and the funnier it all became. He soon was laughing himself to tears and then laughter turned into tears of joy, an unusual joy driven by the sudden conviction that yes, one really must die to reunite with oneself.

*     *     *

One day, chatting with Charles and Solange, Luca was told that they had I Ching cards. He immediately remembered that one time in the kitchen of his apartment in Fortaleza when Isadora consulted the oracle for him and wrote down the result in his appointment book.

He borrowed the book from them and looked the Receptive hexagram up. He read it and was shocked.

“In the fall, when the first frost falls, the power of darkness and cold begins to manifest. After the first clues, the signs of death will gradually multiply until the arrival of harsh winter and its ice. The same happens in life. Decadence appears, first hinted at by small signs, only to pile up until the advent of the final dissolution.”

He kept staring at those words, surprised at how they related to his own life. It was so obvious now! Darkness, cold, rigidity, decadence… the first clues… the signs of death… There couldn’t be more accurate words to summarize what had happened to him. And he had quite simply missed the message. How could he be so blind?

During weeks, he mulled over that message from the I Ching and its relation to the ideas about the concept of time that he had been entertaining lately. What would have happened, he wondered, if he had understood that message the first time he saw it? It certainly would have changed his future and, as a result, the painful future he lived subsequently would not have existed. However, it existed and it happened. So if he had understood the message, that would have altered a future that already happened, it would have changed what was now in the past.

“Wow… It’s possible to change the future”, Luca concluded, astonished at his finding. “And the past.”

*     *     *

On that cloudy morning there weren’t many seagulls frolicking in the skies of Tibau do Sul. Under a hut in a bar on the edge of the sea cliff, Luca breathed the sea breeze and watched an anchored boat… Nine months. On that day, exactly nine months had passed since he had woken from the coma. Luca laughed, remembering the night before at Papirar, when Charles told him that he was being born…

It was in this moment, like an urge, that the song wanted to come out. It didn’t just want to come out, it really had to. He grabbed his guitar quickly and… the song came out, slipping through his fingers and out of his mouth as if it had been ready somewhere inside him.

The wind in my hair
The dust on the road
In this inn I shall spend the night
Tomorrow, begin anew
Life is a dubious ride
But always takes me
Where I need to go

“Beautiful song… Is it new?”

That voice…

“It just came out”, he answered, interrupting the music.

She sat next to him, looking at the vast ocean ahead, the waves, the anchored boat… He turned slowly and looked at one side of her face: she looked so beautiful… Even more than in his dreams.

“Is this a dream?”, he asked.

The smell of her hair made him feel light…

“And what is not a dream, Luca?”

“Where are you coming from?”

“From Ms. Zezé’s hostel. She told me I would find you here.”

Luca laughed. A seagull flew by very near.

“You look beautiful.”

“And you look great… you look healthy.”

“How was your trip?”

“It was amazing, I spent a whole year travelling. Now I want to take a break.”

“In São Paulo?”

“Or here…”

She smiled, with her gaze fixed upon the sea. He smiled, too.

“By the way, have you found a definition for the Tao?”

“Oh…”, she laughed, remembering an old conversation. “Yes, I’ve finally found it.”

“Really? Then, tell me.”

“The Tao is what it is while it isn’t what it isn’t.”

They laughed and suddenly it felt like they were still talking at Ms. Zezé’s restaurant in that rainy afternoon.

“I had a car accident, did you know?”

“No. When?”

He told her about the car crash, his coma and recovery. Isadora listened with amazement. He also told her about Bebel.

“I failed, Isadora… I didn’t know how to take care of her.”

“You did what you could”, she comforted him, drying her own tears.

Luca took her in his arms and suddenly they had never been separated at all. Suddenly, no more than a year had passed since the last time they had been together. Suddenly, life regained its course naturally, flowing the way it should like a river running to the sea.

“Why did you come back here, Luca?”

He took a seashell out of his pocket.

“It whispered to me that I needed to fulfill my mission.”

“Mission?”

“Going back to you.”

She smiled and he continued:

“Like I should’ve done four hundred years ago.”

She looked at him, surprised.

“So did you… remember?”

“Yes.”

“I can’t believe it! Tell me, I want to know about it.”

“It happened when I was in a coma. But I don’t think ‘remember’ is the right word.”

“How come?”

“Well… I’ve been thinking about time, the notion of the self… Maybe I was not Enrique.”

“Why is that?”

“Maybe everybody has been Enrique. And maybe that time is still happening. It’s an alternative to the theory of reincarnation, something even more profound and a lot crazier.”

“Hum… The multi-dimensionality of existence.”

“Exactly!”

“What a coincidence, Luca… I read something about it recently and I was very curious. I think we have a million things to talk about.”

“Yes. But for the time being, I just want you to forgive me. Do you forgive me?”

“Why?”

“For running away.”

“Only if you forgive me for leaving you in such a difficult time.”

They both laughed. None of that mattered anymore.

“You set me free, Isadora. And I didn’t even know how stuck I was.”

“I was so afraid thinking that I had lost you forever, Luca… But I knew you were living at your own pace and I had to trust life.”

Isadora’s eyes… He saw that insanity was still there, beautiful and charming, a hazelnut abyss whispering his name. But he wasn’t afraid of it anymore.

“I think we can synchronize our watches now, Isadora.”

He pulled her into his arms and kissed her. And it felt as if Isadora’s taste had never left his mouth. And for the duration of an instant, time stopped long enough for past, present and future to align to the exact rhythm of their heartbeats.

He opened his eyes. She was staring at him with an expression of astonishment.

“Isadora… I have lived this before…”

They exchanged a vague look as if they were not there, as if trying to find something lost in the memory of time.

“Me too, Luca…”

“A déjà-vu…”

“But… we both at the same time?”

“Is that possible?”

“We already lived… this before…”

He hugged her for a long time, cuddling, deeply absorbed in the feeling of having lived that moment before… He closed his eyes and tried to remember when he had experienced that same situation, but all that came to his mind was the idea of spinning, spinning… As if in a circle, spinning, always coming back to the same place… spinning around in a circle, always coming back to the same spot, continuously…

The same spot, yes, but in another level – he understood suddenly. Another level! Because in reality, he was not in a circle, but in a spiral. Yes, a spiral where time is always spinning and returning to the same spot to be again, yes, to be again eternally… but in another level, in another way. Another way!

“What happened?”, she asked.

“I don’t know, I felt dizzy…”

“You haven’t been yourself lately.”

He pulled her by the hand and started running.

“Let’s get out of here… Quick!”

“But…”

“Come. This way.”

“Are you mad?”

“I should’ve gotten mad a long time ago.”

“What about the trip?”

“I’m not going anymore.”

“You’re not?!”

“Quiet. It’s a secret.”

He kept pulling her by the hand, running in the mist around the quay.

“But… Why did you change your mind?”

“Because my place is by your side.”

“But.. we were supposed to reunite soon.”

“No, we weren’t.”

“What do you mean?”

“I’ll explain that later. Come on, hurry.”

“What about the Society?”

“To hell with the Society!”

“No way!” She stopped dead in her tracks and released his hand. “Explain this change of heart right now.”

He stopped further ahead, panting, and came back. He clutched at her shoulders and spoke very quietly:

“There is a safer way for us to go to Brazil. But I’ll explain that later, I don’t want them to see me…”

“No, Enrique! I won’t move until you explain it!”

He took a deep breath. He looked around, worried that he might be seen there. Further back, under the fine mist, the ship was still anchored in the harbor, swaying with the waves, the sailors hoisting the sails. Soon, they would acknowledge his absence.

“I don’t know, Catarina… Something happened in that moment… All of a sudden, I…”

While he tried to find the right words, she looked him in the eyes firmly and suddenly she had memories of a strange time that never existed, a time of grief, madness and seclusion… A time where life was permanently twisting around itself without leaving the same spot, repeating itself a thousand times like the sad songs the women of her village used to sing when she was a little girl, songs about a woman who waits for her love, a beautiful love that got lost in time…

“Suddenly, I saw myself… No, I remembered myself…”, he continued, trying to find the right words. “I was lost… we were separated… I don’t know how to explain this.”

“Are we together now?”, she asked. “That’s all I need to know.”

“Yes, my love… We are together.”

He pulled her close and they kissed. And that kiss had a different taste, an irresistible taste of a first time. Then they held hands and ran until they disappeared at the end of the road. A new life was waiting for them in a new land. In a new time.

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The Irresistible Charm of Insanity

CHAPTERS

prologue – 1 – 2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


The Irresistible Charm of Insanitity 3

13/03/2020

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The Irresistible Charm of Insanity

Ricardo Kelmer – Novel – Miragem Editorial 2019
Translation: Luciano Espírito Santo

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Luca is a musician who likes to have control of everything in his life. He becomes involved with Isadora, a Taoist wanderer who believes he is the reincarnation of her master and lover from the 16th century. He will embark on a strange and adventurous journey that blurs the boundaries of sanity and madness, dream and reality, only to find that he has to figure out his true identity before he deserves the woman he loves.

In this unusual love story that takes place simultaneously in Spain in the 16th century and Brazil in the 21st century, flashes of déjà-vu (the feeling that you have witnessed or experienced a situation previously) are time portals through which we come in contact with past lives.

Blues, sex and double shots of whiskey. Dreams, mystical experiences, and secret societies. Funny and exciting, The Irresistible Charm of Insanity explores the intriguing possibilities of time, space, life and whatever it is that we may call “self.”
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> Amazon (kindle) english/portuguese/spanish

> In portuguese – blog 

> In spanish – blog (soon)

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CHAPTER 7

Papalégua was almost closing. All the chairs were piled upside down on the tables and the last survivors of the night were paying their tabs. Junior Rível received the two glasses of whiskey from the barman and put one of them on the counter, in front of his buddy. Then he gave him a pat on the back.

“This one’s on me. Have a drink, man.”

Luca grabbed the glass and stirred the ice for a long time, with a blank, opaque stare.

“You’ve been looking like a mourner for two weeks. I’ve never seen you in that state over a woman.”

Luca took a sip and put the glass back on the counter. He looked weary and bleak.

“You really like the Taoist girl, don’t you?”

“Yes.”

“I thought you’d said she was a nut case.”

“She is.”

“Are you sure you can’t get in touch with her?”

“She doesn’t have a mobile phone. She doesn’t access the Internet either.”

“And where is she now?”

“I don’t know. Some beach somewhere.”

“Maybe it was better that way, Luca. Think about it, it was a doomed relationship from the get-go, with you guys living so far away from each other…”

“I invited her to move in with me, but she didn’t want to.”

“Of course not, she has a life of her own in São Paulo.”

“No, that wasn’t the reason.”

“What was it then?”

Luca had another swill and felt the alcohol scratching his throat, the ice cold pain reverberating at the bottom of his soul…

“It was because of some fucking stupid abyss.”

“What abyss?”

“I don’t know either.”

“You don’t?”

“I don’t. In fact, that’s the problem, man, I don’t know a fucking thing anymore. I feel like I’m standing in a dark forest and have no clue where I am.”

Junior looked at his friend and laughed.

“Ah, so that is your problem, is it? Then you need not worry, cause some hot chick will find you in no time.”

“I don’t want any hot chick. I want Isadora.”

“But you let her go! You didn’t even drive the poor girl to the bus station. Which, by the way, really wasn’t nice on your part.”

“That’s what I’m talking about. I don’t know who I am anymore. I’m no longer the guy I used to think I was. This whole affair with Isadora has made me jealous, insecure. Suddenly, I was being rude and aggressive, I couldn’t get ahold of myself, fucking shit.”

“Yeah, you’ve been acting cranky lately.”

“That’s right. You can tell I haven’t been my usual self. I mean, I always thought I wasn’t like that. But maybe I am and I’ve just become aware of it.”

“You’re a cool guy. Always been.”

“No, I’m not. A cool guy wouldn’t do what I did, wouldn’t treat a woman the way I did, especially when I like her. I’m not so sure I can still believe what I used to believe about myself anymore. Everything is out of place, man, everything.”

He looked inside his glass and for a second he felt that he was spinning along with the ice cubes, round and round, always coming back to the same spot, continuously…

“I think I’ve gone astray from myself.”

“It’s just a phase, you’ll get over it. Try to focus on your own life and everything will sort itself out soon.”

“My own life? I don’t know what life is about anymore, Junior. I used to know, didn’t I? I’ve always been the poet in the band, the guy who could convey everything through poetry. I had all the answers, didn’t I? But I don’t have them anymore. I don’t know jack shit anymore.”

Luca knocked back the rest of his whiskey and asked the barman to give him a full bottle to take home, and to charge it from his fee for the next gig.

“Don’t do that, man. You’re on the hook for two gigs already.”

“Another one won’t hurt.”

Luca took the bottle from the barman’s hands and signed the acknowledgement.

“I’m taking off, man”, he said, shaking his friend’s hand. “Thank you for your support.”

“We have a rehearsal tomorrow. Don’t miss it again.”

“Promise.”

“And stay away from windows, ok?”

Luca laughed ironically.

“Alright.”

“Also knives, box cutters and stuff like that.”

“I’m too coward to kill myself. Now, that is one thing I still know, that I’m a coward.”

Back home, he lay down on the couch with the bottle of whiskey next to him. He poured down a glass, proceeded to pluck the guitar gently while looking for random, melancholic melodies, and fell asleep without even finishing the glass.

Open your bedroom window
Out there on the street a sign is shining bright
The sign of our love glows red
So feel it, expand your mind, and fly with this tune
This is a neon light blues song
I wrote especially for you

*     *     *

One week later, Luca was told that Bebel had received a postcard from Isadora. He begged to see it and Bebel showed it to him. He read it voraciously, as if hungry to consume the words. Isadora had written that she was in Icaraí de Amontada, a beach on the westward coast, half way to Jericoacoara. She also said the trip had been uneventful and the beaches in that area were even more beautiful. She also hoped Bebel was fine. “Kisses, I loved meeting you, I miss you.” And that was it. Nothing else.

Luca read it again and again. There was nothing about him, not a word, nothing at all. It had been written as if he didn’t exist. As if he had never existed.

“You wish she were here, don’t you?”, Bebel asked, taking notice of his angst.

He didn’t answer. He just handed the postcard back to her and left.

Back home, at night, he kept rolling in bed and could not sleep. He only cared about seeing Isadora again. He needed to tell her how stupid he had been and that he was sorry for his attitude. That his heart was burning from her absence. That she was the woman of his life. That he couldn’t live without her. And that he needed to see her again, nothing else.

Very late in the night, he made up his mind: he would leave on Saturday morning. He would try to find her in Icaraí de Amontada, maybe she would still be there. There was no guarantee that such a gamble would pay off, but it had worked in Uruaú, why wouldn’t it work again?

“Have a little trust in life”, he reassured himself. “You would say so yourself, Isadora.”

On Saturday, he got up before dawn and was soon driving at high speed on the road to the westward coast, very eager to arrive. After some time, he noticed something wrong: the car was swerving to one side. He pulled over and saw what the problem was: he had a flat tire. He opened the trunk and found that the spare tire was flat, too. Shit, shit, holy shit, he cursed in anger at the two deflated tires.

He tried to remain calm and optimistic. Have trust in life. So he put Led Zeppelin to play on the car sound system, stood a few feet ahead of the car and kept his eyes on the road. He suddenly realized what an absurd situation he had put himself in, trying to hitchhike on a desert road so he could get to the nearest gas station to fix a tire, then return to the car and continue his trip to a beach where Isadora might not be anymore. Maybe that’s what they call the blues.

He spent a lot of time taking care of the flat tire and didn’t reach Icaraí de Amontada until after sunset. It took him three attempts to find the hostel where Isadora had had a few meals, but the manager informed him that she wasn’t there anymore; she had left for Jericoacoara five days prior. Luca felt the weight of discouragement on his shoulders. What should he do now? He thought for a while and told the manager he would stay and leave early in the morning.

“Love is a dangerous thing, Ma’am. A very dangerous thing.”

He took a shower, ate something and got cozy in a hammock in the hostel porch. The starry sky above reminded him of Tibau do Sul. The sound of the ocean nearby was relaxing, but it also made him feel lonely and vulnerable. When he thought he couldn’t stand Isadora’s absence any longer, he got up and went for a walk on the desert beach, and did not return until the first sunrays of Sunday were visible in the sky.

On Sunday morning, he left the old beetle in Jijoca and rode the back of a pickup truck that took tourists for a one-hour tour over the dunes and lakes along the way to Jericoacoara. It was a breathtaking landscape, untouched by progress, but Luca wasn’t paying any attention: as the vehicle made its way, he kept wringing his hands anxiously, hoping that Isadora would still be there. She had to be there. Ten minutes would be absolutely worth it.

He finally reached Jericoacoara and visited every hostel in search of Isadora. He also looked for her in the camping grounds and found nothing, not a single information about her. Walking on the streets and alleys, he felt like she would pop up in front of him any second, but it was never her. He searched the beach, the lake, the rock with a hole, the dunes, and found… nothing.

It was Sunday night and Luca refused to accept the outcome. He hadn’t even had a chance to swim in the ocean. He ate something, but didn’t really enjoy it. He felt weary and defeated. Suddenly, he snapped out of it all and realized how ridiculous he had been: Isadora was no longer interested in him; she had left him. Yes, that was it. He already knew it actually, but he had been acting as if he didn’t. No matter how hard he tried to find her, it was useless. She probably was with someone else right now, telling her weird stories about past lives and sharing her tent… He was making an ass of himself – that’s what he was doing.

He returned to Fortaleza totally consumed by frustration and anger. He arrived home on Monday morning, feeling exhausted and bringing a terrible cold that by next morning had turned into a major flu, forcing him to miss work for the next couple of days. Not only that, he had to cancel a gig.

Trust life. Yeah, right.

*     *     *

Luca returned to his old lifestyle: the endless nights in bars packed with women. If Isadora didn’t want him anymore, why should he put his life aside? Why keep his hopes high? Futile. Just as pointless as that mindless trip from beach to beach in search of a delusion.

The nightlife and its pubs and concerts could make someone dizzy with so much going on at the same time, but it was safe. His job as a print shop manager was boring and mind numbing, but it was safe. And going through a string of casual relationships could actually make him feel lonelier… but it was safer than risking serious commitments which, in the end, would bring nothing but disappointment and heartache.

He often went to the diner where Bebel worked as a waitress, to bitch and moan about his problems. They would talk and he would give her a ride home. One night, they were in his car, they kissed and Luca remembered… the future as foretold by Isadora! He interrupted the kiss and Bebel laid her head on his chest while he remembered what Isadora had predicted: he would be a pair with Bebel after Isadora went away. On the one hand, he actually wanted to be with Bebel because she made him feel good, but he would be fulfilling the prediction and that sounded like a defeat. He wouldn’t want to confirm Isadora’s prognosis. On the other hand, going against his own will and avoiding Bebel just to negate Isadora’s prediction would be… absurd. Maybe Isadora wanted to cause just that, the little rascal. Now what? What would his way be out of this dilemma?

Yeah, right, he thought while making up his mind: he would stick with Bebel. And Isadora could just go to hell along with her future.

“Luca, have you always been this tense?”, Bebel asked one night, right before they fell asleep.

“You fight with the weapons you have”, he answered bluntly, trying to sleep, trying not to think.

The last few days, he had been feeling like something was about to come out from within like a caged angry beast. He remembered a scene from Aliens, the movie in which the creature breaks out from the guts of an astronaut…

Fortunately, he had the band, it had a real manager now, and the gigs had been selling better and better. The night was always there, along with the next song and the next booze. And the women desired him, not a reincarnation from the past.

Now, there was also Bebel, who always welcomed him with longing warmth, even if they had been together the night before. She made no claims or demands, she just liked him. More and more frequently, he ran to Bebel’s arms and desperately tried to forget his real identity.

“Does Isadora ever write to you anymore?”, he asked one day, three months after that day he’d read the postcard. He tried to sound like he wasn’t really interested.

“No. Did she write to you?”

“She will never write to me again, Bebel. And that’s for the best.”

“What if she does? Should I tell her about us?”

“I think she should be informed.”

Bebel looked at Luca and he could see the silent question in her eyes: “You still like her a lot, don’t you?”

It was not an aggressive question, on the contrary. It seemed that she was trying to say, silently, in her own sweet way, that she knew what was going on and that she understood it. Or maybe she wasn’t. Maybe he was dreaming up those things and reading too much into Bebel’s eyes.

He was afraid that his eyes alone might be enough to provide an answer to the haunting question, so he looked away and kept staring at the ceiling for a few seconds. When he snapped back, the question wasn’t looming around anymore. Instead, there was the clear look of a woman who accepted him.

“Kiss me, Luca.”

And he did, secretly praying that her lips would make him forget, for a brief moment, that he didn’t deserve her.

*     *     *

Then came the accidents… First, little mishaps at home, like slipping in the bathroom or getting burned on the stove. Then the accidents became more serious. One day, he didn’t see a pothole on the sidewalk, tripped on it and injured his foot. One night, it got worse: he tried to jump a wall to get into an event without paying for admission, made a wrong move and got his hands pierced by nails. Price paid: two badly injured finger tips, hospital, external and internal stitches, and one month unable to play the guitar.

“Luca, perhaps you’re drinking too much?”

“Come on, Bebel”, he said, angrily. “Save your lecturing for another time!”

“I’m worried about you, all those accidents…”, she said, caressing the scar on his face.

“It’s a witch’s curse. It’ll go away.”

I just wanted you to know
That my nights are so lonely
And my heart gets so old without you
I pour one more drink
I look at the city
From the window only the city knows about me.

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CHAPTER 8

That month, Bluz Neon played in a festival in Recife and had good reviews in the media. Newspapers and magazines published articles about the bluesmen from Fortaleza, highlighting their technical quality, their combination of rhythms and ability to interact with the audience. After they performed in a major TV show, they got more invitations for live performances. The band was gradually building a name and acquiring prestige.

A few days later, the manager announced he had arranged a good sponsorship deal and they would start recording their album soon, and this time it would be top-quality recording in a first-class studio. That same night, they left the rehearsal, bought a bottle of Jack Daniel’s and went out to celebrate in an old, abandoned train station downtown. They sat on the tracks, got drunk and played their favorite blues songs, howling excitedly to the moon. Drunk and solemn, they made a toast to those they could remember and greeted the promising future.

Luca, however, was facing a tough dilemma. The doors were opening for the band, but his job would prevent him from traveling for more shows. Three years before that, the band had come to be as random fun on weekends, and now it was getting pretty serious. The time had come for him to make a decision, and he knew that. A future in the music industry laid before his feet, but he would have to be available for trips and other commitments, he would have to be more invested in it. They all had been dreaming about this for some time, and it was finally happening. But quitting his job was too risky. Sure, he didn’t like it, but it was a safe source of income to cover his monthly bills.

He couldn’t make up his mind. He postponed the answer once, twice, and just kept postponing the decision that the rest of the band was anxiously awaiting. Junior encouraged him to choose the band: they would have a great future, they would stick together and the band needed these two things. His mother, Gloria, recommended prudence and cautious evaluation of the situation. He was immersed for days in this dilemma feeling pressured by both sides, and either side had its own pair of sides to be taken into consideration…

First, it was Isadora asking him to give up his comfort zone and follow her. Now, his band demanded that he give up his job security. Stepping out of his comfort zone to live a love affair, quitting his job to live off music… Life seemed to be playing a game pitting him against the worst decisions he could possibly face. And he still couldn’t make up his mind. He didn’t know what he wanted anymore. He didn’t know who he was amidst his multiple contradictions, which had been growing increasingly bothersome to him. He knew nothing anymore.

Then one night, he left a snack bar with Bebel and couldn’t find his Beetle: the car had been stolen. He felt absolutely desperate, it was unbelievable. He filed a report with the police, put an ad on the newspaper, searched junkyards, but found nothing, not even a hint. Sadly, the car had no insurance.

That was a rough blow. Three months earlier, he had almost lost his fingers in a stupid accident. Now, he had just lost his car and couldn’t afford a new one. And there was the constant pressure from the need to make a decision regarding his future in the band. To make matters worse, he had a persistent cold, which put a serious hamper on his live performances.

A few days later, a surprise: Isadora called. Luca answered the phone, heard her voice and didn’t know what to do. He considered hanging up, but sat down on the couch, anxiously.

“Hi, Isadora”, he answered, trying to hide his feelings. Six months had passed since she’d left him. For six months, he had been struggling every day to forget her.

She told him she was in São Paulo and wanted to know how he was doing. He wanted to tell her about all the hardships he had been enduring, but then he realized that she already knew about it somehow.

“Everything here is, erm… under control”, he answered. “What about you?”

“Luca, I just called to say I’m leaving. I’m going on a trip again.”

“Where to?”

“I haven’t decided yet. But I’m leaving next week.”

He suspected she was trying to hint at something to him.

“You… Are you inviting me?”, he asked, and suddenly realized he didn’t know what answer he wanted to hear.

“I’m just telling you that I’m going on a trip. I don’t know when I’ll be back.”

He remembered that night at the party: “We are together…” He felt the importance of the moment in the air, the tension that floats around a decision. Quit everything and follow Isadora… In the awkward silence, he tried to remember every detail that was involved in such a decision: his job at the printing shop, the band making progress, recording the album, Bebel…

“How are you going to make ends meet?”, he asked, but he knew what the answer would be:

“There’s always a way, isn’t there?”

He wanted to ask if she had saved enough money, but that would have been another stupid question. It was as though he wanted to discourage her because he lacked the same courage. Why wouldn’t he just say “yes” to her? He remembered the night when Soninha came into the dressing room after the show in her iconic black boots. He had the exact same feeling now, his entire future hinging on his very next choice, his entire life depending on his next decision…

“Good luck, Isadora.”

“Likewise, Luca.”

Why wouldn’t he say yes?

“How is Bebel?”

He didn’t expect that question. Did she know they were a couple? Or she was just probing?

“Who?”

“Bebel. Is she alright?”

Maybe that question was intended to establish that she approved of his relationship with Bebel, that she accepted it and wasn’t upset about it. That could be her way of locking up that door and throwing away the key. For good.

“She is fine.”

“Tell her I sent her a kiss.”

He felt his heart ache… He might be losing the love of his life forever and ever right there, at that exact moment. Why wouldn’t he react? Why wouldn’t he push past the inertia and finally say yes, he would give up his comfort zone and leave with her to live the craziness of that love to the fullest?

“Bye, Luca.”

He closed his eyes as if he could see better in the dark. But he was overcome with the unsettling feeling that he was falling, and falling… He opened his eyes and held on to the couch. No, he couldn’t leave everything behind.

“I can’t…”

He heard the sound of her phone hanging up and gulped. He stayed there, sitting on the couch with the phone still held to his ear, his voice still echoing like a scream fading into an abyss.

I can’t… I can’t…

She got up early and split
Went after a bigger dream
Left me a longing kiss
And this city around me

*     *     *

It was a rehearsal night. Luca changed his clothes, looked at the cracked mirror in the bathroom and saw his reflected image with a swollen face, tired look, sunken eyes… He felt like punching the mirror. He had been feeling irritated very often. He needed to calm down. He went to the kitchen, grabbed a bottle of whiskey and poured a glass. He drank it all in one swill, grabbed his backpack and left for the recording studio. On the way to the bus stop, he stopped by the drugstore to buy some medication for the acute headache that had been torturing him for the last few days.

After the rehearsal, Bebel paid a surprise visit. She was anxious to talk to him. He said good-bye to his friends and left with her, to a small park nearby. They sat on a bench and she immediately broke the bad news: she was pregnant.

“I’m so sorry, Luca…” She stuttered nervously. “I don’t know how it happened, I was careful, I swear…”

He couldn’t believe what he had just heard.

“This can’t be true, Bebel.”

That couldn’t be happening. Bebel expecting his child. It couldn’t be true. She said the test had been positive and she had been pregnant for more than two months…

He got up, pulled Bebel by her arm and took her to a more secluded area. He put her up against a tree and stuck his finger to her face while telling her that he was not sure he was the baby’s father, and if he really was the father, it was her fault for not taking precautions. And she was on her own because he had nothing to do with her reckless behavior and he had too many problems to mind already.

Bebel tried to explain that he had been her only partner over the last few months, but she quickly broke into tears and could not say anything anymore. She tried to hug him, but Luca pushed her away, turned around and left, towards the bus stop on another street.

He got home and couldn’t sleep. Life had definitely been pulling dirty tricks on him. He felt like he was riding a boat that had new holes in the hull all the time and he didn’t have enough hands to plug them all. He had been under pressure from his buddies and the manager to make a decision for one month, and he still couldn’t make up his mind. His car had been stolen so he’d suddenly found himself out of the only asset he had. He couldn’t focus on his work and had been severely reprimanded by his boss. The woman he loved had left and now Bebel was expecting his child. His child. That didn’t seem real. Life had turned into a nightmare and he couldn’t manage to wake up.

He met Bebel at the snack bar the following night. He waited until she got off work and took her to his apartment. He apologized for his behavior. He was remorseful. Bebel hugged him and cried in his arms.

“About this pregnancy… We are going to interrupt it, right?”, he asked.

She kept crying with her arms around his neck.

“Bebel, we can’t afford to raise this child!” He was losing his patience, and she started to cry again. He took deep breaths. “Bebel, listen, please. It was an accident, do you understand? This child is not welcome.”

“It is welcome for me, you can be sure of that!”

Now, that was really bad news. She wanted the child.

“Bebel, there is no way I can raise a child now.” He put effort into not losing control of his speech. He wanted to yell at her, to beat her up… To kill her.

“I’ll raise the baby on my own, don’t worry about that.”

It was definitely a nightmare, and a very scary one. The whole world was crumbling inside and outside of him and he couldn’t wake up in spite of his desperation. He tried to get a hold of himself. He offered her his most reasonable arguments. He would get a loan and pay for the abortion.

“I know you still love Isadora. But I don’t care. I want this baby.”

Luca sighed, feeling defeated. What would Isadora think? Would she think that the child was his ultimate move, some sort of comeback to her decision to leave, a counteroffensive? Had she predicted that child, too?

Bebel slept next to him while he scratched the scar on his face and thought about what options he still had. If reincarnation was a real thing and he had actually been Enrique… then he still ought to know how to operate some magic and take care of that problem in no time. But no, those things only existed in the troubled minds of loons such as Isadora. Reality was different, it was cruel and insensitive.

He fell asleep, wishing with all his might that something would happen, anything that would rid him of that bizarre nightmare. Anything. Before he went completely insane.

When Bebel was three months into her pregnancy, Luca borrowed a car from a friend and invited her to spend the weekend on a beach. She loved the idea. While on the porch of the beach house, he opened a bottle of rum and they took pictures of the sunset. Once again, Luca tried to convince her to have an abortion. And once again, Bebel didn’t accept his arguments. She looked at him and saw his fiery eyes, his rage ready to explode… Luca threw the glass against the wall, and glass shards spread all over the porch floor.

“This baby is a curse!”, he yelled, while grabbing the bottle and leaving.

He came back later with the bottle almost empty. He stopped in front of the bedroom door, groggily. He saw Bebel sleeping on the bed, under the sheet, in the penumbra. He walked in with a slow step. He kneeled down on the floor next to her and pulled the sheet out carefully, revealing her belly. He held a knife, closed his eyes and took a deep breath.

Minutes later, he was crying on the porch. He looked at the moon and begged pardon for being who he was. But the moon did not forgive him. The knife fell from his hand, the metal clatter echoing in the silence of the night. He kneeled down on the floor, powerless. He just wished he could disappear, nothing else, just disappear forever…

“Luca? Luca?” He heard the voice that came from somewhere… “Luca, what happened? What is that knife for? Are you alright?” Her voice like a torture, a knife cutting through the heart, slashing everything inside, tearing up his soul…

Bebel sat next to him, hugged him and they cried together. Then she took him inside and put him on the bed.

“I am a failure, Bebel…”, he babbled before falling asleep. “I don’t deserve you.”

“Sleep, my dear. Tomorrow is another day.”

*     *     *

On Sunday, he woke up feeling terrible from a major hangover. The last thing he could remember was some argument on the porch and a glass thrown against the wall. What had happened after that? Bebel calmed him down, saying that everything was fine. He apologized.

“You are not a loser, okay?”, she said, cupping his face in her hands. “And we will be very happy. The three of us.”

He hugged her and closed his eyes, trying not to think. But his thoughts had a will of their own. Inside that woman’s belly, his son or daughter was moving. The idea of becoming a father was absurd, but he had run out of the strength to fight it. He was exhausted like a warrior who had been fighting for days, weeks, months and… no longer knew the reason of the fight. What was he fighting, anyway?

Then, all of a sudden, he knew. Hugging Bebel’s belly, he suddenly realized he knew who his enemy was. In fact, he had known all along, just pretending to be fighting a thousand enemies who leaped from the shadows to attack him every day. He had no enemies but one, the one who would ambush him in the broken mirror in his bathroom every day.

How could he defeat the enemy when the enemy was himself, he thought. And how could he defeat himself when he no longer knew who he was? He felt he had come to a dead end. He had exhausted all possibilities, he had nowhere to go. Nothing mattered anymore. It was the end of it.

When it was time to return to Fortaleza, Luca was still drowsy and Bebel thought it was dangerous for him to drive. She demanded to drive, but he refused. She insisted on it and took the car keys:

“Trust me.”

Bebel started the car. He looked at her fondly and thought about how everything would be different without Isadora. What happened to things that never happened?

As they approached the city limits, Luca was distracted, almost dozing off when he saw a bright light shine suddenly from one side. But it all happened too fast. He just saw the light and felt a very powerful thud. Then he blacked out.

.

CHAPTER 9

The night would be decisive. The long-awaited initiation. Enrique knew he wouldn’t be admitted into the Order if he failed to reach the gallery and face the sneaky enemy that awaited him among the many shadows. He held his sword tight and advanced towards the dark lake, minding his steps on the damp stones of the cave.

The initiation trial was terribly dangerous. By conquering it, the initiated proved that they were brave enough to withstand the rigors of protecting the Order. It was more than dangerous, it was the supreme trial someone could possibly endure: the fearsome confrontation with the Guardian of the Knowledge. And no one would come out of said confrontation alive and sane – many survived but became irreparably mad – except those who possessed the necessary strength to overcome the most intimate terror that inhabited the darkness of their own soul.

Enrique heard a noise come from the murky waters of the lake and stopped, brandishing his sword. He stood still and waited, with sweat dripping down his face and his heart on the verge of bursting out with fear and expectation. He held his breath. The enemy was very close.

Then he sensed what might happen next, and the most profound panic leaped from the inner chambers of his soul like worms digging through the dirt. His knees trembled and he suddenly realized he was unable to confront what his thoughts were anticipating.

It emerged, and he heard its terrifying hissThe cobra glided in a slow, slithering motion and stopped right in front of him. It was gigantic. Ihlish, the Guardian – he knew its name as soon as he saw it. Its hiss was hypnotic, and it was also its name: Ihlisssshhhh… It arched its body and reared it slowly and continuously… Enrique saw its huge head hover inches away from his face and its neck swell on the sides. Then the cobra opened its mouth and exposed its lethal fangs…

He fell down on his knees, powerless, paralyzed with terror. He quickly realized how insignificant he was before that animal. He thought he was strong. He thought he knew the forces of life. But now he saw he was nothing, absolutely nothing, nothing at all…

The sword slipped from his hand and fell on the ground, the metallic sound ricocheting on the cave walls. The serpent was his own guardian of the Knowledge, the one he was supposed to defeat if he wanted to remain a member of the Order. But how could he? He was paralyzed.

The serpent pulled its head back and he knew, for a second, that he still could run away. He could withdraw. Yes, he was allowed to give up, like everybody else. He could turn around and return, and avoid that nightmare.

It was too late. The serpent pounced, lightning fast. The next thing he knew, he was being swallowed, screaming and kicking and writhing. First, his head, then his torso and his legs. The contact with the serpent’s entrails was nauseating. He desperately tried to breathe when he heard the sound of his own bones being crushed. There couldn’t be a worse nightmare, but it was really happening.

His whole body slipped down the serpent’s throat and he felt the contractions push him further inside. He gradually lost control of his body. Eventually, he could not breathe anymore. His organs had stopped functioning. He exhaled for the last time.

When he woke up, he was lying down naked on a rocky surface by the lake. The cave was in complete silence and didn’t seem so dark and mysterious anymore. He stood up and noticed that his body was in one piece and had no wounds. He was alive! A little tired, sure, but still alive.

He understood he that had won, he had passed the great test. It was so unbelievable it didn’t seem real. But it was real indeed, and now, out there, a new world was waiting for him, a world that no longer could thwart him because he possessed… the Knowledge.

Then a word came to his mind: Vehdvar. The name had a magical ring to it, it was utterly numinous, as if it had always existed. It was his name, he had always been Vehdvar, and he finally realized it. And he knew that only the strongest were worthy of carrying the Guardian’s sacred name along with their own. For that reason, his name was henceforth Ihlish Vehdvar, a name he would never remember outside the cave, but which belonged to him exclusively and no one except Ihlish and himself knew and could pronounce.

Aware of the graveness of the moment, Enrique turned to the dark lake where the serpent slept in the bottom, he kneeled down, bowed until his head touched the ground and uttered in full reverence:

“Naja Hannah, King Cobra…”

At this moment, the lake water rippled. He prepared himself for the return of the serpent, but what he saw on the surface was the image of a… woman. The image was diffuse so he could not discern anything more than the features of a face, of a woman he didn’t recognize… But he understood it immediately. He was to find that woman wherever she was and turn her into his disciple. That was his next mission.

*     *     *

In that morning, the Valencia fair was crowded as usual. Local merchants and merchants from other cities had their products on display and were intent on the possibility of going back home with many coins tinkling in their purses. On the north side of the fair, young fellows performed on the stage, brandishing wooden swords and telling the story of how El Cid had been ambushed and fought bravely against seven moors who wanted to slain him, regularly shared the spoils of his battles with his vassals so they would share his wealth, and deceived the Jews when he pretended to pay the loan he had taken to assemble an army during his exile with a chest he claimed to be full of silver and gold, but, in reality, contained only sand…

Enrique laughed. El Cid was indeed a hero to these folks and they never got tired of praising his deeds. However, he wished they would rather chronicle the less discreet deeds of Philip’s sister, Margaret, a woman so luscious she ended up killing her husband, Prince John. Or how Joanna was so jealous of Philip she would pull her hair out and lose her mind, and eventually became Joanna, the Mad. Every inside story of the royal palace was more interesting than the bellicose antics of the legendary El Cid…

The next day, he would return to Barcelona and board a ship to Goa, in India, with other Jesuits. He had been in Valencia on a secret mission, offering his support to his Castilian Jewish friends who planned to leave Spain and go to Greece, home to many Jewish families that had been expelled from the country after the rendition of Granada. Once there, they would be able to practice their religion freely and uphold the traditions of Castile, land of their ancestors. In Spain, fearing the Inquisition, they were still forced to pass for Christian converts, always apprehensive about the Christians, who saw them as ambushed traitors and, sooner or later, would come up with an excuse to accuse them.

He bid farewell to his friends, leaving them under the care of a German missionary who would regularly manage Jewish escapes. The Spanish seas were infested with Turks and plenty of caution was advised. They would sail to Greece, where they could practice their religion freely, Dios os mantenga. In retribution for his favors, he had been given an ancient, precious cabalistic manuscript, which he had been after for a long time, but had to be very well hidden on account of rampant mistrust over the relationship between Jesuits and Jews. Feeling satisfied with the success of the plan, he decided to relax and enjoy the fair a little.

What about the Spaniards? Oh, well, they were quite disheartened over the defeat of their Invincible Armada to England! They no longer displayed the arrogance they used to when they claimed to be the saviors of Catholicism against the Protestant Reformation. “Serves them right!”, he thought, feeling avenged. Maybe that would put a damper on the arrogance of those people who ruled over his beloved Portugal and thought of themselves as owners of the world…

But, anyway, he shouldn’t wish any ill upon his Spanish neighbors. He had many friends there, and Portugal would certainly know to resume its course to independence and glory in the right time.

Just when he was having fun listening to the tale of how the Jews had kidnapped a little child and, aiming to improve the touch of realism in staging the Passion of the Lord, they nailed Him to a cross, Enrique sensed a presence… A tingling sensation overwhelmed his thoughts. And he saw her on the other side of the fair. There she was.

He walked towards her slowly while the lively, carefree young woman was buying Indian silk. It had to be her, the woman whose face Ihlish had revealed to him in the cave years ago. The woman who was destined to become his disciple and help him keep the secret knowledge of the Order. It had to be her.

He watched her intently. Her youthful beauty, her neat hair combed in modern fashion, her wandering eyes, her contrived manners of aristocratic pretense… Enrique smiled. Going by the images of her that Ihlish had shown him in the cave, he’d never guess she was so… so interesting as she was in person.

He moved closer and could almost touch her. The scent of her hair made him feel light… And her skin was not too pale. Maybe she was of Moorish ancestry? Her clothes and her manners were visibly aristocratic, no doubt, but her hands evidenced that she might have been subjected to rural labor. He noticed she was married. And she eyed certain young men just long enough so she wouldn’t get caught. A lot like many other ladies did… but it seemed obvious to him that she wasn’t very satisfied with her marriage.

She watched the troubadours absentmindedly when she sensed something and turned around. And her glance met his. And time stood still for an instant, long enough for the past, present and future to align in the precise rhythm of their heartbeats.

*     *     *

From afar and up high he spotted the walls and the towers: Munich emerged ahead while the Isar River at the eastern side flowed silently under the darkness of the night. As he came nearer, he could see the pair of moats that surrounded the city and the twin towers of the church of Our Lady, then the winding roads and their wine cellars and breweries that hosted the razzle-dazzle of the heavy-drinking crowd. And, finally, the dwelling he had been looking for.

It was a two-story house with projecting window ledges and shed roof. Like the others, it sat squeezed among the other units. She was there, he knew it. As he came nearer, he could feel her presence increasingly stronger and stronger…

“My Enrique…”, she whispered asleep in her bed.

“Right on time, my Catarina…”, he answered, taking his hat off in chivalrous fashion. Then he sang: “Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan…

He told her he would like to show her a place. “What place”, she wanted to know. “A paradise”, he answered. And he asked her to close her eyes. She did, and when she opened them again, she saw what her eyes had never seen before. An amazing landscape laid out in front of her: a forest with velvety water rivers flowing like a sweet melody among blue trees, surrounded by shining, crystalline lakes and waterfalls releasing translucent bubbly butterflies. Catarina was taken by surprise with the butterflies fluttering around her, all half-human and playful. When she touched one of them, it burst like a bubble.

“I thought they were alive…”, she whispered, surprised.

“But they are.” He laughed. “They are playing with you.”

She laid down in the soft bluish grass and he laid down on top of her. And she felt like the most blessed woman in the whole world for being there with that man who knew how to guide her in the most stunning and pleasant dreams that could ever exist.

*     *     *

Years before, when he landed in Goa for the first time after sailing for ten months and put his left foot first on land according to Catalan sailors’ tradition, the July monsoons were blowing hard, which made the strong Indian heat more tolerable. Enrique took a deep breath of the air in that strange place and had a feeling that something very important had brought him there, something still unknown, and that joining the Society had been a good move indeed after all.

The Society of Jesus sent its evangelists around the world, ad majorem Dei gloriam, and Goa, on the west coast of India, had become a major center for Jesuitical studies. With missionaries from so many countries, it was not difficult for one to get acquainted and learn many other things in addition to the official studies of the Society.

That was how he met those who initiated him in the Order of the Guardian, an occultist fraternity of men and women from multiple creeds and nationalities that maintained a secret information network spread throughout various countries and exerted influence on political and religious decisions. Its members employed altered states of consciousness to achieve visions and control dreams.

The Order’s origins dated back to the ancient beliefs of northern Italy peasants, who claimed that their spirits could leave their bodies to hunt witches at night. Since it always happened early in the seasons while the peasants were fasting for three days, they eventually understood it was fasting that gave them such lucid dreams, so the practice was introduced to the meditation rites of the Order. In a more advanced stage, the meditation would lead to the cave where the confrontation with the Guardian of the Knowledge took place, and it manifested itself in different ways according to each individual’s most intimate fear. The Guardian would then bestow special powers upon those who came out victorious so they could search even further into the mysteries. Little by little, the Order of the Guardian got a foothold among practitioners of many religions and it was in India, in Goa specifically, that it crept into the Society founded by Ignatius Loyola and enticed a number of Jesuits.

It was in Goa that Enrique had the vision of the dreadful Battle of Alcácer Quibir and saw the mighty allied Turkish army in Algiers. There, he saw Don Sebastian, king of Portugal, with his foolish delusions of predestination, marching gloriously to his tragic defeat. He even tried to intervene, for he knew that would be the end of the dream of the great Portuguese empire, but to no avail. Don Sebastian was a fool who wouldn’t pay heed to the advice of his fellow countrymen even in his dreams. His sad fate was sealed.

Sure enough, the king’s death left the Portuguese throne vacant and Philip II of Spain was sworn in. Henceforth, Portugal would submit to Spanish rule thanks to the megalomaniacal king. Although it’s true that Don Sebastian had supporters who advocated a Portuguese empire in Africa, closer and cheaper than India, Enrique knew from his visions that warfare in Africa would be fruitless. But they wouldn’t listen to him. Now, absurd rumors were spreading everywhere that Don Sebastian was alive, miraculously alive, and would be back anytime to reorganize his army and lead bravely the Lusitanian vocation to glory… Baloney!

It was the end of the century and it was still profitable for the Portuguese trade elite to maintain their partnership with Spain, so many agreed with their subjection to the Spanish throne.

“Greedy bastards!” He was incensed. “Putting themselves first and above their own country!”

The Guardian of the Knowledge awaited all the members of the Order in its dark cave. Those defeated in their match with the Guardian returned in a deranged state and were invariably sent to asylums. The initiated counted on that to protect their secret, but some of those who had been defeated would emerge from the depths of their madness and misery from time to time, screaming things that made no sense to doctors but raised suspicion among religious authorities. For this reason, the initiated engaged in the practice of slaying anyone who failed to return from the cave with their sanity intact.

Executions, however, were risky, especially when the targets held prominent positions or were members of the Church. Also, secret connections of the European members with Jews, Arabs and pagans began to surface. The Order was threatened. The merciless Inquisition had been tightening the siege.

*     *     *

She arrived and scurried into the carriage. Enrique greeted her with a long kiss.

“Go!”, he ordered the coachman. Then he turned to her: “Take off your clothes, Catarina, and put these on.”

She complied and changed into a black hooded cloak. The carriage rode into the dark of the desert road for a long time before it stopped. He told the coachman that they would proceed on foot and instructed him to wait for them, they would be back before dawn. He took her by the hand and told her not to say another word until it was all over. They climbed the hillside cautiously. From the top, they could see the beach shrouded in the darkness of the moonless night.

“They are on that side.” He pointed in the direction of a distant bonfire. “They also brought their female disciples to be initiated.”

They went down the slope and walked on the beach sand. There was no wind. The only sound in the air was the gentle rumble of the waves. The rest of the party, eleven in all, was standing around the bonfire. She tightened her grip around his hand, trembling with fear.

“Stay calm”, he whispered, trying to soothe her. “There’s nothing to be afraid of.”

They approached the group and she noticed that the others were also wearing black hooded cloaks that hid their faces. They all greeted with a slight nod and hung their heads down in concentration.

The chalice was passed around and she took three sips of the bitter concoction, like the others did. The first words of the ritual were then uttered. The wind blew and the bonfire flames rose. The words were chanted continuously like a mantra, feeding the fire and protecting it from the increasingly stronger wind.

Enrique soon noticed that Catarina’s body was swinging back and forth slowly. He saw her come down to her knees silently, bend over and writhe on herself. She stood up suddenly and disrobed. Then she started to dance completely naked, swaying her body slowly and graciously while the flames cast light on her hair and seemed to dance on the surface of her body.

Surprised by the sudden exposure of Catarina’s body, the men and women around her did nothing but watch and admire it. Enrique wanted to stop his disciple’s dance so the ritual could proceed as intended, but he was so awestruck by the sight that he could not move.

The wind blew harder and rain came down. While thunder boomed and lightning bolts crisscrossed the night sky, Catarina spread her arms to receive the first raindrops. Then she turned around and ran away and vanished in the darkness.

After some time, she still hadn’t come back so Enrique decided to go after her. But the beach now was deeply dark and there wasn’t much he could see. The rain became a storm and he struggled to keep his balance in the wind. He called her name at the top of his lungs, but he could barely hear himself over the sound of waves, wind and thunder. During these moments, he had the impression, so clear, so accurate, of having lived that moment before, that same situation, that same sudden fear of losing her… Where had he previously lived the same situation, the same rain, the same desperate chase? In what distant time and place? When? Where?

Finally, he found her. She was spinning naked with opened arms and her body glowed under the flashes of lightning. He felt relieved and hugged her, he kissed her saline mouth and they fell on the sand.

“Come on. We will both catch a cold”, he said, getting up. But she pulled him back closer to her naked body.

“Forget it for one moment that you could get sick.”

*     *     *

“My husband knows!”, she exclaimed while hugging him, frightened.

“How?”

“I don’t know! I’m scared, Enrique!”

“Stay calm. I’ll meet him tonight.”

At night, he used the dreams, confirmed everything and realized that they were in serious trouble. A cheated husband was always a danger, but a husband with so much influence and close relations with the ducal council was invincible. Staying in the Jesuit college in Munich was a tremendous risk, so he would have to leave the city immediately. They would go to Barcelona, where they could hide away until they found a safe place.

However… there was a problem. To live with Catarina, he would have to leave the Society. And the Society of Jesus was his perfect disguise, his safe conduct, his greatest safety. It’s what secured him trips, resources, money, women… Power.

He felt caught in a terrible dilemma. It was like standing on the edge of an abyss. Behind him, his troubles pressured him forward; before him, lay the toughest decision of his life.

*     *     *

The ship sailed away and took the route to Gibraltar cliffs, the gate to the vast oceanic waters. The port of Barcelona was left behind further and further away until Catarina’s figure finally vanished in the mist. He would secretly disembark in Portugal, where he would summon up his best contacts in the Court and, within one month, he would meet her again. Then they would run away to Brazil, the new southern land, where they would be able to live in peace. It was a perfect plan.

But he didn’t disembark in Lisbon. He went straight to Goa, in India. He didn’t return for the meeting. He couldn’t leave the Society for a woman. He couldn’t. Even if it was the woman he loved.

Feelings couldn’t change the world. What really changes the world is action – he had no doubt about it. And the current world events needed the Order so they would be consummated according to plan. The invincible Spanish Armada had been defeated by England. A crazy Polish man called Copernicus had published a book in which he claimed that the Earth revolved around the Sun, and other crazy people believed in it. The Lutheran Reformation had been a triumph and the Church had been trying, with Sixtus V, to put some order in the Papal States. The English and the Dutch were taking control of the route to the East, the same seven thousand miles that were so valuable to Portugal. More and more, the world needed him and the Order’s Initiated. And he had to be prepared for the conflicts that lay ahead.

“No, Vehdvar, you proved that you are not”, the Guardian told him one night in the cave, when the ship had already sailed past Cape Bojador. “You failed.”

“But…”

“Obsession with control is the ultimate danger in the way of the Initiated in the Order. It’s the final trap. The only ones who escape it are, ironically, those who eschew…”

“… the Order.”

Yes, he knew about members who had left the Order. But he always thought that the main reason for that had been fear of getting caught by the Inquisition. Yet, he couldn’t understand it…

“I can’t give up. The world needs us!”

“You are merely postponing the moment, Vehdvar. You are walking in circles, going round and round…”

“And not really going anywhere.”

Yes, not going anywhere. He felt that way.

“What am I supposed to do?”

“You know what.”

Surrender control… He knew it. To jump into the abyss of his own fear. He’d always known that. At this moment, her image appeared on the surface of the lake. Catarina…

“I can’t go back to her now. What about my safe havens?”

He suddenly felt as if he had lived that moment before, those words, the anguish, the hopelessness… When?

“I can’t…”

While the serpent disappeared into the dark waters of the lake, he fell on his knees and remained there, on the floor, his voice still echoing like a cry fading into the abyss.

“I can’t… I can’t…”

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The Irresistible Charm of Insanity

CHAPTERS

prologue – 1 – 2 – 3
4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


The Irresistible Charm of Insanitity 2

13/03/2020

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The Irresistible Charm of Insanity

Ricardo Kelmer – Novel – Miragem Editorial 2019
Translation: Luciano Espírito Santo

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Luca is a musician who likes to have control of everything in his life. He becomes involved with Isadora, a Taoist wanderer who believes he is the reincarnation of her master and lover from the 16th century. He will embark on a strange and adventurous journey that blurs the boundaries of sanity and madness, dream and reality, only to find that he has to figure out his true identity before he deserves the woman he loves.

In this unusual love story that takes place simultaneously in Spain in the 16th century and Brazil in the 21st century, flashes of déjà-vu (the feeling that you have witnessed or experienced a situation previously) are time portals through which we come in contact with past lives.

Blues, sex and double shots of whiskey. Dreams, mystical experiences, and secret societies. Funny and exciting, The Irresistible Charm of Insanity explores the intriguing possibilities of time, space, life and whatever it is that we may call “self.”
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> Amazon (kindle) english/portuguese/spanish

> In portuguese – blog 

> In spanish – blog (soon)

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CHAPTER 4

The light turned green and Luca hit the gas pedal, pushing the Beetle forward on the avenue. Through the rearview mirror, he saw the streets lag behind. Streets, corners and their loves for sale. The warm breath of the night, friendly night that seduced him with colorful neon lights… Luca smiled with excitement. The naked city, the shamelessness in the air, the hot romance… He had to be happy, and it had to be now.

The night dresses you up with smiles
And your breath is the breeze that guides me
All the rush on the street corners
Are store windows of the cornea
Love promises indeed
Rent a pleasure with a broad view to the sea

One more gig at Papalégua. This time on Friday night, because Luca’s voice was still shot on Thursday. And his band mates had strictly forbidden him from coming up with impromptu material during their performances.

After the show, Carlito approached Luca in the dressing room.

“This came in late in the afternoon. Here you are”, he said, handing a piece of paper over to him.

Luca was curious and opened the telegram.

I’m at Uruaú lake. Here’s hoping for a good show. Isadora.

He read the message twice and, for a few seconds, he felt like he was slowly sliding down into a time whirlpool… two months prior… Isadora…

“Who is Isadora?”, Junior asked, peeking at the telegram over Lucas’ shoulder.

“The girl I met in Tibau do Sul.”

“Oh, the one you fucked in a previous life. Luca, The Horn Dog now goes after the mystic types!”

“She’s nuts, but she’s wonderful…”, Luca said, recalling the last night he had spent with Isadora.

“Dude, I know that look.”

“What look?”

“You’re in love with her.”

“No way, it’s just an affair.”

“Be careful, brother. Love is dangerous.”

Luca drank all the whiskey in his glass and announced:

“Guys, I’m on my way to Uruaú. I’ll see you later.”

“Bro, our personal trainer is right there, at that table”, Ranieri warned. “And she’s ordered two bottles of Red Label already. Are you going to pass?”

Luca cast a glance to the table through the semi-closed dressing room door and saw Soninha with her black killer boots… She had become sort of a fitness adviser for the band. Thanks to her contacts, all band members had a free pass to the gym. She liked to say that Navel Blues would cause a better impression on the audience if all the guys had chiseled torsos.

Luca couldn’t make up his mind. He was drunk and tired, maybe he shouldn’t even be driving. On the other hand, he really wanted to see Isadora again. He hated sudden crossroads like that.

“Uruaú is waiting for me”, he answered at last. “Have a shot for me.”

Soon enough, he was on the road aboard his Beetle, darting through the night. “So that little scoundrel is at Uruaú lake”, he thought while listening to Celso Blues Boy, another passion to keep him company on the long road. A strange elation took over his body and soul, which pushed him forward as fast as he could. His thoughts were all set on getting there fast and reuniting with Isadora…

Fifty-five miles later, he arrived at Uruaú, on the east coast of Ceará. He drove carefully on the narrow sand tracks around the lake, looking for a blue tent. But moonlight was dim, the night was dark, and he couldn’t find the tent. He drove some more and still found nothing. He parked the car next to the shore in frustration and walked up to the lake. He dipped his feet in the cold water and splashed some on his face. He was very tired. That had definitely not been a good idea. What was he thinking? How stupid.

Then he saw a particular spot across the lake, where there seemed to be… a bonfire. He rushed back to the car, turned around and raced at full speed on the narrow sand track. Straight ahead, he took a different turn and found himself in the middle of the bushes. But he went ahead and eventually found a clearing and the lake emerged in front of him again, black in the moonless night. He saw the bonfire next to the lake, just a few yards away. The blue tent was also there. He had found Isadora.

They hugged in silence for a long time. He enjoyed the familiar touch of Isadora’s hair on his face again, her breasts rubbing against his chest, the cozy warmth of her body… And he realized that he had forgotten, just simply forgotten how fabulous it was to be in her company.

“I’m so glad you came, Luca.”

“How did you know about the concert?”

“I saw it in the newspaper. I called, asked for the address and sent you the telegram.”

He smiled, spellbound like a lovely little fool. Isadora just had her own particular way of making things sound simpler than what they seemed to be… Life was all suddenly, obviously simple with her, so very obvious…

“I’m getting sleepy”, he said, with a yawn. “Do you have anything to drink?”

“Why don’t you take a bath? The water is nice and warm.”

“Good idea.”

Luca went inside the tent to change his clothes. Minutes later, he wouldn’t come out, so Isadora went in and found him snoring, body thrown all over the mattress, tennis shoe on one foot and no shoe on the other, the mouth gaping and drooling. She was amused at the sight, tried to move his body into a more comfortable position and whispered into his ear:

“Enrique…”

Yes, she had just assured herself that Luca was her lover. It had to be him. Nothing else could make sense. He was definitely Enrique, and she had finally found him, four hundred years later.

Since the onset of her dreams, two years earlier, she had been silently fighting the pressure from either side of reality: one side urging that she stop believing the mad nonsense, that past lives could not even be proven; the other side whispering to her ear that she should let that longstanding love guide her and show her the way.

After having that dream about Luca, she chose the whispers. She quit her job at the bank, withdrew her savings and headed to the northeastern coastline. But she had always been haunted by uncertainty. How would she ever find someone in such a vast range of potential meeting places? What if this whole idea had been nothing more than a foolish, ludicrous fantasy? Such quandaries had been tearing her apart. The mere thought of these fearful possibilities sent chills down her spine and cast a huge shadow over her soul… the shadow of madness. Catarina’s madness.

When she saw Luca in Tibau do Sul, she lost all doubt. But at first, when she realized that he couldn’t remember anything, that he didn’t even believe in past lives, she felt lost, frustrated, she didn’t know what to do. But it was too late and she couldn’t simply give up on the pursuit of her true love, the same love she had lost four hundred years before for reasons that she had never been able to comprehend. So she decided to take the next step, have sex with Luca, and that wonderful night in the tent made it all quite clear to her: the perfect synchronism of their bodies, the well-knit blend of tenderness and violence, the extraordinary pleasure… How could sex be so perfect with a stranger? One can only assume the stranger was no stranger…

She decided to go on with her journey along the coast, as if being close to the sea would somehow bring her the lost love back. Maybe Luca just needed more time. Maybe she needed a break, too.

She was right. A full month away from Luca helped her understand him better. And by understanding Luca she came to understand Enrique better, too. The two men were obsessed with having control over life. Both had, in their particular way, an overrated appraisal of their own importance and believed they could reign over all circumstances around them. Such approach to life, however, would rather prevent them from actually living it. They were still different, though: Enrique had surrendered to his love for Catarina, while Luca was afraid to love. In her dream, he had asked her to help him jump into the abyss, but now he seemed to run away from it.

Isadora looked at that man who laid stretched out before her, drunk and snoring. Whatever that abyss would be, that was definitely not the best way to jump.

*     *     *

Luca opened one eye, then the other, the old strategy he used to minimize the pain. It was hot, so it was probably very late. He recognized the inside of Isadora’s blue tent. But she wasn’t next to him. He felt a twinge of fear… The same fear he had felt while looking for her on the last day in Tibau do Sul.

He got out of the tent and saw her nearby, sitting under the shade of a guava tree, reading the I Ching.

“Welcome to daytime, Luca of the Neon Light.”

“What happened yesterday?”, he asked with a yawn.

“You fell asleep.”

“Did I sleep before or after we…”

“Long before”, she laughed.

“That sucks.”

“It was better that way, I guess. You were in terrible shape. And you drove all the way here! If I had known you were going to do that, I wouldn’t have sent the telegram.”

“Do you suppose anyone would sell sunglasses around here?”, he asked, shielding his eyes from the unbearable brightness.

“Relax. You can borrow mine.”

“Isadora, you are the perfect woman.”

At the restaurant, he ordered a beer to cure his hangover. Isadora told him about the beaches she had visited before she found him.

“I almost got arrested in Canoa Quebrada, you know?”

“Why?”

“Because there was an aviary on the camping ground and I can’t stand the sight of birds in cages.”

“What did you do?”

“I set them free, of course.”

“I can’t believe it.”

“The camping ground owner suspected me and called the police, but she couldn’t prove it.”

“Wow, you’re definitely a menace to peace and order.”

That included his own peace and order and he was very close to actually saying that.

“What about life in Fortaleza, how is it going?” she asked.

“All under control.”

“Do you perform tonight?”

“No.”

“Sweet. You can stay until tomorrow.”

“Uh, I can’t. I have an important meeting tonight.”

“What a shame.”

“Business”, he added. “You know, the band is getting more professional.”

He smiled and drank beer. What he’d just said wasn’t entirely true. The band was indeed becoming more professional, but his meeting had nothing to do with work. He was going to meet a fan. Alone.

It was getting dark when they left the restaurant and went for a walk around the lake, to sink their bare feet on the sand and enjoy the sunset breeze.

“What about that note you left to me, Isadora? What is this abyss I am supposed to jump into?”

“I don’t know. You should know, not me.”

“Of course not. It was your dream.”

“But the abyss is yours”, she said, laughing.

They were embracing and walking on the sand while waves washed their feet and left seashells in their wake.

“Are you happy with your life, Luca?”

“It could be better under certain aspects.”

“Do you trust life?”

He hesitated to answer. He kicked a pebble on the sand.

“You can’t trust life a hundred percent, Isadora, and you know that.”

“Why not?”

“Because life is treacherous. We have to be alert, or we may get stabbed in the back.”

Isadora shook her head in disapproval. How could someone be so uptight?

“Surrender control, Luca. You’re living in delusion.”

“The real delusion is to think that life will sort itself out. It’s advisable to keep it in check.”

“No, it isn’t! When you control life, you stifle it.”

She freed herself from his arms to pick up a shell.

“I know that the idea of trusting life sounds crazy, but come on, give it try it. I’ll help you.”

She brushed the sand off the seashell and gave it to him. He brought it close to his ear.

“Can you hear it? It’s the sound of the abyss. It will whisper the path to you if we lose each other again.”

“Again?”, he asked, putting the shell in his pocket.

“Yes, like four centuries ago.”

“Isadora, you know I don’t believe in reincarnation”, he said, trying not to be rude. “I believe in what is real, in things that I can see.”

“It doesn’t matter. You are Enrique, my true love.”

“But how can you be so sure?”

“I know. I just know.”

“Alright, let’s suppose I am who you think I am. Why can’t I remember it?”

“I don’t know.”

“If I used to be Enrique, then I evolved in the wrong direction. He was a wizard, a big shot…

“Maybe you’re wasting your power by trying to control everything. When life is controlled, it becomes stagnant. There’s not even space left for love, do you know that?”

“Did you and Enrique really love each other?”

“Very much.”

“Why didn’t he go back to you? I mean, to Catarina?”

“I don’t know. I can’t remember that. Enrique had many enemies, he might have been caught.”

“Well, if I have been Enrique, I might be able to know what happened to him.”

“If you really must know, you will.”

“You have too much faith in destiny, Isadora!” He couldn’t accept that. “You talk like everything is sealed by destiny.”

“Nothing is sealed. We have to do everything.”

“Do everything? Isn’t that contradictory to your Taoist principle of never forcing situations?”

“Yes, it is.”

“Well, so…?”

“So we have to do everything, only without forcing situations.”

He took a deep breath and gave up the argument. How could anyone live with such absurd logic?

*     *     *

Luca woke up and found himself inside the blue tent. This time, however, Isadora was sleeping beside him. His meeting with the fan had been canceled. He simply could not resist staying with Isadora. He snuggled closer to her and recalled the previous night: Isadora’s silky and generous body, her tender embrace, how she told him to come inside her like an order he could not dispute… Sex with her was always intense, somewhat mysterious and sacred. She looked so beautiful in her sleep… He caressed her hair and imagined he was her guardian knight. What would it be like if they were married?

He stopped caressing right away, scared by his own thoughts. Married? What was he thinking? What had gotten into him to have such insane idea?

He felt his heart was beating fast and felt the warning red light flash inside him. His instincts seemed to tell him that he was in great danger. And he was indeed. The name of the danger was love. Love was not a part of his plans. Love meant losing control over himself, he knew that, and that was just what he didn’t need. The wise thing to do was to keep a safe distance.

But she was so beautiful, so special… She was definitely different from any other woman he had met in his life. And she was the best lay he’d ever had. When they were together, life was a much more exciting, more mysterious experience… It was such a shame that she lived too far away.

What if they lived in the same city, he wondered, what would it be like? Would he give up all the other women for her?

He sat down, bothered by the way his thoughts were going. He was single. How could he forget that? He was single and he was happy that way, free from the troubles that always came along with love. Besides, Isadora was too crazy. He would be better off in the current state of things: Isadora could go on her trips and he would just stay in Fortaleza, in the safety of his own private world.

He got up carefully to avoid waking her up and got out of the tent. The sun was high on the horizon, but it was a cloudy day. He walked to a shed that rented kayaks and chose one. Some nice paddling on the lake would be good for him.

He adjusted himself aboard the kayak, pushed it away from the shore with the paddle and glided smoothly on the water. He couldn’t help noticing the unusual circumstance: it was Sunday, six o’clock in the morning, and he was sitting in a kayak, paddling on such an immense and extremely quiet lake. It felt strange. Dawn was like a whole new world to him.

The kayak advanced towards the middle of the lake, while the light of a new day crept up slowly over the water. Suddenly, Luca felt that all that silence was a manifestation of the lake, and it was so big… so dignified… and it was letting the noisy little creature that he was disturb the peace of its surface.

He stopped paddling. The kayak still glided a little further. Silence then manifested itself completely, with all its impressiveness. He felt unworthy of the surroundings, as if he were tainting them, and began to regret the idea of going there. He wasn’t as pure as that silence. He didn’t have as much dignity.

He suddenly realized how tiny he was in the midst of that landscape. A sudden flash lit up his mind and made him immediately understand that he was meaningless, absolutely meaningless. He realized that the lake was perfectly aware of his presence, of course, it was impossible for it not to notice him on its surface. The lake had been there for centuries and nothing would upset it. Proud and magnificent, it gave room for life to thrive in its depths and insignificant beings such as himself to glide across its water.

He was afraid to die. Yes, he would die right there on the spot if the lake decided he should, there was no doubt about it. There was nothing he could do and nobody would hear him shout for help. He would sink and die.

He hung his head down, felt lonely like he’d never felt before, and cried. He cried out of terror and complete submission while waiting for the moment when the lake would finally stretch its tentacles from deep under and drag him to the bottom and everything would be over.

It felt like an eternity had passed when it seemed that the deafening silence was pulling back its might. He opened one eye with his hands still covering his face, then another eye. Everything was still the same, the lake was quiet and the kayak was floating on the water. Still frightened, he grabbed the paddle very slowly and plunged it in the water. And the lake moved, as if it were about to wake up.

He paddled cautiously and kept paddling until he reached the shore. When the kayak was finally crawling on sand with a harsh rumble, it felt like he was snapping out of a dream. He stepped on dry land still slightly stunned. His heart was in his mouth. Tiny waves washed hard on his feet. That was the lake telling him again: you are nothing, you are nothing…

“I know”, he said softly.

He really did. There was no need to repeat it.

*     *     *

“Ever since we met, Isadora, strange things have been happening. In Tibau do Sul, I almost drowned. Now, the lake wanted to swallow me. What the hell is going on?”

Isadora looked into Luca’s eyes and recognized the fear of someone who had just opened the door to their own inner mysteries. The same door that her strange dreams had once opened to herself.

“Maybe the abyss is approaching.”

“Stop talking about that, Isadora. I don’t like it, and I mean it.”

“You asked.”

“I don’t believe in this abyss, I’ve told you.”

“But you keep talking about it in your performances.”

“Me? Are you nuts?”

“It was the first song you sang to me in Tibau do Sul, don’t you remember?”

The abyss gave me vertigo… And my angst is still here, too…

“I remember. But let’s change the subject.”

He was tense. Those things made him feel like a puppet in the hands of something beyond his comprehension. He had no control. Isadora also caused that feeling somehow. He couldn’t stand to be away from her, but he also knew that her mere presence was enough to make him lose the power of his own convictions. And that was very frightening.

After breakfast, they went to the beach and had plenty of fun riding around in a buggy. Then they went to a small hut where they enjoyed some delicious caipirinhas and fried shrimp. They came back to the tent slightly drunk and looking forward to sleeping, but soon it was clear that the night before had not been enough to make up for all the time they had been separated, so they spent their nightfall on more passionate sex.

At night, they bid farewell beside the Beetle and Luca was anguished. He would go back to Fortaleza and Isadora would continue exploring the beaches of Ceará. The possibility of never seeing her again pierced through his heart like a dagger, and the pain resonated through his entire being. He quickly grabbed a piece of paper, wrote down his telephone number and address, and handed it to her.

“Would you like to spend the weekend with me in Fortaleza? My bed is roomy.”

“Luca of the Neon Light, are you inviting me to experience your own world?”

“Yes. We have a really nice gig on Friday. On Saturday, there is a great party we can’t miss.”

“Your fans won’t be happy to see you with me.”

“But I will.”

Luca hesitated for a second. The warning red light… What was he doing? He was almost asking her to be his girlfriend! For a few seconds, he had lost control of his own words and actions.

“I don’t know, Luca… Maybe I had better keep big cities out of this trip.”

Yes, maybe inviting her wasn’t such a good idea, he thought. He didn’t know what he wanted.

In the car, seconds before getting out of her sight around a bend on the road, he saw her in the rearview mirror and waved good-bye. He saw it when she did the same, and it felt like she was repeating a very old gesture, which she might have made a very long time ago, a sad good-bye that wrenched his heart. When was the last time they had bid farewell like that?

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CHAPTER 5

“Air conditioned dressing-room! Ranieri exclaimed. “12 year old whiskey! This band is going places, my friend!”

“The owner of this place works out in my gym”, Soninha explained. “And you, Luca, you’re the only one who hasn’t been showing up to work out, do you hear me?”

“I’ll start on Monday, I promise.”

The whole gang was very excited on that Friday night. The Karvalhedo Club was packed and their band was opening for Baseado em Blues, the main attraction. It was the best fee the band had ever been offered.

Bluz Neon got on stage at eleven o’clock and the green spotlight shone on Luca, who was standing ahead of the other band members. He took a swig of whiskey, greeted the crowd, blabbered something about abysses and kicked off the show. The set list was well rehearsed and the audience danced cheerfully. After singing The Navel Blues, when the stage could hardly contain all the girls who climbed on it to expose their navels, they exited the stage under a shower of applause. Even in the dressing room, they could still hear the persistent requests for an encore. They returned to stage, stood on their places and played again.

Luca was the last one to return, now dressed up in a dark robe with a hood, like a medieval monk. He walked slowly, stood at the center of the stage, spread out his arms so his body looked like a cross and stared at the faceless crowd. The spotlights then seemed to flash upon his eyes and he felt a mild vertigo, the familiar feeling of slipping into a dream, reality fading away… A chill ran up his spine and his vision got blurred. Dry ice fog was engulfing his body when he grasped at the microphone stand to avoid falling down and took deep breaths, waiting for the dizziness to go away, and the band kept playing on their own. He finished the performance reciting the last part of the lyrics:

So many stations
I hear bells on the corners
And I smile to the girls
In their cleavages of damnation
I get it wrong, I get lost in the world
I am the train that goes
To my very own salvation

After the show, a bottle of whiskey was going around from hand to hand in the dressing room, in celebration of the successful performance. Luca apologized for feeling sick, but Junior reassured him that nobody had noticed it, and that’s the advantage of being the great performing singer that he was: he could even die on stage and it would still seem to be part of the act.

The door opened and Soninha came in. She was wearing a black leather miniskirt and her black boots. She smiled to Luca and he immediately knew what she had in mind. He was no stranger to that stare of a hunter from the underworld.

“You are not going to trade me for a lake this time, are you?”, Soninha asked, getting closer to him suggestively.

Luca remembered Isadora and felt like he was on a crossroad again. Damn decisions… Isadora should have accepted his invitation to spend the weekend with him.

“No”, answered Luca, hugging and kissing Soninha. “Tonight there is no lake, babe.”

They all sat at a table to enjoy the main attraction, celebrating the band’s new phase and the major success they had ahead of themselves. Soninha ordered another bottle of whiskey, then another. Before the end of the show, she stood up and pulled Luca by the arm. He didn’t want to leave yet, but she insisted.

“Come on, Big Tiger. You’ve had enough already.”

“Take it easy, boss, let’s finish this bottle first. Where is your glass?”

“Look at your friend, Junior. He gets too drunk, then he can’t deliver…”

“Come on, Soninha, who goes home at three o’clock? If you want to go, go. I’ll stay here, hanging out with my struggle mates.”

“I’m your personal trainer, Luca. I am supposed to look after you.”

“My personal trainer, not my babysitter. Do you understand the difference?”

Soninha tried another approach. She sat next to Luca and slipped her hand under the table, caressing him between his legs. He put her hand away, though. A girl came along and asked to take a picture next to him. Luca got up, hugged the girl and posed for the picture. The girl showed her appreciation by kissing him on the lips and walked away ecstatic. Soninha couldn’t restrain herself:

“What is going to happen when these fans of yours learn the truth, Luca?”

“What truth?”

“That the Bluz Neon singer likes whiskey more than he likes women.”

Luca stared at her very seriously.

“Poor Soninha… It’s a shame your money can’t buy you class”, he said coldly. He sat down again and turned his eyes back to the show, while Junior and Ranieri held their laughter in.”

“Oh, it’s class that you want. Is this classy enough?”

She stretched out her arm swiftly and poured a full glass of whiskey on Lucas’ chest, soaking his shirt and dropping ice cubes everywhere.

“And you’re fired! Get yourself another band!”, she added, standing up and opening her way among the tables.

“Cool down, man…”, Junior said, restraining Luca. He couldn’t believe what had just happened. “I’ll chase her, you stay here, watching the show.”

Luca pulled out an ice cube from his soaked shirt and put it in his mouth.

“You know what… I’m sick and tired of this rock star lifestyle. I think I’ll go to Paris and think things over.”

“Take it easy, Luca, she’ll change her mind by tomorrow.”

“Where is the cute chick with the camera, have you seen her?”

*     *     *

When Isadora arrived, it was eleven o’clock and Karvalhedo Club was already packed, but she couldn’t find a reasonably good spot to see the show that was just starting.

She ended up accepting Luca’s invitation to spend the weekend in Fortaleza when she acknowledged that, in order to know and understand him better, she would need to experience his own world somehow. She knew that Luca’s world was an endless party, a kaleidoscope globe that could easily lead her astray for sure, but it could be a good opportunity to exercise her Taoist intuition, her ability to get in sync with the subtle movements of life. And it could be an excellent opportunity for her to better understand herself by exploring her own mysteries, venturing into the possibilities of her being. Exploring… venturing… Those things involved risks. They always did, she knew that. But she was willing to take risks. For her, for Luca, for love. Why not?

It was eleven o’clock when Bluz Neon showed up on Karvalhedo’s stage. When Isadora saw Luca, she felt a strange emotion. She was proud of him. There was the man she loved in the middle of the stage, holding a glass, testing the microphone. Under the green spotlight, he drank, greeted the crowd and said:

“Insanity is an irresistible abyss. And has hazelnut eyes.”

“What does that mean?”, asked a girl next to her. Isadora smiled and answered:

“That means he loves me.”

The show started and she immediately gave herself away to the rhythm of rock and blues. The songs were well rehearsed and the crowd was ecstatic. She enjoyed every aspect of it, especially Luca: he was a little clumsy, but was a good singer, had a good presence on stage and knew how to entice the audience.

It happened at the end, when the band came back for the encore. Isadora saw when Luca was dressed up as a medieval monk, shielded his eyes from the spotlights and peered into the crowd as if looking for someone. She wondered if he was looking for her. Then the band kept playing and he went back to the microphone, bobbing his head slowly to the rhythm of the music… That was the exact moment. The world around her began to fade away slowly and she could no longer hear the music. She was alone, the crowd had disappeared. A second later, the dry ice smoke turned into mist and the stage was replaced by… the deck of a ship. And the ship was rocking gently… It was floating right in front of her… floating… floating…

It was a foggy morning in Barcelona and the wind was blowing from the aft. The sails were unfurled in front of her and he stood underneath them, on the deck, staring at her. She was wearing a dress under a shawl and her hair was shaken by the wind. She felt oppressed and her mouth was dry… The same mouth he had kissed just moments earlier. Why did they have to go separate ways again? Why would they have to wait any longer? Why?

He waved aboard the ship with one hand and held the rail with the other. She saw his gesture and suddenly remembered that he had made that exact same gesture some time in the past, a very distant past, the same hand waving good-bye, the same heartbreaking gesture. When was the last time they had bid farewell like that?

The ship sailed away from the port and she had the urge to run and shout, begging that he take her with him, that he not leave her there alone. But she held it back. Yes, he had assured her that everything would be alright, he would be back to her soon, yes, then they would escape to Brazil and live their love freely, no longer lying and hiding. Yes. But she couldn’t accept that. Why wait? Why wouldn’t he quit the Company and stay with her now?

For a second, she foresaw the possibility of losing him forever, and a dreadful anguish slashed her soul, like lightning tearing through the sky. A teardrop ran down her face and reached her mouth. The same mouth he had kissed just minutes earlier…

He made her experiment magic and initiated her in the mysteries. She had followed him in wonderful worlds through their dreams. He had taught her to be brave and stand up to her challenges… Now, all that was left inside her was a huge and painful feeling of emptiness. Life just didn’t make any sense without him. She wondered if she really should love with him like that… so insanely.

The ship went away. The sight of him standing on the deck, beautiful and sad in the mist, got stuck in her mind. Where were those winds really taking him? What about herself, how many oceans of uncertainties would she have to cross because of that love? How many hazards, how many farewells? How many lives, mi corazón, how many lives?

Then the ship was gone. So was the harbor with its well aligned stones and busy workers. The winds went away, the mist became dry ice fog again and Isadora recovered her senses in time to see Luca finish his performance, on a stage that was still rocking…

She was overwhelmed. The last encounter, the farewell… She had remembered it at last!

She could still smell the sea when she exited the ballroom quickly and went out to the gardens. The night was cool and a little piece of the moon was still hanging in the sky. She gazed at the stars, chills ran through her body and, for the first time, the thought occurred to her very clearly: he had run away. She had no doubt about it. Enrique ran away. Everything made sense now.

She had gone to Fortaleza to get acquainted with Luca’s world and found the truth about Enrique right there, in the nightclub. An obvious truth that neither she nor Catarina had ever acknowledged.

*     *     *

The desert stretched out all around him like an undulated bed sheet made of sand. How long had he been walking? Days? Years? His legs were getting weak and his vision was getting blurred, impotent against the tyranny of the daylight. The blazing sun was charring his skin… And he had such a headache that was just about to blow up his brain into smithereens… But worst of all was the thirst. Unbelievable thirst that was shredding his throat ruthlessly. If only he could have a sip of water, just a sip, a small sip so he could die quenched and happy. Somewhere in the desert, a phone was ringing, ringing… Somewhere among those endless dunes, some goddamn phone wouldn’t stop ringing, ringing…

“Hello?”

His body laid on the sand sheet, one arm stretching out of the bed.

“Hello? Hello?”

But it wasn’t the phone that was ringing, it was the intercom in the kitchen… Shit, he would have to crawl all the way there, all across the endless desert.

It was the doorman, “Good morning, Mr. Luca”, announcing a girl named Isadora who wanted to talk to him, should she be allowed to come in?

Luca asked him to wait a minute and took a bottle of water from the fridge. A ghastly hangover was drying his heart out. He looked at the watch: two o’clock in the afternoon. He called out Soninha’s name. He called out her name again. She didn’t answer. Maybe she had left already? I open my eyes, where are you?… The sun rose and I didn’t notice it

He walked slowly, afraid that his brain might crumble apart. He looked for her in the bedroom and in the bathroom. No sign of Soninha whatsoever. Then he remembered she had slept there, indeed, but two nights before. What a mess. He was losing track of time.

He picked up the intercom and told the doorman to let the girl in. Right after that, he picked up some of his underwear that was hanging on the TV set and put some music on, because Isadora deserved a neater place. He left the front door opened and went to the bathroom to the sound of rattling in his cranium. In the cracked mirror, the horrendous monster from the desert stared back at him, with ruffled hair and bloodshot eyes. He turned the water on and the cold shower made his body shiver. In the living room, the Blues Etílicos band was playing O Sol Também Me Levanta.

“Luca of the Neon Light?”

“Come in!” he yelled under the shower.

Isadora walked in and shut the door behind her. She placed her backpack on the couch, noticed the guitar dumped in a corner, the picture of B.B. King on the wall, a picture of Janis Joplin and pictures taken at Bluz Neon concerts. She walked to the window and appraised the view from the eighth floor, the solitude squeezed among concrete walls, the buildings muffling dreams of growth…

“Hi, Isadora.”

“Hi!” She remembered it was the second time she woke him up. He didn’t seem to be in very good shape, but she liked to see him like that, beginning a new day. “I hope I’m not disturbing anything important…”

“Not at all. I’m alone.”

“You look cute wearing just a towel.”

“I’m glad you accepted my invitation. How long are you staying?”

“I’m leaving for Lagoinha tomorrow in the afternoon. I’ve bought the ticket.”

“Geez, that’s nothing… You should have come yesterday.”

“Actually, I arrived yesterday. I slept in a hotel.”

“Hotel? And why didn’t you go to our show?”

“I did.”

“Were you there? At Karvalhedo?”

“Yes.”

“But…”

“I loved the band. And you’re great, you surprised me.”

“Why didn’t you talk to me afterwards?” he asked. And he immediately regretted saying that, because of Soninha. Surely, Isadora had seen him with her.

“I thought I had better not.”

Now what? Should he ask her the reason?

“Don’t you want to know why?”

“I think I already know the answer, Isadora.”

“You do?”

“Well, let me tell you something. This thing I have with Soninha, it’s not serious.”

“Who is Soninha?”

“Our personal trainer, she was sitting next to me at the table. She and I…”

“I didn’t see it. I left right after the end of the performance.”

“Oh?”

He wanted to bury his head in the ground. Shit! He’d just confessed, spontaneously, that he was having an affair with the band’s personal trainer.

“Do you have any water?”, she asked. “It’s pretty hot in here.”

“Of course.”

He went to the kitchen and brought a glass of water for her. They sat down on the couch, silently. “Damn shit”, he thought, regretfully. He felt guilty. But he didn’t have to feel that way, he had no commitment with Isadora. Yes, that was true, he had no commitment, but he felt terrible all the same, as if he had cheated on her. But there was no cheating, of course, because she wasn’t his girlfriend. On the other hand…

He suddenly noticed that his thoughts were flipping back and forth between guilt and innocence. He was divided. That sucked. Isadora had that effect on him, he became neurotic around her. No, not her, of course, he was the one who kept bringing ghosts into that relationship. He was the one who was jumping to conclusions and tripping himself up.

“Luca, what did you feel after that last act?”

“I don’t remember much of that part.”

“Really? But you seemed quite absorbed.”

“I was pretty wasted.”

“I didn’t talk to you after the show because something happened while I was watching you sing.”

She told him everything. She told about the harbor, the ship, Enrique waving on the deck, that he was leaving and she felt that she was losing him forever. At the same time she spoke, she almost could experience the feelings she had had the night before.

“I remembered that other life again, Luca.”

He sighed. Not that dull story again.

“And it wasn’t a dream this time. I was awake in the middle of a crowd. And it happened through you, through your energy.”

“Actually, I had had a couple of energy drinks.”

“I’m serious, Luca. It was a powerful vision, the most powerful of all I have recalled so far.”

“I guess that warrants a raise in our fee: watch Bluz Neon and get in touch with your past lives!”

He saw she was about to cry and regretted the silly jokes.

“I hadn’t recalled that part of Catarina’s life yet. You were on the ship deck, waving to me. The plan was that you would return to take me with you. But you never came back…”

“You’ve already told me that, Isadora. What is new?”

“Then I went out to the garden and thought about Catarina, about how strong she had to be to deal with all that loneliness and the terrible premonition that she would never see the love of her life again… I felt that same pain again, Luca, everything all over again. It was brief, but while it lasted… it seemed it would last forever. And I can’t help thinking that it could have been so different, all that pain and suffering could have been avoided… If only we had stayed together.”

“But it wasn’t possible. Something unexpected changed the plans, didn’t it?” he asked, trying to be as kind as he could. And he noticed how ridiculous he sounded to himself: he was talking about it as if it were a fact.

“There wasn’t anything unexpected. I figured that out yesterday.”

“What happened then?”

“You ran away.”

“I ran away?”

“Yes, you did.”

“I mean, he did?”

“Yes.”

“But… why? Wasn’t he in love with you? I mean, with Catarina?”

She didn’t answer. She just stared back at him with the same question.

“Alright, Isadora, Enrique ran away. He was a scoundrel. But forget that story, it belongs in the past.”

“Do you like me, Luca?”

“Me?”

“Yes, you.”

“Of course I do. But why do you ask?”

“Just a little or a lot?”

“Maybe more than I should.”

“What do you mean?”

“You make me second-guess myself on things I’m usually sure of.”

“So don’t be so sure and join me.”

“Where?”

“Let’s travel somewhere.”

“Somewhere?”

“Yes. You can come back later.”

“That would be great, but I can’t afford it.”

“I have enough money for both of us.”

“OK then. But I can’t take a leave of absence until the end of the year.”

“No, it has to be now. Come on.”

“I can’t leave my business behind like that, Isadora!”, he said, almost shouting. “Sorry. You drive me nuts sometimes.”

“What is this business you can’t leave behind?”

“My job, the band, everything.”

“Why not?”

Luca stared at her, intently. She seemed to be serious. But no, she couldn’t be serious.

“Because I get my security from those things. Do you understand, or would you like me to draw it for you?”

“I gave everything up four centuries ago. And I just did it again. For us.”

“Here we go again… If it weren’t for those crazy dreams of yours, we would get long just fine.”

“If it weren’t for my crazy dreams, we wouldn’t have reunited.”

Luca was annoyed and shook his head. He couldn’t have a decent conversation with her when she was talking about past lives. He stood up and walked up to the window to take a breath and calm down. If he glanced over his shoulder, he would see that Isadora was crying silently. But he didn’t. Neither did he see it when she wiped her face dry, sighed heavily and grudgingly conceded to a realization that she had been trying to avert, for she had faith in never having to make such a heart wrenching decision. He saw none of it.

“Are you hungry?”, he asked, turning away from the window.

“Yes.”

“Let’s have lunch. It’s almost three o’clock. I’ll take you to a place I love. And tonight we’ll have an erotic party. What do you think?”

“Hmmm, that sounds good.”

“Welcome to Luca’s fabulous world”, he said, with a chivalrous gesture holding an imaginary hat.

The restaurant was the Colher de Pau, where Luca used to dine on credit. Pereira was his favorite waiter. Pereira had this country-style simplicity and bluntness towards life and ingenious appraisal of just about any possible topic, especially in relation to the women Luca used to bring. He would be the one to tell whether a new romance would go anywhere. Pereira, the oracle.

Luca and Isadora soon arrived at the restaurant. They chose a table and Luca introduced his friendly waiter:

“This is Pereira, my long-time advisor. This is Isadora.”

“It’s a pleasure to meet you, young lady”, said the waiter, pouring the beer.

“Mr. Pereira, do you believe in past lives?”, Isadora asked, to Luca’s overwhelming surprise.

“Well, I don’t know much about that kind of stuff, really. Why do you ask?”

“Because this young lad and I lived together four hundred years ago and now he has the nerve to tell me that he doesn’t remember me.”

Luca laughed, he couldn’t believe she was saying that.

“If the young lady used be as pretty as you are now, he definitely should be ashamed.”

“Do you think he’s a lost cause?”

“I wouldn’t say that, young lady. I don’t remember the last time I saw him look at a woman the way he’s looking at you, I can tell you that.”

“So do you think I shouldn’t lose my hope?”

“About Luca remembering who you used to be?”

“Yes.”

“Well, that’s a tough one. This young man forgets what he had to drink half an hour ago.”

“Is that true, Luca?”

“I only forget when I don’t have money to pay the check”, Luca answered with a smile.

After ordering the meal, Isadora went to the restroom and Luca seized the opportunity to inquiry the waiter:

“So what do you think, Pereira?”

“I think your bachelor days are over, young fellow.”

“I’m serious, Pereira.”

“Well, if you must know, this one has got you hooked like a fish.”

Luca topped his glass off with beer, drank it all and ordered another bottle. On the speakers, Lily Alcalay sang Mar e Sol. “This one has got you hooked…” He wasn’t sure whether he liked hearing that. Maybe that was exactly what he did not want to hear.

.

CHAPTER 6

After lunch, Luca and Isadora went back to the apartment. They didn’t have much time since they would be going out again soon, but the idea of sharing a shower before leaving was simply irresistible. They propped up against the bathroom wall and surrendered once again to their uncontrollable urge by the sound of running water and the frantic rhythm of their hungry bodies doused in passion, water, spark and harmony.

Surely that was not enough to satiate them, but they had other things to do, so they exited the building again in very little time. They went to Junior Rível’s place, picked him up, and headed to Cabaré Soçaite, a party held every year in a charming downtown mansion. The whole party was an ode to sensuality and eroticism, old cabaret style. Red lights, see-through curtains, and music to match. People were dressed up in provocative fashion based on their own fetishes and fantasies and were allowed to climb on stage to perform their own theatrics, some of them with a comic twist.

On the way to the venue, Luca and Junior, already familiar with the party, recounted the hilarious events of previous years. Isadora kept listening, curious and excited about the opportunity to get acquainted with another aspect of Luca’s world. And she was very impressed with what she saw as soon as she stepped in:

“Wow! Women really embrace the spirit around here!” she told Junior while watching a group of girls dressed as femme fatale prostitutes.

“Those are the well-behaved types. Others wear nothing but a nightgown.”

Luca set his eyes discreetly on one of the waitresses who worked at the party, a cute blonde dressed as a college student. And regretted not being single that night.

“Geez, I must look like a virgin in these clothes”, Isadora remarked, disappointed at the blouse and skirt she was wearing. She turned to the waitress who was taking their orders: “Would you have another college girl outfit like yours to spare by any chance?”

“Sorry, no. But you look beautiful. You just need a little adjustment in your garment.”

“How so?”

“Come here, let’s spice that up.”

The waitress positioned Isadora so they faced each other, and opened two buttons of her blouse, exposing more of the skin on her breasts.

“There you go!” The waitress smiled while appraising the outcome of her intervention and whispered into Isadora’s ear: “Such a beautiful pair of breasts should not be hidden. Especially here, at Cabaré Soçaite.”

Isadora laughed at the young woman for her spontaneity. She really liked her.

“You’re right, thank you. But where is my tab?”

“Oh, right. Please, follow me so we can get it”, the waitress said, pulling Isadora by the hand and taking her to the counter.

Junior tapped Luca on the shoulder:

“Hey, pal, news flash: Soninha has quit the band.”

“That’s great.”

“No, it’s not. We were the only blues band in the planet with our own personal trainer.”

“I hope she doesn’t show up here. I accidentally told Isadora that we were an item.”

“I think you’re really into this girl, man.”

“You’re right. I’m screwed. Passionately screwed.”

“We could write a blues song about it.”

“So many women around and I had to choose one who lives two thousand miles away.”

“That’s good. You won’t get sick of her.”

“I guess. But I would miss her too much.”

“Why don’t you invite her to live here?”

“It’s not going to work. She’s too crazy.”

“Then what the hell do you want?”

Luca hesitated for a while:

“I don’t know.”

“Excuse me, Junior Rível”, Isadora said, approaching them and stretching her arm to Luca. “I’m going to kidnap your friend to dance this bolero with me.”

“And I’m going to confess with that nice nun over there. I’ve brought all my sins with me tonight.”

“Come on”, she said, pulling Luca by the hand.

They pressed their bodies together on the dance floor and danced holding hands, cheek to cheek.

“This is our farewell night, Luca. Let’s make the most of it.”

“No, it’s not. You can come to Fortaleza any time you want.”

“You know it is.”

“Or maybe I can meet you on one of these beaches…”

“We’ve been over that. Let’s not ruin the evening.”

“Yes, but…” But what, he thought. That was really all there was to it. Isadora was right and he knew it. They had nothing ahead of themselves but a major love affair that was sure to run its course soon, and he had better accept it already. “Alright. Let’s not ruin the evening.”

“I want your world tonight, you hear me? And all the craziness that comes with it.”

“You are definitely nuts.”

“And I don’t care what happens, we’ll be together. Deal?”

“Deal”, he replied, laughing at her dictatorial tone.

She smiled and kissed him, squeezing him tight. Then she pressed her lips against his ear and sang along the song with a whisper: Lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazan

When the bolero was over, Luca went to the bathroom. On his way back, he pretended to bump by accident into the waitress in a college outfit.

“I’m sorry.”

“That’s OK”, she answered, balancing the glasses on the tray.

“What is your name?”

“Bebel, the naughty college student, at your service…”

“Wow… Don’t talk like that. I’m a married man tonight.”

“That’s a shame…”

They stared and smiled at each other for a while, so close that their bodies were actually touching, and the rush of people moving around them was like a whirlpool. Luca could still hear the echoes of the woman saying “That’s a shame…” She just kept smiling. It took a lot of effort, but he finally put himself together.

“My name is Luca, nice to meet you.”

“I know. I’ve seen you perform with Bluz Neon at Papalégua.”

“Really?

“I loved it! You’re awesome, Luca.”

“I don’t know what to say.”

“Actually, you are both awesome.”

“Both, who?”

“You and your girlfriend. She is quite charming.”

“Oh. Actually, I don’t know if we’re a real couple yet.”

“If you’re not, you should be.”

Luca smiled. First Pereira, now Bebel. Did everybody want to get him married?

“Now you’re really embarrassed”, she joked, pinching his cheek. “Sorry about that…”

“I accept your apology if you bring me two shots of whiskey”, he said, handing her his tab.

“Two very well served shots of whiskey, to reinforce my apologies, OK?”

She took the order and left. Luca just kept staring at her, looking like an idiot and laughing at what had just happened. He turned around, went after Isadora and found her nearby. She was appreciating erotic poems displayed on a large LCD screen.

“Luca, have you seen these poems on the big screen? They’re beautiful!”

“I know about one that is the most beautiful of all.”

“Which one?”

“Wait, it might be the next one.”

A few seconds later, the next poem began to take shape on the screen. First the title: Saliva Poems. Then, the author: Luca.

“Wow, is it yours? That’s so cool!”

Isadora looked at the screen again and read: “For Isadora.” Then each verse of the poem was displayed:

I lay down saliva poems
Like sketches on your skin
Wet syllables
Sensorial rhymes
The deepest meaning of my verse
Speaks the language of your motions
In grammatical convulsions 

Depraved poems on your flesh of sin
Razor-sharp poems, ruthless on your body
The figure of speech of desire
Speaks the tongue of my kiss
There is no translation for this

“I don’t know what to say…”, she mumbled, overcome with emotion while still looking at the screen.

He grabbed her by the waist and kissed her. Their bodies formed a unity for a while, with the image of the poem shining on the screen like a movie scene backdrop.

“Two whiskeys for the most interesting couple in the party”, said Bebel as soon as the couple stopped kissing.

“Geez!”, Luca exclaimed while picking up the glasses from the tray. “How long have you been there?”

“I would wait as long as I had to. It was so romantic…”

“Then let this be a toast to you, Bebel, the most beautiful college student in this party”, said Isadora, raising her glass and quickly realizing how absolutely honest she had just been. Yes, she had to admit that she had liked the girl right from the beginning, even more than she thought she possibly could.

“Thank you”, Bebel answered. “Now, if you excuse me, I have to go to the restroom.”

The waitress walked away and Isadora thought about how she had never felt sexually attracted to a woman before. Could that be happening now? And if it were, what was she supposed to do? Well, Bebel was beautiful, delicate, and also seemed to be into her. Actually, she seemed to like both her and Luca. And they were in an erotic party. On top of it all, she was willing to get a taste of Luca’s world, with all of the insanity that came with it, wasn’t she? So… why not?

“I’m going with you”, Isadora said suddenly. Then she surprised Luca by drinking all the whiskey and handing the empty glass to him.

Luca leaned back against the counter and watched the two women walk towards the restroom. The big screen was showing scenes from past editions of the party and he was entertained by it for a while. But then he looked impatiently at his watch. What could be taking he so long? Fifteen minutes later, she was back with another two shots of whiskey.

“You know what, I like the characters that inhabit your world. Bebel is such a sweet girl.”

“What the hell were you doing all that time in the restroom?” Luca asked, grabbing one of the glasses.

“It wasn’t that long.”

“Yes, it was.”

“What do two gorgeous such as Bebel and myself do in a restroom, Luca?”

“That’s what I’m asking.”

“Pissigopstick.”

“What?”

“Pissing, gossip and lipstick”, she answered, laughing and thinking about the kiss she had just exchanged with Bebel in the restroom, repeated with greater intensity before they came out, which caused her to touch up the lipstick again.

Luca smiled awkwardly. Isadora started dancing in front of him, with great excitement. He noticed her breasts exposed by the half-opened blouse.

“You really made an effort to show them off…”

“It’s an erotic party, isn’t it?”

But do you have to go that far?”

“Are you jealous?

“Of course not.”

“Good, because my boobs and I are really loving this party.”

She laughed at her own joke and drank more whiskey. He smiled, though he didn’t really want to.

“How many have you had, Isadora?”

“I’m fine, Luca. Relax.”

“I just asking because I want you to enjoy the party.”

“Good. I’m glad to know you’re not trying to control me.”

“I don’t want to control anybody.”

“Relax then.”

“I am relaxed.”

She took his hand and laid it on her breast.

“We are together, my love.”

He could feel Isadora’s fast heartbeat. “My love?” Had she just called him “my love?”

“Give me a hug, Luca.”

He hugged her for a long time, cuddling, deeply absorbed in the feeling of having lived that moment before… He closed his eyes and tried to remember when he had experienced that same situation, but all that came to his mind was the idea of spinning, spinning… As if in a circle, spinning, always coming back to the same place… spinning around in a circle, always coming back to the same spot, continuously…

He became frightened, opened his eyes and recovered his full conscience. He felt slightly dizzy, then looked around to make sure he was still in the same place, the Cabaré Soçaite party. She was still cuddled with him in the midst of the crowd, all drinking and dancing. How much time had elapsed? A few seconds? Centuries?

“Come on, let’s dance!”

“I don’t think so.”

“Oh, Luca, come on.”

“I’m tired.”

“Then I’m going to dance with Bebel.”

“She is working, Isadora.”

“It’s just a few minutes, it won’t disrupt her.”

She went dancing and Luca was left wondering what could be possibly going on. He had become upset. Why? Maybe because Isadora was leaving again on the next day and that was bothering him. No, that wasn’t the reason, and he knew it. He had fallen in love, that was the true reason, and he didn’t know how to deal with it. He was even feeling jealous. This passion for Isadora was disturbing his own personal world, it made him feel strange, uncomfortable and insecure.

He scratched the scar on his face, lost in thought. Isadora was experiencing his world, a world of clubs, parties and colorful neon lights. She seemed intent on partaking in his life, the great party of booze, the seduction of lust, the witch-like affairs of nightlife. And she was taking to it in a most straightforward, natural, effortless manner… Was that what being a Taoist was like? She was amazing indeed. How could he not fall in love with her?

He finished his drink and put the glass on the counter. The party was great and Isadora wouldn’t be around anymore on the next day. He definitely had better just relax.

The music stopped and the party producer got up on the stage.

“Good evening! My name is Ricardo Kelmer and I’m the owner of this cabaret. I hope you are all having fun. Now, we are going to start the Muse of the Cabaret contest. Contestants, please, get up on the stage and dance. Let the music play!”

Many women promptly climbed on stage and were being introduced to the crowd while Luca went after Isadora. But he couldn’t find her. He turned around, looked at the contestants and had a shock: Isadora was up there with the other women. He simply could not believe it. No, maybe it was a doppelganger with the same clothes…

No, it was really her. And she was dancing sensually, slithering in sexy movements, a come-hither look on her face, breasts almost popping out of her blouse…

Luca gasped. Isadora was running for the Muse of the Cabaret contest! He would never have imagined that. Neither could he imagine that she… could dance so well! A group of men were shouting, cheering, whistling and calling out her name right next to him, and he felt the jealousy crawl back into his chest again, like a beast lurking in the dark… Holy shit. He was in desperate needed of another drink.

When the music stopped, the crowd voted for the contestants and chose the winner. Isadora… drum roll… came in second place, and her prize was a sex shop voucher and a bottle of imported wine. She happily thanked for the applause and dedicated her award:

“To the love of my lives.”

A minute later, Luca found her by the counter with Bebel.

“Congratulations, Muse of the Cabaret.”

“Luca!” She hugged him, beaming with joy. “Did you hear my special dedication?”

“Of course, I did. I loved it. You were amazing.”

“Look what a few shots of whiskey can do…”

“But you should have told me beforehand, so I would be prepared. There were some guys yelling next to me, ‘Isadora! Isadora!’ That was awful.”

“Oh, how cute you are! My Luca is jealous, how sweet!”

“I’ll get over it, I’ll get over it…”

“I had no intention to go, but Bebel convinced me.”

“It wasn’t fair”, Bebel said. “She deserved first place.”

“I want you to have the voucher for the sex shop, Bebel.”

“Cool, thanks!”

“But I would like you to come along and drink the wine with us, please.”

“It will be a pleasure. But I can’t leave until the party is over.”

“We could go to Luca’s apartment, it’s near here. What do you think, Luca?”

He almost choked on his drink he was so surprised.

“He agrees, Bebel. Let’s celebrate!”

As soon as Bebel walked away, Isadora grabbed Luca by the waist, hugging him in a provocative way.

“What did you think of her, huh?”

“Think of whom?”

“Bebel.”

“Cool.”

“Just cool?”

“Yes. She seems to be a nice girl.”

“Geez, Luca, you are amazing!”, she said, laughing. “Why don’t you just admit you liked the girl?”

“Who? Me?”

“So you didn’t?”

He looked straight into her eyes. What did she have in mind asking him that?

“Alright, I liked her. So what?”

“Me, too.”

“What do you mean?”

He felt her rubbing her hand on his crotch.

“I liked her the same way you did.”

He was surprised to hear that answer. The entire situation had just got completely out of hand…

“Don’t you think you’re going too far with this idea of experiencing my world?”

“Why? Do you think I don’t deserve it?”

“Isadora, why don’t you tell me what you’re plotting?”

“I’m not plotting anything.”

“Are you using Bebel to test me?”

“Of course not.”

“This is all about Soninha, isn’t it?”

“What are you talking about?”

“You haven’t forgiven me for what happened yesterday, have you? I’ve told you that Soninha and I…”

“Calm down, Luca”, she interrupted him. “Stop imagining things. I just invited Bebel over to have some wine with us, because I liked her and so did you.”

Luca didn’t know what to make out of all that. Maybe it hadn’t been a good idea to invite Isadora to experience his world.

“We are together, Luca”, she said again. “Don’t you understand?”

He didn’t answer. He kept thinking and watching Isadora dance in front of him. Yes, of course he understood. Or did he?

*     *     *

“Did you like the Cabaret, Isadora?” Bebel asked, while Luca held the key and opened the door to his apartment.

“I loved it. If I get to be here the next time it happens, I’ll wear garters and the full costume, you’ll see.”

“And you’ll win the first prize!”

Luca went to the kitchen and came back with glasses and an opened bottle of wine. He poured it and they made a toast:

“To the Muse of the Cabaret!”

Bebel and Isadora looked at the posters and concert banners while Luca put Ellis Mário to play on the stereo. The sax tunes gently set the ambiance.

“More wine, Bebel?”

“No, thanks, Isadora, I don’t drink that much. Actually, I would like to take a shower, I feel filthy. Can I?”

“Of course.”

Isadora led Bebel to the bathroom, gave her a towel and warned her about the broken mirror, which could make her look strange. She closed the door and sat on the bed next to Luca.

“Are you okay?” he asked.

“I’m fine. You are the one who could lighten up a bit. For you, for me…” She smiled and rolled her eyes towards the bathroom. “And for her.”

“Aren’t you jealous?”

“I don’t need to be jealous of you, Luca.”

“Why not?”

She walked up to the switch and turned off the bedroom light, leaving it gently lit by the light that came from the living room. She took off her tennis shoes and kneeled down on the bed, facing him.

“Because I’m the woman of your life. I have been for four hundred years.”

“I believe what I can see and touch, Isadora, not those mystical fantasies you…”

She put a finger on his lips, so he would stop talking. Then she unbuttoned her blouse, exposing her naked breasts.

“You’d better believe it.”

Shortly after, Bebel got out of the shower wrapped in a towel. She smiled and stopped to watch for a while. The bedroom was dimly lit, but she could definitely see the two bodies lying on the bed, mouths and hands sliding on them. She dropped the towel and approached the bed completely naked. Isadora opened her eyes, held Luca’s head buried between her legs, stretched her arm out, touched Bebel’s hand and pulled her in, like Bebel had done to her hours earlier, at the party entrance:

“Come on…”

*     *     *

“Good morning, my love”, Isadora said, standing by the kitchen door, greeting Luca lovingly with a hug and a kiss. “Would you like some hot coffee? I just made it.”

“Where is Bebel?”, he asked, yawning.

“She’s left already. She sent you a kiss.”

He sat at the table and poured some coffee. He’d soon be taking Isadora to the bus station and she would resume her trip along the coast. His chest was burning already. He knew he was going to miss her. He thought that she might as well postpone the trip and spend a few more days with him… Maybe a few weeks…

“Have I mentioned how much I love seeing you like this, when you’re waking up?”

“If you ever want to see me, now you know where I live.”

He looked up to watch Isadora’s reaction to his retort, but she just smiled and dipped her bread in the coffee. He would love to hear her say something like ‘I’ll hang around for a while then,’ but he knew it was a done deal.

“Don’t you have a hangover?”

“A little bit. But I’ll take a nap on the bus.”

We watched Isadora sitting in front of him, wearing one of his T-shirts, and felt like he had known her for a long time. But it hadn’t been much more than two months. They had been together in Tibau do Sul for three days, in the Uruaú lake for a weekend, and now in Fortaleza. They had had sex five times only, one with Bebel. That was it. But it felt like more, a lot more than that… And now she was departing from his life. That didn’t make sense. Could he have… fallen in love?

“I played the I Ching for you. Do you want to know what it said?”

“It’s too early for mysteries”, he thought while drinking his coffee. But he agreed.

“The Receptive came up”, she said. She went to the living room and came back with the book. “A solid first line.”

“Is that good or bad?”

“It’s up to you to interpret it. Do you want to read it?”

No. He really didn’t. But he did. Once, twice… Then he gave the book back to her.

“I don’t understand a thing.”

“Sometimes, the message may seem unclear at first. I’ll write it down on your appointment book, OK?”

He poured another cup of coffee.

“So, how do you like my world?”

“I love it.”

“Good. What about the last part?”

“It was wonderful, Luca. But I’d rather be alone with you so you can focus more on me…”

“The threesome thing… huh… Had you ever…”

“No. But I must admit I had always been curious about it.”

“You seemed very comfortable with it…”

“Of course, it was so good!”

It certainly was, he thought. He could have loosened up some more and forgotten what was troubling him: his sudden jealousy, his puzzled feelings, Isadora taking off the next day… But making love to her and Bebel Isadora had been outstanding.

“I’m sure it was nothing new for you…”

“Sort of”, he said, remembering the night he had met the red-haired girl at Papalégua, the bizarre incident with a dead twin sister…

She finished her coffee, wiped her mouth and got ready to say what she had to say. She knew it wouldn’t be easy. But she also knew it was time to make a decision.

“I have something important to tell you, Luca.”

“What is it?”

“Last night, when we arrived at the party, Bebel went after a consumption ticket for me and I tagged along, do you remember?”

“Yes, I do.”

“At that moment, I felt that you two were going to be a couple.”

“What?”

“You heard it.”

“So you can’t just remember past lives, you can also predict the future?”

“I didn’t quite understand it at first, it was a strange feeling. But then it became clear.”

“I wasn’t alone when I hooked up with her. You were here, too. You were the one who invited her to come over.”

“Yes, I did, because I liked her. And I really wanted to experience your world, your things. But I’m not talking about last night.”

“You aren’t?”

“I mean after I leave. You two will be together.”

“I don’t get it, Isadora.”

“That’s what I felt. I still do.”

“Are you nuts?”

“And do you know what else? Bebel is a really nice girl, Luca. She can help you.”

Luca tapped his fingers on the table. He wasn’t happy about that conversation at all.

“Why do you want me to be with her?”

“I don’t. But you’re going to. What can I do?”

“Isadora, now you’re really going too far with this madness!”, he yelled, pounding hard on the table.

“There’s no need to get mad.”

“I’m not mad.”

“Good.”

He took a deep breath and tried to calm down.

“I’m not going to be with Bebel. I’m going to be with you.

“But I’m leaving.”

“Then, don’t go.”

“What do you mean?”

“Stay here with me. Move in with me.”

He heard his own words and got surprised. Did he really say that? Did he just ask her to move in with him?

“I would like that. But I can’t.”

“Why not? What keeps you grounded in São Paulo?”

“Nothing.”

“Then what’s the reason?”

“The reason is that you have to jump into an abyss, remember?”

“Oh, no, not that story again…”

“I struggled against coming to this conclusion, Luca. But it’s clear to me now. If I stay here in Fortaleza, you won’t jump. You will stick to your comfort zone, always surrounded by your safe arrangements and ever more obsessed about keeping everything under control. Just like Enrique did.”

“No, that is not the problem, Isadora. The problem is that you insist on making up these fantasy worlds, dreams, and abysses… You have created a crazy past and put me in it. And now you’ve just invented a future for me and Bebel. Don’t you see how absurdly crazy this whole thing is?

“I’ve never had any doubt about it.”

“Could you please, once in a lifetime, behave like a normal person?”

“I don’t care about being classified as a normal person”, she answered, getting up from the table.

Luca closed his eyes, trying hard to eke out any sense out of his confounded thoughts and conflicted feelings… But there was none to be found. He got up and followed Isadora into the bedroom, all worked up.

“If I don’t want to be with Bebel, I won’t, then this future you predict will simply not happen. Do you understand? Nothing is certain about the future. Only the past cannot be changed.

Only the past cannot be changed… She remembered the farewell in the harbor again.

“Well, you’re spot on about that, Luca. Whatever we have or haven’t done cannot be changed.”

He thought there was a hint of bitterness in those words.

“What do you mean by that?”

“I mean what I said.”

“OK, then let’s see. It’s your future against mine.”

“I don’t believe you… You’re waging a war of futures.”

“OK, Isadora, you want to break up. I get it.”

She didn’t answer. She just kept crouching, tying her shoelaces.

“But you won’t admit it. You just tell me I’m going to be with Bebel after you leave.”

Again, she didn’t answer.

“That’s really convenient, because I become the bad guy of the story! Very convenient. You’re nuts, but you’re pretty smart.”

“I have to go now, Luca”, she spoke softly. “My bus leaves at four.”

He looked at her firmly, restraining his anger.

“Go. The door is opened.”

He sat down on the bed, grabbed a random magazine nearby and began to read it.

“Luca…”

“I did my best, Isadora”, he said, flipping through the pages nervously.

“Look at me…”

“I swear I did my best.”

“Luca, look at me. We don’t need to break up like this, please.”

“I tried. But, you… this madness of yours… it’s taking a toll on me…”

He dropped the magazine and covered his face with trembling hands, trying not to cry. His heart was ready to blow up. The world was going to crumble in a second.

She tried to approach him, but he parried her motion without even looking at her.

“Go away, Isadora, please. Go before I get insane, too.”

She understood and smiled, and picked up her backpack. She knew that they had reached the end of the road, that all possibilities had been exhausted. He was the man of her life, right there, in front of her, yes, but he didn’t have the courage to admit he loved her and take the next step. She was afraid she might be losing him forever, the fear was gruesome, but she knew that she had better not push it. Leaving him now was the toughest decision she had ever had to make, but she had no doubt in her heart that she was doing what absolutely had to be done. Four hundred years prior, she had trusted Enrique, and he had failed her. Now, she knew she couldn’t trust Luca. Her only choice now was to place her trust in life. Life and its strange and ironic wisdom.

“I tried, Isadora, I really tried”, he kept repeating from behind his hands, that covered his face.

She walked silently to the living room, opened the door and left, shrouded in sadness and resignation. She had done her best, too.

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The Irresistible Charm of Insanity

CHAPTERS

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4 – 5 – 6
7 – 8 – 9
10 – 11 – 12

 


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